jueves, 31 de diciembre de 2015

El año que fue

Tuviste miles de momentos así a lo largo de este año, plácidos unas veces, impacientes otros, sin un libro que te sirviese, ni una música, ni una imagen, pues justamente así tenías que permanecer, sin nada, con silencio, en la dormición.

martes, 29 de diciembre de 2015

Varia

La piedra dura es el hermano, en la que tropiezas, pero que te salva de ti mismo.

La limosna que te da Dios hoy es solo para hoy. Mañana tendrás que pedir otra.

Oh, Dios, no me dejes en mis manos.

Se suceden estados raros y no acierto a comprender quién los guía.

¿Cómo se logra la transición de la soledad a la compañía? ¿Es necesario que se rompa algo?

Vosotros sois mis amados y no acierto a serviros.

Lo que ahora me das, después me lo quitas. Qué rara es tu paz, Señor.

La pregunta del hermano nos hace ver lo que de otro modo no veríamos.

Quien escucha siempre triunfa.

Cualquier cosa que no sea estar aquí ahora no es estar aquí ahora.

Me quedo con vuestros nombres y así os conozco.

jueves, 24 de diciembre de 2015

En el umbral

De Olegario González de Cardedal, Navidad y Epifanía, 2002-2003:


I

En el umbral del misterio nos quedamos.
En el umbral del amor nos quedamos.
En el umbral de la verdad nos quedamos.
En el umbral de la belleza nos quedamos.
En el umbral del prójimo nos quedamos.
En el umbral de Dios nos quedamos.

¿Quién nos pasará del umbral al santo de los santos?
¿Quién vendrá a nosotros del fuego del hogar
             al portón del umbral?
¿Cómo llegar al corazón de los que amamos?
¿Cómo perforar nuestra corteza y llegar a la entraña?
¿Quedaremos alejados para siempre de aquello
            que realmente amamos?
Los labios de la sed y la fuente del agua,
            ¿no serán nunca hermanos?

II

Si tú no nos adentras hasta el fondo del pozo,
Si tú no abres las puertas que dan al santuario,
Si tú no nos traladas el duro granito
            de nuestro corazón,
no llegaremos nunca al altar donde mana
            el agua de la vida,
ni sabremos que eres tú el hontanar de la sed
            y de la espera.

Llévanos, Señor, del umbral hasta el centro,
            del portal al hogar,
donde enciendes la lumbre y despliegas
            la mesa y nos partes tu pan,
para alumbrar tu faz, para el calor del hombre,
            para vida del mundo.


Feliz Navidad y que Dios os bendiga.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Los consuelos de Dios

Los consuelos de Dios vienen siempre del mundo que nos rodea. ¿Dónde, sino en nuestro aquí y nuestro ahora, nos confortará Dios? Y será alguien o algo de todos los días: tu madre, tu esposo, tu hija, tu amigo, tu compañera de trabajo, tu vecino, un libro, una entrada de un blog, un vídeo en youtube, un anuncio en la tele, tu rostro visto en el espejo mientras te cortan el pelo, quien te alivie y te de un empujoncito.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ardientemente

Comienzo a escribir esta entrada a las 7:51 de la mañana. Tengo sueño pero no puedo dormir. Ayer me acosté a las doce y media. A las cuatro y media, o incluso antes, a las cuatro, ya estaba despierto. Las horas siguientes fueron difíciles, de insomnio duro. ¿La situación de España, el resultado de las elecciones eran el motivo? Posiblemente. Sería la primera vez que yo sufro realmente por España hasta el punto de no poder dormir. Esto me llena de orgullo. Por una vez, es mi país lo que me duele hasta el punto de robarme el sueño, no ya sufrimientos interiores o de otra índole. La preocupación por lo que pase a partir de ahora ha afectado a mis nervios. Curiosamente, me alegra este desquiciamiento mío, como si, solo con él, pudiera estar a la altura de las circunstancias. Deseo ardientemente, ardientemente, que todo salga bien para todos. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Conviene que el alma

Conviene que el alma, si se ha abierto demasiado, se cierre, para que vuelva a estar escondido lo que se reveló.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Los políticos

Los políticos se equivocan y pecan unas veces como el que más, otras veces como el que menos.
Es importante para mí tener presente esto.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

A pesar de los pesares

Son muchos los pesares que Aurelio Arteta le endosa a la vejez, quizá demasiados, cuando en verdad habría que decir que no existe la vejez sino los viejos, y la suerte de estos es varia en lo que respecta a la salud y la enfermedad, la soledad y la compañía, los dos factores de los que depende en mayor grado que la vejez sea más o menos pesarosa. Pero según lo que escribe el autor vasco en A pesar de los pesares. Cuaderno de la vejez, esta es pesarosa sí o sí, y lo demás son cuestiones de detalle. A mí desde luego el libro me ha asustado y más querría yo morir antes que llegar yo a la edad provecta si lo que me voy a encontrar es eso y solamente eso que nos cuenta Aurelio Arteta. Sin embargo toda su oscuridad, la poca o ninguna luz última que en su opinión tienen los últimos años de la vida de un hombre, depende principalmente de su cercanía al final, a este final: la muerte aniquiladora, la nada, el no ser, el postrero y definitivo olvido. Como ateo, ante este final, a las connaturales miserias de la vejez (si es que las tiene, añado yo matizando a Arteta, pues, insisto, la suerte es varia), se suma la miseria última que es morir para siempre, no vivir ya nunca más. De aquí no nace ninguna alegría, ninguna esperanza, ningún bien, porque es imposible que lo haga. No hay nada porque no hay nadie. Pero merece la pena, afirma Arteta, a pesar de las penas de la vejez y de la más penosa de todas que es morir del todo y para siempre, haber nacido, haber vivido, porque el hombre es el más valioso de los seres, tiene dignidad, incluso el mayor de los criminales vale más que cualquier otro ser no humano.
No sé si todos los no creyentes se sumarían a la presentación de la vejez que hace Arteta. Acaso sí, si, con la misma rotundidad que él, creen que es una nada rotunda el destino final del todo hombre. No puede haber esperanza última, solo “esperanzas penúltimas”, las ligadas a esta vida, afirma el autor de Tantos Tontos Tópicos, y con estas se debe conformar el viejo que, por su edad, más cerca está que cualquier otro de saber que uno, finalmente, se muere. El punto es punto final.

martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 23 de noviembre de 2015

viernes, 6 de noviembre de 2015

Pío Baroja

Al oír en el telediario el nombre de Pío Baroja, que informaba sobre su novela inédita, Los caprichos de la suerte, mi madre comenzó a decir algo sobre él. “Espera un momento, mamá, que quiero escuchar la noticia”. Al terminar la información, le pedí que siguiera con lo que estaba diciendo, que fue lo que sigue: “Baroja va sus zuecos arrastrando y su carrito guiando, tirado por un borrico. ‘¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?’ Mas cuando el rostro volvió, vio que otro pobre iba cogiendo las migas que el arrojó”. “¡Anda, mamá!, ¿y esto?” “Lo aprendimos en la escuela, de niños”.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Il popolo, l'aristrocratie

Uno escucha el italiano y se siente parte de “il popolo”; escucha el francés, y se siente parte de “l’aristrocratie”. En ambos casos, música para los oídos.

(Y en Al hilo de mis ojos, mi blog de fotos, El príncipe del agua, que no es otro que mi amigo Emilio)

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un recuerdito

Tan importante como repasar el mal que hemos hecho es olvidar nuestras buenas obras. Pero acaso no está de más un recuerdito de este nuestro buen hacer los días en los que nos creemos malos malísimos, no más que por ahuyentar la desesperación. ¿Y un recuerdo de nuestro mal hacer? También, para corregirnos de nuestra presunción.

martes, 3 de noviembre de 2015

La principessa

“Buongiorno, principe”, me dice muchas mañanas cuando llego al trabaja. “Buongiorno, principessa”, le contesto.

La principessa, en uno de sus viajes a países exóticos, se vio en apuros al quedarse rezagada cuando bajaba de un volcán, pues su paso era más lento que el del resto del grupo que la acompañaba. Cuando este llegó a un punto en el que se abrían dos caminos, la guía no tuvo el detalle de darse la vuelta para comprobar si estaban todos. Al llegar aquí, la principessa se dijo: “¡Mio Dio, ora che faccio!” Unos jovencitos motoristas aparecieron de pronto, si bien, al no saber ella inglés, malamente iba a poder entenderse con ellos. El caso es que le vino a la cabeza el famoso “Don’t worry”, de Bobby McFerrin, y así se arregló todo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Las maravillas

Tras ver en Filmin La canción del mar, del director irlandés Tomm Moore, una maravilla de dicha y luz, pienso que las maravillas que inventamos los hombres son huellas del cielo, caminos que nos llevan a él, anuncios clarísimos de un mundo radiante y feliz.

sábado, 31 de octubre de 2015

A 50

Antes de entrar en un tramo limitado a 50 quilómetros por hora, ya mi pie se ha levantado del acelerador para que el cuentaquilómetros marque como mucho 57, y ahí me mantengo hasta que termina la limitación de velocidad, por perfeccionismo, por cumplimiento, por el gozo de la concentración.

viernes, 30 de octubre de 2015

Los 400 golpes

Ni a la primera ni a la segunda: fue a la tercera, en pantalla grande, cuando Los 400 golpes, de François Truffaut, me golpeó. Nada más arrancar la película, con los títulos de crédito sobrepuestos a un bellísimo París en blanco y negro, supe que iba a ser así. La película de Truffaut necesitaba la gran pantalla para propinarme un puñetazo emocional y estético. ¡Qué París el iluminado por Henri Decae, al que de buena gana hubiera saltado desde el patio de butacas si alguna improbable metafísica lo permitiera! ¡Y qué compases los de la música de Jean Constantin, tan chaplinescos, puestos ahí como caídos del cielo, el que necesita el joven Antoine Doinel y nosotros para no ahogarnos en la tristeza! Y qué actorazo, Dios mío, Jean-Pierre Léaud, dando vida al protagonista. Yo repudié en su día ese aire leve que proponía la nouvelle vague, un frescor que a mí me parecía demasiado etéreo, acaso bordeando la superficialidad. Vista de nuevo Los 400 golpes, no otra cosa que un purísimo aire fresco es lo que me arrebata.

jueves, 29 de octubre de 2015

El hombre del paraíso

La doctrina del pecado original no se sostiene si no hubo una situación paradisíaca y un primer pecado históricos. Si, contra la imagen de aquellos antepasados nuestros, feos y peludos, tan parecidos todavía al mono, sentimos que se alza dentro de nosotros una objeción “estética” que los invalide como posible “Adanes” y “Evas”, acudamos entonces al siguiente texto de C.S. Lewis, como siempre extraordinario: “No tengo la menor duda de que si el hombre del paraíso apareciera ahora entre nosotros, lo consideraríamos un completo salvaje, una criatura a la que explotar o, en el mejor de los casos, tratar con aire protector. Solo uno o dos, los más santos de entre nosotros, se tomarían la molestia de mirar por segunda vez a la criatura desnuda, desgreñada, de poblada barba y hablar torpes; mas, tras algunos minutos, se postrarían a sus pies” (El problema del dolor). Corta la respiración, ¿verdad?

miércoles, 28 de octubre de 2015

viernes, 16 de octubre de 2015

O cuiño

“Cu” es culo en gallego y “cuiño” culito. Hace unos días, en la sala de observación de urgencias en el Hospital Clínico de Santiago, donde estaba con mi madre, se la oí decir a un médico que atendía a una señora mayor. Dado que tenía que intervenir en salva sea la parte, le pedía a la señora que pusiese hacia a él “o cuiño”. Esta entrañable solicitud me alegró la noche, junto con otras lindezas del muy amable personal sanitario y los “observados” pacientes, hasta que vino el médico y nos dijo que mi madre estaba bien y que lo suyo no había sido más que un trastorno abdominal inespecífico. Eran las cuatro de la mañana.

lunes, 12 de octubre de 2015

Todo de nuevo

Si no es suficiente lo que la vida da cada día hay que aprenderlo entonces todo de nuevo y transitar cada vez por una humildad desconocida.

Allí donde el camino acaba, ¿no es también dónde el camino empieza? Llegar es partir otra vez.

Me gusta cerrar los ojos y ver así lo que no veo con los ojos abiertos.

Solo en la hora de la humildad, cuando la ola te devuelve a la arena, es posible contemplar el mar.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Mi grado de sociabilidad

No deja de ser un triunfo dar con la expresión que denomina con exactitud lo que antes quedaba solo confusamente señalado. Yo, por ejemplo, cuando tuve que aclarar por qué no iba a las comidas y cenas del instituto pude finalmente un día apelar a que “mi grado de sociabilidad” era el que era, intermedio tirando hacia bajo. Con este “grado de sociabilidad” me vi ya con soltura para dejar sentado mi perfil sin ulteriores explicaciones, que nadie te pedía por otro lado. Me valió, sobre todo, para conocerme mejor a mí mismo.

martes, 6 de octubre de 2015

Cuatro verdades

Enseguida me doy cuenta cuando escribo algo “contra” alguien, no empujado por tanto por la búsqueda de la verdad sino con ganas de decirle “cuatro verdades”. Así dichas, estas verdades nada valen porque son solo armas arrojadizas.

sábado, 3 de octubre de 2015

Presente compañía

La “cosa rara” que me ha pasado este año con la lectura y los libros ha dejado un resultado: no pedirle a un libro más que compañía. Lo demás será añadidura. Y lo de menos es que quedé de él algún recuerdo. Busco que sea para mí principalmente un presente que acompaña y no un pasado que queda.

viernes, 2 de octubre de 2015

Las bodas de la amistad

En su día, mi más antigua amiga, Sonia, y yo hablamos de hacer algo especial el año en que nuestra amistad cumpliera sus bodas de plata. Al final no hicimos nada pero ya fue especial pensar en hacer algo especial. Mi amigo Stefan, de un tiempo a esta parte, menciona muchas veces los años que llevamos siendo amigos. No sería mala idea que la amistad tuviese sus bodas de plata, de oro, de platino y de cuantos metales preciosos haga falta. El año que viene, el 2016, hará veinte años que Andreas y yo nos conocimos haciendo el camino de Santiago, el Jacobusweg para él. Por eso nos hemos comprometido a quedar pues llevamos muchos años sin vernos: otra celebración de unas bodas de la amistad.

jueves, 1 de octubre de 2015

Libros providenciales

Me pregunto si ha sido cosa de Dios el que, cada vez que velé armas en torno a una cuestión teológica que me preocupaba mucho y en la que no veía luz por ningún lado, terminó apareciendo un libro que resolvió muchas de mis dudas. El último ha sido La autoridad de la verdad. Momentos oscuros del magisterio eclesiástico, de José Ignacio González Faus. Lo mismo ocurrió con Si Dios no escuchase. Cartas a Malcolm, de C. S. Lewis, gracias a este párrafo maravilloso: “Y, así como aquellos que no se dirigen a Dios en las pequeñas tribulaciones carecerán de hábito y de recursos para mitigar las grandes cuando se presenten, los que no han aprendido a pedirle cosas pueriles carecerán seguramente de toda disposición para pedirle cosas grandes. No debemos ser demasiado arrogantes. Supongo que en ocasiones podemos ser disuadidos de hacer pequeños ruegos por un sentido de nuestra propia dignidad, más que por la dignidad de Dios”. Y así más veces con más libros providenciales.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La brecha

¿No debería reconocer el pro taurino que el toro sufre en la plaza? Porque es evidente que sufre. De hacerlo, ¿se abriría una brecha en su defensa de las corridas de toros? Ocurre aquí lo mismo que en su día ocurrió con la ley antitabaco: sus críticos, adalides de la libertad, no reconocieron nunca el derecho que tenía el no fumador a verse "libre" de humos indeseados e indeseables. ¿Temían la brecha? El caso más fragante es el de muchos defensores del derecho al aborto. Si reconocieran que lo que eliminan es algo más (“alguien más”, habría que decir) que un mero conjunto de células, ¿cuán grande sería la brecha?
Pero vuelvo al tema de los toros. ¿Qué dirían ustedes, señores y señoras pro-taurinos, si en el lugar del toro estuviese su perro, o un oso panda, animal entrañable donde los haya? Pues lo que nunca le haríamos a nuestro perro o a un oso panda no se lo hagamos tampoco al toro. No teman la brecha.

martes, 29 de septiembre de 2015

Hasta que la muerte, u otra cosa, os separe

Me desconcertó mucho la noticia de la separación de Vargas Llosa de su mujer, Patricia Llosa, con la que se casó en 1965. Al instante me vinieron a la cabeza las palabras emocionadas que sobre ella pronunció en el discurso del premio Nobel el año 2010: “El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: ‘Mario, para lo único que tú sirves es para escribir’”. Y aquellas otras, tan laudatorias (no he podido encontrarlas), sobre un matrimonio francés conocido por los dos y que el matrimonio Llosa se propuso de inmediato imitar. Buen mazazo se llevaron cuando esta pareja perfecta se separó a los pocos días de estar por última vez con ellos. Este mazazo me lo han dado ahora los Llosa al romperse su relación, pues uno, que apuesta por el amor para toda la vida y hasta que la muerte los separe, veía en su matrimonio un triunfo de este ideal. Por lo que se ve, nunca es tarde para separarse y antes que la muerte otra cosa los separó. ¿Cuál? Me gustaría saberlo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Es complicado

Cuando se pusieron a hablar de la vida conyugal la expresión que más sonó fue “es complicado”. Después de escucharlos durante un rato lancé la comprometedora pregunta: “¿Pero merece la pena?” “Haber tenido hijos fue una alegría”, dijo uno, mientras la cara de su mujer reflejó cierto descontento. El segundo dijo que en el caso de que se divorciara tenía claro que no se volvería a casar. Y, finalmente, el tercero, el más rocambolesco, remató la faena diciendo que le gustaría ser mujer para poder tener hijos sin el concurso de una pareja, para algo están los bancos de semen. Yo saqué el caso de X e Y, también conocidos por uno de los presentes, como ejemplo de matrimonio de excelente rodar. “Sí, pero de esos hay uno por cada mil”, añadió alguien. Mentiría si dijera que la atmósfera estuvo presidida por una sensación de fracaso o amargura. Había más bien un fondo de realismo y hasta de cierto humor, y la conciencia de que el paso de los años les había concedido cierto savoir faire. Ciertamente, es complicado.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Verse contada

Mi sobrina Sabela vino a buscar en internet un mapa mudo de un mapamundi e imprimirlo para una tarea de clase. Al verse ante el ordenador le sonó una campanilla en la memoria. “¿Tú no escribiste como una historia sobre mí o algo así?” “¿Una historia? No me acuerdo. Déjame que busque en mi blog”. Escribí “Sabela” en el rectángulo de la lupa y apareció esta entrada, de la que no guardaba ningún recuerdo. “Lo que escribí fue esto. Venga, léelo tú”. “¿Solo tenía cinco años?” “Sí, solo cinco. ¿Te acuerdas?” “Sí. ¿Y esto lo ve la gente?” “Pues la que se pasa por aquí sí”. Han pasado seis años desde entonces y Sabela tiene ahora once. ¿Le emocionó un poquito leer mi pequeña historieta? Creo que sí, que le gustó verse “contada”. Me encantaría que fuera la semilla de algo bueno para ella.

viernes, 25 de septiembre de 2015

La suma de mis pocos

De la suma de mis pocos políticos: un poco derechista, un poco izquierdista, un poco centrista, un poco pepeísta, un poco pesoeísta, un poco podeísta, un poco comunista, un poco capitalista, un poco socialista, un poco conservador, un poco progresista, etc., me gustaría que resultase un mucho cabal, lúcido, sensato, responsable y moderado.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cara a cara

Seguramente es una chorrada pero hace unos días, cuando Nuca, la perra de mis sobrinas Sabela y Alba, me miró a los ojos caí en la cuenta precisamente de esto, de que ella, un animal, no dirigió su mirada a mis piernas o a un brazo sino a mis ojos. ¿Y cómo saben los animales, que también tienen ojos, que deben mirarnos precisamente a los ojos cuando nos miran? ¿Quién se lo dijo

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Dios Padre

Dios no sabe ser Dios sin ser Dios Padre por lo tanto no habría que decir nunca “Dios” a secas sino siempre Dios Padre (Y ya puestos Dios Hijo y Dios Espíritu, claro).

martes, 22 de septiembre de 2015

Cuando no sabes qué leer

Yo, como debe ser, solo leo lo que me interesa y lo que me place. El problema surge cuando no sé qué libro podría interesarme y darme placer. Aguantar ahí, a la espera de que aparezca, no es fácil. Te sientes huérfano, abandonado, en tierra de nadie.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Imanes

Otros nos atraen y nosotros atraemos y de esta conjunción de imanes surgen los amores, las amistades.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Al por menudo

A grandes rasgos entiendo lo que quiere decir una persona cuando se define como conservadora o se define como progresista, pero a pequeños rasgos ya no, porque nunca acaban de explicar al por menudo en qué consiste eso. Tales autodefiniciones acaso no pretenden ser más que genéricas tarjetas de presentación ante el mundo. Pero en los siguientes pasos no vendría mal que, “al por menudo”, concretasen qué quieren conservar los unos y en qué quieren progresar los otros para que los demás quedásemos más orientados sobre el asunto.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La tradición buena

Nada es bueno por la sola razón de que se lleve haciendo cientos de años. La antigüedad no es garantía de nada porque de ser así todavía nos las veríamos con el Tribunal de la Inquisición o seguiríamos con la trata de esclavos. Por eso aducir a favor de la fiesta del toro de la Vega que es una tradición que se remonta a la Edad Media es tan idiota como decir que hay que seguir usando corbata porque es lo que venimos haciendo desde hace cien años. La tradición, la traditio, aquello que una generación entrega a la siguiente, ha de pararse cuando aquello que se entrega es malo en sí mismo. La tradición es buena cuando entrega cosas buenas. Nada es bueno solo porque sea tradicional sino que solo debe ser tradicional aquello que sea bueno.

martes, 15 de septiembre de 2015

El fin, los medios, la vida

La conflictividad de la vida obliga a veces a “sortear” el insorteable principio que nos dice que “el fin no justifica los medios”. Pongamos un ejemplo. Es usted padre de un hijo al que culpan de un asesinato que usted sabe que no cometió y sabe además que la posibilidad de que, siendo inocente, lo consideren culpable es muy elevada. En tanto que no encuentre pruebas que demuestren su inocencia mantendrá oculto a su hijo. “¿Está su hijo en casa?”, le pregunta la policía. Usted, naturalmente, miente, y les dice que no está. La policía efectúa un registro pero no lo encuentra porque usted lo ha escondido en un lugar a prueba de los mejores rastreos. A ver quién es el guapo que se atreve a censurar al padre por el uso de un medio malo, la mentira, para un fin bueno, la salvación de su hijo. Y así tantas veces en la opaca y problemática vida hay que saltarse el principio del que venimos hablando y acogerse a la doctrina del mal menor, de tan honda raigambre en la teología moral de la Iglesia. De todos modos, en el ejemplo que he puesto, la desproporción entre el fin, una vida, y el medio, una mentira, es tan vasta, que hablar de esta como un mal es casi, o sin el casi, un despropósito. Este mal es tan “menorcísimo” que directamente se podría decir que es un bien, si nos dejamos de abstracciones.

A propósito de esto, no puedo dejar de acordarme de aquella escena de Los miserables, de Víctor Hugo, en la que la religiosa “Sor Simplicia”, que “no había mentido nunca”, ante una pregunta de Javert, el inspector de policía, tuvo que hacerlo por primera vez en su vida para salvar a Jean Valjean, lo que le hizo pasar “un momento terrible en que (...) creyó morir”. Víctor Hugo espera para Sor Simplicia “que esta mentira os sea contada en el paraíso”, como así habrá de ocurrir con tantas salvadoras mentiras.

viernes, 11 de septiembre de 2015

martes, 8 de septiembre de 2015

El estilo del escritor

¿Controla el escritor su escritura hasta el punto de que pueda volverla más inteligible, si este fuera el caso? ¿O no podría aunque quisiera? Olegario González de Cardedal, en el prólogo de su libro El quehacer de la teología, dice: “Con el fin de facilitar la lectura, me he esforzado para que el estilo fuera lo más transparente posible, evitando los tecnicismos” (El subrayado es mío). Olegario quiso y supongo (no leí el libro) que pudo hacer que su estilo fuese “más transparente”. Esto viene a cuento porque a mí gustaría entender más y mejor a un determinado bloguero que tiene un estilo a ratos oscuro y enrevesado, lo que hace que yo me aleje de su lectura. Si fuera su amigo tal vez me atreviese a hablarle de esto mas no es el caso. Mi pregunta inicial de todos modos persiste: ¿le sería posible escribir de un modo más “transparente”? Porque a lo mejor no podría aunque quisiera. ¿Escribimos como queremos, como podemos o todo a un tiempo?

lunes, 7 de septiembre de 2015

De cine, sexo y madre

Durante el verano, bajo con mi pendrive a eso de las diez para ver una película en la sala. Mi madre dormita o lee todavía un rato antes de irse a la cama. Digamos que podemos estar juntos unos diez o quince minutos. Yo cruzo siempre los dedos esperando que no haya ninguna escena que vaya más allá de un beso en los minutos iniciales de la película para que mi madre no se me alborote y me suelte un “¡que obscenidades!”, porque además tengo la puñetera mala suerte de que, justo cuando aparecen las escenitas de marras, mi madre va y se despierta. Hace unos días me puse a ver la película de Abel Ferrara sobre Pasolini, titulada precisamente Pasolini. Al comienzo, ¡ay!, el director italiano aparece revisando Saló o los 120 días de Sodoma para dejarla lista para su estreno. Y entonces se ve lo que se ve y yo pego un respingo, sudo, me pongo tenso y... compruebo que mi madre no dice nada. “No me lo puedo creer. Claro, como ahora ve peor, a lo mejor no llega a distinguir lo que se muestra en una tele dentro de otra tele. Pero, por favor, por favor, qué pasen pronto estas imágenes” Y, ¡uff!, pasaron. ¿Qué había ocurrido? Que, por suerte, esta vez mi madre no se despertó. Unos días después, revisando los extraordinarios Decálogos del católico director polaco Krzysztof Kieslowski, le llegó el turno al dedicado al sexto mandamiento: “No cometerás adulterio”. A determinada altura de la película, la protagonista recibe en su casa a uno de sus amantes que, nada más entrar, la abraza, mete su mano entre la braga y la nalga y... “¡qué obscenidades!”, al que mi madre añadirá otro cuando un poco después estén los dos en la cama. ¡Todo muy poquita cosa, casi pura castidad, vaya, en relación con lo que hoy se ve en los cines! A mi madre ya intenté explicarle en más de una ocasión que, por necesidades del guión, en atención a la verosimilitud de la historia, a lo ella quiere contar, etc., a veces es preciso mostrar escenas sexuales sin que en el ánimo del director obre ningún impulso impúdico. Como si nada. En este tema mi madre está chapada a la antigua y aunque se lo explicara el mismo papa no lo entendería ni lo aceptaría. Cuando finalmente se levanta del sofá y se va a la cama yo respiro tranquilo, me repantingo y disfruto del resto de la película.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Yo y yo

Cuando digo que “algo dentro de mí me impulsó a” o cosa parecida, ¿puede ese “algo” ser otra cosa que yo mismo? Mi “yo uno”, y no dos o tres, etc., más allá de la conciencia inmediata de mí mismo, se hunde hacia dentro y desde esas profundidades me lanza mensajes, es decir, yo me lanzo mensajes a yo. Es imposible referirse a sí mismo sin estos desdoblamientos lingüísticos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Los "calores" de Sevilla

“Una enfermedad bien administrada es mejor que una canonjía”, comentó mi tío Luis, mercedario en Sevilla, pensando en sus dos compañeros, “dos maulas”. El mes de agosto lo pasó con nosotros, quince días aquí, con su hermana Pilar, mi madre, y la otra quincena con su hermano Darío. El verde ante los ojos, que tanto añora, el aire fresco y el cariño y la escucha que recibe de su familia reponen sus fuerzas. El mes de julio lo había dejado exhausto. Se sumaron su insomnio, el calor terrible, sus 87 años y la maulitis de sus hermanos de la Orden de la Merced. Allí calla para no armar guerra pero con nosotros se desahoga. Se quejó, por ejemplo, del magro por no decir nulo resultado de las visitas que los superiores realizan a las casas mercedarias, pues no averiguan con antelación ni in situ los problemas que hay en ellas para intentar solucionarlos. “Siendo así las cosas no me extraña que no haya vocaciones”, dice. “Aquí demuestra Dios su sabiduría. Él sabe lo que hace. Mientras no cambien las cosas es mejor para los jóvenes que no entren en la Orden”. El problema es más complejo, claro, y él lo sabe, pero no estaba ante un comité científico analizando un problema sino con los suyos, desahogándose. Mi madre le recordó entonces la obra de misericordia que venía al caso: “Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas de nuestro prójimo”. Y antes de que terminase mi madre su enunciado mi tío se unió y lo acabó con ella. “En eso estamos”, concluyó.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Mis llorares

Cuando leí la respuesta de Enrique a la pregunta “¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?”, del test de Arthur Aron, me puse a pensar yo en mis llorares. Son muy escasos, escasísimos. El año 1996 lloré a moco tendido abrazado a mi hermana María debido a un asunto que nos ligaba a ella, a mí y a nuestro amigo X. El desahogo me liberó de un quiste que se estaba volviendo tumefacto. No volví a llorar, que yo recuerde, hasta el 12 de octubre del año 2002. Habíamos tenido la comida de la fiesta del Pilar, la fiesta familiar por antonomasia, en la que celebramos el cumpleaños y santo de mi madre, el santo de mi hermana Pili y el cumpleaños de mi hermano Luis. Estaba fregando la vajilla y en ese momento se acercó mi cuñada Dolo. Le estaba hablando de unas obsesiones sobre la muerte de mis seres más queridos que venía padeciendo desde el mes de agosto y entonces me eché a llorar; se acercaron mis hermanas Pili y María, que quedaron también informadas del asunto. El 7 de mayo de ese año había muerto mi padre. ¿Había alguna relación entre mi llanto y esta muerte? No lo sé y sigo sin saberlo. Han pasado trece años y no he vuelto a llorar. Se humedecen mis ojos, sí, cuando en la tele, ya sea en un espacio informativo ya en una película, veo un acto bueno, pero no llego a derramar lágrimas. En más de una ocasión me hubiese gustado gozar de ellas pero nunca acudieron en mi ayuda.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Las pasiones de la carne

“Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5, 19-21). No sé cuántos tremebundos predicadores pretéritos habrán tenido en cuenta que, “las obras”, es decir, “las pasiones de la carne”, además de las que él y los que los escuchaban tenían en mente, entiéndase: “fornicación”, “impureza”, “orgías”, eran también todas las otras, a saber: “libertinaje”, “idolatría”, “hechicería”, “enemistades”, “discordia”, “envidia”, “cólera”, “ambiciones”, “divisiones”, “disensiones”, “rivalidades” y “borracheras”. El término español “carne” es la traducción del griego “sarx (σαρξ)”, que tiene un significado mucho más amplio que aquel. “La voz sarx (carne) significa ante todo (...) la naturaleza humana, el hombre en su condición nativa, la esfera de lo constitutivamente débil y caducable (...). Pablo va a imprimir al vocablo un sesgo peculiar que acentúa la idea de debilidad inherente a la ‘carne’ (...), flexionándola hacia la idea de debilidad moral; el hombre en cuanto carne es el ser proclive al pecado o emplazado en su esfera de influencia” (Juan Luis Ruiz de la Peña, Imagen de Dios. Antropología teológica fundamental). ¿Cómo devino la sarx griega, hombre humano-débil-pecador, de tan amplio significado, carne española, solo hombre con malos deseos sexuales, de tan reducido significado? Así pues no solo la “lujuria” sino también el resto de los pecados capitales: “gula”, “avaricia/codicia”, “pereza”, “ira”, “envidia” y “soberbia/orgullo” son “pasiones de la sarx, de la carne”.

sábado, 29 de agosto de 2015

El oficio de vivir

El oficio de vivir, de Cesare Pavese, es uno de los títulos más hermosos que pensarse pueda. Yo lo habría querido para dos libros míos pero no se lo podía pisar. Lo que sí hice fue tomar una mitad para uno y la otra mitad para el otro. Así, “El oficio” me sirvió para titular El oficio de un corazón y “de vivir” para El trabajo de vivir. Otro título del cual quisiera tener también el copyright es Los trabajos y los días, de Hesíodo.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Desvelos

Palabras, las justas, las necesarias, las que Dios me dé.

Un relato pobre me acompaña.

¿Qué tipo de felicidad me corresponde ahora?

¡Ah, si amáramos a los que nos aman! Pero ni siquiera con esto cumplimos.

Las venas, al otro lado de la piel, dibujan un itinerario, una búsqueda, un corazón.

La preocupación me desvela pero ella no te salvará la vida si es que tienes que perderla.

La Plenitud no tiene desvelos pero el Vacío sí.

¿En qué medida había olvidado que el trabajo es un trabajo Callado que brota del Silencio?

martes, 25 de agosto de 2015

Conservar y conservadurar

“Su lentitud (la de la Iglesia) revela en ocasiones una especie de sabiduría, pues protege lo que de hermoso y vulnerable hay en nuestra herencia y nos aísla del inane entusiasmo que suscita el cambio por el cambio, protegiéndonos así de la ilusión de que podemos renovarnos a nuestro antojo; pero esto siempre tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas” (Francis Spufford, Impenitente. Una defensa emocional de la fe). Pensé esto durante años sin encontrar las palabras precisas para decirlo y al fin me las ha puesto ante los ojos Francis Spufford. La necesidad de “conservar” de la iglesia lleva aparejada siempre una tentación: la del conservadurismo. Esto es lo que viene a decir el autor británico, conservadurismo que a veces “tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas”. Conservar la Tradición no significa conservar costumbres que solo son fruto de un época; rechazar la ideología del progresismo no debe implicar no progresar allí donde es conveniente hacerlo; no sujetarse al espíritu de los tiempos no significa desoír los signos de los tiempos a través de los cuales habla el Espíritu. La Iglesia, que tiene como única roca a Cristo, echa a veces el ancla en rocas que son un lastre para ella y le impiden caminar.
El Vaticano II, alimentándose de toda la obra de recuperación que se había ido gestando en los años anteriores de las fuentes bíblicas, patrísticas y litúrgicas, ¿no progresó desde ellas para ser en buena ley conservadora y sacudirse así el polvo conservadurista que pesaba sobre ella?

viernes, 21 de agosto de 2015

La vida es un cuento

Cuando no podemos explicar la vida siempre nos queda el recurso de contarla y la narración que entonces surja podrá funcionar como una suerte de explicación. El caso es que haya siempre palabras porque así nunca desaparecerá la posibilidad de que haya un sentido.

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cómo será?

El cielo no puede anular las relaciones que en la tierra nos constituyeron esencialmente pues resucitará el que fuimos, no otro, y el que fuimos lo fuimos de una determinada manera y no de otra. Tendremos que reconocernos a nosotros mismos en la vida eterna y esto no será posible si los protagonistas esenciales de nuestra vida terrena no lo continúan siendo allí. Pero ¿cómo será esto, de qué manera mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos, serán allí mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos? ¿Cómo continuará allí toda la vida que me construyó y que yo construí?

miércoles, 19 de agosto de 2015

El don de la ebriedad

Hace unos días, en una fiesta de cumpleaños, X. bebió más de la cuenta y al final quedó hecho un borrachín. Por más que, en la despedida, se harto de abrazarme y decirme lo agradable que yo era, no por eso dejó de resultarme profundamente simpático. Bien es cierto que, en sobrio, ya le tenía un gran cariño porque sino a ver, pero el caso es que acogí sus efusiones ebrias muy complacido. Espero que al día siguiente, en plena resaca, no haya estado, al menos en lo que a mí se refiere, en pleno arrepentimiento: no solo perdono sino que agradezco. Si lo suyo fue un in vino veritas, esta veritas a mi corazón le gustó mucho.

martes, 18 de agosto de 2015

El doctor Zhivago

Me resultó imposible leer El doctor Zhivago sin tener continuamente delante de los ojos los rostros de Omar Sharif y Julie Christie, protagonistas de la película homónima de David Lean. Dado el profundo aliento poético de esta, la  novela se llenaba de él y creía estar leyendo una novela-poema. ¿O será que el director británico rodó una película poética porque era el único modo de hacerle justicia a la obra de Boris Pasternak? El caso es que, con un Sharif-Zhivago y una Christie-Lara tan aureolados de poesía, la lectura de la novela de Pasternak fue, a la par que un acontecimiento narrativo, un acontecimiento poético.

viernes, 14 de agosto de 2015

Amigos

Al final, el amigo, la amiga, es el que está ahí, la que está ahí, medio olvidados unos de otros a veces: problemas de agenda, distancias geográficas, perezas del corazón... Pero están ahí, estamos ahí sin duda, y llegado el momento resurgimos unos para otros como una potente llamarada o un río que salta.

jueves, 13 de agosto de 2015

La nube del no-saber

A principios de este año comenzó a resultarme vomitiva la imagen del lector como un devorador de libros. Yo mismo me daba náuseas en la medida en que fui este tipo de lector; estaba claro que ya no quería seguir siéndolo. Me invadió la “nube del no-saber” y, en ella instalado, supe que no quería devorar sino leer; buscaba otro ritmo, pausas, una nueva cadencia. No estoy seguro de que vaya a lograrlo porque tampoco sé exactamente lo que busco. Bueno, sí lo sé, la compañía que presta un libro, más profunda en unos casos, menos en otras, y las compañías, las amistades en definitiva, no se devoran sino que se paladean. Solo lentamente se hace una buena ingestión, solo lentamente se conversa, solo lentamente se vive.

miércoles, 12 de agosto de 2015

No leo pero...

Lo poco o mucho que lean los habitantes de un país no es el único indicador del grado de su cultura porque hay otras actividades del espíritu que hacen que el hombre, además de un ser biológico, sea un ser culto (“cultivado” me gusta más), es decir, humano. Así, habrá quien se cultiva con la música, con el cine, con la visita a museos y exposiciones, con la fotografía, con los viajes, actividades todas ellas que, cultivándole, expanden al hombre más allá de sus necesidades estrictamente biológicas. Del hombre que no “se inventa” las necesidades que transcienden sus meros apetitos fisiológicos mal se puede decir que sea en verdad humano.
¿Es la lectura la actividad más cultivadora del espíritu humano, más por ejemplo que la escucha de una sinfonía, la visión de un cuadro, de una escultura, de un edificio o de una película, más que las conversaciones de un viajero con los habitantes del país que recorre de una punta a otra? No lo sé, acaso sí, pero un hombre que no lee solo es un hombre que no lee y ninguna cosa se puede deducir de este solo dato sobre el grado de su cultivo si no sabemos nada más. El mapa de la aventura que hace que un hombre sea en verdad un hombre es mucho más amplio.

martes, 11 de agosto de 2015

La misa góspel

En vez de ir a una multitudinaria misa góspel decidimos apostar por una más modesta, la de la Mother African Methodist Episcopal Zion Church (¡toma ya con el nombrecito!).
Cogimos el metro y nos plantamos en Harlem el domingo 26 de julio. Pero lo mismo pensaron otras decenas turistas y si pensábamos que íbamos a estar poquitos extranjeros nos equivocamos de pe a pa: había muy poca gente de la comunidad negra, no más de treinta personas calculo, y el resto, quizá unos setenta, éramos sobre todo españoles, italianos y franceses, además de algún alemán, algún argentino, algún surcoreano y así. Esto lo sé porque, a la entrada, en la que nos recibía un muy amable africano metodista episcopaliano de Sión, o como quiera que se diga, escribíamos en un libro nuestro país de procedencia, de modo que, antes de comenzar la misa, el celebrante nos dio a la bienvenida a todos yendo país por país. Como elegimos lo “modesto”, modesto fue también el coro góspel, compuesto por unas diez personas, que cantaron mucho y bien. Quizá para compensar, el pastor en su sermón, por lo menos en lo que a decibelios se refiere, no quiso ser nada modesto y tronó como un Júpiter micrófono en mano: aquello fue una pura furia sónica, que mis oídos no soportaron y yo tampoco. Como mi inglés es un inglés perro no entendí lo que dijo pero a buenas horas me iba interesar cuando era una estruendosa garganta la que me asaltaba. Un horror, vaya. A mi hermana le gustó, y por lo que pude oír a la salida, a otros también.
Si vuelvo a Nueva York, pago los sesenta dólares de la excursión de marras y me ahorro modestias. Asistiré entonces a un buen espectáculo góspel, con un coro como Dios manda que luzca magníficas galas y voces, muchas mujeres negras tocadas de fantásticos sombreros y, eso espero, un pastor que hable y no grite pues para eso se inventaron los micrófonos.

lunes, 10 de agosto de 2015

La gloria

Que se vive como se puede nos lo dijo Machado y uno vive también en lo gris como puede, rogando que vuelvan los colores.

Frente al alimento que pensamos sería el mejor para nosotros está el alimento que se nos da y que ingerimos de mala manera. ¿Y si resultara que, a la larga, era este último el mejor? Con estas confianzas futuras sigue uno caminando.

Somos lo que somos cuando tenemos pena, cuando tenemos gloria, cuando no tenemos ni pena ni gloria. Al final ya solo seremos gloria, también la gloria que tuvieron los días de pena y la gloria de los días sin pena ni gloria.

sábado, 8 de agosto de 2015

La más cool

¿Qué puede resultar más llamativo en Nueva York, una chica con el pelo colocado de tal manera que parezca ir tocada de colas de pavo real u otra chica haciendo ganchillo? A mí me resultó mucho más llamativo lo segundo, porque no podía imaginar que todavía quedasen en el mundo mozas interesadas en el ganchillo y menos en pleno Manhattan. Una al menos hay, la que estaba sentada a mi derecha delante de la Biblioteca Pública. Esperaba allí a mi hermana, entretenida con algunas compras, y mi sorpresa no fue poca cuando, al girarme hacia mi diestra, estaba la chica en cuestión dale que te pego al ganchillo. Aquí hay una foto, me dije, y, distraídamente, como quien no quiere la cosa, la pillé. A lo mejor la más cool de toda la Gran Manzana era ella.


viernes, 7 de agosto de 2015

Cosas que pasan

Debían ser las once de la mañana y, mientras hacía mi media hora de cinta, a los veinte minutos de estar en ella me sobrevino un cansancio que no me dejó continuar, un asalto de ansiedad (¿O de angustia? Nunca veo con claridad la diferencia entre una y otra) ya conocido por mí. Me suele ocurrir, cuando ocurre, mediada la mañana, y siempre viene de la mano de algo que me emociona positivamente. Pero esta vez fue distinto. Hubo en ello algo de desplome físico y lo que hice fue bajar a beber el vaso de agua, el que tomo siempre después del desayuno, y que todavía no había tomado. Me comí también dos nectarinas. Me senté después en la butaca de mi habitación e hice lo que siempre hago en tales casos: respirar profunda y pausadamente. Después, con inmensas ganas de dormir, me eché en la cama. Haciendo un gran esfuerzo, fui a la zapatería que se había comprometido el día anterior a pedir unos zapatos que podían interesarme a decirles que finalmente había encontrado y comprado en Santiago unos que se ajustaban más a lo que andaba buscando. Le pedí perdón por las molestias causadas a la chica que me atendió y que no pudo disimular del todo un gesto de desagrado. Volví a casa con la intención de seguir durmiendo, pero era ya la una y cuarto. No tardaríamos en comer. Sin demasiadas ganas cogí el ebook, lo encendí y continué la lectura de Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, allí donde la había dejado.

jueves, 6 de agosto de 2015

El Flatiron Building

Un diseño originalísimo y una factura impecable hacen del Flatiron Building un edificio excepcional, el que más (y lo que más) me gustó de Nueva York. Visto de frente no se aprecia en él ninguna profundidad, te parece plano y hasta irreal. Yo, incrédulo, me dije que hasta que no lo tocase no estaría seguro de su existencia. Y sí, es pura piedra con forma de plancha (de aquí su nombre, iron, plancha en inglés), aunque más parece la proa de un barco que con audacia se mostrase dispuesto a abrirse paso a través de Manhattan derribando todo a su paso, y allá se las compongan el Empire State, la torre Rockefeller, el Chrysler y tutti quanti.

martes, 4 de agosto de 2015

Nueva York

Me vi en la Nueva York que esperaba encontrar y en este sentido no hubo sorpresas pero sí el cumplimiento de las promesas hechas por todas las imágenes de la ciudad vistas a lo largo de toda mi vida en películas, informativos y fotos. La ciudad de los rascacielos fue fiel a mis expectativas y no me defraudó en absoluto. De la ciudad habitada por mis sueños pasé, con perfecta continuidad, a la ciudad pisada por mis pies, que, junto con los de mi hermana María, se hartaron de callejearla uptown y downtown, east side y west side. El cielo siempre rascado por los altísimos edificios solo te lo encuentras si subes con ellos hacia arriba, por sus paredes de cristal, en las que unos y otros se miran. El horizonte es por eso vertical y has de levantar la cabeza si quieres encontrar lejanías. ¿Por qué en un momento dado comenzó, no ya la conquista del oeste, sino la de las alturas, que hizo de Nueva York la ciudad por antonomasia de los rascacielos? ¿Qué sueños cumplieron así los hombres que los construyeron: de poder, de dinero, imperialistas, olímpicos, espirituales? ¿Qué tipo de hombre venció con ellos y qué tipo de hombre quedó vencido por ellos? Preguntas vanas a lo mejor, inútilmente profundas, sobre todo para el turista que solo quiere subirse a ellos para disfrutar de magníficas vistas. Un servidor fue lo que hizo y se quedó tan contentó.

miércoles, 22 de julio de 2015

No juzguéis

El “no juzguéis” de Jesús debe entenderse, creo yo, como un “no pronunciéis la última palabra, la definitiva, sobre nadie porque esta solo le pertenece a Dios”. Las que nos está permitido pronunciar son las palabras penúltimas, las humanas, las nuestras, con las que necesariamente hemos de juzgar, calibrar, ponderar, valorar, etc., personas y acciones.

jueves, 16 de julio de 2015

Varia

Durante la infancia tallamos la raíz que nos sostendrá el resto de nuestra vida.

Unos para otros somos señores y siervos a un tiempo.

martes, 30 de junio de 2015

La casa misteriosa

Es una casa misteriosa. Las ventanas de la planta baja, donde supuestamente se encuentra la sala, están siempre cerradas. Pululan por ella jóvenes brasileños. Creemos que hay una mujer que debe ser la madre de uno -o de más de uno- de ellos y que el resto son amigos que entran y salen. Mi hermana María, que vive justo al lado con su familia, pared con pared, les presentó sus quejas por los fiestorros que hacen a deshora, a las tantas de la mañana, con la música altísima. Mi cuñado Víctor en una ocasión se encontró en su huerta, también paredaña con la de ellos, un condón. “¿Y cómo vino a parar esto aquí?” Se dice que la mujer adulta y supuesta madre de alguno de los chicos se dedica a “la mala vida” en un club de alterne que no está muy lejos del núcleo urbano. A mi hermana le pareció sentir una vez que la señora se lo hacía con un cliente.

lunes, 29 de junio de 2015

Don Nadie

Te agarras a emociones que tienen que ver con acciones futuras, te exaltas con ellas y de nuevo te equivocas.

Es justo que lo que esperabas no sea como lo esperabas: la vida imparte así una buena lección.

Si fuera santo se acabarían todos mis problemas.

¿Necesitas realmente el aplauso? No, el cariño es lo que necesito, la atención de ese muy específico alguien que no te atiende como tú lo pretendes.

No quiero ninguna dicha que no sea la que tú me des, y en ella, callar.

No quiero exultar de gozo salvo que sea un exultar bien.

Regalar sin esperar nada a cambio. Dar gratis.

Ser un Don Nadie para ser auténticamente libre. En esto tiene razón Muñoz Molina.

Mucha soledad puede hacer daño, también la soledad querida.

miércoles, 24 de junio de 2015

¡Plaf!

A la que te relajas, ¡plaf!, ya eres otra vez malo y egoísta.

Soy malo, soy bueno, soy gris, soy de colores...

Qué fácil es que una oración solitaria sea una oración egoísta.

El ombligo, ahí, jo... a uno.

martes, 23 de junio de 2015

La muerte

-Siento mucho la pérdida de tu hermana.
-Gracias, Suso. Para mí ha sido injusto. Lo tenía todo: era una excelente hermana, esposa, madre, hija, amiga... Y otros en cambio siguen ahí.

-Querida X. Siento muchísimo que hayas perdido a tu marido. Rezo por todos vosotros. Un fuerte abrazo.
-Muchas gracias Suso. Estoy asimilando esta muerte injusta, repentina de un hombre bueno, del compañero de mi vida al que querré mientras viva. Por eso mi dolor es inconsolable. Un beso.

-¿Era un buen hombre su marido?
-Sí, era un buen hombre. Teníamos una buena vida juntos. Nos amábamos mucho. Y ahora se ha ido. Y eso no es injusto. Simplemente es lo que sucedió. Pero mucha gente no tiene una buena vida. No sienten amor. Por eso es injusto. Siento pena por ellos (De Calvary, una película de John Michael McDonagh).

sábado, 20 de junio de 2015

El ojo vago

Es posible que en alguna etapa anterior de mi vida fuera una persona realmente observadora, sobre todo de la gente, y que lo hiciera saber al hilo de una conversación que lo demandase: “Yo es que soy una persona muy observadora...”. Ahora ya no lo soy, y leyendo Ventanas de Manhattan, de Muñoz Molina, me doy todavía más cuenta de ello: no, no soy el observador atento, detallado y minucioso que es él y que le permite dar cuenta de todo lo que ve con golosa delectación, que llega a fatigarle a uno. Mi mirada se ha hecho más vaga y menos exacta, más contemplativa y menos curiosa, más panorámica y flotante y menos escrupulosa. Vivo con ojo vago y adentradizo, con otro tipo de atención, más pendiente quizá de rumores interiores, de rastros de nubes, de sonoridades lejanas.

jueves, 18 de junio de 2015

El triángulo

El triángulo que forman el padre, la madre y el hijo es de un tiempo a esta parte un literal triángulo porque el hijo (o hija) es solo un hijo (o hija). Antes se buscaba la parejita -el triángulo era un cuadrado-, pero esto ha ido a menos y el triángulo cuadrado es cada vez más un triángulo triángulo. Más lejos quedan ya los triángulos pentágono, hexágono, heptágono, octágono... Yo pertenezco a un triángulo decágono: papa (en el cielo), mama y sus “increíbles” ocho hijos.

miércoles, 17 de junio de 2015

Todo tiempo

No atiende a primaveras,
no atiende a veranos,
no atiende a otoños,
no atiende a inviernos.
Mata la muerte siempre,
todo tiempo es su tiempo.

sábado, 13 de junio de 2015

Los que piden

¿Cómo los llamaremos: mendigos, mendicantes, peticionarios, pedigüeños, pobres? “Había una persona pidiendo” es lo que digo cuando me refiero a ellos y veo que en general los demás dicen lo mismo: una persona que pide, así, sin más. Ayer, cuando estaba en una terraza en Santiago, en menos de una hora pasaron tres o cuatro. Si les sonríes o los miras amablemente ya estás perdido: si les has abierto tu rostro, ¿cómo no les vas a abrir después tu cartera? Pero, dado que en estos tiempos tiene uno razones varias para no dar dinero a los que piden, bien porque se traten de mendicantes profesionales, bien porque sean rumanos (Aquí es necesaria una aclaración. Por la prensa local supimos que en un pueblo cercano al mío pillaron a unos rumanos tirando en un contenedor los productos alimenticios que les habían dado a la salida de un supermercado. Estaba claro que lo que esperaban recibir de los clientes no era comida sino dinero. Esto no explica sin embargo por qué motivo se deshicieron de la comida. Un asunto rarísimo), bien porque uno crea que entre Cáritas, los comedores sociales y otra organizaciones varias ya estarían suficientemente atendidos, por todo esto digo, decidió uno que no va a darles dinero. Y para que ellos lo entiendan a la primera se les envía un mensaje muy claro: rostro ceñudo y mirada que se tuerce. Rondando quedan, sin embargo, los flecos de la culpa mordiéndole a uno.
No obro así cuando, tras salir del Eroski los sábados por la tarde después de hacer la compra, me encuentro a las chicas de siempre, rumanas casi todas ellas, o de otro país, como Sabrina, que es de Bosnia-Herzegovina. Siempre les doy algo. A los/las que vienen a pedir a casa tampoco les denegamos una ayuda. Benjamín, extremeño, trabajador de la construcción que se fue a la calle como tantos otros tras el derrumbe del sector inmobiliario, era ya un habitual. Tenía su circuito y mi casa formaba parte de él. Terminé por cogerle cariño. Hace unas semanas, después de mucho tiempo sin verle, me crucé con él en la calle: tambaleando, iba hablando solo bajo los efectos del alcohol. Hubo un peticionario sin embargo al que le espeté un “no confío en usted” -léase: “creo que usted es un vago, vive del cuento y a mí no me va a engañar”- que lo dejó a cuadros. Si su acento parecía ser el de un país de Europa occidental y sus pintas, físico y vestimentas, buenas, ergo no era un pobre pobre y me estaba engañando. Se salía del chip: el pobre tiene que tener pinta de pobre y si no no vale. Y a lo mejor era el más pobre de todos.

viernes, 29 de mayo de 2015

El saber que sí ocupa un lugar

Los conocimientos, si se acumulan y no se disuelven o integran en el flujo vital, ocupan un lugar: en este caso, el saber, fastidiosamente, sí ocupa un lugar. Mi naturaleza es más de índole contemplativa que cognoscitiva y es por esto que rechazo últimamente todo afán de saber que, por más que otorgue conocimientos, no aumente la capacidad contemplativa. Me da grima pensar en saber cosas por el mero hecho de “solo saber cosas”. Me niego a ello. Necesito respirarlas, saberlas “sin afán” de querer saberlas, como quien se agacha a coger una flor mientras va de camino a ningún lugar o a todos los lugares. La necesidad de “desconocer” es decir rotundamente no a toda ansia devoradora en el orden del conocimiento. Ansias sí, pero de otro orden, deseos más bien, siempre de la mano del más profundo sosiego.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Desde cero para quedar en cero

¿Cómo leer sin esperar del libro más que su humilde compañía durante unas horas, días o semanas de nuestra vida, el cual a su vez espera contar con la compañía de un lector que nada quiera “saber”, nada quiera “conocer”, nada quiera “registrar”, nada quiere “almacenar”, que solo quiera estar a su lado, viviendo juntos, respirando juntos, mano con mano de camino a ningún lugar o a todos los lugares? ¿Hay una manera de ser lector que ha muerto en mí y hay otra, más humilde, menos avariciosa, menos codiciosa, menos lujuriosa, menos soberbia, menos golosa, que quiere nacer? Ojalá, porque yo ya no quiero leer para “saber” ni para decir que he leído, sino para vivir, con perfecta “inutilidad” y sin ningún tipo de ambición. Leer desde cero para quedar en cero, y siempre así.

lunes, 18 de mayo de 2015

Hic et nunc

Ajustarme al hic et nunc es la ciencia exacta que busco todos los días.

El aquí y el ahora,
todo lo demás a la porra,
es mi jaculatoria.

Los versos no son sublimes, lo sé, pero son mi meta y mi defensa.

jueves, 14 de mayo de 2015

Mis ojos

Les pido a mis ojos que salten a la realidad y me la traigan toda, ahora que soy todavía más adentradizo.

Gracias a las inspiraciones y expiraciones, todo el día y todos los días, vivo.

martes, 12 de mayo de 2015

El maestro hortelano

Luis, mi hermano mayor, es el maestro hortelano de nuestra casa. Tomó el relevo de nuestra madre y la contenta con una huerta a la que, valga la redundancia, siempre contenta. Es infatigable y cuida las hortalizas y árboles con auténtico mimo y creo que con bastante acierto. Aquí remueve tierra y allí la saca, hace aquí un surco y aplana allí, planta y trasplanta, poda, esterca, abona, rodriga, cubre, alambra, acompañado por un movimiento del hombro que es su tic de toda la vida, casi chaplinesco. A veces es un poco termineitor y arranca alguna flor que él cree que estorba su labor pero que estaba allí porque nuestra madre quería que estuviese allí, con lo cual se gana la consiguiente reprimenda. Ahora, más le conviene, pregunta antes. Sobre “su” materia considera que los demás no tenemos ni idea, lo que en mi caso es totalmente cierto, y con cierto refunfuño y bronca, el de una persona tímida, a más de uno de mis hermanos y de una de mis hermanas se lo ha recordado. Nosotros, que ya lo conocemos, nos (son)reímos. En cualquier caso, ciertamente, es él el maestro hortelano.

viernes, 24 de abril de 2015

Fiebre de un día

Creer en Dios es no dejar que esté solo.

Con los tristes estar triste, sí, hasta que la alegría sea lo único que pueda salvarlos.

Justamente ahora, right now, lo único que importa es escuchar la tormenta.

¿Y si ahora, en vez de vivir delante del blog, lo que tenga que hacer es vivir a su lado, ambos con la mirada puesta en el frente?

¿Saber más? ¿Y para qué?

Escapar de la utilidad.

Impostura, un poco, y algo de pose también.

No quiero saber nada más. Decirlo cada mañana.

¿Ha aumentado mi fortaleza psíquica? ¿Me afectan menos las cosas, acaso porque hay más alegría dentro de mí? ¿He perdido agilidad mental y he ganado a cambio mayor profundidad? ¿Y esa memoria menor que insisto en tener? ¿Hay algo a cambio en este caso?

Volver al regazo, a la oración, al cojín que la cabeza recoge.

Aquí, ahora, como en Candelas en el aire, suben chispas, flotan, se pierden. Algo queda, sin embargo.

Dime, Dios mío, lo que tengo que hacer, aléjame de la mentira, de la vanidad, de la sofisticación.

Estoy solo, quiero estar solo, pero que no me dejen solo.

Lo intento con un libro, no soy capaz, con otro, no soy capaz, con un tercero, no soy capaz, con un cuarto, no soy capaz...

El blog, esa maravilla diaria.

Me creo, sí, las alabanzas. ¿Por qué no habría de creérmelas?

No me interesan las estadísticas, no quiero saber de estadísticas. ¿Qué más da?

El lector merece un respeto absoluto.

Desde el despojo, se nace.

Me humilla el que sabe, el que sabe quizá demasiado.

La contradicción no buscada es un derecho del hombre.

Sinceridad, autenticidad, no pasarán nunca de moda estas palabras.

Cuando se tiene fiebre se dicen tonterías.


Si no puedo saberlo todo prefiero no saber nada.

No existe la libertad absoluta pero la libertad, absolutamente, existe.

Cuando decimos que Dios quiere el bien de nuestra alma decimos que quiere la alegría de nuestra alma.

Cuanta más alegría tenemos más bien hacemos. Solo si es compasiva es.

jueves, 23 de abril de 2015

Rojo contra rojo

Al entrar en la Sacristía de la Catedral de Toledo, desde el fondo te captura, de El Greco, el rojo encendido de su El expolio. Pero resulta que avanzas unos cuantos metros y otro color perteneciente a la misma gama que aquel te captura desde una sala que se encuentra a la derecha. Te acercas y recibes un golpe certero y fulminante: las tonalidades rojas de la muceta del papa Paulo III pintado por Tiziano, absolutamente maestras, absolutamente impresionantes, en un cuadro que es todo él una impresionante obra maestra del pintor veneciano. Un ojo al frente y el otro torcido hacia la derecha, como a la virulé, fijo el primero en el rojo de El Greco y fijo el segundo en el rojo de Tiziano. Ganó el efecto sorpresa, es decir, ganó la muceta que cubre los hombros del papa Paulo III: fue lo que más me gustó de Toledo. Horas y horas me hubiese pasado ante él.

miércoles, 22 de abril de 2015

Un medidor de aceite

En Toledo me hubiera gustado tener una especie de medidor de aceite de tamaño gigante, para hundirlo en algún lado de la ciudad. Al sacarlo, en vez del aceite vería los estratos correspondientes a las distintas culturas que la conformaron: iberos, romanos, visigodos, musulmanes, judíos y cristianos. Es lo que ocurre con las ciudades palimpsesto, que son prácticamente todas las de Europa, unas con más capas y otras con menos. Toledo las tiene todas y, claro, es asombroso: las culturas se sobreponen unas a otras, se imponen, conviven, se apoyan, se destruyen, se prestan compañía, se dan de bofetadas, se empujan, se hacen un sitio, se encuentran, etc., y todo esto queda reflejado en la historia física y urbana de la ciudad.

domingo, 19 de abril de 2015

Palpadme

“Palpadme” (Lucas 24, 39). Jesús resucitado es tangible, como él mismo se lo hizo ver a sus asustados y sorprendidos discípulos cuando se les apareció. ¿La tangibilidad de su cuerpo resucitado era la misma que la de su cuerpo terreno o era de otro tenor? Que se ofrezca a ser tocado, palpado, por sus discípulos para que disipen sus dudas resulta entrañable, y también el que les muestre sus manos y sus pies. Jesús, tras haber “palpado” sus llagas Tomás el incrédulo, podría haber afirmado: “dichosos los que creen sin haber tocado”. En cualquier caso a Jesús, no sólo se le ve y se le escucha, también se le toca. Bien que lo sabía el autor de la primera carta de San Juan cuando escribió: “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos” (1 Juan 1, 1).

viernes, 17 de abril de 2015

Soy, tengo, 50

Cuando Jodie Foster recibió el premio Cecil B. de Mille en el año 2013, lo primero que dijo, jubilosa, fue "¡¡I'm fifty, I'm fifty!!". Yo, hoy, 17 de abril de 2015, gritó también, con dicha incomparable: "¡Soy cincuenta, soy cincuenta!". Sí, soy, tengo, 50 años. Si combino el dato y el gozo sale algo tal que así:

¡¡5!!

martes, 7 de abril de 2015

Verde malo, verde bueno

¿Inaugura Homero la malignidad del color verde, cuando habla del “verde miedo” en varios lugares de la Odisea? Porque después, dando un salto de siglos, aterrizamos en Shakespeare, el cual, en Otelo, califica a los celos de “monstruo de ojos verdes”. Y en el siglo XIX una de las leyendas de nuestro Bécquer se titulará precisamente “Los ojos verdes”, los de la mujer del lago que, hechizante, arrastrará hasta su fondo, ahogándolo, a su hombre enamorado. Y parece que “el verde que te quiero verde” de Lorca, en su “Romance sonámbulo”, hace también suyo el carácter siniestro del color verde.
Es llamativa esta asignación de cualidades funestas a este color, siendo como es el color por excelencia de la primavera y por ello de la vida. Cuando la naturaleza, tras el invierno, resurge, se vuelve verde en los árboles y en las plantas. Es la “verde esperanza” de Machado y, superlativamente, de la Esperanza cristiana, que se hace también verde en el transcurso del tiempo ordinario del calendario litúrgico, durante el cual los sacerdotes en la celebración de la eucaristía visten una casulla de este color.
¿Será que lo malo: el miedo, los celos, la muerte, se viste con lo bueno, lo verde, para así atraernos y perdernos, otra versión del diablo disfrazado de ángel?

viernes, 3 de abril de 2015

Jesús, Señor de su vida, Señor de su hora

“Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora” (Juan 7, 30). “Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima” (Juan 7, 44). “Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora” (Juan 8, 20). “Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo” (Juan 8, 59). “Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos” (Juan 10, 39). “Esto dijo Jesús y se fue y se escondió de ellos” (Juan 12, 36). Lo quieren prender, lo quieren agarrar, le quieren poner la mano encima, pero Jesús se esconde, escapa, se escabulle: es una anguila. Y es que, así como es el Señor del sábado, es Jesús el Señor de su Hora, que no es otra que aquella en que, entregándolo Judas, se entrega voluntariamente él mismo: Judas lo entrega pero es Jesús quien se entrega. “Nadie me la quita (la vida), dice Jesús, sino que yo la entrego libremente” (Juan 10, 18). Porque es Jesús dueño de su vida, que él entrega libremente, es dueño de su hora y por eso, llegada esta, es él el que sale al encuentro de los que lo buscan: ahora ya no se esconde ni se escabulle sino que “sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: ‘¿A quién buscáis’. Le contestaron: ‘A Jesús, el Nazareno. Les dijo Jesús: ‘Yo soy’” (Juan 18, 4). “Solo porque yo me entrego, podéis atraparme: es mi hora, es vuestra hora, hacedlo”: esto es lo que parece decir Jesús, suya es la iniciativa: en la hora de la aflicción, Jesús continúa siendo el Señor.

miércoles, 1 de abril de 2015

Murieron ellos, moriremos nosotros: está bien

La primera de mis amistades que perdió a un progenitor fue Araceli. Creo que estábamos en 1º de BUP y teníamos por lo tanto catorce años. La muerte prematura de su padre fue un mazazo, sobre todo para su mujer y sus hijos mayores. Después, siguiendo con los amigos de mi infancia, murieron los padres de Bety, de Luis, de Miguel, de Sonia, el mío. Sin excepciones, ellos, los padres, murieron en primer lugar; ninguno de nosotros ha perdido todavía a nuestra madre. Doy un gran salto en el tiempo y me planto en estos últimos años. Murió, ahora sí, la madre de Aurora; perdió también a su madre Enrique. Y en estos últimos meses, de noviembre en adelante, murió el padre de Isabel, la madre de Andrea y, por último, murió de repente la madre de mi amigo Emilio. Es lo que toca.
Lo que tocará una vez que pasen más años será asistir a la muerte de nuestros hermanos y nuestros amigos. Llegaremos, si llegamos, a los 80, a los 90, e iremos “passing away”, unos primero, otros después... No me causa tristeza pensarlo. La vida se cumple y llega a su fin: esto está bien.

martes, 31 de marzo de 2015

Llamadlos buenos

Del Purgatorio se sale absolutamente mejorado, de modo que el “no llaméis a nadie bueno” de Jesús en la tierra se troca aquí en un “llamad buenos” a los del todo purificados y por eso miembros ya de pleno derecho del Reino de los Cielos. Por analogía, el Purgatorio podría ser llamado también Cuarto de Baño, Centro de Rehabilitación, Salón de Belleza, Gimnasio, Academia de Oposiciones, Spa-Balneario...

viernes, 27 de marzo de 2015

Llorémosle, llorémonos

“Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer” (Hebreos, 5, 7-8). Me estremezco siempre que oigo o leo este texto de la carta a los Hebreos. Saldría uno del estremecimiento, o incluso del horror, si le fueran concedidas lágrimas para llorar los sufrimientos del Hijo amado. Como a las hijas de Jerusalén, también nos diría Jesús: “no lloréis por mí, llorad por vosotros” (Lucas 23, 28). Pero ¿no pueden caber en el mismo llanto las lágrimas que derramemos por Jesús y las lágrimas que derramemos por nosotros, por nuestros pecados? ¿No es sólo llorando los padecimientos del Hijo como puede uno llorar eficazmente por sí mismo, pues es en sus heridas donde vemos nuestros delitos?