viernes, 30 de diciembre de 2016

Raros, raros

Los seres humanos somos raros, raros, tanto que nunca esperarías que una mujer, solo “vestida” con cuerdas, tras declarar ante la cámara del director austríaco Ulrich Seidl en el documental En el sótano, que le pone el sadomaso, diga también que ¡trabaja en Cáritas para luchar contra la violencia de género! Al oírlo, tanto se me arquearon las cejas que casi me salen disparadas hacia el techo. Pero no era el suyo ningún capricho flâneur. De dos matrimonios había salido literalmente apaleada y tuvo claro que iba a luchar contra esta lacra. Que, además, de resultas de ello, le quedará un gusto por el sadomaso ya es para echarse más bien a llorar.

martes, 27 de diciembre de 2016

El viejo continente

Me resulta desolador comprobar cómo, a pasos agigantados, Europa se convierte cada vez más en un inmenso geriátrico. Esta pirámide poblacional a la inversa forzosamente ha de caer hacia un lado o hacia otro. Me gustaría que hordas de infantes, niños, adolescentes y jóvenes de toda raza y condición nos invadieran pacíficamente de modo que la base de nuestra peligrosa pirámide invertida fuese engordando cada vez más por abajo hasta que la parte de arriba quedase de nuevo bien sostenida. O, ya a la desesperada, que tras deliberación y propuesta del Parlamento Europeo, la Comisión Europa alquilase millones de vientres de mujeres necesitadas para que gestasen y pariesen los niños que el Viejo Continente precisa para que dejase de ser precisamente eso, un viejo continente...

jueves, 22 de diciembre de 2016

No sus derechos sino nuestra obligación

Los animales no tienen derechos porque no están en condiciones de exigirlos. Lo que sí obtienen es nuestra obligación de cuidarlos y evitarles sufrimientos innecesarios. Hablar de “los derechos de los animales” es una inexactitud filosófica pero a los animalistas “inexactos” no parece preocuparles esta nimiedad y entienden que solo otorgándoselos queda garantizado su bienestar. Si tuvieran el gusto por el matiz, en definitiva, por la verdad, entenderían que no se puede quebrar impunemente la escala ontológica y axiológica y laminar al hombre para que baje de su falso puesto superior y quede a la altura del resto de los animales. Así perdemos todos, porque bien pudiera ocurrir que llegara el día en que salvar a un perro antes que a un niño, si se diera el caso de que solo pudiésemos salvar a uno de los dos, no fuese la mayor de las indecencias.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Más grande, más pequeño

¿Qué significará en el cielo eso de ser más grande o más pequeño? De entrada, rica variedad, claro. Después, ya no lo sé. ¿Más grande o más pequeño que quién seré yo, si Dios tiene a bien llevarme junto a él?

sábado, 17 de diciembre de 2016

El gallo, el gato

¿Hace kikiriki el gallo? Hace kikiriki mi madre. ¿Hace miau el gato? Hace miau mi madre. Así los tiene de su mano, cantarines y gozosos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

La vida manda

En el improbable caso de que, cuando tenga setenta, ochenta o noventa años, un editor despistado me pidiera que publicase lo escrito hasta ese momento en mi blog, yo le diría: “De acuerdo, pero con una condición: el título, sí o sí, será La vida manda”.

martes, 13 de diciembre de 2016

Patente de corso

Hay personas tan buenas, tan buenas, que se les podría dar patente de corso porque nunca la utilizarían.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Bizarros sueños

Si duermo mal, la posibilidad de tener un sueño extraño y rarísimo es bastante alta. Como lo de la lluvia de la entrada anterior, también esto me ocurrió en Madrid. Y dice así (el sueño): Estoy durmiendo y me despierto porque oigo ruidos. Veo entonces que la mujer de la limpieza está dentro haciendo lo suyo, cosa rara, porque es tempranísimo y además ha entrado sin llamar. Le largo un ¡pero bueno! y al instante, al lado derecho de mi habitación, se descorre la pared y aparecen más personas, que parecen estar asomándose a otra habitación. Me entero entonces que en este otro cuarto se graban tríos sexuales. Escandalizado, me voy a toda prisa a recepción para pagar y marcharme cuanto antes. El recepcionista me dice que, dentro del pago, se incluye la compra obligatoria de una salchicha o cosa parecida. Yo le largo un ¡ni de coña! y, furibundo, salgo pitando a la calle en busca de un policía especialista en cuestiones de consumo. Cuando estoy a determinada altura de la calle empinada que estoy subiendo, me vuelvo y veo que se ha formado una auténtica algarabía enfrente del hotel. Me parece atisbar que entre la multitud hay policías. Regreso y lo que descubro es que, tras salir yo, el recepcionista, para atraparme y hacerme pagar, había hecho lo mismo. Al comprobar que no iba a lograr pillarme, había llamado a los guardianes del orden. Aquí ya no recuerdo muy bien lo que pasó, pero es posible que me hubiese liado a tortazos con unos y con otros.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Madrid in the rain

¡Madrid in the rain! Siempre me había encontrado un Madrid cubierto por un majestuoso cielo azul y tuvo que ser precisamente la vez en que Don Francisco, mi médico, se despidió de mí porque deja la consulta para “dedicarse a otras cosas” (¡con 92 años!) la que me permitió disfrutar de un Madrid con lluvias abundantísimas, cosa que nunca antes me había ocurrido. Me encantó pasear por sus calles bajo un pequeño paraguas y sentir cómo los fondos de mis pantalones y mis zapatos se mojaban cada vez más. Ni el musical El rey León, ni la exposición Renoir: Intimidad, ni la obra de teatro La última sesión de Freud, ni Hitchcock, más allá del suspense, me gustó tanto como la sacudida que me propinó un Madrid por fin lleno de lluvia.

martes, 6 de diciembre de 2016

El viejo rockero

Nadie muere hasta que muere, ni el viejo rockero, ni el viejo poeta, ni el viejo maestro, ni el viejo actor, ni el viejo padre, ni el viejo cura... Los queremos en activo, hasta el final, siempre con las botas puestas.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Álbumes

Cuando me canso de leer, una de las cosas que ahora tengo a mano es componer álbumes con las fotos de mis viajes. Internet ofrece miles de sitios para hacerlo y yo caí un buen día en blurb.com y en él sigo. Combinando plantillas, bordes, colores y diseños distintos, he ido colocando fotos en las sucesivas páginas de cada álbum, buscando unas veces contrastes y otras veces complementariedades, siguiendo unas veces un orden cronológico y otras saltándomelo, y no dando nunca ningún tipo de indicación sobre el lugar o el monumento fotografiados. Son álbumes puramente visuales y para nada informativos. No quiero dejar constancia de que estuve en tal o cual sitio sino hacer algo con esas fotos que me he traído y que, normalillas como son, encuentran en el modo como las ajusto una suerte de redención artística.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Operación rescate de tío 2

Hubo una “Operación rescate de tío 1”, en la que nos trajimos a nuestro tío Luis, cura mercedario, desde Sevilla hasta el monasterio de Poio, aquí en Pontevedra, una vez efectuadas las debidas diligencias telefónicas. Está en ciernes una “Operación rescate de tío 2”, mucho más laboriosa que la primera, pues esta vez habrá que ir a Puerto Rico, donde a la sazón se encuentra mi tío Perfecto, sacerdote ex-mercedario y hermano del primer rescatado, en estado de “demencia severa”, según nos comunicaron por teléfono. De momento se encuentra en la residencia “Hogar Santa Teresa Jornet”, sita en San Juan, al cuidado de las Hermanitas de los ancianos desamparados. Mi madre ordenó su inmediata evacuación, pues quiere que muera aquí, sabiendo además que él mismo había expresado su deseo de venirse para España cuando cumpliese ochenta años, cosa que, de ocurrir, tendrá lugar el año que viene. Lo que complica todo el asunto es que hay que conseguir un poder que habilite a quien (más bien quienes) vaya allá a disponer de sus bienes en calidad de tutor legal. Y en estas estamos, en pleno frenesí burocrático, muy ayudados desde allá por el padre Tomás, que está recabando cuanta información pueda sernos útil.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Born to run

Tras leer Born to run, la autobiografía de Bruce Springsteen, me estoy dando un nuevo chapuzón en la música de este cantante, que, si ya me parecía extraordinario, me lo parece ahora todavía más tras haber comprobado que es un excelente escritor, con altísima sensibilidad y fina inteligencia. Y un hombre bueno, además. Al contacto otra vez con su música, su voz y su presencia, todas mis filias pro Bruce han resucitado. Su éxito mundial, el suyo y el de la E Street Band, está más que justificado pues ofrece oro puro, en todo el trayecto que va desde el inicio de la composición de una canción hasta su ejecución sobre un escenario. En todo momento se está ofreciendo a sí mismo, y me pregunto si, sin esta entrega de sí, es posible alguna creación artística que merezca tal nombre.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Está bien

No me disgusta verme con canas en la orilla de mi pelo casi siempre cortado al uno y con unas arruguitas que a mí me parecen sonrisas. Me veo y digo: “Está bien”. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

"Humildad" contemporánea

Incluso de cierta “humildad” tendrá que salvarnos el cristianismo, la que les hace decir a algunos que qué se cree el hombre para demandar eternidad, una vida más allá de la muerte, superioridad sobre los animales, dominio sobre la tierra, etc., si total no es más que un nanopunto infinitesimal que vive en un, igualmente, nanoplaneta infinitesimal dentro de un universo inconmensurable, si no es más que un eslaboncillo de la cadena humana que transita por la historia: “otros me precedieron, otros me seguirán, ¿para qué darme tanta importancia?, no soy más que polvo que viene del polvo y al polvo volverá, y bien está que así sea”. Aquí y allá me he ido encontrando últimamente estas reclamaciones de humildad que son las que más convendrían a ese hombre de hoy que por fin ha descubierto que no es ni el fin de la evolución, ni el centro del universo, ni el señor del planeta, ni un ser superior al resto de los seres animados. Por lo tanto, señores, menos pompa y líbrenos Dios de gritar como Unamuno: “¡Ser, ser siempre, ser sin término, sed de ser, sed de ser más!, ¡hambre de Dios!, ¡sed de amor eternizante y eterno!, ¡ser siempre!, ¡ser Dios!” Estos amigos nuestros, dado que se ven como se ven, creen que no merecen ser siempre y por lo tanto tampoco lo piden. ¿Hasta qué punto a lo mejor ni siquiera lo desean?

lunes, 21 de noviembre de 2016

Felices vacaciones

Se lo pasó muy bien los quince días que estuvo de vacaciones con nosotros, mientras su mujer pasaba las suyas en Cuba con unas amigas, más que muy bien incluso. El sol a raudales de todos los días le permitieron gozar de mañanas de perro y monte en las que daba gracias a Dios por la magnificencia de la naturaleza. El resto lo puso lo que el resto del día daba de sí, el puro placer de hacer vida cotidiana en el nicho -hogar y pueblo- que lo vio nacer y crecer.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El cuervo

Naturalmente es el cuervo el que grazna por las mañanas, como me lo recordó mi hermano Pepe, el pájaro más tempranero y el último en recogerse, añadió. Su graznido en la mañana es cortante y puro, muy feo sí, pero saludador a su manera. Yo se lo agradezco.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Una sola pieza

Fue siempre hombre de una sola pieza, muy sólido, admirable por eso aunque algunos lo tildasen de ser “muy normal”. El caso es que esta solidez ha ganado flexibilidad y la pieza, que sigue siendo una sola, ha adquirido tonalidades distintas. Se ha convertido pues en una persona muy interesante, al haber aprendido a recibir la savia nueva que siempre aporta la vida a todas horas.  

viernes, 11 de noviembre de 2016

¿Voluntad de la naturaleza, voluntad de Dios?

Los que somos contrarios a la eutanasia debiéramos hilar más fino cuando reclamamos que sea el libre curso de la naturaleza el que ponga fin a la vida del enfermo terminal como si solo así se respetase la voluntad de Dios. No debemos olvidar que es también el libre curso de la naturaleza el que actúa en las enfermedades que matan a los hombres y nuestra obligación es luchar contra la primera para salvar a los segundos. Algo falta y algo falla en nuestra argumentación cuando, de alguna manera, hacemos coincidir en nuestro argumento la obra de la naturaleza con la voluntad de Dios, y yo no sé exactamente qué es.

martes, 8 de noviembre de 2016

Vértigo de velas

Parte de la gracia de las noventa velas que fui poniendo una tras otra en la tarta de manzana que compré en la de Tabora es que aproveché muchas de otros cumpleaños y que no se habían gastado del todo. Reutilice velas, vaya, con lo cual en la tarta del noventa cumpleaños de mamá ardieron aún más y seguro que la cera de alguna estuvo a punto de consumirse del todo. Hay aquí un vértigo de significados que no me atrevo a descifrar. Dejémoslo así.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Que se me ocurran

No quiero que ocurran cosas en mi cabeza sino que se me ocurran, que aparezcan ahí porque quiero yo que aparezcan y no por ninguna otra razón. Quiero ser dueño y señor de mi mente.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Pitufilandia

Atrás los acnés adolescentes y delante pitufilandia, desde el día en que dejé el instituto en el que llevaba trabajando toda la vida y me vine al colegio público de infantil y primaria de mi pueblo. Aquí me paso las mañanas yendo a buscar a los pitufos y las pitufas, que a veces son pitufitos y putifitas, bien porque se ponen malos, bien porque les toca vacunarse, etc. Los más pequeños, cuando te ven por primera vez, te miran con unos ojos de asombro infinito en los que debe esconderse el principio y el fin de toda filosofía. Me pregunto muchas veces cómo es posible que existan criaturas tan mágicas e increíbles, seres fantásticos que salvan cada día nuestro mundo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

sábado, 29 de octubre de 2016

¡Quién lo diría!


El día en el que celebramos el noventa cumpleaños de mi madre, mi hermano Rodrigo, el segundogénito, a escondidas de todos, tuvo la brillante idea de celebrar también los 65 de Luis, el primogénito, para lo que discurrió unas cuantas ideas. Esto le exigió a mi hermano mayor, después de entregados los regalos y sopladas las velas, decir unas palabras, que es como pedirle a una pirámide que se ponga del revés. En familia, es siempre muy tímido y de poquísimas palabras. Así que, con la ayuda de Dios y del magnífico rioja que regó nuestras gargantas (hay que aplaudirle al vino sus magníficas cualidades desinhibidoras), habló. Yo, que grababa la escena con mi Canon, sentí como resbalaba por mi mejilla derecha un auténtico lagrimón. ¡Mi hermano Luis arrancándome una lágrima, a mí, que las tengo tan sujetas!

jueves, 27 de octubre de 2016

Llega el circo

Un nuevo circo aparcó su carpa en Silleda el pasado fin de semana. Alguien me comentó que, dadas las alarmas animalistas, muchos municipios de Galicia, unos cuarenta o cincuenta, ya no permiten a los circos acampar en sus terrenos si tienen animales viviendo en condiciones infra-animales. Es cierto que es penoso ver, sobre a toda a las grandes fieras (leones, tigres, elefantes), encerrados en sus jaulas sin apenas sitio para moverse. Recuerdo que hace ya muchos, muchos años, al pasearme yo ante el circo que entonces estaba en mi pueblo, me causó una pena infinita ver a los enormes paquidermos sujetos y sin apenas poder hacer otra cosa que balancearse un poco. Vale, sí, me sumo también esta vez, como en muchas otras, a la nueva sensibilidad animalista, pero, ¿qué deberían hacer los dueños de los circos con sus leones y tigres y demás fieras? No se les puede negar el pan y la sal a ellos y a su gente sin ofrecerles algún tipo de transición a los nuevos tiempos. Que les den muy buenos dineros, por ejemplo, por todos esos animales que a buen seguro estarán mejor en terrenos amplios en los que puedan desplazarse a su gusto. A cambio, los animales compañeros tradicionales del hombre: perros, caballos, y hasta monos, aguantarán muy bien el tipo en compañía de sus amos y amigos cirquenses y con ellos podrán seguir haciendo las delicias del público.

martes, 25 de octubre de 2016

Ángel frunce el ceño

Ángel frunce el ceño cuando le digo que, cuando vaya a Madrid, cosa que ocurrirá a finales de noviembre, iré a visitar la exposición que el Thyssen le dedica a Renoir. Él, en Viena, está con sus Tizianos y demás genios de la pintura, y hace muy bien, pero yo sé que también hago muy bien con lo mío y lo mío ahora, en lo que a pintura se refiere, es todo lo que no quede a las espaldas del siglo XIX sino por delante. A estos efectos estoy decimonónico pero sobre todo muy veinteséculo. Voy a poner un ejemplo que escandalizará a la audiencia: si a mí ahora me ofrecen ver una exposición de Velázquez o una de Damien Hirst me voy a ver la del segundo. Hala, ya lo he dicho.

Ángel, te recuerdo que tú todavía estás enamorado de tus hormigones arquitectónicos… Uno tiene sus fases, ya sabes.

(Escribo esto porque él mismo me recordó que no estaba escribiendo nada en este blog, lo cual es muy cierto, pero, ¡ah, la musa, las musas!).

domingo, 23 de octubre de 2016

La sonrisa de la felicidad

X te recibe feliz siempre porque es feliz siempre. Su sonrisa mañanera es indeclinable y en ella permanece el resto del día. En realidad, ahora que lo pienso, la persona feliz de una manera u otra está siempre sonriendo. ¿Será la sonrisa, de la felicidad, su flor más inmediata?

miércoles, 19 de octubre de 2016

90 velas


De entrada había imaginado que serían los “parvuli” (Martina y Sabela, sus nietas más pequeñas) los que ayudarían a mi madre a soplar las noventa velas de su noventa cumpleaños, pero no. Fueron los “senex” que compartían mesa con ella (mi tío Luis -88 años-, mi tía Florita -91 años-, mi tío Darío -84 años- y mi tía Pepa -83 años) los que, eólicos, soplaron a una con ella para apagar las noventa velas. Un éxito, todo, su vida, sus 90 años, la fiesta que organizamos en su honor el pasado 12 de octubre. Un día inolvidable.

domingo, 16 de octubre de 2016

Qohelet y San Juan

X, si el tiempo es fugitivo y todo pasa y nada queda, ¿dónde está tu consistencia? ¿En el amor? ¿En Dios? ¿O es que manejas nada y amor, Qohelet y San Juan, haciéndote así paradoja viviente?

miércoles, 12 de octubre de 2016

Los más felices de la tierra

Los seres profundamente unidos consigo mismos, sin ninguna escisión interior, en los que se ha soldado la ruptura creada por el pecado, son los más felices de la tierra. Me gustaría ser uno de ellos.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los Ares Fondevila se van de excursión

Enlazo aquí el vídeo que montó mi sobrina Alba (¡enhorabuena, querida sobrina!) y en el que podréis ver algunos momentos de la excursión (la sexta) que realizamos la familia Ares Fondevila el pasado fin de semana por tierras asturianas. Espero que os guste.

lunes, 29 de agosto de 2016

El grillo

Hace años, cuando en las noches de verano aparecía algún grillo en la sala de estar, lo pisaba y lo tiraba después fuera. Ahora, en cambio, lo cojo con la mano e, igualmente, lo tiro fuera (no llego a depositarlo, cosa que a lo mejor ya haré el año que viene). Me gusta mucho más lo segundo.

viernes, 26 de agosto de 2016

Sé científico

Suso, no la líes con cosas que te imaginas que son y luego no son. De sobra sabes a dónde conduce esto. Sé científico, estricto, atento solo a los hechos. La probabilidad de que algo sea cierto (en el orden de cosas que ahora tienes en tu cabeza) dependerá de ellos. Revísate, se serio en esto. No concluyas si no hay materia (sí, materia, y nunca mejor dicho) para concluir.

domingo, 21 de agosto de 2016

Como él nos conoce

Necesitamos que nos interpreten, que nos disciernan, que nos esclarezcan y en este sentido que nos juzguen. En el Juicio Final, Dios nuestro Padre nos desvelará por fin cómo fue nuestra vida, por qué fue como fue, cuál fue en definitiva, y nos sabremos ya del todo. Nos conoceremos como él nos conoce: no otra cosa será el juicio, y en este sentido será muy deseable.

jueves, 18 de agosto de 2016

La alegría

No en último lugar les diría que se hiciesen con unas reservas de alegría para todo tiempo, fuese como fuese este tiempo, aunque fuese el peor, e incluso con más razón para este, porque la aflicción del mundo no podía imponerse hasta tal punto que les fuese arrancado de raíz el gozo de la existencia. El mejor servidor tenía que ser siempre un servidor alegre, también en medio de la peor de las miserias, porque si no fuese así, ¿de qué clase sería la esperanza que les podrían entregar a los desahuciados con los que se encontrasen en su camino? Les ofrecía la alegría no como un blindaje frente al mundo sino como un salvoconducto para no caer desfallecido bajo el asalto de sus injusticias y tristezas. Solo con ella en lo más hondo de su corazones serían capaces de ofrecer refugio a quien lo necesitase de veras.

lunes, 15 de agosto de 2016

El retiro del fraile anciano

Expansivo como era, no dudó en comentarles a los que estaban presentes en la misa que ellos tenían la suerte de poder jubilarse a una determinada a edad mientras que a los frailes los tenían sujetos hasta el final. Debió decirlo con gran sentimiento, pues la gente lo aplaudió como quien acude en socorro de una víctima. El caso es que física y psicológicamente estaba muy disminuido, y esto es lo que había subyacido tras sus palabras. Falto de riego sanguíneo, a lo que habría que sumar otras “lindezas” con que la vejez lo había adornado (tenía ya ochenta y ocho años), más de una vez, cuando repartía la comunión, tuvo que sostenerlo quien en ese momento la estaba recibiendo, pues sufría frecuentes mareos. Sin su bastón, las caídas eran seguras. En el camino desde la sede hasta el ambón, cuando se disponía a leer el evangelio, necesitaba apoyarse primero en el altar, y, tambaleante, llegaba al atril con los brazos extendidos para poder agarrarse. Creía con toda razón que ya no estaba ni siquiera en condiciones de presidir dignamente una eucaristía y que su lugar estaba en el monasterio de san Pedro de Poio, en Pontevedra, provincia en la que había nacido y donde residía su familia. Le faltaban sin embargo arrestos para dirigirse a su provincial y ponerle al corriente de su situación y de sus deseos. Había tenido en el pasado malas experiencias con sus superiores y esto había mellado su confianza. Fue la familia quien puso remedió a la situación haciendo lo que él no estaba en condiciones de hacer. El provincial se mostró completamente comprensivo tras la conversación telefónica en la que uno de sus sobrinos lo puso al corriente del estado en el que se encontraba su tío. “Me habéis devuelto la vida”, le dijo a su familia, tras saber que lo destinaban a Poio. El fraile anciano y enfermo había conseguido su ansiado retiro.

viernes, 12 de agosto de 2016

El perdón

Al perdonarle le hubiera gustado que él hubiese olvidado por completo que alguna vez había sido su deudor, así como también le hubiese gustado olvidar él mismo que había sido su acreedor, de modo que, dado que apenas se conocían, cada vez que se encontrasen ninguno de los dos se sintiese incomodo. Una ofensa perfectamente cancelada debiera ser una ofensa perfectamente olvidada, tanto por parte del ofendido como del ofensor, para que todo pudiese comenzar realmente de nuevo. No es ya que debiera desparecer de la cabeza del ofendido el “Tú me hiciste daño un día”, sino incluso el “Yo te perdoné un día”, para que no pudiera esgrimir ante su deudor ningún tipo de reivindicación. Solo así de la cabeza de este podría desaparecer tanto el “Yo te hice daño un día” como el “Tú me perdonaste un día”. ¿O sería esto, de tan puro, inhumano? ¿No debiera sentirse agradecido de por vida el ofendido al ofensor por la cancelación de la ofensa, algo solo posible si ninguno de los dos  olvidase el perdón otorgado y el perdón recibido? Parecía un asunto que solo podría resolverse en otra vida, en otro mundo. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

La madrina

Se hubiese muerto de pena si su hermana no le hubiese pedido que fuese la madrina de bautismo de su segundo hijo. En tiempos de fe borrosa o inexistente, que ella se declarase agnóstica era lo de menos. Tampoco la fe de los padres levantaba muchos palmos del suelo. Así las cosas, a uno de los presentes le llamó mucho la atención que, al comienzo de la ceremonia, que presidió un tío de las hermanas, la madrina se santiguase casi sin proponérselo, como si de manera automática regresase de la infancia un gesto que entonces había hecho mil veces, pero del que enseguida se avergonzó como algo impropio de su agnosticismo. ¿Qué habría encontrado debajo de este el que hubiese sido capaz de arañar su superficie? Más que una fe olvidada una fe reprimida, que acaso con el tiempo habría de convertirse en un paisaje que, por ruinoso, se volvería romántico y hasta hermoso, y al que acaso ella habría de desear volver algún día.

lunes, 8 de agosto de 2016

Julieta

Julieta, de Almodóvar, me ha decepcionado profundamente. De tan estética resulta estática, sin nervio ni pasión. Su contención, lejos de concederle sutilidad le resta verosimilitud, cosa que también le ocurre a la historia en alguno de sus ramales, por ejemplo el de Antía, la hija de Julieta. Su huida y posterior reaparición doce años después resulta inverosímil. Es un personaje mal trazado y peor resuelto. Y con Adriana Ugarte y Emma Suárez no alcanza el director manchego lo que normalmente logra con sus actrices, la excelencia. Adriana Ugarte solo llega a ser algo más que un maniquí y Emma Suárez no tiene toda la profundidad que debiera. Más que crear parece que fabrican el personaje de Julieta. Pero el problema no es de ellas sino del guión y la dirección. Rossy de Palma, a la que nos gusta que haga siempre de sí misma, resulta irritante haciendo aquí de sí misma. Este personaje hubiese requerido una actriz menos cómica. Es una película que desde el principio va con demasiado freno y mucha estética, y así no hay manera de que funcione. Una pena, y ya van dos seguidas, después de Los amantes pasajeros.

viernes, 5 de agosto de 2016

No seré duda

Cuando se sentó en la arena no miró ni a uno ni a otro lado. Quería estar solo, con su sombrilla, su silla y su libro. Se había traído el último de Trapiello, Seré duda, después de haberse dicho una mil veces que el anterior a este, Miseria y compañía, el dieciocho de la saga Salón de pasos perdidos (Spp), sería el último que leería. Pero no. Al final pudo más la curiosidad y, cosa extraña o quizá no tan extraña, la fidelidad. Se encontró con el Trapiello mejor escanciado, el más claro, él, que ya era un autor que desde siempre había apostado por la claridad, y sin que en esta mayor transparencia la prosa del escritor leonés perdiese un ápice de su exquisita elegancia. Las exageraciones, en literatura y en la vida, están para hacer uso de ellas, y por eso se dijo a sí mismo que Andrés Trapiello era uno de los mejores escritores contemporáneos en lengua española, y si le apuraban, incluso de toda la serie histórica. Pero, ¿era una exageración? Él pensaba que no pero en cualquier caso, qué más da. Tenía ante sí su palabra viva y verdadera, la que solo podía nacer de un hombre que hacía profesión de vida y de verdad. Lo uno nacía de lo otro. Que, de cuando en cuando, le aburriesen algunas páginas no importaba demasiado, como tampoco importa que la vida tenga de cuando en cuando sus días aburridos. Todo el relato que iba desde que, estando en el aeropuerto de A Coruña, recibe Trapiello la noticia de que Ramón Gaya había muerto hasta que, a la vuelta de su entierro en Murcia, estando él y M. de nuevo en su casa de Madrid, llaman a C., que le cuenta todos los detalles de sus últimos días y horas, le había parecido proverbialmente conmovedor y hermoso. A ratos también se había reído mucho con él. Y le agradecía que hubiese sido menos cotilla que otras veces, por más que con este ánimo hubiese escrito excelentes páginas en su Spp. Pero si exigía altura moral a los demás, debía ser coherente y exigírsela también a sí mismo. Le gustaría que Trapiello, llegado el caso, se había frenado a sí mismo a este respecto en Seré duda.
Cuando levantó los ojos el sol ya había cumplido su ruta. Quedaba muy poca gente en la playa. Como muchos, hizo lo propio, recogió sus cosas y se marchó. En el coche, de vuelta a casa, riéndose se dijo: “No seré duda en la próxima entrega de Salón de pasos perdidos”.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Dos años después

Saltó a la vista de todos que sus dos años más de vida, los que habían pasado desde que había estado con ellos por última vez, le habían robado frescura mental, presteza física, agilidad en la mirada. También eran dos los años que le faltaban para cumplir los ochenta, y era evidente que ese primer zarpazo del tiempo que solo propina la vejez ya había acontecido en él. Pero aquello a lo que había llegado y que los suyos constataban tuvo un desarrollo paulatino y nunca se vio cogido por la sorpresa de lo que ocurre de repente. Además, el deterioro tampoco había sido tan grande como para que sus principales facultades no hubiesen permanecido intactas. Pudo por tanto acostumbrarse a él sin grandes apuros, como quien ve que solo los bordes de su vida están un poco marchitos.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un tipo: 9

He sufrido mucho por culpa de los nervios a lo largo de mi vida. Esto lo he heredado de mi madre. Mi carácter lo ha acusado y muchas veces he tenido que explicar que yo no soy así porque quiera ser así sino porque no puedo ser de otra manera. Nunca hubo en ello ninguna intención por mi parte. Mis arrebatos, mis fulguraciones, mis aceleramientos, no son otra cosa que impaciencias súbitas que se apoderan de mí, ansiedades que no puedo controlar. Quienes me conocen y acaban queriéndome me sufren pacientemente. Incluso mi mucho hablar no es más que un desahogo continúo de mi tensión interior. En las palabras que me salen me aligero y en realidad no necesito que se me preste atención. Ni yo mismo me la presto. Solo son un modo de respirar. 

viernes, 29 de julio de 2016

Mario Landía

Mario Landía no quiso someterse a la prueba de infertilidad por temor a que revelase que era él el causante de que no tuvieran hijos y quedase así en entredicho su virilidad. Pero lo que entonces se puso de manifiesto fue su cobardía, y de paso su egoísmo, pues la prueba podría haber revelado una mera disfunción de fácil arreglo que les hubiese otorgado la posibilidad de tener hijos. Su mujer se dio cuenta entonces de que su marido era un hombre débil y no tuvo más remedio que aceptarlo. Luchó para que de su desilusión no naciese ningún tipo de amargura que acabase minando los cimientos de su matrimonio. A él no se le ocultó sin embargo que su decisión supuso para ella un duro golpe, pero esto no le hizo cambiar de opinión. Con una mezcla de descaro e ingenuidad no dudó ni por un momento que su mujer no se lo tendría en cuenta.

lunes, 25 de julio de 2016

Un tipo: 8

Nada más empezar el día la lengua debía posarse fláccida debajo del paladar y tocando los dientes. Esto lo había aprendido en sus clases de yoga. En tanto consiguiese mantenerla en esta posición se sentiría relajado. Sería él y no sus nervios quien dominase los avatares de la jornada. Y también la cara debía caer hacia la mandíbula, donde debía reposar, sin que ninguna estría mostrase ningún tipo de tensión. Enviaba así una orden a su psique y a su espíritu: mantenerse tranquilo.
Le daba una pereza inmensa ponerse a hacer una serie de cosas que tenía pendientes: registrarse como usuario en la página web de la compañía de seguros de su coche, revisar la vista antes de comprar el siguiente pack de lentillas, cumplir un recado que le había pedido su hermana e ir a la farmacia. Eran servidumbres que hacía medio arrastrándose, porque le gustaría poder estar siempre sentado en su sillón, leyendo, escribiendo, viendo una película o escuchando los ruidos que le rodeaban.
Le encantaban los ruidos, todos los ruidos, que podía oír desde su despacho: el tránsito de los coches, los pasos de su tío en su habitación, el crujir de la madera del suelo, los que causaba su madre en la cocina, el de los gallos y las gallinas... Al no estar sujetos a ningún ritmo, se sentía ante ellos más cómodo que ante los sonidos regulados de la música. Esta le hubiese exigido una atención, una obediencia, que no estaba dispuesto a ofrecer.
En su última cita con el médico este le había quitado dos pastillas, lo que era una buena noticia pues significaba que su salud había mejorado, pero mientras su sistema nervioso no se acostumbrase a su ausencia hasta dejar de echarlas de menos por completo, se las tendría que ver con noches medio insomnes y una especie de aceleración interna durante el día. Además estaba ese dolorcillo de cabeza casi continuo, como el producido por una diadema que alguien le había puesto sin que después se hubiese acordado de quitársela.
Le crispaba pensar en acciones futuras, incluso en las más inmediatas, y se decía entonces: “no” y desarrugaba el entrecejo. La calma volvía. Todo debía hacerlo sin ansia, como quien come despacio para saborear mejor los alimentos. La acción presente, el ahora, es quien mandaba, y a ella debía someterse si quería ser libre.

viernes, 22 de julio de 2016

Hugo Lamón

Hugo Lamón dejó de hacer prótesis dentales una vez que el dinerillo extra que conseguía con sus juegos en la Bolsa dio pasó a grandes cantidades de dinero gracias a sus cada vez más finas habilidades financieras. Su padre además le había dejado como herencia un piso grande en una urbanización de lujo, de modo que estaba libre de la carga de una hipoteca y de las muchas que hubiera tenido si fuera una persona que gastase mucho. El día podía pasarlo entonces en casa, donde tenía varios ordenadores encendidos, en cuyas pantallas se veía como subían y bajaban las cotizaciones en las Bolsas más importantes de todo el mundo. Con un gin tonic en la mano, su bebida preferida, y la música de Metallica sonando a todo trapo, a cuyos sones bailaba de vez en cuando, se permitía el lujo de hacer lo que le viniera en gana durante el día, sin horarios, ni jefes, ni antipáticos compañeros de trabajo. En torno a las ocho de la tarde, tanto en invierno como en verano, su grupo de amigos más íntimo se reunía con él en su casa, lo que aprovechaba Hugo Lamón para explicarles los entresijos de los parques bursátiles. Su madre, a la que adoraba, vivía en una aldea a más de noventa kilómetros de distancia. La visitaba todos los fines de semana y siempre acudía a su lado cada vez que ella, fuera cual fuera la razón, lo llamaba. Su padre había muerto nada más aterrizar su avión en España después de más de treinta años de estancia en Caracas. Él había nacido en esta ciudad y, cuando tenía diez años, se vino de vuelta a España con su madre. Nunca le contó a nadie lo que había pasado, y las cuentas que su padre pensaba saldar con su mujer y con su hijo nada más aterrizar el avión quedaron definitivamente enterradas. Ni a él ni a su madre les importó demasiado.

miércoles, 20 de julio de 2016

Mejías Lamadrid

Mejías Lamadrid volvió al cabo de los años a su pueblo natal, acompañado por una mujer joven y dos criaturas. Había llorado bien a sus muertos y por eso sus ojos parecían siempre recién lavados. Eran pobres y se defendían como podían, trabajos esporádicos aquí y allá y alguna que otra ayuda pública. Lo primero que hicieron nada más llegar fue matricular a sus hijos en el colegio. Muy de cuando en cuando se permitían el lujo de tomar algo en la terraza de alguna cafetería y entonces todo el mundo podía comprobar que eran felices. Algunos de los antiguos amigos de infancia de Mejías Lamadrid se sentaban a veces con ellos. Uno que lo espiaba siempre desde lejos, un funcionario público, lo envidiaba al verlo siempre tan relajado y contento. Desde que lo había atendido en el colegio en el que había matriculado a sus hijos, cuando se cruzaba con él lo saludaba. Lamadrid le respondía tímidamente y con afecto. Esto duró muchos meses. El funcionario lo echó de menos cuando un buen día dejó de cruzarse con él. Quizá es que había encontrado trabajo y ya no podía estar en la calle a la hora en la que siempre pasaban el uno al lado del otro. Esperaba con ansia que acabaran las vacaciones y comenzasen las clases para verlo de nuevo trayendo a sus hijos al colegio.

martes, 19 de julio de 2016

César Dares

César Dares multiplicaba sus actividades en torno al deporte. Había sido durante muchos años entrenador de voleibol y últimamente el ayuntamiento de su pueblo lo había fichado para gestionar el área deportiva, centrada sobre todo en niños y jóvenes. Era grande y fuerte, de voz ronca, con labios abultados y pelo corto, duro y rizado. Su sombra protegía aquello que alcanzaba, que era mucho. Los niños lo adoraban.
Después de morir se supo que su matrimonio no había ido todo lo bien que en su momento se había esperado. Su mujer era mayor que él y menuda, de sonrisa difícil, áspera y a veces contestona. La nueva dueña de la peluquería en la que había trabajado durante años en cuanto pudo la despidió. ¿Había sido el de ellos un matrimonio imposible desde el principio, la ternura y la acritud batiéndose sin encontrarse nunca?
La madre de César Dares había sido tan delicada y hermosa como una flor, combada al final por los años, no así su voz, que permaneció clara y pura hasta el final. La noticia de que su hijo había caído fulminado por un ataque de corazón mientras estaba apoyado en la barra de un bar la cogió misteriosamente prevenida, como si fuese algo que esperaba desde hacía tiempo. Se derrumbó por dentro, pero por fuera mantuvo la apostura que siempre había definido su vida, sus claros límites.

sábado, 16 de julio de 2016

Maribel Deburgos

Maribel Deburgos era chepuda y cristiana vieja. Las lanzaba con honda y ay de aquel que no esquivase a tiempo sus invectivas. No era tan así sin embargo para quien supiese interpretarla, cualquiera que la conociese de antiguo. Lo acre, más que acre era directo, directísimo, como un golpe certero, y solo había que, como buen púgil, saber encajarlo. Le era dable entonces al receptor de sus palabras percibir bajo ellas no otra cosa que su ninguna gana de enredar a nadie con circunloquios que no llevaban a ninguna parte. Ella estaba siempre en una muy concreta, pues no entendía que se pudiese estar de manera distinta. ¿A qué entonces andarse con rodeos? Si esto es así digamos que es así y si esto es asá digamos que es asá. Para ella todo era plano, no un diamante con múltiples facetas. El matiz le caía muy lejos y serían otros los que debían ir a buscarlo. Las penas de la reflexión no la concernían.

miércoles, 13 de julio de 2016

Una tipa: 7

De niña jugaba al fútbol tan bien o mejor que los niños. En una foto del álbum familiar aparecía, vistiendo la falda a cuadros y plisada del uniforme del colegio, sobre la bicicleta grande de casa con los pies sobre el asiento y las manos en el manillar. Cuando sacó el carnet de conducir, el instructor de la autoescuela dijo que nunca había tenido un alumno que condujera tan bien como ella. Encima, de mayor y casada, llegó a ser una muy buena cocinera. Y se podrían enumerar más cosas que mostrarían sus múltiples habilidades. Era, sin duda, una mujer completa.
Sus hermanos la consideraban la mejor de todos, la más generosa, la más dispuesta, la menos egoísta. A la hora de los recados, de niña, nunca dudaba a la hora de obedecer a su madre para hacerlos de buena gana y al instante; no así su hermano más cercano en edad, remoloneando siempre y más egoistón a este respecto. ¡Qué estremecimiento sintió en una ocasión una mujer que la adoraba, muy amiga de su tía, cuando, al ver que esta se le acercaba con un expresión de gran preocupación en la cara, pronunció su nombre con un escalofrío de miedo temiendo que le hubiese ocurrido algo grave!
Había que preguntarse si sus arrugas tempraneras en torno a sus ojos eran el resultado de los años duros que tuvo que vivir cuando las cosas dejaron de venir rodadas. Pero no consiguieron borrar la luz de su rostro, que tanto y a tantos encandilaba. Fue entonces todo lo fuerte que pudo ser, que no tuvo más remedio que ser, y que hicieron surgir en ella habilidades nuevas. Asomada a los 50, que tanto deseaba cumplir, como si esto supusiese hacerse un regalo a sí misma, luchaba por abrir un futuro en el que resplandeciese la esperanza.

lunes, 11 de julio de 2016

Una tipa: 6

En una ocasión en la que su madre la tenía en su regazo mientras cosía, la niña cogió las tijeras y con la punta golpeó la máquina de coser, y en ella quedó para siempre la marca que le hizo. Este fue el primer indicio de su bravura, la misma que la llevó en la adolescencia y juventud a no estar casi nunca de vuelta en casa a la hora que su madre le decía, o la que le empujaba a encararse con su padre de poder a poder, o la que hacía doblegarse a sus hijas cuando un no era un no. Todo un carácter.
No es un disparate pensar que detrás de esta bravura había hondas convicciones, una de las cuales era que hablando se entiende la gente. Lo creía a pie puntillas y no sería ella la que renunciase a hablar, extendiéndose todo lo que hiciese falta, para que todas las cartas quedasen puestas sobre la mesa. Esta convicción arraigó en ella con fuerza desde que se casó, y no entendía que un problema no se pudiese, si no solucionarse, si al menos aclararse mediante un diálogo a corazón abierto. En este tema se mostró siempre extraordinariamente generosa, y lúcida.
Cuando le tocaba hacer la entrega de los regalos tras la cena de Reyes, alcanzaba su punto más alto en gracia y chispa, ayudada por la previa ingesta de unos traguitos de buen vino. Tenía buenos arranques, buenos parones que creaban suspense, y finales redondos en los que terminaba por reírse a carcajadas. Todo un espectáculo. Su comparsa, más seria, era el plomo mientras ella subía como la espuma. Había que empezar así el año, desde lo alto, para encarar después con fuerza febrero, un mes que no le gustaba nada.

sábado, 9 de julio de 2016

Un tipo: 5

Había sido siempre un buscavidas, capaz de triunfar cada vez que la vida le había exigido hacerse con su propio plato de lentejas. No habría de ser él el que se muriese de hambre por falta de intrepidez e ingenio. Su inigualable don de gentes le había abierto puertas que de otro modo habrían permanecido cerradas. Había sabido ser seductor, convincente, y por supuesto trabajador. Lo que dijo que sería capaz de hacer lo hizo; respondió siempre. Esta faceta suya a lo mejor ya había quedado anunciada en aquella foto que lo mostraba de niño sosteniendo una estrella de mar que había encontrado cuando su familia realizó una excursión a una ciudad de la costa, o en aquella otra en la que se exhibía con un arco risueñamente dispuesto a dar en el blanco. A su escala, modesta, fue siempre un ganador.
Escapó de las mieles del intelecto cuando se volvieron vértigos. Kafka y Nietzsche, al principio mentores intelectuales, fueron después desfiladeros que no supo manejar y de los que huyó despavorido. ¿A dónde? A la vida de los sentidos. Se instaló después en un epicureísmo razonable que le permitió gozar de los placeres de la vida. Una buena comida habría de ser en adelante una experiencia, por gozosa, irrenunciable, siempre y cuando pudiera permitírselo. Y la naturaleza, por supuesto. El mar en verano y el monte en otoño fueron tónicos esenciales que dieron rienda suelta a su alma y a su facundia. Su don de gentes se convertía entonces en don del habla que los demás sufrían paciente y cariñosamente.
Llevado de esta necesidad de hablar había dicho más de una vez cosas que debería haberse guardado. Los secretos, en él, no estaban siempre a salvo, si bien es cierto que su imprudencia no caía casi nunca fuera del cerco familiar. Los suyos, conociéndole, se le adelantaban a veces cuando parecía que iba a decir algo que no debía, y lo frenaban en seco preguntándole: “¿Estás seguro de que puedes contar lo que vas a contar?” Es posible que solo quisiera “compartir” el secreto, sin caer en la cuenta que los secretos son, por definición, incompartibles. Digamos que era un efecto colateral de su alma expansiva.

jueves, 7 de julio de 2016

Un tipo: 4

Su ridículo bigotito adolescente, un embozo de insultante fealdad, debiera habérselo afeitado de haber sido oportunamente advertido por alguien con un poco de buen gusto. Pero la adolescencia es en muchos casos una edad físicamente fea y la suya, como la de todos, habría de pasar y así también el bigotito de marras. 
Le tocó hacer la mili en la otra punta del país y con él hizo lo que se decía que debía hacer con los chicos: convertirlos en hombres. Cuando volvió un año después era otra persona, un tipo apuesto y mucho menos tímido que iba a ser capaz de enfrentarse a la vida. No tardó en encontrar trabajo en un taller mecánico y enrolado ya en una rutina diario, iba a ser el resto de su vida un hombre de rutinas. Todos los días, por ejemplo, cenaba siempre dos huevos fritos y un chorizo, y así durante años.
Se casó, tuvo dos hijos y pasó a ser uno más de la empresa de la familia de su mujer. El decía que tenía un perfil medio, ni muy alto, ni muy bajo, un tipo normal con una vida normal. Alguien en una ocasión, bromeando sobre esto, dijo que su foto podría ser la ilustración de la definición de “normal” en un diccionario.
Tuvo sin embargo una espléndida madurez. Sin dejar nunca de ser el hombre sensato que siempre había sido, su lado ingenioso y bromista despuntó con fuerza al cabo de los años. Además, una sensibilidad que nunca tendría el que es solo un macho fue aflorando también en él. Su tardía afición a la lectura fue un claro ejemplo de esto, o su deseo de no seguir matando cuando iba de caza para limitarse a ir simplemente al monte a pasear a los perros.

martes, 5 de julio de 2016

Una tipa: 3

Se sintió abandonada cuando su madre emigró a Uruguay, a donde ya se había ido su padre, y se sintió traicionada cuando, tres años después, trajo consigo a una enemiga, una niña, su hermana, con un montón de juguetes que nunca podría haber imaginado que existían. Esta herida no se cerró hasta muy avanzada su edad adulta, en la que ya fue capaz de tratar a su madre sin crispación, con dulzura. Pero mientras no llegó a esta etapa de su vida tuvo “enfermedades del alma”, como ella mismo dijo más de una vez, que la hicieron desear no haber nacido o pensar en quitarse la vida. Encima no había sido guapa ni alta como lo eran todas las mujeres guapas y altas a las que había admirado. 
Su hermana sí que era guapa y por eso la había envidiado sin mala voluntad, aunque algo la arañaba siempre en su interior a este respecto. A veces, sin querer, le salía una inquina contra ella que revelaba lo que la removía por dentro. Era razonable pensar que si no se hubiera sentido abandonada de pequeña su aspecto físico, que era normal, no le habría supuesto ningún problema, tampoco sus ojeras, malhadada herencia de su abuela materna. Cuando pudo permitírselo se las operó. El paso del tiempo, a mayores, fue dándole un aspecto más dulce.
Una persona de su entorno familiar, eterna atribulada, siempre la admiró por su solidez interna y a ella recurría cada vez que necesitaba una palabra de apoyo. Las niñerías que persistían en otros adultos en su caso desaparecieron pronto y, aun con todos sus defectos, aparecía ante los demás como una mujer madura que siempre estuvo a la altura de las circunstancias cada vez que hizo falta. Era una compensación de su desamparo materno que de algún modo ella había conseguido por sí misma.

sábado, 2 de julio de 2016

Un tipo: 2

Su belleza no lo acompañó cuando superó los sesenta aunque sí sus radiantes ojos azules. Aquel resplandor masculino que se apreciaba en la foto de su boda había quedado definitivamente atrás. Quien tuvo no retuvo en este caso aunque es cierto que pocos lo hacen. ¿Quién dijo que con el tiempo los guapos se vuelven feos y los feos guapos y al final todo se iguala? Las tribulaciones de su matrimonio le pasaron factura y hasta es posible, digámoslo con humor, que fueran ellas también las culpables de su temprana papada. Nunca se había derrumbado sin embargo, quizá ayudado también por el ritmo lento, dicho en sentido estrictamente físico, de su corazón. Era cierto. El número de sus pulsaciones estaba por debajo de la media y no es ocioso pensar que también esto le ayudó a no precipitarse cuando, en situaciones de mucha presión, tuvo que mantener una calma infinita. Sin embargo no fue prudente todas las veces que, estando presente su mujer, no dudó en decir que, de volver atrás, no se hubiera vuelto a casar. Por más que no hablara en serio estaba claro que era una herida la que hablaba. Es así que, con su papada a rastras y su rostro prematuramente arrugado, decía que se había vuelto un tipo “feo y antipático”. Al reconocerlo, implícitamente estaba pidiendo perdón al mismo tiempo que se concedía una licencia para seguir siéndolo, si bien daba a entender también que intentaría ponerle remedio. 
Hasta donde habían llegado sus éxitos con las mujeres nunca lo supo nadie porque a este respecto siempre había sido totalmente discreto. Quizá se conformó con menos de lo que habría conseguido si se lo hubiese propuesto. Pero es probable que, como tantos otros, hubiera tenido un número razonable de sucesivas novias o parejas y no se hubiera lanzado a un donjuanismo aventurero. Le habían faltado la audacia y sobre todo la ambición que esto requiere.
Por encima de todo había sido un lobo solitario y por eso no tenía amigos. Un surfista sobre las olas, eso había sido, y es lo que había practicado con éxito todos los años que había vivido al lado del mar. Cuando llegaba a la playa empujado por el viento y deslizándose sobre el agua llegaba alguien feliz. El mar había sido siempre para él un amplio respiradero, una plataforma infinita sobre la que sostenerse, un abismo en el que sumergirse, un arenal sobre el que correr hasta caer agotado.

jueves, 30 de junio de 2016

Un tipo: 1

Su madre siempre pensó que al carácter de su hijo le había afectado la apendicitis, que la puso al borde de la muerte, que había sufrido cuando estaba en el séptimo mes de gestación. Acudía a este incidente cada vez que, al ser objeto de críticas, quería disculpar su carácter esquivo y huidizo, eléctrico e introvertido. 
Aunque afectivamente carecía de capacidades expresivas, no ofrecía la imagen de un hombre seco sino la de alguien que involuntariamente no tenía opciones para salir de sí mismo en un beso o en un abrazo. No había que olvidar con todo las raras ocasiones en que sí lo hacía, como cuando dijo que, llegado el caso, pasaría gustoso sin comer para que sus hermanos pudieran hacerlo. Sus tics, su movilidad nerviosa, lo rápido que hablaba, deponían a favor de una carga sentimental ahogada, reprimida, con la que finalmente parecía que había podido llegar a convivir en paz.
En las fotos, ya desde niño, se apreciaba muy bien este atrás en el que quedaba con respecto al resto, con una expresión siempre algo triste. Cuando un año después nació su hermano, con un carácter más fuerte que el suyo, se sintió siempre a su sombra por más que nunca fue la intención de este hacérsela. Pasarían los años y, en la juventud, cuando formaban parte los dos del equipo de fútbol del pueblo, cuando tenía ocasión de pasarle la pelota a su hermano menor nunca lo hacía, un acto mínimo de inconsciente venganza.

miércoles, 29 de junio de 2016

Puro-físico

Cuando Ángel y yo, visitando la exposición Los objetos hablan, de la que habló él en varias entradas de su blog, estábamos ante uno de esos cuadros que reproducían las despensas de los grandes señores, y que serían los antecesores directos de los bodegones, se me vino a mí a las mientes que la andadura de los primeros a los segundos sería el que va de lo físico a lo metafísico. El bodegón clásico acabará centrándose en una parte de esos más groseros cuadros iniciales, de modo que aparecerán ya solo las cuatro o cinco cosas que serán más tarde y en adelante los únicos protagonistas de los bodegones. Al mencionar Ángel el muy clásico y maravilloso de Zurbarán, postulé yo entonces mi teoría. El objeto que se aísla y se depura en este bodegón del pintor extremeño alcanza tal pureza física que yo me vi tentado a declararlo metafísico. Pero entonces, mejor que metafísico, será decir que es “puro-físico”, lo físico en su más alto grado de pureza y concreción. 

domingo, 26 de junio de 2016

Leire


Es bonita, ¿verdad? Os la presento: se llama Leire y es mi primera sobrina nieta. Soy pues, oh maravilla, tío abuelo. Es hija de Jacobo, mi sobrino, y de Rosa, su mujer. ¡Larga vida, Leire!

viernes, 10 de junio de 2016

De alguna manera

Sean cuales sean los hombres y mujeres que nos rodeen en cada etapa de nuestra vida, de alguna manera la salvación de Dios nos vendrá también a través de ellos.

jueves, 9 de junio de 2016

Jane Fonda

Jane Fonda está grandiosa en la igualmente grandiosa La juventud, de Paolo Sorrentino. Su actuación solo ocupa cinco minutos en el metraje de la película pero ella consigue que parezcan muchos más. A mí siempre me pareció una actriz enorme. Ahí están, para demostrarlo, Los felinos (1964), La jauría humana (1966), Descalzos en el parque (1967), Danzad, danzad, malditos (1969), Klute (1971), El regreso (1978) y Cartas a Iris (1989), entre otras. Cuando en su momento se dijo que Jane Fonda había comprado los derechos para hacer un remake de Mujeres al borde de un ataque de nervios en la que ella haría el papel que Carmen Maura había hecho en la película de Almodóvar, cada vez que mi admirado y recordado crítico Ángel Fernández-Santos le negaba a la actriz norteamericana cualquier posibilidad de llegar siquiera a la suela de los zapatos de la actuación de la actriz española, yo me irritaba. “A Jane ni tocarla, ¿vale?”, le decía en mi interior. Nunca sabremos qué habría dado de sí la performance de Jane Fonda en ese remake nunca realizado, pero nadie la sacará del Olimpo en el que residen las mejores actrices de todos los tiempos. Y de las más bellas, ojo.

miércoles, 8 de junio de 2016

De los nervios

Cada vez que de pequeño oía que una persona padecía de los nervios siempre me imaginaba a alguien al que asaltaban espasmos, se tiraba de los pelos y pegaba saltos una y otra vez hasta que el ataque de los nervios cesaba. Mi mente infantil nunca supo trazar la línea que iba del sistema nervioso a las enfermedades que hoy sé que están en relación con él. Supongo que el problema estaba precisamente en la expresión “ataque de nervios”, donde estos no podían ser otra cosa que aguerridos atacantes que provocaban cuando menos bailes de San Vito y cosas parecidas.

martes, 7 de junio de 2016

Sala es verano

Antes de ayer cené por primera vez este año en la sala. A estos efectos, el verano ha empezado. El sol durante el día calienta la sala y a las nueve de la noche hay todavía luz porque los días son largos. Tendré el sofá para almohadillarme y la mesa para poner sobre ella mis piernas. Si el sueño tira de mí, mi cabeza encontrará en la parte superior del respaldo el apoyo perfecto. Este año además tenemos la estantería que nos faltaba y que tuvo a bien regalárnosla mi hermano Rodrigo. Es sencilla y moderna, con un tubo rectangular de acero que actúa de marco y en la que se sujetan las grandes baldas de madera de color miel. Enseguida se llenaron de fotos familiares. Cocina es invierno y sala es verano. Qué bien.

lunes, 6 de junio de 2016

Una alegría

Una alegría pequeña es solo una alegría pequeña y una alegría grande es solo una alegría grande. No les pidas más.

sábado, 4 de junio de 2016

The Graham Norton Show

“The Graham Norton Show” me reporta muchas alegrías porque comparecen muchos actores y actrices, conocidos la mayoría y desconocidos la minoría, admirados y amados por mí muchos de ellos. Aunque no entiendo ni jota me da igual: me basta con verlos. Verlos en acción sin la máscara del personaje, verlos pues en persona, contestando a las preguntas de Graham Norton, riendo y haciendo reír, es para mí un placer sumo. Creo que es la única idolatría que me permito, siendo muy consciente de que los idealizo. Ellos me dirían, y con razón, que su trabajo no es tan milagroso como uno piensa, solo una mezcla de técnica y de alma. Lo que ocurre es que, dado que encarnan en el cine realizaciones del ser humano que el marco de una pantalla catapulta, y que estas realizaciones son personajes de carne y hueso con los que se entra en contacto para salir siempre enriquecido, les guarda entonces uno eterno agradecimiento hasta el punto de sentirlos como hermanos.

jueves, 2 de junio de 2016

La religión del "y"

“¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”
y
“Me llamáis ‘el Maestro’ y ‘el Señor’, y decís bien, porque lo soy”.

“Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre (...) Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”
y
“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo (...) y (...) les dijo: ‘no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre’”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Implorando a Gaudí

Estoy vitalmente interesado en que Gaudí obre el milagro de que la hija de una gran amiga “deje de ver puntos, que no se le escondan las letras” -así me lo escribía ayer en un wuasap- pues está afectada por la enfermedad de Stargardt, una afección en la mácula de la retina que la podría dejar ciega. El próximo día 10 de junio es el 90 aniversario de la muerte de Antonio Gaudí, fecha para la que estaba programada su beatificación. Al arquitecto catalán se le atribuye la devolución milagrosa de la vista a una mujer ciega de Reus, ciudad natal de Gaudí. Estoy al tanto de esto porque fui mi amiga la que, entre lágrimas, me lo contó y la que me pidió que se sumara a su ruego, y que, sí podía, sumase también a otros. Por esta razón, a quienes queráis y podías, os pido que os unáis a esta imploración, por ella, por X, una chica de 22 años.

viernes, 22 de abril de 2016

San Pablo, inventor del cristianismo

¿Que Pablo inventó el cristianismo? Pues claro, faltaría más, pero porque predicó a Cristo, y a Cristo no lo inventó Pablo. Más bien al contrario, fue Cristo quien “inventó” a Pablo cuando lo derribó de su caballo.

jueves, 21 de abril de 2016

jueves, 14 de abril de 2016

Bien por Rossy

“Siempre he dicho que si eres inteligente de verdad forzosamente eres bondadoso” (Rossy de Palma).

sábado, 9 de abril de 2016

Novelando a Dios

Necesitaba yo leer una novela en la que Dios estuviera presente en la vida de sus protagonistas y que estos hablaran de él, y hete aquí que la diosa fortuna, o mejor, Dios fortuna, quiso que me encontrase con Marilynne Robinson, de la que nada sabía, una escritora americana conocida sobre todo por su trilogía: Gilead (2004), En casa (2008) y Lila (2014), que me zampé en un plis plas. Todo ocurre en Gilead, un pueblo de Iowa, en torno al reverendo John Ames, un pastor congregacionalista. Si andas con apetito divino la novela que más te saciará es Gilead, en la que el reverendo Ames, viudo ya muy entrado en años y casado en segundas nupcias con la muy joven Lila, escribe una carta al hijo nacido de este matrimonio y que a la sazón tiene siete años. Todo es de una indecible ternura; todo está transido de esperanza; todo es la venturosa aventura de los hijos de Dios, la de John Ames sobre todo que se complace a su vez en la vida de su hijo, bendito regalo, gracia inesperada y de última hora. Y están después su jovencísima y segunda mujer Lila (sobre ella precisamente versa la tercera novela de la trilogía, Lila), su gran amigo el reverendo Jack Boughton, los hijos de este, sobre todo el díscolo, extraviado e incomprensible Jack (él y su hermana Glory protagonizan la segunda novela, En casa, fascinante también, compungida y gloriosa), y otros. Todo un grandísimo hallazgo para mí.
Y de mujer a mujer y de trilogía a trilogía, estoy ahora con Cristina Lavrans, de Ingrid Undset, escritora noruega a la que le concedieron el premio Nobel en 1928. Le tenía ganas yo a esta trilogía desde hace ya mucho tiempo, al menos desde el año 2001, cuando leí su Olav Audunssön, obra extraordinaria. Aquí se novela a Dios de otra manera, en plena época medieval y en Noruega, pero resulta ser el mismo Dios, bendito por los siglos de los siglos amén.

viernes, 8 de abril de 2016

Madre coraje

Las madres -también los padres aunque menos, creo- son unas auténticas jabatas cuando luchan por sus hijos. Mi amiga X tuvo y crió a los suyos en Euskadi. El instituto en el que estudió el mayor era un vivero de Herri Batasuna y mi amiga, durante los años que su hijo cursó en él el bachillerato, tuvo un miedo pánico a que acabase en las garras de los secuaces de ETA. XX, cuando fue mayor, le dijo (muy cariñosamente) a su madre: “Mamá, fuiste una irresponsable. No sabes en donde me metiste”. Pero esta “irresponsable” madre luchó como una responsable leona para salvar a su hijo. ¿Y cómo lo hizo? Dado que XX no era un buen estudiante, ella se dijo: “Esta es la mía”. “XX, a partir de ahora te vas poner a estudiar cuatro horas todas las tardes y yo contigo para que no te muevas”. Su mala calidad como estudiante le vino de perlas para sentarlo y sentarse ella con él, de modo que, durante este proceso, supo trenzar ayuda escolar con conversaciones personales que al fin le abrieron los ojos a su hijo, y esto día tras día durante tres años. Lo salvó, y ella con él.
XX es ahora un brillante profesor en la universidad de Barcelona y en breve será papá, lo cual hará que X sea abuela por primera vez. Cuando nos lo dijo, ¡qué contenta estaba y qué contentos nos pusimos nosotros con ella!
Enhorabuena, querida X.

martes, 5 de abril de 2016

martes, 29 de marzo de 2016

Un grito de alegría

Hay que plantar siempre un grito de alegría en el mundo, sea lo que sea este, ocurra lo que ocurra en él, un grito al fin de victoria.

viernes, 4 de marzo de 2016

Guardar las formas

“Guardar las formas”: bonita expresión. Sé educado, es decir, guárdate de lo informe, de lo deforme, de lo monstruoso. Quien guarda la estética guarda la ética, y viceversa. Las dos, de la mano, siempre hermanas gemelas.

viernes, 19 de febrero de 2016

No se consumó

El gato estaba sobre el tejado que cubre el gallinero y la gata, abajo, entre unas coles. Llegado el momento se vieron y ya no dejaron de mirarse el uno al otro. El gato, finalmente, tras un salto mal ejecutado, casi cayó encima de la gata. Entonces comenzó el gato la conquista de la gata en celo. Se lanzó sobre su cuello y lo prendió, lo agarró, lo mordió, ¿lo besó? La gata, sometida, permaneció inmóvil. El gato la soltó y pegó un brinco hacia atrás. Hubo después una nueva acometida y otra vez prendió con sus dientes el cuello de la gata. Esto mismo ocurrió dos o tres veces más. En este punto la gata ya ofrecía su “entrada” al gato pero hete aquí que apareció un rival que puso en estampida a los dos. El amor no se consumó.

jueves, 18 de febrero de 2016

Argénteos campos

Por fin una helada como Dios manda, concesión inaudita de un invierno crudamente cálido. “Argénteos campos”, ¿dónde estabais? Anhelaba vuestra pureza, el golpe del frío en mi cara.

jueves, 11 de febrero de 2016

Don Draper

Desde el segundo uno del primer capítulo de la primera temporada de Mad Men, su protagonista, Don Draper me pareció un hombre triste y débil. ¿Buscaban este efecto los creadores de la serie, que advirtiéramos desde el primer instante, debajo (¿o más bien “junto, mezclada con”?) de su apostura y fortaleza, su tristeza y su debilidad? De ser así, en las labores de casting, al aparecer el actor Jon Hamm, más en concreto, al aparecer la mirada de Jon Hamm, los responsables dijeron: “Este es nuestro hombre”, el hombre que cae, que siempre está cayendo, como vemos en los magníficos títulos de crédito. Verlo y verlo asustado, medroso, es todo uno. Está ahí, en sus ojos, ese increíble misterio.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los actores

¿Cómo consigue Jon Hamm, el actor que interpreta a Don Draper en la serie Mad Men, tener esa mirada líquida y triste? ¿Cómo consiguen los actores ser actores? That’s the question. Con talento y trabajo, claro, pero a mí siempre me parece un milagro que consigan encarnar a otro ser, vivirlo y hacérnoslo creíble. Hay como una punta de misterio en ellos, en ello, algo que se me escapa siempre y no sé descifrar: ser otro en alma, carne y hueso.

martes, 9 de febrero de 2016

Aforística

Un adversario bueno es el único buen adversario.

¿Más allá del bien y del mal? Del mal, sí, más allá, más acá, lejísimos siempre de él. Del bien, no, nunca, ni más allá ni más acá, sino en él.

lunes, 8 de febrero de 2016

Jaula de grillos

Como buenos españoles, algunos de mis hermanos y yo, llegada la ocasión -llegada la discusión- hablamos muy alto. “¡Chhis, baja la voz!”, nos gritamos unos a otros. Además ocurre que, en la cocina, en la que comemos los domingos, la sonoridad es malísima. Si el techo estuviese más abajo, dice entonces, y una vez más, Pili, causaría  menos ruido. También como buenos españoles, Lucía y yo, llegado el momento, competimos a ver quien habla más rápido. Imagínense entonces la combinación: gritar a toda prisa. Horrible. En lo que se refiere a la altura de la voz la palma se la lleva mi cuñado/a X, si bien es cierto que por lo menos “grita” despacio. La última vez que se nos dio por gritar (no quiero presumir pero yo hice voto de silencio y no abrí la boca) fue a causa de una cuestión tontísima. Horas, días después, pensaba para mí: “¡Ojalá nos hubiese dado a todos un ataque de afonía!” Obligados a hablar más bajo, hablaríamos también más despacio y estoy seguro de que nuestros pensamientos serían más claros, mejores. La única que se salva, y que nos salva, de esto es mi madre, como siempre, con su voz despaciosa, clara y dulcísima. ¡Ojalá la hubiéramos heredado nosotros!

sábado, 6 de febrero de 2016

Un juramento

Tres semanas antes de las elecciones del pasado 20 de diciembre yo cambié mi voto. Estaba seguro de que había tomado una buena decisión pero, con todo, quería asegurarme todavía más, necesitaba más información. Lo que hice fue, en diferido, en los días finales de la segunda semana de la campaña, zamparme el debate que Pablo Iglesias y Albert Rivera habían tenido en la Universidad Carlos III, después el que hubo a tres bandas, ahora ya con Pedro Sánchez, en El País, y finalmente el que hubo a cuatro bandas, ahora también con Soraya Sainz de Santamaría, en la Sexta. El primero que vi fue el que juntó a Iglesias, Rivera y Sánchez, ante el cual me juré a mí mismo que atendería exclusivamente a sus ideas, evitando pues las antipatías en contra y las simpatías a favor. El resultado fue sorprendente: disfrute muchísimo, lo pasé realmente bien, coincidiendo aquí con uno, discrepando allí con otro, estando a medias de acuerdo y a medias en desacuerdo otras veces. Forcé incluso la empatía en los casos en los que necesitaba hacerlo para obtener un mejor resultado humano. Al día siguiente vi el debate a dos, Iglesias-Rivera, y al otro más, el sábado 19 de diciembre, el debate a cuatro, Iglesias-Rivera-Sánchez-Sainz de Santamaría. Mantuve mi juramento, seguí en mis trece, y los resultados fueron otra vez sorprendente, humanamente buenos. No quiero que decaiga esta actitud mía y lucharé porque así sea: atender a lo que me dicen, sorteando las simpatías y las antipatías, para valorar como mala, como regular o como buena una idea, sea quien sea el que me la diga, llámese Iglesias, Rajoy, Rivera o Sánchez. O cualquier otro.

viernes, 5 de febrero de 2016

Los actores negros

Hace unos días fue noticia en los media la protesta de los actores negros por la falta de candidatos ídem a los Globos de Oro y a los Óscars. Algunos de ellos, como Will Smith, no acudirán a la entrega de estos últimos para escenificar su protesta. Si aquella falta de candidatos negros obedeció a motivos racistas, es decir, si hubo críticos en lo que se refiere a los primeros, los Globos, y miembros de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en lo que se refiere a los segundos, los Óscars, que no votaron a quien lo merecía porque era negro (o negra), entonces mi reprobación es también absoluta y, de ser yo actor negro, no acudiría tampoco a la ceremonia de la entrega de los premios de la Academia. Y puestos a ser algo, de ser yo Leonardo di Caprio, quien merece pero ya que le den el Óscar, porque es un actorazo, porque me cae bien y porque lucha contra el cambio climático (en este punto está en pie de guerra con el papa Francisco, a quien visitó no hace mucho), mis palabras, es decir, las de Leonardo di Caprio, tras recibir la “codiciada estatuilla”, serían las que siguen: “Dedico este Óscar a Alfre Woodard, Angela Basset, Chiwetel Ejiofor, Cuba Gooding Jr., Dany Glover, Denzel Washington, Don Cheadle, Eddie Murphy, Forest Whitaker, Gabourey Sidibe, Halle Barry, Jamie Foxx, Jeniffer Hudson, Laurence Fishburne, Lupita Nyong’o, Morgan Freeman, Pam Grier, Queen Lattifah, Rosario Dawson, Samuel L. Jackson, Sidney Poitier, Spike Lee, Steve McQueen, Thandie Newton, Viola Davis, Wesley Snipes, Whoopi Goldberg, Will Smith, por mencionar solo a algunos de nuestros grandes compañeros negros. Es para vosotros, chicos”.

sábado, 9 de enero de 2016

Escuchar

Lo que siempre estará en mi mano en una conversación, por más agria e intempestiva que se ponga, es escuchar. Esto solo depende de mí y que sea así me consuela muchísimo porque nunca faltarán las condiciones para que pueda cumplir uno de los requisitos principales de una conversación, sin que nadie pueda impedírmelo. Lo otro, lo que yo diga y exponga, no podrá eludir los factores en cierto modo incontrolables, que están siempre sujetos a la vivacidad y particularidad del momento, y que son el interlocutor o interlocutores que tenga delante con todas sus especifidades, yo con todas las mías y el entorno con todas las suyas, de las que dependerá la mayor o menor calidad de la conversación, sin descontar que pueda no alcanzar ninguna.

lunes, 4 de enero de 2016

Paso la vida

Así como uno debe amar sin esperar nada a cambio, así debe leer sin esperar nada a cambio más allá del puro gozo de leer.

Leo porque me interesa, me gusta, me entretiene, me acompaña, porque llena mi tiempo y así paso el rato, paso la vida. Leo para abismarme más allá de mí, para encontrar lo que yo no tengo, para disfrutar con los logros de otro, para ver hasta dónde llega la genialidad humana; leo para entenderme, para saber quién soy, para situarme, para estar también, sí, informado. Leo por el puro placer de leer, motivo al fin tautológico: me gusta leer porque me gusta leer. Leo sin cesar y me canso de leer no cansándome nunca de leer. Sin lectura me quedo huérfano, aunque la demasiada lectura me abruma a veces a posteriori, cuando me pregunto lo que uno nunca debe preguntarse: “¿para qué tanta lectura?” Para nada, para todo, para pasar el rato y pasar la vida.

En mi caso es importante no buscarle réditos eruditos a la lectura. Si lo hago, caigo en desesperación, porque, a bote pronto, y tras pasar los ojos por los cientos de libros que uno lleva ya leídos, compruebo que en mi recuerdo apenas ha quedado nada. ¿De qué iba este libro, y este, y este, y este...? Uno entiende entonces que es muy justa la definición de la cultura como el poso que queda después de haber leído cientos de libros, pues, para el común de los mortales, con memorias precarias y nada prodigiosas, lo que queda ciertamente son solo unas borras. Pero mi problema es que no acabo de conformarme con estos minúsculos restos y ahí es donde surge mi desolación y mi cabreo. Si no envidiara al erudito, al que sabe muchísimo entre otras cosas porque cuenta con una proverbial memoria, y, ojo, porque también se lo ha currado con muchas horas no solo de mera lectura sino también de estudio, no habría tal problema. Pero la cuestión de fondo es que de unos años acá se me ha dado por querer saber y no olvidar ya nunca, y, claro, bajo esta luz, te quedas helado al comprobar todo lo que en su momento has sabido y ahora ya no sabes, que es casi todo. Para que estos asuntos no me agobien mi deseo lector tiene que ser redefinido como un deseo de nada, que en mi caso significa el humilde anhelo de que tal o cual libro, como un buen amigo, me acompañe no más que unos días, unas horas, para pasar el rato, para pasar la vida.