lunes, 24 de julio de 2017

Nuca

Cuando era una cachorra, volaba sobre el suelo de la carballeira y el viento peinaba su pelo, más liso y ligero que el que tiene ahora, con espectacular belleza. Es una imagen poderosa y tierna que me viene a la mente cuando paseo a Nuca, seis años después, en este mismo robledo.

sábado, 22 de julio de 2017

Hace un año

El año pasado por estas fechas el tío Luis vino de vacaciones desde Sevilla. Con él vinieron sus 88 años, su racionalismo, su “no me pongáis contra las cuerdas que exploto”, su carácter sanguíneo, su hablar sin necesidad de ser escuchado, su andar pausado, su insomnio y su piedad, entre otras cosas. Mercedario hasta la médula, no se cansaba de criticar todo lo que le parecía que funcionaba mal en su orden, desde los comportamientos de los de arriba hasta los de los compañeros con los que había vivido en el pasado y con los que vivía en el presente. Esto no significa, ni mucho menos, que le hiciese regates al elogio, siempre pronto en su labios. A veces, cuando lo recuerdo, me gusta pensar que era un adorable cascarrabias, pero no. Es una imagen literariamente tentadora que no le haría justicia. Lo suyo era ser su ADN, que incluía fuego y quizá algo de melancolía, y un sentido de la rectitud a prueba de bomba.

domingo, 16 de julio de 2017

Un no

En el mundo del bien no existen los contrarios sino los complementarios. El que se propone como contrario -a la contra, en contra-, se sale de él. No queriéndose como complementario, no es un sí que se suma al Sí sino un no que lo contra-dice.

viernes, 14 de julio de 2017

Pequeña gran mujer

Rápida y brillante en la réplica, con buena dicción, calmosa siempre, se diría creada para sobrevivir con elegancia en un torbellino. De ingenio finísimo, Soraya Sáenz de Santamaría no está hecha para que la pisen.

martes, 11 de julio de 2017

¿Dónde los tíos, los primos?

Si se impone el modelo monofilial y terminan por desaparecer las familias que tengan más de un hijo, desaparecerán los hermanos, los tíos, los primos, toda esta tupida red familiar, la familia extensa que tantos gozos y batallas procuró a quienes crecimos en medio de ella.

jueves, 22 de junio de 2017

Un largo etcétera (bajo el kiwi)


Terminado el libro, le envío estas letras que publico aquí con permiso del autor:

Querido Enrique:
Bajo el kiwi, he terminado de leer hace un rato Un largo etcétera. Tras la tensión-pasión de Un pábilo vacilante, sentí que la tercera entrega de tu diario-blogg bien pudiera titularse "Vuelta a la normalidad", o "Vuelta al valle" después de haber estado en la cumbre que es Un pábilo. Es un libro muy, muy sencillo, que casi no pesa, pues los niños pequeños, la una llamada Carmen, o Carmencita, y el otro Enrique, no pesan, y son ellos los protagonistas, o por lo menos los más protagonistas, de ULE, que es la puerta abierta al cuarto de sus vidas que tú nos brindas. En este sentido es el tuyo un libro muy poroso, aéreo, casi volátil. La cualidad transparente que tienen los niños, no cualesquiera niños sino estos niños que son tus hijos, impregna por completo tu libro. ¿Un casi-nada tu libro, un haiku alargado en el tiempo que dura seis años? Me gusta pensarlo así, y que leerlo haya sido como zamparse un sorbete de limón. Qué vivan los niños, qué vivan tus hijos, Carmen, o Carmencita, y Enrique.
Un fuerte abrazo.
Suso 

miércoles, 21 de junio de 2017

La pelota en las gallinas

Tras el primer “¡ring!” el segundo “¡ring!” no tarda nada en sonar. Quienquiera que sea tiene prisa, y mucha. Al empezar a bajar las escaleras, a través del cristal traslúcido adivino dos criaturas pequeñas. Antes de abrir la puerta, siento sus voces nerviosas. La abro y, ante mí, un pimpollito y una pimpollita se abalanzan a decir: “Caeu a pelota nas galiñas”. “É Suso”, le dice la pimpollita al pimpollito, o sea que los dos estudian en el CEIP donde trabajo, y me ha reconocido. Me enorgullece. Vamos pues los tres a por la pelota que, fuertemente lanzada y mal dirigida, ha volado por encima de la tapia y ha caído “nas galiñas”, y justamente es así, pues, habiendo más probabilidades de que cayera fuera del estrecho pasillo que es el gallinero, lo hizo sin embargo dentro de él. Como no nos conocen, las gallinas se ponen como locas a cacarear. Entro yo en su casa y recojo la pelota. Se la doy. La cogen. “¿Cómo se dice?” “Gracias”. Feliz misión cumplida.


Estos gallos son los amigos gallos
de las susodichas gallinas.

lunes, 12 de junio de 2017

C. 3

Sobre aquella remota vida mía con C. no tengo ningún recuerdo concreto, sólo, como ya dije dos entradas atrás, la de su cara de ratón bueno que ahora, sin embargo, más me parece la de un gatito. No me acordaba yo por tanto de que él y mi también amiga de la infancia y juventud, A., habían sido novietes. A. murió en el año 2009 pero C. me dijo que se había enterado no hace mucho. Además de para verme a mí, había venido a Silleda por lo tanto también para ver la tumba de A. Pero el encuentro con su prima R. no sólo limitó nuestro encuentro a una hora sino que le impidió igualmente acercarse al cementerio. Me dijo que el mes que viene lo planearía mejor, de modo que pudiésemos alargar nuestra conversación, visitar el lugar donde nuestra amiga está enterrada y también otros sitios que fueron escenario de aventuras y vivencias comunes.

Mi hermano Ramón había comido en casa y por eso, por la tarde, recibí un whatsapp de su mujer, Mude, en el que me pedía que le diera a C. de su parte un abrazo cariñoso. Tampoco de esta amistad entre mi cuñada y mi amigo guardaba yo ningún recuerdo. Poco a poco, en torno a él, como ondas expansivas, se van añadiendo circunstancias olvidadas por mí y que completan el cuadro en el que en principio sólo me veía a mí mismo con C..