martes, 27 de enero de 2015

La obra maestra

Si el hombre fue la obra maestra de Dios, bien podríamos ver en los miles de millones de años que tuvieron que pasar hasta que surgió la criatura humana lo que le “costó” a Dios hacerlo, todas las “fuerzas” que tuvo que emplear, y el mimo también, pues no quiso que ninguna de las fases previas a él dejase de aportar su granito de arena. Cuando, después de su paciente e infinito moldeado, lo obtuvo por fin, cuál no sería su sorpresa al verlo tan perfecto, tan complejo, tan parecido a él en cierto modo. Sólo entonces, y muy merecidamente, descansó.

domingo, 25 de enero de 2015

Hacia algún lugar

Nada hacia ningún lado y todo hacia alguna parte. ¿Es que hay algo que se quede quieto o, como mucho, gire tan sólo sobre sí mismo como una peonza? Todo pues con voluntad de flecha y camino, apuntando y llevando hacia una meta, es decir todo con sentido, con un sentido, hasta lo más insignificante, precisamente porque no se niega a ser inscrito en la trayectoria que lo precede, lo sostiene y lo continúa. El “hay que seguir, hay que seguir” con que nos animamos en los momentos bajos sería un perfecto autoengaño si el movimiento de la vida no llevase a ninguna parte, si tras la vuelta del camino no apareciese la casa que anhelamos habitar algún día. La mayor de las mentiras sería este rótulo puesto en las rutas de la vida: “A NINGÚN LUGAR”.

(De mi libro De camino)

sábado, 24 de enero de 2015

viernes, 23 de enero de 2015

Un resfriado

Un resfriado pone una “a” privativa delante de la hedonía, la patía y la tonía: te vuelve anhedónico, apático, átono. Te resta energías, te roba fuerzas. La mirada, gris, vuelve al mundo gris. El gusto no se deleita con los sabores. Y es un simple resfriado, un rasguño en la piel de la felicidad. Y puede ser tan absoluto el deseo de ésta, tan poco condescendiente, que a la que se descuida ya esté echando pestes contra nuestro humilde resfriado, apenas una penita, que no bien ha llegado y ya se ha ido.

jueves, 22 de enero de 2015

Tendría que inventarlos

Si en la lengua española no existiesen los “casi”, “quizás”, “tal vez”, “acaso”, “puede ser”, “tienden a”, “en determinadas circunstancias”, “algunos”, “no siempre”, “depende”, “no todos”, “según en qué sitios”, “no conviene generalizar”, es decir, si no existiesen Azorín y su “en la vida el matiz lo es todo”, yo tendría que  inventarlos.

miércoles, 21 de enero de 2015

Mi buen Jesús

Siéntate en una silla y apoya la espalda manteniéndola bien recta; las plantas de los pies que se afirmen bien en el suelo, así como las palmas de las manos en las piernas. Repasa de arriba a abajo el cuerpo y desténsalo. ¿El ceño fruncido? Desfrúncelo. ¿Los dientes apretados? Suelta la mandíbula, que caiga, y la lengua que se pegue a los dientes superiores. ¿Tirantez en el cuello? Relájalo. ¿Hombros levantados? Suéltalos también. Libérate en la ley de la gravedad dejando que tu cuerpo se someta completamente a ella, de modo que quede bien asentado y sin la más mínima tensión. Desde el diafragma, inspira y expira después profunda y lentamente; llénate con cada inspiración y vacíate con cada expiración. Relajar la mente es más difícil. No se trata de ponerla en blanco, algo imposible, sino de no prestar atención al desfile de ocurrencias que por ella se pasean; digamos que se trata de dejar que ocurran sin más, sin oponerse a ello. Tú estás a otra cosa; a esto ayuda, por ejemplo, no desviar la mirada del punto en el que debes tenerla fijada. Por último, si haces todo esto para rezar porque, más que discursiva y meditativa, es contemplativa tu oración, acompaña el ritmo de tu respiración con tu jaculatoria favorita. La mía es “mi buen Jesús”.

martes, 20 de enero de 2015

Un voto de silencio

Algo muy fuerte dentro de mí, de un tiempo a esta parte, me escora hacia la mudez, postula un voto de silencio, el que tanto les envidio a los hermanos cartujos. Libres quedan de juicios, de maledicencias, de cotilleos, que deberán ir acompañados, claro, de silencios de la mente, para que no haya tampoco malos pensamientos, y de silencios del corazón, para que no haya malos deseos.

domingo, 18 de enero de 2015

¿Recordáis?

Fue un tiempo de auras vírgenes y de brazos,
manos, cuerpos, cabezas, corazones
vírgenes,
de ausencia y presencia significando
lo mismo, pues no había distancia y si la había
era juego de la aurora.
Hijos de la verdad,
del color, de la forma,
hijos del estallido, entrelazados.
¿Recordáis? Tened el coraje
de hacerlo. Conseguid el gusto
de vuestro antiguo ser.

(De mi libro Caer, esperar, amar)

sábado, 17 de enero de 2015

Qué más da

Es necesario tener muchos “qué más da” o “qué importa” no ya para sobrevivir sino simplemente para vivir. Yo muchos ya los tengo por instinto, antes de toda programación, y creo que cada vez acumulo más. Más que por desprecio u orgullo, quisiera tenerlos por santa indiferencia, teniendo puesto el corazón en lo que verdaderamente importa, y así que me brotasen de él, de su abundancia y no de su vacío. 

viernes, 16 de enero de 2015

Mi tío Luis

Cuando se despidió de su cuñada, mi tía Concha, y de su hermano, mi tío Darío, mi tío Luis, mercedario de 86 (casi 87) años, que vive actualmente en Sevilla, les dijo que, si se muriese allá (en Híspalis), que no se molestasen en cruzar la península, que los agobios iban a ser muchos, que tan bien enterrado  quedaría en la ciudad andaluza como en Galicia y más razones por el estilo. Darío añadió algo bien hermoso y elemental: “Además el papá Dios también está allí”. Mi madre, muy sorprendida, frunció el ceño cuando se lo referí: “yo que pensaba traérmelo para aquí”. No menor fue la sorpresa de mi hermano Rodrigo y de otras hermanas a las que se lo comenté. Yo dije en algún momento que me causaba alegría la naturalidad, no aplomo, naturalidad sin más, sencillez, confianza, lo bien dispuesto que estaba a embarcar y poner rumbo a la otra vida, “a mejor vida”. Esto de “pasar a mejor vida” lo podemos decir los cristianos con fe segura e íntima convicción: el dicho popular en nuestra boca se convierte en dictum brioso y alegre.