Constituirse en el hombre del frac de tus
propios morosos tiene su aquel. Mi hermano P. lo tiene. Sus deudores ya pueden
andar listos si no quieren verlo en su coche aparcado delante de su casa al
comienzo del día o por la mirilla al otro lado de la puerta. Hace falta arrojo
y desenvoltura, ¿no?
UN LUGAR EN EL MUNDO
sábado, 18 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Ayerhoymañana
Ayer es hoy y mañana ha comenzado.
Ayer es nada.
Mañana es nada.
Hoy es todo todavía.
No es ayer, hoy y mañana sino ayerhoymañana: magnitud extensa, analógica, nunca digital.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Montiel, Landa
Es ley de vida morir y así van cayendo también nuestros grandes actores y actrices. Sara Montiel primero, Alfredo Landa después y otros muchos que ya se habían ido antes: Pepe Sancho, Aurora Bautista, Sancho Gracia, Juan Luis Galiardo...
Un apunte sobre Sara Montiel. Cuando cantaba no les permitía a las “as”, la más abierta de las vocales, abrirse por completo sino que las envolvía y lograba así dejar en el aire una onda de misteriosa sensualidad.
Y otro sobre Alfredo Landa: sus ojos, su mirada. José Luis Garci escribía lo que sigue el 15 de noviembre de 1991 en ABC:
Un apunte sobre Sara Montiel. Cuando cantaba no les permitía a las “as”, la más abierta de las vocales, abrirse por completo sino que las envolvía y lograba así dejar en el aire una onda de misteriosa sensualidad.
Y otro sobre Alfredo Landa: sus ojos, su mirada. José Luis Garci escribía lo que sigue el 15 de noviembre de 1991 en ABC:
«El otro secreto de Landa es su mirada. Hace algunos años, cuando Landa era campeón de todos los pesos, él y yo rodábamos una película en Madrid. Landa fumaba concentrado mientras le ponían un contraluz. Sus ojos recorrían el escenario en una suave panorámica. De pronto se detuvieron en un ventanal. Un segundo, dos, cinco [...] Cinco minutos después, cuando filmamos aquel plano, Landa ya no tenía esa emoción en la cara. Sus ojos volvían a ser los de su personaje [...] Con mucha paciencia, a lo largo de un par de semanas, traté de capturar aquella sensación y concretizarla. Una noche, en el patio de operaciones de Banesto, apareció otra vez, también durante una ligera pausa, mientras se ajustaba un proyector. El foto-fija estaba alertado. “Ahora”, le dije.
«Pedí que ampliaran esa fotografía a tamaño natural […] Sé que a su madre le perturbaba verla. Quizá no sea perturbar el verbo idóneo; mejor inquietar. Aquella mirada, aquel cuerpo, era algo que incluso escapaba de su conocimiento. Y tenía razón. Aquel no era su hijo. Aquel era un ser, un actor, en el momento mágico de su viaje hacia el otro lado. Ni era Landa ni era Areta, el detective. El fogonazo había pillado el instante justo de cuando se es y no se es. Cuando el cerebro ha dado la orden de salida hacia el misterio, el alma la ha recogido y ha emprendido el viaje.»(La súplica)
lunes, 13 de mayo de 2013
La amada nada
Le hablaba el pasado sábado día 11 de mayo a Ángel de un texto de Gertrud von Le Fort. Con ocasión de esta conversación, traigo aquí una reflexión de mi libro Sangre y nieve (1998) a propósito de ese texto.
En la nada no se reposa, ¿sabes?, en la nada uno deja de existir y ya está, conque no me vengas pregonando ahora las excelencias de su lecho. Porque, quién, dime, quién reposa, de qué paz me estás hablando. Si ella está tú no estás, así de claro, no hay descanso, ¿oyes?, sino el más rotundo aniquilamiento. De verdad que no entiendo los encantos que está produciendo en tanta gente la famosa nada. Faltaba este último flirteo amoroso con ella para acabar de rematar el siglo, más aún, el milenio. Al menos se muestran coherentes pues, según lo dicho por Cioran, ‘hablar de la nada en otros términos que los de la afectividad es perder el tiempo’. Así que, hala, fuera los juegos intelectuales y vengan las profesiones de fe, las declaraciones de amor a la nada, ¡¡a la Nada!! Qué cansada tiene que estar la gente para hablar así, o qué aburrida. ¿Será cierto también hoy aquello que ya escribiera Gertrud von Le Fort en su novela La corona de los ángeles, en 1946: ‘Tienes que estar dispuesta para ver que la gente no desea una existencia en el más allá, este pensamiento les es mucho más penoso que el sumergirse en la nada’? ¡En vez de transparecer la gente quiere desaparecer y a esto lo llama reposo! Qué enfermedad, Dios mío, qué perdición.
(El tirador)
jueves, 9 de mayo de 2013
Vuelva usted mañana
Uno de los grandes aciertos de Carmen Iglesias en su obra No siempre lo peor es cierto es practicar la historia comparada. Comparar la historia de España de un determinado período con la de nuestros países vecinos entierra mentiras, levanta verdades, hace justicia. A propósito de Larra, “magnífico escritor”, dice que “desconoce, como en buena medida desconocerán parte de los románticos y regeneracionistas, la historia real de España, ocupados en grandes trazos generales que tienen más que ven con la filosofía de la historia”. Y continúa:
“Francisco Ayala señaló en La imagen de España que cuando Larra fustiga la pereza española con su famoso artículo «Vuelva usted mañana», tan ampliamente copiado, difundido y alabado (y desde luego magnífica pieza literaria) está escribiendo desde su mentalidad de emigrante afrancesado, que ha recibido en Francia su primera educación, y que observa a España a través de la mentalidad del activo empresario M. Sans-Délai. Pero el fenómeno no tiene nada que ver con la estupidez o la pereza, con cualidades intelectuales y morales de ninguna especie, sino que [...] se trata de un desajuste de pautas culturales. El descuido del tiempo y la informalidad hispana -en contraste con la proverbial puntualidad del británico, para quien el tiempo es oro- corresponde a las condiciones laxas de un ambiente social precapitalista, con una organización que no depende de horarios rígidos, tal como los estudios de Max Weber, Simmel y otros grandes nombres de la época dejaron asentado.
Desde luego, no faltaron voces, como la de don Juan Valera, buen conocedor de otras realidades europeas y americanas, que supieron contextualizar la situación española y llamar la atención sobre la tendencia al «empequeñecimiento de nuestro pasado» y «el olvido que nosotros mismos tenemos de nuestras cosas»; pero no fue esa postura, sino la de crítica y lamentación acerba la que se difundió en buena parte de la gran intelectualidad del siglo XX”.
(La hiedra)
lunes, 6 de mayo de 2013
Enjugaré las lágrimas de vuestros ojos
VOINITZKII (a Sonia y acariciándole el cabello con la mano).- ¡Niña mía!... ¡Cuánto sufro!... ¡Oh, si supieras cuánto sufro!...
SONIA.- ¡Qué se le va a hacer!... ¡Hay que vivir! (Pausa.) ¡Viviremos, tío Vania!... ¡Pasaremos por una hilera de largos, largos días..., de largos anocheceres..., soportando pacientemente las pruebas que el destino nos envíe!... ¡Trabajaremos para los demás -lo mismo ahora que en la vejez- sin saber de descanso!... ¡Cuando llegue nuestra hora, moriremos sumisos y allí, al otro lado de la tumba, diremos que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos padecido amargura!... ¡Dios se apiadará de nosotros y entonces, tío..., querido tío..., conoceremos una vida maravillosa..., clara..., fina!... ¡La alegría vendrá a nosotros y, con una sonrisa, volviendo con emoción la vista a nuestras desdichas presentes... descansaremos!... ¡Tengo fe, tío!... ¡Creo apasionadamente! ¡Ardientemente!... (Con voz cansada, arrodillándose ante él y apoyando la cabeza en sus manos.) ¡Descansaremos! (Teleguin rasguea bajito en la guitarra.) ¡Descansaremos!... ¡Oiremos a los ángeles, contemplaremos un cielo cuajado de diamantes y veremos cómo, bajo él, toda la maldad terrestre, todos nuestros sufrimientos, se ahogan en una misericordia que llenará el Universo!... ¡Y nuestra vida será quieta, tierna, dulce como una caricia!... ¡Tengo fe!... ¡Tengo fe! ... (Secándole las lágrimas.) ¡Pobre! ... ¡Pobre tío Vania!... ¡Estás llorando! (Entre lágrimas.) ¡Tu vida no conoció la alegría..., pero espera, tío Vania, espera!... ¡Descansaremos! (Abrazándole.) ¡Descansaremos! (Se oye el golpeteo del cayado del guarda. Teleguin rasguea en la guitarra, María Vasilievna anota algo en el margen del artículo que está leyendo, Marina hace calceta.) ¡Descansaremos! (El telón desciende lentamente.)
(Anton Chéjov, Tío Vania).
DIOS.- Así es, Sonia, bella y magnífica Sonia, y Vania, pobre tío Vania. Enjugaré las lágrimas de vuestros ojos y ya no habrá muerte ni duelo, ni llanto ni dolor porque lo viejo ha pasado. Descansaréis, sí, hija mía, hijo mío: yo hago nuevas todas las cosas.
(San Juan, Apocalipsis).viernes, 3 de mayo de 2013
Agujero negro, agujero blanco
Así como el misterio de la
iniquidad abre en mi fe un agujero negro, la existencia del cielo abre uno
blanco. Allí me tambaleo, aquí estoy firme; el primero agrieta mi fe, la
segunda la cierra sin fisuras.
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