miércoles, 22 de julio de 2015

No juzguéis

El “no juzguéis” de Jesús debe entenderse, creo yo, como un “no pronunciéis la última palabra, la definitiva, sobre nadie porque esta solo le pertenece a Dios”. Las que nos está permitido pronunciar son las palabras penúltimas, las humanas, las nuestras, con las que necesariamente hemos de juzgar, calibrar, ponderar, valorar, etc., personas y acciones.

domingo, 19 de julio de 2015

Una orgía sin mácula

Practico una cópula tremendamente productiva: preño, me preñan, siempre de vida, yo con todos en una orgía sin mácula. El eremita, que preña la soledad, que se preña de soledad, prolonga nuestro coito en los yermos.

jueves, 16 de julio de 2015

Varia

Durante la infancia tallamos la raíz que nos sostendrá el resto de nuestra vida.

Unos para otros somos señores y siervos a un tiempo.

domingo, 12 de julio de 2015

Fantasma que ansía su figura


Sin la luz no soy más que tenebrosidad, fantasma que ansía su figura y su límite en la cumbre de un monte, a la espera del sol amaneciente que me devuelva a mí mismo, el que soy cuando soy en la luz, única manera de ser, de ser de verdad. Al despejar las sombras, el astro mayor recobra los entes ensombrecidos, los hace de nuevo hijos del día. Nocturna peonza giratoria, el amanecer parará mi rotación alocada y seré otra vez un hombre sosegado y lúcido.

domingo, 5 de julio de 2015

Visión de la vejez

Somos mozos ahora, tenemos la carne prieta, y no sospechamos que el viejo que vemos en una hora cualquiera, al que quizá tenemos en nuestra casa, es el aviso de lo que también nosotros seremos. Esta decadencia futura es inimaginable para el joven, que no se ve en tránsito hacia nada sino en gozosa y despreocupada posesión de sí. Está bien que esto sea así, este frenesí, este júbilo, pero no por ello está mal que en alguna hora, tal vez pasados los treinta, cuando la juventud es ya una juventud madura, uno aviste el descolgamiento futuro de la carne y entonces reflexione. La diferencia es evidente y perogrullesca: hay una edad de (rabiosa, a veces) plenitud física y otra de (insultante, a veces) decrepitud. No quiero fijarme ahora en los aspectos mentales y espirituales, cuya evolución es tantas veces disimétrica de los corporales, sino solamente en los físicos, los que primero nos saltan a los ojos. La sola visión de este contraste me entrega una bonita lección acerca de la vida, de su transcurso, queriendo yo recabar de ella ante todo una admonición contra el miedo. La visión de la vejez pide su parte alícuota de fe, para que no parezca tan solo una pendiente hacia abajo.

martes, 30 de junio de 2015

La casa misteriosa

Es una casa misteriosa. Las ventanas de la planta baja, donde supuestamente se encuentra la sala, están siempre cerradas. Pululan por ella jóvenes brasileños. Creemos que hay una mujer que debe ser la madre de uno -o de más de uno- de ellos y que el resto son amigos que entran y salen. Mi hermana María, que vive justo al lado con su familia, pared con pared, les presentó sus quejas por los fiestorros que hacen a deshora, a las tantas de la mañana, con la música altísima. Mi cuñado Víctor en una ocasión se encontró en su huerta, también paredaña con la de ellos, un condón. “¿Y cómo vino a parar esto aquí?” Se dice que la mujer adulta y supuesta madre de alguno de los chicos se dedica a “la mala vida” en un club de alterne que no está muy lejos del núcleo urbano. A mi hermana le pareció sentir una vez que la señora se lo hacía con un cliente.

lunes, 29 de junio de 2015

Don Nadie

Te agarras a emociones que tienen que ver con acciones futuras, te exaltas con ellas y de nuevo te equivocas.

Es justo que lo que esperabas no sea como lo esperabas: la vida imparte así una buena lección.

Si fuera santo se acabarían todos mis problemas.

¿Necesitas realmente el aplauso? No, el cariño es lo que necesito, la atención de ese muy específico alguien que no te atiende como tú lo pretendes.

No quiero ninguna dicha que no sea la que tú me des, y en ella, callar.

No quiero exultar de gozo salvo que sea un exultar bien.

Regalar sin esperar nada a cambio. Dar gratis.

Ser un Don Nadie para ser auténticamente libre. En esto tiene razón Muñoz Molina.

Mucha soledad puede hacer daño, también la soledad querida.

domingo, 28 de junio de 2015

¿Sabe usted lo que es el sueño?

“¿Sabe usted lo que es el sueño? ¿Sabe usted que todo el que duerme cree en Dios? El sueño es un sacramento, porque es un acto de fe y es un acto de nutrición”.
(G. K. Chesterton, El candor del padre Brown)

“Hay que borrar la idea, nefasta por muchos conceptos, de que entregarse es abandonarse. Abandonarse sería huir de sí; (...) Esto sería un gigantesco acto de comodidad o de desesperación. La entrega es todo lo contrario” (Xabier Zubiri). 
Tenía pensado comenzar hablando del abandono para referirme a lo que el hombre hace cuando se pone a dormir. Pero entonces me acordé del texto de Zubiri, en el que se impugna el término “abandonarse” como sinónimo de la “entrega”, por connotar algo pasivo, huyente, desesperado y acomodaticio. Sin embargo, creo yo que en la literatura religiosa de la tradición cristiana el “abandono” nunca quiso significar una deserción de la propia y activa mismidad, sino que, muy al contrario, quería expresar el modo como el hombre, positiva y dinámicamente, se pone en manos de Dios. Pensar aquí en una presunta “comodidad” o “desesperación” sería erróneo.
El caso es que, para que podamos hacer nuestro el pensamiento que Chesterton expresa a través del padre Brown, tendríamos que entender que el sueño sólo como un “abandonarse” activo y positivo podría ser “un acto de fe”, es decir, sólo si con él el hombre hace un acto de “entrega”. La pasividad del sueño tendría que ser entonces en lo más hondo una laboriosa actividad del espíritu, el cual, más allá de los diques de la conciencia, seguiría buscando a Dios, o mejor, seguiría siendo buscado por éste.
¿Y cómo es el sueño para que en él el hombre esté en mejores condiciones que durante la vigilia para creer en Dios, según nos da a entender el autor de El hombre que fue Jueves? Es difícil no ceder a la poética de las imágenes y dejarse hipnotizar por ellas. La noche como abrazo del descanso, como manto protector, como disolución de la agitada y multiplicada actividad de la mente y los sentidos, como entrada en el reino de lo inconsciente y de lo infinito: pareciera que en estas condiciones el corazón del hombre, distendido por los velos nocturnos y liberado de los límites que impone la actividad consciente, estaría más accesible para Dios. Se comportaría entonces la noche como “el gran seno de la revelación” (Novalis), como “el amigo del hombre” y “el amigo de Dios”, como su (de Dios) “creación más bella” (Péguy).

miércoles, 24 de junio de 2015

¡Plaf!

A la que te relajas, ¡plaf!, ya eres otra vez malo y egoísta.

Soy malo, soy bueno, soy gris, soy de colores...

Qué fácil es que una oración solitaria sea una oración egoísta.

El ombligo, ahí, jo... a uno.


PD:
Ayúdame a ser bueno,
Señor.
Yo solo no puedo.

martes, 23 de junio de 2015

La muerte

-Siento mucho la pérdida de tu hermana.
-Gracias, Suso. Para mí ha sido injusto. Lo tenía todo: era una excelente hermana, esposa, madre, hija, amiga... Y otros en cambio siguen ahí.

-Querida X. Siento muchísimo que hayas perdido a tu marido. Rezo por todos vosotros. Un fuerte abrazo.
-Muchas gracias Suso. Estoy asimilando esta muerte injusta, repentina de un hombre bueno, del compañero de mi vida al que querré mientras viva. Por eso mi dolor es inconsolable. Un beso.

-¿Era un buen hombre su marido?
-Sí, era un buen hombre. Teníamos una buena vida juntos. Nos amábamos mucho. Y ahora se ha ido. Y eso no es injusto. Simplemente es lo que sucedió. Pero mucha gente no tiene una buena vida. No sienten amor. Por eso es injusto. Siento pena por ellos (De Calvary, una película de John Michael McDonagh).