lunes, 22 de septiembre de 2014

El turista fotógrafo y el confesionario

¿Por qué va querer un turista fotografiar a un cura confesando en un confesionario? Le ocurrió a Stefan en la catedral de Santiago, y al darse cuenta salió del cubil a increpar al osado turista y pedirle que eliminara la foto. ¿Será que esta persona nunca había vista tal cosa y que encontró la escena la mar de interesante: un señor vestido de blanco metido dentro de algo parecido a un armario y, delante, hombres y mujeres de variada edad y condición arrodillándose y poniéndose a hablar con él? ¿Hablar de qué, se preguntará el buen hombre, acaso un total ignaro sobre los asuntos de la religión y más en concreto sobre los asuntos del catolicismo? Es un dato que a lo mejor los guías turísticos tendrían que incorporar a su charla informativa: “Esto que ven aquí es un confesionario. Recibe este nombre porque dentro de él los católicos confiesan sus pecados (un pecado es algo que se hace mal a ojos de Dios, de los demás y de uno mismo, robar por ejemplo) a un cura (un seguidor de Jesucristo capacitado para realizar unas determinadas funciones) para recibir el perdón de los mismos. Quien perdona es Dios. El cura es sólo un intermediario. Las palabras que se pronuncian al final, en latín, la llamada absolución, son éstas: ‘Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen’, que significa: ‘Yo te absuelvo de tus pecados en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’. ‘Oiga, pregunta uno, ¿y quiénes son esos?’”

sábado, 20 de septiembre de 2014

En el Paradiso

Estuve otra vez con Stefan y Cornelia en el Paradiso. Este bar, sito en la Rúa del Villar de Santiago, antes de ser de sus actuales dueños, fue de uno que vino de Cuba y se trajo consigo el título de la novela de Lezama Lima, Paradiso, con el que bautizó a su negocio. Es un bar pequeño, estrecho, sin luz exterior, con una decoración art noveau; grandes espejos, a modo de paneles, lo cubren, los cuales tienen unas “manchas” que parecen dibujos de países y que se consiguieron poniendo los espejos sobre una base de estaño a la que se le había echado sal; el efecto logrado es muy bonito, una “suciedad” decorativa que les sienta de perlas.
Fue idea de A., el actual dueño, y muy amigo de Stefan, el prepararnos merluza a la romana, en honor a mi “cholesterin” (colesterol en alemán; me hizo mucha gracia como sonaba, “colesterín”). Como en días anteriores había dicho que no podía comer esto, y eso y aquello, se había tomado la revancha y, ¡hala!, ¡menuda fuente de merluza, patatas y guisantes plantó en la mesa! Regada con un buen albariño, nos pusimos a ello. El problema es que, para hacerle los honores a plato tan dichoso y a su muy ilustre cocinera, S., la mujer de A., no podía quedar nada en la fuente. Venga pues otro poquito, y otro poquito, y otro poquito, hasta que no quedó nada. Lo pagaría el día después.
Vino después la hora de las brujas, es decir, la de la queimada. Apareció entonces Marc, un erasmus de Colonia al que habían conocido, y que se trajo otras dos erasmus germanas, más un cuarto colega; no se querían perder el evento. A. puso la cacerola de barro sobre el mostrador y le echó los materiales: aguardiente, azúcar, cortezas de naranja y de limón y granos de café. Después le prendió fuego y todos los ojos se clavaron en él. A. apagó un momento las luces del local para que fuera más visible. Marc contó que en Alemania hacían algo parecido con el ron. Cuando el aguardiente se pone oscuro significa que está quemado, listo pues para servirse. Stefan leyó el conjuro y las meigas quedaron conjuradas. Después nos lo sirvió S. en el correspondiente pocillo de barro y, ¡hmm!, qué rico estaba, muy bien quemado y con su justo punto de dulzor. Por si no hubiera habido bastante, apareció una tarta de zanahoria cubierta con un magnífico manto de coco.

“De grandes cenas están las sepulturas llenas”, decía mi padre. Me levanté al día siguiente con una prominente barriga, toda ella gas. A lo largo de la mañana fue saliendo, a su muy acostumbrada manera.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Retales de feria

La vida no es gloriosa, es tremendamente humilde, se viste con retales de feria. ¿Será por esto que la amamos tanto?

jueves, 18 de septiembre de 2014

Los remedios

X. me estuvo hablando de su mal estado de salud. No sabía que el año pasado había estado seis meses de baja por culpa de una vértebra y del nervio ciático. Sólo con morfina pudieron calmarle el dolor. Su hijo tuvo que ponerse al frente de la cafetería. “Menuda conversación te estoy dando, ¿eh?” “Mujer, ¿qué hay de malo en hablar de lo que nos pasa?” Nada de malo y mucho, mucho de bueno, sobre todo porque así se sale del propio garito y aunque no se remedien por ello los dolores del cuerpo, tan concretos, tan brutos, se remedia sin embargo algo la vida, que impremeditadamente nos sale siempre al encuentro.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Edipo

Una de las obras que vimos en la 17 Feria de Teatro de Castilla y León, en Ciudad Rodrigo, fue una versión cómica de Edipo a cargo de la compañía portuguesa Companhia do Chapitó. Magnífica. ¡Esto sí que fue una optimización de los recursos! Tres artistas, dos hombres y una mujer, sobre el escenario, y nada más, porque nada más les hizo falta. Todos los personajes de la obra los representaron ellos solos, sin descontar el perro de Tiresias, los caballos, una oveja, el viento... Sus recursos expresivos y gestuales eran portentosos, sobre todos los de la actriz: se comió con ganas los pelos -la hierba- de su compañero -la montaña- cuando hizo de oveja; los relinchos, los soplidos y los movimientos de un caballo los ejecutó a la perfección; el modo como puso los ojos en blanco cuando hizo del ciego Tiresias fue otra demostración de fuerza, por no hablar del genio corporal para componer con uno de sus compañeros la figura de la Esfinge. Versatilidad, frescura, ingenio, convicción: nada les faltó y de todo anduvieron sobrados. Los aplaudimos a rabiar.
Más tarde, cuando estábamos tomando algo en la plaza de la ciudad, alguien los vio y rompió a aplaudir. Nos sumamos todos los presentes. Nos habían regalado una hora tronchante.

martes, 16 de septiembre de 2014

El kiwi, otra vez

El kiwi se expande profusamente y una de sus ramas avanzaba decidida a entrar por la ventana del baño. Finalmente se dobló y ahora araña la pared continuando su curso hacia abajo. La agarré y la apoye un momento en el alféizar para ayudarla a consumar su intentona. “Esto no es un triunfo, señor, pero se lo agradezco de todos modos”. “Es lo menos que podía hacer por usted, señora”. 
Este año trae muchísimos kiwis. Por su aspecto exterior, pilosos y pardos, pudiéramos considerarlos los hermanos menores de los cocos. Yo, que tomo siempre en mi desayuno un kiwi, me veo surtido ya para casi todo el invierno. En verdad, tengo que mostrarme muy agradecido con él: me cubre con su sombra en verano, viéndome leer, y me alimenta en invierno, ayudándome a despertar.

sábado, 13 de septiembre de 2014

La Venus de las pieles

La historia que cuenta la película La Venus de las pieles, de Roman Polanski, es interesantísima. Un director hace una adaptación teatral de la novela homónima de Leopold von Sacher-Masoch, “padre” del sadomasoquismo. Fuera de horario, a trompicones, cuando el director está ya a punto de marchar, se presenta para hacer la prueba una chica. Tiene el pelo mojado, el rímel de los ojos se le ha corrido, protesta contra el mal día que lleva, y hace todo lo que puede para que el director no se marche sin verla. Su insistencia acaba venciendo más convenciendo a éste. Una vez situados sobre el escenario, las primeras palabras de Vanda -tal es el nombre de la chica- representando su papel atrapan al director. A partir de aquí comienza el juego dramático, en el que la representación de la obra y las opiniones de ambos sobre la misma se van entremezclando, mientras la frontera entre la realidad y la ficción se desdibuja cada vez más. Empezamos a sospechar que Vanda está ejecutando un plan (no queda claro si premeditado o no), apoyándose en el papel que representa, la mujer dominadora y sádica, hasta culminarlo a la perfección: “castigar” al director y de paso a Leopold von Sacher-Masoch por pretender un intolerable dominio sobre la mujer al presentarla como un juguete en manos del varón, por más que parezca que no es así. Vence a Masoch sirviéndose de Masoch, y  al director intercambiando con él los papeles de modo que él hace de ella y ella de él en el tramo final de la película. Vanda, la Venus de las pieles, se venga aquí en nombre de todas las mujeres.
Emmanuelle Seigner en el papel de Vanda está sublime.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Un abrir de ojos

La lectura de ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos, de Will Gompertz, me ha permitido comprender la evolución del arte desde los impresionistas hasta la actualidad. Podrán gustarme más o menos unos u otros estilos pictóricos pero ahora estoy en condiciones de tomármelos más en serio, sin creer fatuamente y a la primera de cambio, sobre todo con respecto al arte más reciente, que se me está tomando el pelo. Parte del entendimiento de un determinado estilo hay que buscarlo en los que lo precedieron, en tanto que plantearon problemas y cuestiones que sólo fueron resueltos y respondidos por los que vinieron después. La obra de una artista, por más personal que sea, no nace sólo de sí mismo sino también de los que pintaron antes que él: estos siempre quedaron en un umbral que traspasarían los siguientes, en búsqueda de soluciones y visiones pictóricas nuevas. Salvo que descubramos que efectivamente lo es, ningún artista es fraudulento. Que no nos guste, que nos irrite, que nos cause rechazo, es otra cuestión.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Mi auditorio es el coche

Me ha acompañado Vivaldi mejor de lo que lo había hecho Bach en días anteriores. Las cuatro estaciones suenan siempre como si las escuchases por primera vez. ¡Cuánta es su frescura! Y no sólo ellas: otras piezas del compositor italiano se convierten estos días en una pequeña fiesta. Después de mucho tiempo sin escuchar música clásica he sentido de nuevo la necesidad de hacerlo. Mi auditorio es el coche: por el salpicadero van pasando compositores e intérpretes. En él, envuelto por la música, se va uno por la mañana al trabajo y retorna a mediodía; es siempre un pequeño refugio, que te protege del calor y del frío, y ya puestos de las inclemencias del mundo. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Emilio en la encrucijada

Como no puede volver a Maroua, en el norte de Camerún, donde lleva nueve años, dado que el grupo terrorista Boko Haram secuestra a los blancos para financiarse, mi amigo Emilio se encuentra en la encrucijada. Le han ofrecido irse al sur del país, pero aquí la iglesia local ya está bien asentada y no necesita la ayuda de curas misioneros. La otra posibilidad, la más apetecible teniendo en cuenta sus intereses, es irse al Chad, donde va echar a andar una nueva diócesis. Me pidió que rezara por él. Tengo que acordarme de hacerlo.