martes, 9 de junio de 2020

¿Otro blog?

Es lo que parece, si bien no sabe uno cuánta será su solidez. Son otra vez unas cuantas palabras, nada más, que algo quieren, algo tejen... En la tierra como en el cielo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Coda al punto y final

Al hilo de mis días nació porque, en lo que respecta a mi escritura, me encontraba en dique seco. No sabía por dónde tirar ni surgía dentro de mí ninguna idea. Al merodear por internet me topé con un blog que me pareció interesante y entonces me dije: "¿Y por qué no comienzo yo uno?" Fue hacerlo y al instante nació la primera entrada, la segunda, la tercera... 
Pero lo que un día había desatado mis manos bien podría estar atándomelas de nuevo pues volví a sentirme en dique seco. ¿Y si por culpa del blog permanecían cerradas las fuentes de las que podría nacer una nueva inspiración?
Esto no ocurrió de modo repentino. Hace más o menos un año que había comenzado a larvarse este proceso. Finalmente, quizá ayudado por una serie de acontecimientos, el punto y final se me clavó en la frente. No albergaba apenas ninguna duda. Me di cuenta de que se había completado un ciclo literario.

viernes, 15 de febrero de 2019

Punto y final

El 5 de febrero del año 2008 comencé a escribrir este blog. 11 años y 10 días después pongo el punto y final. Os doy las gracias a todos los que me acomañasteis a lo largo de estos años. De verdad, gracias. Os deseo lo mejor. 
Un fuerte abrazo.

Silleda, 15 de febrero de 2019

lunes, 28 de enero de 2019

Sin padres ni madres

¿Se deriva de la sub-estimación de la figura del padre y de la madre la sobre-estimación de cualquier tipo de paternidad-maternidad? El varón, de ser co-autor de la vida, pasa a ser mera herramienta. Pero también la mujer. Así, a ellas les basta con poder conseguir el semen de ellos. Y, a la inversa, a ellos el óvulo y el vientre de ellas. En este estado de cosas, los hijos ya no son un don sino un derecho, por lo que devienen objetos.

viernes, 11 de enero de 2019

Feminicidio


El feminismo de última hora ha encontrado una nueva clase de homicidio, el “feminicidio”, que consiste en matar a una mujer “por ser mujer”. Y todo esto a raíz de las recientes y desgraciadas agresiones sexuales que terminaron con la muerte de la víctima y que se han constituido en uno de los temas candentes de la actualidad. Si el asesino fuese un homosexual y matase entonces a un hombre, ¿diríamos que lo mató “por ser un hombre”? Qué disparatado es todo esto. ¿Por qué no se dice, sencillamente, que si el psicópata es heterosexual necesariamente va a perseguir a una mujer para, a su cuenta y sin su permiso, obtener placer sexual, episodio que acaba muchas veces con el asesinato de la víctima? Luciano Montoya no mató a Laura Luelmo “por ser mujer”, sino porque, dadas sus características físicas, fue ella la que despertó su deseo sexual, la que lo atrajo, y por eso ella y no otra fue su objetivo. ¿Había alguna posibilidad de que un ente inanimado, un animal o un varón desencadenase el instinto violador y homicida de Luciano Montoya? Pues no. ¿A cuenta de qué entonces esta categorización, el “feminicidio”? A cuenta de un feminismo hiper-ideológico que ha perdido el norte.

jueves, 10 de enero de 2019

El olvido de la deuda

Trabaja para una empresa de envíos de paquetes y un buen día, tras dejarme un pedido de Amazon, me dijo si podía prestarle treinta euros. Llegó a ofrecerme su DNI como garantía de confianza. Apenas dudé y se los di sin que me quedase ninguna mosca tras la oreja. Después pasó el tiempo y él no hizo acto de presencia para devolverme el dinero. Un día comenté el incidente cuando estaba con mi familia tomando algo y mi cuñada me informó de que el tipo en cuestión había hecho lo mismo con otras personas. No sé si mi deudor llegó a pensar que no volvería a verlo, pero el caso es que, dado que cuando lo necesito compró cosas a través de Amazon, el mensajero volvió a verme una vez, y otra, y otra… En cada ocasión me prometía que no tardaría nada en saldar la deuda, pero esto se posponía una y otra vez. Un día me enfadé porque me había cansado de tanta dilación y le dije que prefería que fuese honesto conmigo y me dijese que no podría devolverme el dinero a que hiciese promesas de hacerlo para incumplirlas de continuo. Mis palabras surtieron efecto y en la siguiente ocasión me devolvió los treinta euros. La deuda quedó cancelada a todos los efectos. No quedó en mí ningún tipo de recriminación. 
Nos seguimos viendo más veces, cuando le tocaba traerme algún pedido, y siempre me pareció que le resultaba embarazoso tener que volver a verme. A mí me hubiese gustado que se sintiese absolutamente cómodo porque ya no había ningún asunto pendiente entre nosotros. Yo lo había perdonado y no albergaba hacía él ningún tipo de reproche. Justo entonces me di cuenta de que el efecto del perdón no se consuma hasta que, no sólo el ofendido sino, y sobre todo, el ofensor olvida también la ofensa. Sólo así la paz vuelve a ser completa.

martes, 8 de enero de 2019

Más feo y más antipático


“Cada vez más feo y más antipático”. Él mismo lo había confesado por lo que no cabía recordárselo, salvo que, en pleno calentón, uno se lo reprochase abiertamente después de haber sido víctima de su antipatía. Se había embrutecido, vuelto más hosco, y apenas quedaba nada de sus buenos modales. Todos creían que la causa de este cambio era los problemas a los que había tenido que enfrentarse en los últimos años, no menores ciertamente. Lo único que cabía esperar es que el paso del tiempo, una tras otra, fuese cerrando todas sus heridas. Sin embargo, después de dos años en los que había gozado de una razonable felicidad, no se advertía ningún cambio, salvo que hubiese comenzado en lo más profundo de su ser y necesitase todavía más tiempo para que saliese a la luz.

lunes, 7 de enero de 2019

Golpe de realidad


Hagamos que “realidad” signifique “naturaleza”, de modo que al decir que deseamos “un golpe de realidad” se entienda que queremos “un golpe de naturaleza”. No acaba uno de ser persona si el viento y la lluvia no te golpean; si no caes en el barro y te ensucias; si no te quemas un dedo al intentar encender la hoguera; si, entre los robles, no te cae una bellota en la cabeza; si el mar no te envuelve con sus olas algún día de verano; si no se te congelan las manos cuando apelmazas la nieve para el muñeco; si no se te rompe alguno de los huevos que acabas de recoger en el corral y se te quedan los dedos embadurnados; si…

sábado, 5 de enero de 2019

Cuello de toro


¡Pues vaya con su cuello de toro! Era recta la línea que lo conducía hasta la oreja. A los hombres les resultaba abrumador y a las mujeres excitante. Él, sabedor del asunto, se desbravaba poniendo caras lánguidas y suspirando como un doncel. Y a otra cosa, mariposa, que no estaba él por la labor de ser centro de nada, y mucho menos por un azar cuelleril.

viernes, 4 de enero de 2019

A casa da Fandiña


Era de noche y volvía de Santiago. Quería estrenar el soporte magnético de mi móvil, que lucía orgulloso en el salpicadero. Dado que días después iba a tener una cena con unos amigos en un restaurante cuya ubicación desconocía, decidí que era un buen momento para ver la línea azul en el mapa de google de mi samsung galaxy. Escribí “Casa da Fandiña” y pulsé el botón “iniciar”. Cada poco la chica de google me ordenaba desviarme a la derecha pero yo esperé a hacerlo cuando estuviese más cerca de Silleda, para así tener más clara la ruta cuando saliese de mi pueblo unos días después para la cena. Obedecí llegado el momento pero, oh sorpresa, tras llevarme de gira por la Galicia profunda y nocturna me dejó de nuevo en la nacional 525 en dirección Santiago. Si ya estaba en ella y sólo tenía que dar la vuelta, ¿por qué no me propuso un giro mucho más corto? ¿Acaso algún algoritmo le sopló a google maps que yo en el fondo quería una road movie bajo las estrellas? El caso es que tuvo su aquél mi improvisada incursión nocturna, el verme surcando carreteras sin líneas blancas y cubiertas de hojas, bajo árboles a los que mi imaginación dotó de un punto de malignidad. En un momento dado, un zorro cruzó muy rápido la carretera y yo pegué un respingo con la emoción. Finalmente llegué a mi destino, cosa que me puso muy contento.