sábado, 1 de noviembre de 2014

Antes del amanecer

Cuando llego tarde a casa y coincide que hay que dejar la puerta de entrada sin la llave puesta porque al día siguiente muy temprano viene mi hermano Ramón, mi madre me deja una nota recordándomelo. La última vez que lo hizo hubo un detalle que me llamó mucho la atención, un detalle poético, y fue algo tan simple como el que mi madre escribiera, cosa que nunca había hecho antes, que mi hermano vendría “antes del amanecer”. Los avisos solían limitarse a decir: “Suso, saca la llave porque viene Ramón”. Y nada más. En esta última ocasión el supradicho “antes del amanecer” fue toda una sorpresa que me enterneció. Me pareció bellísimo, una coda lírica final que mi madre escribió con total inconsciencia.

viernes, 31 de octubre de 2014

¡Ay! y el Dios que hay

Ya no es consciente de los “¡ay!” que pronuncia cada vez que tiene que doblar las rodillas. Acusan el trabajo de haber sostenido un cuerpo alto y fuerte durante más de setenta años. Ahora tiene setenta y cuatro. Cuando nos vimos en Madrid el pasado 6 de octubre observé con asombro cuanto había disminuido la velocidad de su paso: andaba como un ancianito. Por lo demás, está perfectamente, siendo él tan él. Un amigo le dijo en una ocasión: “De mayor, serás objeto de peregrinación” “¿Y por qué te dijo eso?” “Por lo rarito que soy”. En lo que va de año lleva escritas unas ciento cincuenta páginas sobre El Dios que hay. “Tan embebido me tiene que durante el verano no he leído nada”. Mientras caminábamos hacia San Dámaso, junto con ¿Inés?, una monja muy joven que había sido alumna suya, nos dijo, burlón: “No sé cómo no os planto y me vuelvo a casa para encerrarme con El Dios que hay”. Me había explicado meses atrás porque prefería hablar del “Dios que hay” y no del “Dios que es”.
Alfonso, mi amigo Alfonso, con el ¡ay! y El Dios que hay.

jueves, 30 de octubre de 2014

Ser cuerpo y más que cuerpo

Nuevos gozos con otra actuación de un grupo de danza contemporánea en el Teatro Principal de Santiago. ¡Qué bien me lo paso viendo los movimientos de los bailarines! No es asunto menor lo que el varón y la mujer consiguen cuando danzan llevando al límite las posibilidades de su cuerpo. Es una alta empresa del espíritu artístico, que consigue en este caso que el cuerpo alcance una plenitud de forma y expresión que se iguala con los mejores logros de otras artes. Desde los dedos de los pies hasta los dedos de las manos y la superficie craneal de la cabeza, el cuerpo ejecuta movimientos que, siguiendo el ritmo de la música, llevan un membrete que dice: “Belleza”. Tras muchas horas de entrenamiento y ensayo, el cuerpo es leve, es grave, es fuerte, es elástico, se tensa, se encoge, se desploma, se catapulta, salta, cae, rueda, se para. El cuerpo que se somete al ritmo y la disciplina de la ley de la armonía se libera en cierto modo de la ley de sus límites. En la danza, siendo profundamente cuerpo éste consigue ser más que cuerpo. El placer es infinito.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El giro

A los que por gusto, por necesidad o por perro salimos a caminar un rato todos los días no nos arredra la lluvia. Poco contratiempo es ella cuando se pertrecha uno con impermeable, botas y paraguas; tampoco el frío nos detiene, pues para eso están los gorros, las bufandas, los abrigos, los guantes. Sólo la combinación de viento y lluvia es imbatible, y entonces sí, nos quedamos en casa los caminantes. Somos siempre los mismos, nos cruzamos todos los días, nos saludamos todos los días, en nuestros itinerarios fijos. Yo camino sólo media hora, quince minutos hasta un determinado punto y quince de regreso desde este punto: este no es otro que allí donde se cumple exactamente un cuarto de hora de andadura. Supongo que los que me ven darme la vuelta en sitio tan indeterminado se quedarán extrañados, porque me giro con decisión de 180 grados donde no parece que haya ningún motivo para hacerlo.

martes, 28 de octubre de 2014

Cositas y cosititas

La tranquilidad de mi mente es para mí asunto prioritario. Después del “día infausto” se me arremolinó toda y me puse a la tarea de recuperar lo que había perdido. Es muy difícil describir este remolino: mi perfeccionismo tonto, un perfeccionismo ya especializado porque se ensaña con unas parcelas de mi vida, y sólo con ellas, a Dios gracias, repasa frases y escenas de mi más inmediato pasado para hacerme ver que esto, y eso y aquello pudo ser dicho de otra manera, realizado de otra manera. Hay que decir, y he aquí la enjundia del asunto, que “esto, y eso y aquello” son nimias nimiedades, cositas y cosititas. Yo lucho ahora porque mi mente no repase nada y envuelva los “inmediatos pasados” con papel de celofán y los tire al olvido. Algo voy consiguiendo, creo. El corazón al menos se mantuvo tranquilo, lo que es mucho.

viernes, 24 de octubre de 2014

El mejunje

Coja un poco de perfeccionismo, un poco de escrupulosidad y un poco de maticismo, agítelo bien y tómeselo. Le cabeza le dará vueltas, le temblarán las sienes, le faltará el aliento: gozará usted de espléndidos días.

jueves, 23 de octubre de 2014

Espumarajos

Ya le valió al uno decir “¡San Francisco Franco!”, con exaltación nerviosa, y al otro escribir “MAS (Más Asqueroso que Satanás)”. Sí, ya les vale. Al primero se le puede perdonar ese franquismo cerril que no puede evitar ver en el Caudillo al sagrado custodio de las verdades de la patria hispana, de la gran fe de los españoles, etc. Pertenece a una generación que ve las cosas así y que siempre le echará un capote, disculpándole, o directamente alabándole, a Francisco Franco. Pero el segundo, insultar así a Artur Mas. Por favor, que discrepe lo que quiera y que lo critique cuanto quiera, como hacemos muchos, pero que no le salgan espumarajos por la boca: parecerá que es él el que tiene una legión de demonios dentro. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Sabrina

-Hola, señor, por favor, ¿me compra un pollo?
Yo me retraigo, a la defensiva.
-Lo siento, ahora no tengo dinero.
-Está bien, señor, sé que no debo atosigar a la gente y que cualquier otro día me lo dará. Está bien así, señor.
Le debió venir a la cabeza la última vez que nos vimos: ella por la acera de enfrente llamándome “señor, por favor, señor”, y yo en la mía casi escapándome. La primera vez que la había visto, a la entrada del Eroski, me pidió si podía comprarle un champú para lavarles el pelo a sus hijas. “Lo tienen largo y bonito, ¿sabe?” Las llegué a conocer un día, cuando estaban las tres en el umbral de la Iglesia. En una segunda ocasión consiguió que le diera unos euros para comprarse un pollo.
-¿Cómo están tus hijas?
-Bien, ahora van al instituto. La mayor nos dio un buen susto un día debido a un corte en la garganta. Pero ya está bien.
Es extranjera, tal vez gitana, aunque me inclino a pensar que no.
-¿Cómo te llamas?
-Sabrina.
-Yo me llamo Suso.
-¿Y de dónde eres?
-De Bosnia-Herzegovina.
Está lloviendo y acerco el paraguas para cubrirla. Yo continúo con mi batería de preguntas:
-¿Dónde vivís?
-Tenemos alquilada una habitación. Pagamos 80 euros y también el agua.
-¿Tienes marido?
-Sí.
-¿Y tenéis trabajo?
-Lo tuvimos durante la vendimia. También nos dedicamos a limpiar escaparates y cristaleras pero estos días no es posible porque llueve.
Mi impericia narrativa hace que parezca una entrevista lo que fue una conversación, o eso creo. Habla muy bien el español, con un acento cerrado. Tuvo que casarse muy joven porque yo le calculo unos treinta, o menos incluso, y ya tiene una hija de doce años. Las gitanas se casan muy pronto y yo me vuelvo a preguntar si lo es aunque sigue pareciéndome que no. Sabrina tiene un rostro ovalado, de expresión dulce.
Nos despedimos. Sin duda nos volveremos a ver.