sábado, 19 de abril de 2014

Lejos del mundo

Es cierto que cuando uno hace un viaje “desconecta”, y desconecta mucho. Lo he comprobado una vez más en mi reciente viaje a Tierra Santa. Quedas a salvo de las desgracias que te sirven en bandeja los medios informativos, tanto las que suceden en tu región como las que tienen lugar al otro lado del mundo. En este sentido eres más feliz. Cuando estuve en Camerún, en el verano de 2011, pensé en serio que, cuando estuviera de vuelta en casa, dejaría de ver el telediario nocturno para no perder mi felicidad desconectada. No lo hice, claro, primero porque no vivo solo, segundo porque, a pesar de todo, te pica la curiosidad sobre lo que está ocurriendo en el mundo y tercero, el punto más dudoso, por no substraerme a esa especie de solidaridad internacional a la que te invita un planeta globalizado. ¿Puede uno en el momento presente, moralmente hablando, no compartir los infortunios y penalidades de nuestros hermanos por más lejos que éstos se encuentren? Así, estos días, el hundimiento de un barco lleno de estudiantes en Corea del Sur ha sido un aldabonazo de tristeza.

viernes, 18 de abril de 2014

Jesús y su mensaje

Los cristianos no seguimos el mensaje de Jesús sino que seguimos a Jesús y su mensaje. Si hablamos de “el mensaje de Jesús” parece que Jesús quedase en segundo término, como un mero portador. Pero no es el caso. Lo principal del mensaje de Jesús es siempre Jesús, gracias al cual resulta atractivo lo que dice. Al final hay que terminar afirmando que Jesús es el mensaje, y aceptaremos entonces que se diga que hay que seguir el mensaje de Jesús si con ello se quiere decir que hay que seguirlo a él mismo.

jueves, 17 de abril de 2014

El apestado

Uno “olió” en Paco, fray Paco, el espíritu franciscano, y volvió a mirar -en realidad nunca he dejado de hacerlo- a san Francisco de Asís. Entonces me acordé de lo que escribió Christian Bobin: “La pobreza, en su desnudez material, le atrae. La pobreza, en su verdad carnal, le revuelve. Existe aún ese rincón del mundo que su goce no alcanza. ¿Y qué es un goce que deja algo fuera de sí? Nada. (...) Los burgueses sueñan en un pobre adecuado a sus intereses. Los curas sueñan en un pobre adecuado a sus esperanzas. Él, Francisco de Asís no sueña, ya no sueña. Ve: la pobreza nada tiene de amable. Una tara, un sufrimiento, una llaga, eso sí, pero nada amable. (...) Lo natural es ese modo de amar tan vuestro y que os halaga: los amigos acogedores, las damas perfumadas. Lo sobrenatural es entrar en la leprosería, cerca de Asís (...). Están del otro lado del mundo. Son las deyecciones del mundo, tan excluidos del placer de los vivos como del reposo de los muertos. Saben lo bastante del mundo para comprender de donde procede ese gesto del muchacho, para comprender que no procede de él sino de Dios: sólo el Bajísimo puede inclinarse tan profundamente con tal sencilla gracia”. Sí, por debajo del pobre que acaso no llegue a ser repulsivo está el que sí lo es: el leproso, cuya fealdad nos mata, cuya enfermedad nos espanta. Hasta aquí bajó el Bajísimo y ya nunca más quiso subir. ¿Debiéramos comprender desde esta perspectiva la elección del nombre de “Francisco” por parte del papa actual? Tenemos entonces que estar no sólo con el pobre sino con el apestado, el repulsivo, el maloliente, el sucio, el que nos “amenaza” con contagiarnos su marginalidad. ¿Quiere el papa Francisco que la línea de vanguardia de la iglesia sea ésta? ¿Quiere que abracemos y besemos, como él abrazo y besó al enfermo de neurofibromatosis, a los deformes del mundo? Lo quiere, sin duda.

miércoles, 16 de abril de 2014

Del vértigo a la adoración

Causa vértigo, un asombroso vértigo, pensar que Dios “cupo” en el vientre de una joven de Nazaret, María; que cupo en el cuerpo de un bebé, de un infante, de un niño, de un adolescente, de un joven, de un adulto: que “cabe” y es ya para siempre el alma y el cuerpo de un hombre. Este vértigo el cristiano lo supera en la adoración.

lunes, 14 de abril de 2014

Profesionales del amor

Profesionales del amor, reciben al otro en todo lugar y siempre: lo único que importa es que a las puertas está un hermano que quiere entrar.

viernes, 11 de abril de 2014

Los disgustos de Julián Marías

Me resultó gracioso encontrarme esto de Julián Marías, en su libro Israel: una resurrección: “...en Nazaret, donde (...) uno procura no ver una fastuosa y horrenda basílica, de un arquitecto italiano, que Dios confunda, que literalmente aplasta la casa del carpintero, la cueva cuyo aire estremecieron las plumas de las alas de Gabriel”. Yo no me quedé con esta impresión pero Marías tiene su punto de razón. La foto muestra uno de los lados de la basílica y a Paco, fray Paco, impartiéndonos la correspondiente explicación.





































Más adelante, en el mismo libro, Marías, hablando de Jerusalén, escribe: “Prescindamos de la fealdad de muchas iglesias, empezando por la del Santo Sepulcro”. Amén. Abajo, una chica rezando sobre parte de la columna en la que Cristo fue flagelado, según la tradición, y que se encuentra en esta Iglesia caótica.


jueves, 10 de abril de 2014

Siempre nosotros

Fuimos a darle el pésame a X por la muerte de su marido. Contó una cosa preciosa de él. “Nunca dicía ‘que che parece se fago...?’ senón ‘que che parece se facemos...?’”. Me parece precioso: nunca yo y siempre nosotros.

Y ya que hablo de matrimonios, aquí están éstos, en Canaán, renovando sus promesas matrimoniales. Fue muy bonito. También las “renovaron” dos viudas, que se emocionaron profundamente. Todos se dieron de nuevo la mano, se bendijeron los anillos, se besaron.






















Y antes, claro, se pusieron guapos, o guapa, como la siguiente foto deja ver.


miércoles, 9 de abril de 2014

La carambola

Yo tenía en mente ir algún día, un día indeterminado, a Tierra Santa. Me pregunto si ese día llegaría a determinarse si no hubiese tenido lugar una carambola. Fue como sigue: mi hermano Ramón quería regalarle a mi madre un viaje a Israel. Allá por el mes de octubre pasado, en una comida familiar, me prepuso que me apuntase. No mostré demasiado interés en ese momento. Pasados unos días recogí el cable y me puse a ello. Como resultado de mis pesquisas, supe que los franciscanos de Santiago de Compostela organizaban todos los años una peregrinación a los Santos Lugares. Efectué las diligencias oportunas y en el mes de noviembre habría de realizarse el viaje. Mientras tanto, a mi hermano Ramón le habían surgido impedimentos que lo descolgaban del mismo. Pasado un tiempo, la agencia de viajes Halcón me comunica que el viaje debía aplazarse por una serie de cuestiones que tenían que ver con los vuelos. Marzo sería la nueva cita. Tiene lugar después otra baja, la de mi madre, por cuestiones de salud (ya en pleno viaje me “alegré” de que así fuera pues no hubiese resistido su ajetreo físico y psicológico). Hete aquí entonces que me veo yo como el único que habría de peregrinar a Tierra Santa. Toda la carambola anterior, a la postre, había “determinado” mi día. Y ahora me pregunto: ¿qué tuvo que ver Dios con todo esto?

Mis pies bañándose en el lago de Galilea.


lunes, 7 de abril de 2014

Fray Paco

Mi peregrinación a Tierra Santa tuvo un centro: Paco, fray Paco (Francisco José Castro Miramontes, rector de los franciscanos de Santiago de Compostela, 42 años), nuestro pastor franciscano en las tierras de Jesús. Fue su gracia, el don de Dios en él, la que, con suave solicitud, nos fue introduciendo en la vida y misterios de Jesús de Nazaret, el galileo, nacido en Belén. De esto y no de otra cosa se trataba. La oración por la mañana en el autobús, cuando partíamos, la eucaristía (presidida todos los días por Roberto, un cura ecuatoriano de treinta y nueve años, que lleva tres años en Pamplona estudiando derecho canónico: suyas fueron las excelentes homilías), las explicaciones históricas, la oración de nuevo en el autobús cuando volvíamos, marcaron el tono, envolvente, calmo, cristiano. Sus quince años de radio al frente del programa “Día santo en Galicia”, en Radio Galega, educaron su voz y su dicción: ningún titubeo hay en ellas, ningún apelotonamiento, ningún tartamudeo inicial, ninguna prisa. ¿La voz ideal de un pastor de almas? Sin duda que sí.
 
Abajo, nuestra última misa, en la orilla del lago de Galilea. El de la izquierda es Paco y el de la derecha Roberto.
 
 

domingo, 6 de abril de 2014

En Tierra Santa

Nada “especial” sentí en Tierra Santa, ningún “calambre” religioso digno de ser contado, ninguna “emoción” singular. No me habló ninguno de los lugares santos con una intensidad “específica”, todos los relacionados con Jesús, con su nacimiento, su vida pública, su muerte, su pasión y su resurrección. A mi Dios me ha llegado y me llega a través de la Eucaristía, la Palabra, la Oración y el Hermano: estos son los canales reveladores por excelencia, los “oficiales”, irreductibles e imprescindibles, los eclesiales. Mi experiencia de Dios es en este sentido siempre objetiva, y sólo con esta condición es después subjetiva. Esto no cambió en Tierra Santa. Por eso, allí, no me habló el lago de Galilea sino la misa que tuvimos en la orilla y que puso punto final a la peregrinación; no me habló Belén sino la misa que tuvimos en las llamadas grutas de San José, y así podría continuar hasta completar las seis misas que tuvimos en los seis días que estuvimos en Israel.