sábado, 2 de mayo de 2015

De un sueño

Dios se acuesta sobre sí, bebe
de su íntima paciencia,
calla, rezuma fuego,
aprende a esperar con ojos
infinitamente dilatados.
Es legendaria su entereza, su cólera
contenida en los límites
de un admirable sosiego.
El hombre le desvela,
le hace soñar quimeras de días
futuros, de días mejores
que han pasado
y que volverán.
A este deseo el ritmo claro
de su corazón se acoge,
y alguien más lo sabe, alguien
en la tierra,
embebida también su alma
de un sueño.

domingo, 26 de abril de 2015

La palabra

La vida es asible en una fruta, en un paisaje, en un rostro, en una música, en un recodo cualquiera del camino, tras cualquier vuelco o circunstancia, por muy lejana o apagada que esté. Pero la palabra, ¡ah, la palabra!, no se alcanza sin más, sino que es esa última floración que uno no sabe cuándo encontrará.

viernes, 24 de abril de 2015

Fiebre de un día

Creer en Dios es no dejar que esté solo.

Con los tristes estar triste, sí, hasta que la alegría sea lo único que pueda salvarlos.

Justamente ahora, right now, lo único que importa es escuchar la tormenta.

¿Y si ahora, en vez de vivir delante del blog, lo que tenga que hacer es vivir a su lado, ambos con la mirada puesta en el frente?

¿Saber más? ¿Y para qué?

Escapar de la utilidad.

Impostura, un poco, y algo de pose también.

No quiero saber nada más. Decirlo cada mañana.

¿Ha aumentado mi fortaleza psíquica? ¿Me afectan menos las cosas, acaso porque hay más alegría dentro de mí? ¿He perdido agilidad mental y he ganado a cambio mayor profundidad? ¿Y esa memoria menor que insisto en tener? ¿Hay algo a cambio en este caso?

Volver al regazo, a la oración, al cojín que la cabeza recoge.

Aquí, ahora, como en Candelas en el aire, suben chispas, flotan, se pierden. Algo queda, sin embargo.

Dime, Dios mío, lo que tengo que hacer, aléjame de la mentira, de la vanidad, de la sofisticación.

Estoy solo, quiero estar solo, pero que no me dejen solo.

Lo intento con un libro, no soy capaz, con otro, no soy capaz, con un tercero, no soy capaz, con un cuarto, no soy capaz...

El blog, esa maravilla diaria.

Me creo, sí, las alabanzas. ¿Por qué no habría de creérmelas?

No me interesan las estadísticas, no quiero saber de estadísticas. ¿Qué más da?

El lector merece un respeto absoluto.

Desde el despojo, se nace.

Me humilla el que sabe, el que sabe quizá demasiado.

La contradicción no buscada es un derecho del hombre.

Sinceridad, autenticidad, no pasarán nunca de moda estas palabras.

Cuando se tiene fiebre se dicen tonterías.


Si no puedo saberlo todo prefiero no saber nada.

No existe la libertad absoluta pero la libertad, absolutamente, existe.

Cuando decimos que Dios quiere el bien de nuestra alma decimos que quiere la alegría de nuestra alma.

Cuanta más alegría tenemos más bien hacemos. Solo si es compasiva es.

jueves, 23 de abril de 2015

Rojo contra rojo

Al entrar en la Sacristía de la Catedral de Toledo, desde el fondo te captura, de El Greco, el rojo encendido de su El expolio. Pero resulta que avanzas unos cuantos metros y otro color perteneciente a la misma gama que aquel te captura desde una sala que se encuentra a la derecha. Te acercas y recibes un golpe certero y fulminante: las tonalidades rojas de la muceta del papa Paulo III pintado por Tiziano, absolutamente maestras, absolutamente impresionantes, en un cuadro que es todo él una impresionante obra maestra del pintor veneciano. Un ojo al frente y el otro torcido hacia la derecha, como a la virulé, fijo el primero en el rojo de El Greco y fijo el segundo en el rojo de Tiziano. Ganó el efecto sorpresa, es decir, ganó la muceta que cubre los hombros del papa Paulo III: fue lo que más me gustó de Toledo. Horas y horas me hubiese pasado ante él.

miércoles, 22 de abril de 2015

Un medidor de aceite

En Toledo me hubiera gustado tener una especie de medidor de aceite de tamaño gigante, para hundirlo en algún lado de la ciudad. Al sacarlo, en vez del aceite vería los estratos correspondientes a las distintas culturas que la conformaron: iberos, romanos, visigodos, musulmanes, judíos y cristianos. Es lo que ocurre con las ciudades palimpsesto, que son prácticamente todas las de Europa, unas con más capas y otras con menos. Toledo las tiene todas y, claro, es asombroso: las culturas se sobreponen unas a otras, se imponen, conviven, se apoyan, se destruyen, se prestan compañía, se dan de bofetadas, se empujan, se hacen un sitio, se encuentran, etc., y todo esto queda reflejado en la historia física y urbana de la ciudad.

domingo, 19 de abril de 2015

Palpadme

“Palpadme” (Lucas 24, 39). Jesús resucitado es tangible, como él mismo se lo hizo ver a sus asustados y sorprendidos discípulos cuando se les apareció. ¿La tangibilidad de su cuerpo resucitado era la misma que la de su cuerpo terreno o era de otro tenor? Que se ofrezca a ser tocado, palpado, por sus discípulos para que disipen sus dudas resulta entrañable, y también el que les muestre sus manos y sus pies. Jesús, tras haber “palpado” sus llagas Tomás el incrédulo, podría haber afirmado: “dichosos los que creen sin haber tocado”. En cualquier caso a Jesús, no sólo se le ve y se le escucha, también se le toca. Bien que lo sabía el autor de la primera carta de San Juan cuando escribió: “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos” (1 Juan 1, 1).

viernes, 17 de abril de 2015

Soy, tengo, 50

Cuando Jodie Foster recibió el premio Cecil B. de Mille en el año 2013, lo primero que dijo, jubilosa, fue "¡¡I'm fifty, I'm fifty!!". Yo, hoy, 17 de abril de 2015, gritó también, con dicha incomparable: "¡Soy cincuenta, soy cincuenta!". Sí, soy, tengo, 50 años. Si combino el dato y el gozo sale algo tal que así:

¡¡5!!

jueves, 16 de abril de 2015

Los brazos

Los brazos, si los alargas, llegan al próximo; si los retienes miden tu contorno, y nada más. ¿Quedar así, retenido y, nunca mejor dicho, con los brazos cruzados, porque no tienes impulso suficiente para llegar al próximo y abrazarlo? Triste condición la del enroscado que no se alarga, que no se ensancha, que no se alza, que no se abaja, invernal y solitaria.

(De mi libro Argucias de barro)

¿Recordáis?

Fue un tiempo de auras vírgenes y de brazos,
manos, cuerpos, cabezas, corazones
vírgenes,
de ausencia y presencia significando
lo mismo, pues no había distancia y si la había
era juego de la aurora.
Hijos de la verdad,
del color, de la forma,
hijos del estallido, entrelazados.
¿Recordáis? Tened el coraje
de hacerlo. Conseguid el gusto
de vuestro antiguo ser.


(De mi libro Caer, esperar, amar)

Hacia algún lugar

Nada hacia ningún lado y todo hacia alguna parte. ¿Es que hay algo que se quede quieto o, como mucho, gire tan sólo sobre sí mismo como una peonza? Todo pues con voluntad de flecha y camino, apuntando y llevando hacia una meta, es decir todo con sentido, con un sentido, hasta lo más insignificante, precisamente porque no se niega a ser inscrito en la trayectoria que lo precede, lo sostiene y lo continúa. El “hay que seguir, hay que seguir” con que nos animamos en los momentos bajos sería un perfecto autoengaño si el movimiento de la vida no llevase a ninguna parte, si tras la vuelta del camino no apareciese la casa que anhelamos habitar algún día. La mayor de las mentiras sería este rótulo puesto en las rutas de la vida: “A NINGÚN LUGAR”.

(De mi libro De camino)

Adolescencia

ADOLESCENCIA

¿Qué cabriolada es ésta que me despoja de mi infancia y me llena de sarpullidos que me descolocan y no entiendo? Estaba aposentado en un lugar y ahora, de repente, algo me ha levantado a contragolpe y me deja fuera de juego. ¿Qué fuerza me lleva y hacia dónde? No necesitaba saber quién era. Yo estaba allí, antes, y todo iba bien. Pero ahora ya no sé quién soy y de pronto necesito saberlo. Algo me sacude por dentro. Me siento como un junco salvaje. Y el cuerpo, mi cuerpo, me habla, me llama, quiere algo. No sé, no entiendo nada.

(De mi libro Diccionario cordial)

martes, 7 de abril de 2015

Verde malo, verde bueno

¿Inaugura Homero la malignidad del color verde, cuando habla del “verde miedo” en varios lugares de la Odisea? Porque después, dando un salto de siglos, aterrizamos en Shakespeare, el cual, en Otelo, califica a los celos de “monstruo de ojos verdes”. Y en el siglo XIX una de las leyendas de nuestro Bécquer se titulará precisamente “Los ojos verdes”, los de la mujer del lago que, hechizante, arrastrará hasta su fondo, ahogándolo, a su hombre enamorado. Y parece que “el verde que te quiero verde” de Lorca, en su “Romance sonámbulo”, hace también suyo el carácter siniestro del color verde.
Es llamativa esta asignación de cualidades funestas a este color, siendo como es el color por excelencia de la primavera y por ello de la vida. Cuando la naturaleza, tras el invierno, resurge, se vuelve verde en los árboles y en las plantas. Es la “verde esperanza” de Machado y, superlativamente, de la Esperanza cristiana, que se hace también verde en el transcurso del tiempo ordinario del calendario litúrgico, durante el cual los sacerdotes en la celebración de la eucaristía visten una casulla de este color.
¿Será que lo malo: el miedo, los celos, la muerte, se viste con lo bueno, lo verde, para así atraernos y perdernos, otra versión del diablo disfrazado de ángel?

domingo, 5 de abril de 2015

Portentoso Dios

No hay ocio
en Dios aunque todo sea ocio
en él,
y pasión, aventura, ganas
de no estarse quieto cuando es la quietud
misma, el sosiego,
que trabaja de amor en amor, galopando.
Por eso tenía un hijo y no era un Dios
solitario, ni aburrido,
el hijo de sus sueños, el hijo eterno
de sus sueños eternos, el hijo desde siempre, para siempre
el hijo.
Y de los dos, padre e hijo, el espíritu
santo y seña, 
broche de consumación,
lazo, tono final de un acorde
perfecto, reunión de lo siempre
reunido, el tercero necesario
y que hacía falta.
Portentoso Dios, que es Padre,
sorprendente Dios, que es Hijo,
admirable Dios, su Espíritu.