miércoles, 17 de diciembre de 2014

Rosetta

Rosetta lleva como puede la bombona de gas que acaba de comprar a la roulotte donde vive con su madre. Quiere consumar la muerte de ambas que, en un primer intento, impidió una bombona vacía. La habíamos visto a lo largo de la película de los hermanos Dardenne, Rosetta (1999), buscar un empleo como una cosaca. Al final lo consigue, en un puesto callejero de venta de crepes y bebidas, antes atendido por su amigo Riquet, tras acusarlo ante el dueño del puesto de vender también tortas hechas por él en su casa. Consumada la traición, Rosetta pasa a ocupar ahora su lugar. Ya antes había estado a punto de dejarlo morir ahogado cuando, tras ayudarla a recuperar unas rudimentarias artes de pesca, resbala y cae a un río cuyo suelo cubierto de lodo hace imposible hacer pié en él: si él muere Rosetta obtendrá su puesto de trabajo; in extremis, superada la tentación, lo salva.
En su segundo día de trabajo, tras cerrar el tenderete, aparece Riquet con la moto. Ella escapa y, tras una fatigosa huida, al final la alcanza. Él la agarra por las solapas de su chaqueta, la zarandea, ella se defiende y tiene lugar el siguiente diálogo:
-¿Por qué lo hiciste?
-¡Vamos, pégame!
-¿Por qué lo hiciste?
-Para tener trabajo.
(Aquí Riquet se calma, al comprender que Rosetta lo delató llevada por sus ansias de sobrevivir y no por otra cosa, no por ejemplo por un odio o crueldad gratuitos).
-¡Déjame pasar! Cuando caíste al agua, ¡no quería sacarte!
-¡De todos modos me ayudaste!
(Y así le hace ver a Rosetta que tiene entrañas humanas, que es más que una mercenaria en una guerra en la que se puede delatar a un amigo).
-¡Déjame pasar!
Rosetta llega a su roulotte y allí se encuentra, desplomada en la escalerilla exterior, a su madre, una mujer alcohólica que se lo monta cada dos por tres con el dueño del parking. La levanta y la arrastra hasta su cama. Sale después y se dirige a una cabina telefónica: llama a su patrón y le dice que no volverá a trabajar. Rosetta ya no puede con su vida: decide ponerle fin y también a la de su madre, que no podría sobrevivir sin ella. Y así regresamos al punto de partida, cuando la veíamos llevar a duras penas una bombona de gas llena. Cuando está a pocos metros de la caravana, y mientras se oye el ruido de una moto que se acerca, cae al suelo, extenuada. Alguien la ayuda a levantarse: es Riquet. Rosetta, de pie, lo mira y sabemos que la ha levantado también de su desesperación.
“¿Sobre qué son nuestra películas? Son sobre personas que están solas y tienen un encuentro con otro que les ofrece una salida. Son personas que están en situaciones extremas, que son capaces de matar para encontrar su lugar en el mundo y vivir la felicidad que se imaginan. Es finalmente sobre gente que descubre la amistad, el amor, la solidaridad, el tener la necesidad del otro. Finalmente es eso”. Lo dijo uno de los hermanos Dardenne, Jean-Pierre, en una masterclass en Buenos Aires, el año 2011. Además de Rosetta (1999), ahí están La promesa (1996), El hijo (2002), El niño (2005), El silencio de Lorna (2008), El niño de la bicicleta (2011) y la última, que todavía no he visto, Dos días, una noche (2014), para mostrarlo.
Cine excelso, de primera categoría, humanista, verdadero, el de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, notarios de una lucha por la vida en la que, tras imprevistos recodos, cuando era posible elegir mal, se elige en cambio bien gracias a la presencia de una voz y un rostro que nos da o nos reclama ayuda.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Shakespeare

Cómo ser Shakespeare y no morir en el intento: imposible, se muere en el intento, por lo tanto mejor no intentarlo, y aceptar ser humilde discípulo de tan regio maestro, el más grande, sin resentimiento ni envidia, sólo posible si nos eleva una admiración y un agradecimientos tanto más infinitos cuanto mayor sea nuestra humildad. Si de su tutela será imposible salir porque Shakespeare lo cubre todo, ¿no nacerá de ella el mejor salvoconducto para nuestra potencia y libertad creadoras? Estar a la sombra del más grande, de los más grandes en general, será estar a su luz, y sólo así engendraremos nosotros luz.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

sábado, 6 de diciembre de 2014

Dolores de parto

Quiero estar totalmente concentrado, tener siempre una conciencia completa e impedir que nada altere el sosiego de mi espíritu. En realidad quiero gozar ya de un cuerpo glorioso, donde el control y la espontaneidad coincidan y hablar sea lo mismo que callar. Incluso en momentos en los que se está razonablemente bien, es una pequeña cruz no vivir ya en el paraíso, y el cuerpo gime con dolores de parto mientras espera su resurrección.

viernes, 5 de diciembre de 2014

No la recuerda

Desde el momento en que el ofensor cancela su deuda con el ofendido deja éste de ser su némesis: ya nunca podrá el primero sentir el recuerdo de la ofensa infligida al segundo porque éste la ha “olvidado”, es decir, le ha perdonado. Si para el ofendido ha “desaparecido” la ofensa entonces también para el ofensor ha desaparecido. Han dejado de ser ofensor y ofendido: son, ya sólo, hermanos, porque el amor “no la recuerda (la ofensa)”.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Jim Caviezel

De sobras es conocido por estos pagos cómo le gusta a uno el cine y cuánto ama a las actrices y a los actores. A fuer de ser católico le gusta también a uno saber que tal o cual actor lo es también: entonces lo quiero doblemente, por actor y por católico. Jim Caviezel, el intérprete de Jesús en La Pasión, de Mel Gibson, es las dos cosas, actor y católico. Que lo segundo lo debe ser ilustrada y profundamente lo presume uno por pronunciamientos suyos que uno ha encontrado aquí y allá. En mi último rastreo a este respecto me he encontrado con esta entrevista (en youtube, con subtítulos en castellano) que le hicieron ante un gran público en San Diego, California, el pasado mes de agosto, sobre su trabajo en la mencionada cinta de Gibson. A mí me ha gustado mucho: Jim Caviezel resulta ser también un gran testigo y un buen predicador.

martes, 2 de diciembre de 2014

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cotillear

Si quieres saber lo que significa “cotillear” el DRAE te remite a “chismorrear”, el cual, al decir de él: “Dicho de varias personas: Contarse chismes mutuamente”, te tienes que ir a “chisme”, que, en su primera acepción significa lo siguiente: “Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”. Es decir, que si yo le cotilleo a alguien algo de una persona, ya sea este algo verdadero o falso (peor si es falso, como es obvio), lo estoy indisponiendo contra ella. Necesitaba yo esta aclaración semántica, pues confuso andaba al respecto últimamente, para que me quede claro, valga la redundancia, que cotillear es moralmente malo, y el cotilla un baboso: babas malignas es lo que suelta.
Si hubiese una acción que consistiese en “contar noticias verdaderas, o hacer comentarios con que generalmente se pretende biendisponer a unas personas con otras”, ¿qué sería ello? ¿Pacificar, mediar, templar, acercar, bienquistar, conciliar, desenredar, aclarar, honrar? Un “ello” al que no habría que llegar si previamente el cotilla hubiese hecho una cosa: callar.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Las cosas

Las cosas merecen consideración y por merecerla merecen también nuestra atención. Quiere por eso el plato que la mente y el corazón del que lo friega sea consciente de ello al menos alguna vez; también quieren los zapatos que quien los coge con sus manos para calzar sus pies preste la concentración debida de cuando en cuando; y no digamos el teclado con sus letras y números y signos, tan machacado, y contento por ello, sí, pero su poco de atención pide él igualmente.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Palabras, palabras, palabras

El “palabras, palabras, palabras” de Shakespeare sería un buen rótulo para identificar una de las vetas de la obra de Javier Marías. La existencia está embadurnada de palabras, rebosa de palabras el mundo y la historia, de todo se ha hablado y dicho demasiado, las cosas se explican, se re-explican, se re-re-explican, no cesa el torrente empalabrador: ¿por qué tanta palabra, tantas palabras? Y lo peor: que la palabra dicha ya nunca puede ser desdicha, queda ahí, atrapando para siempre a quien la dijo, por más que después diga que no la dijo o que diga que dijo “diego” donde había dicho “dijo”. El universo de Javier Marías llora por no ser mudo, acaso también sordo, o simplemente silencioso.