sábado, 29 de agosto de 2015

El oficio de vivir

El oficio de vivir, de Cesare Pavese, es uno de los títulos más hermosos que pensarse pueda. Yo lo habría querido para dos libros míos pero no se lo podía pisar. Lo que sí hice fue tomar una mitad para uno y la otra mitad para el otro. Así, “El oficio” me sirvió para titular El oficio de un corazón y “de vivir” para El trabajo de vivir. Otro título del cual quisiera tener también el copyright es Los trabajos y los días, de Hesíodo.

viernes, 28 de agosto de 2015

Desvelos

Así quiero estar,
dentro de mí,
dentro de ti,
en todo.

Ayúdame Señor Dios mío
a estar así,
en paz,
entregado a ti.

La oración es útil,
es inútil,
no quiere palabras.


La chair est triste, hélas ! et j'ai lu tous les libres (Stéphane Mallarmé)
Caen,
uno tras otro,
los libros.
Pero no soy Mallarmé
y no estoy triste.

Cuerpo inocente
el que tú dejas
sobre las olas.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Desvelos

Palabras, las justas, las necesarias, las que Dios me dé.

Un relato pobre me acompaña.

¿Qué tipo de felicidad me corresponde ahora?

¡Ah, si amáramos a los que nos aman! Pero ni siquiera con esto cumplimos.

Las venas, al otro lado de la piel, dibujan un itinerario, una búsqueda, un corazón.

La preocupación me desvela pero ella no te salvará la vida si es que tienes que perderla.

La Plenitud no tiene desvelos pero el Vacío sí.

¿En qué medida había olvidado que el trabajo es un trabajo Callado que brota del Silencio?

martes, 25 de agosto de 2015

Conservar y conservadurar

“Su lentitud (la de la Iglesia) revela en ocasiones una especie de sabiduría, pues protege lo que de hermoso y vulnerable hay en nuestra herencia y nos aísla del inane entusiasmo que suscita el cambio por el cambio, protegiéndonos así de la ilusión de que podemos renovarnos a nuestro antojo; pero esto siempre tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas” (Francis Spufford, Impenitente. Una defensa emocional de la fe). Pensé esto durante años sin encontrar las palabras precisas para decirlo y al fin me las ha puesto ante los ojos Francis Spufford. La necesidad de “conservar” de la iglesia lleva aparejada siempre una tentación: la del conservadurismo. Esto es lo que viene a decir el autor británico, conservadurismo que a veces “tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas”. Conservar la Tradición no significa conservar costumbres que solo son fruto de un época; rechazar la ideología del progresismo no debe implicar no progresar allí donde es conveniente hacerlo; no sujetarse al espíritu de los tiempos no significa desoír los signos de los tiempos a través de los cuales habla el Espíritu. La Iglesia, que tiene como única roca a Cristo, echa a veces el ancla en rocas que son un lastre para ella y le impiden caminar.
El Vaticano II, alimentándose de toda la obra de recuperación que se había ido gestando en los años anteriores de las fuentes bíblicas, patrísticas y litúrgicas, ¿no progresó desde ellas para ser en buena ley conservadora y sacudirse así el polvo conservadurista que pesaba sobre ella?

domingo, 23 de agosto de 2015

La suerte de todos

Hay que dar gracias a Dios por Cristo, sobre todo por Cristo. Es la única acción de gracias que puedo hacer sin que me afecte el temor de que alguien pudiera estar despojado de eso que yo agradezco. Podría dar gracias por el pan diario, y muchos no lo tienen; por el amor humano que me acompaña, y muchos carecen de él; por la amistad, y muchos no la conocen. Este contrapunto, saber que el don que yo agradezco no es universal, me pone en apuros teológicos y espirituales. Estos desaparecen si pienso en la gracia de Dios por antonomasia: su hijo, don universal por quien puedo dar las gracias sin sentirme por ello egoísta ni con mejor suerte que otros. Cristo es la suerte de todos. Gracias sean dadas al Padre por él.

viernes, 21 de agosto de 2015

La vida es un cuento

Cuando no podemos explicar la vida siempre nos queda el recurso de contarla y la narración que entonces surja podrá funcionar como una suerte de explicación. El caso es que haya siempre palabras porque así nunca desaparecerá la posibilidad de que haya un sentido.

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cómo será?

El cielo no puede anular las relaciones que en la tierra nos constituyeron esencialmente pues resucitará el que fuimos, no otro, y el que fuimos lo fuimos de una determinada manera y no de otra. Tendremos que reconocernos a nosotros mismos en la vida eterna y esto no será posible si los protagonistas esenciales de nuestra vida terrena no lo continúan siendo allí. Pero ¿cómo será esto, de qué manera mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos, serán allí mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos? ¿Cómo continuará allí toda la vida que me construyó y que yo construí?

miércoles, 19 de agosto de 2015

El don de la ebriedad

Hace unos días, en una fiesta de cumpleaños, X. bebió más de la cuenta y al final quedó hecho un borrachín. Por más que, en la despedida, se harto de abrazarme y decirme lo agradable que yo era, no por eso dejó de resultarme profundamente simpático. Bien es cierto que, en sobrio, ya le tenía un gran cariño porque sino a ver, pero el caso es que acogí sus efusiones ebrias muy complacido. Espero que al día siguiente, en plena resaca, no haya estado, al menos en lo que a mí se refiere, en pleno arrepentimiento: no solo perdono sino que agradezco. Si lo suyo fue un in vino veritas, esta veritas a mi corazón le gustó mucho.

martes, 18 de agosto de 2015

El doctor Zhivago

Me resultó imposible leer El doctor Zhivago sin tener continuamente delante de los ojos los rostros de Omar Sharif y Julie Christie, protagonistas de la película homónima de David Lean. Dado el profundo aliento poético de esta, la  novela se llenaba de él y creía estar leyendo una novela-poema. ¿O será que el director británico rodó una película poética porque era el único modo de hacerle justicia a la obra de Boris Pasternak? El caso es que, con un Sharif-Zhivago y una Christie-Lara tan aureolados de poesía, la lectura de la novela de Pasternak fue, a la par que un acontecimiento narrativo, un acontecimiento poético.