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domingo, 23 de octubre de 2016

La sonrisa de la felicidad

X te recibe feliz siempre porque es feliz siempre. Su sonrisa mañanera es indeclinable y en ella permanece el resto del día. En realidad, ahora que lo pienso, la persona feliz de una manera u otra está siempre sonriendo. ¿Será la sonrisa, de la felicidad, su flor más inmediata?

viernes, 23 de enero de 2015

Un resfriado

Un resfriado pone una “a” privativa delante de la hedonía, la patía y la tonía: te vuelve anhedónico, apático, átono. Te resta energías, te roba fuerzas. La mirada, gris, vuelve al mundo gris. El gusto no se deleita con los sabores. Y es un simple resfriado, un rasguño en la piel de la felicidad. Y puede ser tan absoluto el deseo de ésta, tan poco condescendiente, que a la que se descuida ya esté echando pestes contra nuestro humilde resfriado, apenas una penita, que no bien ha llegado y ya se ha ido.

jueves, 12 de junio de 2014

La felicidad

La felicidad es más que un instante, como muchos opinan, más entonces que esta precariedad súbita. Es un murmullo de fondo que se mantiene durante largos períodos de tiempo, mientras nada grave lo disturba, porque las desgracias muchas veces tardan, tardan incluso mucho. El infortunio tiene su hora y en tanto no llega la felicidad habita en aquéllos que han sabido encontrarla y vivirla.

martes, 21 de febrero de 2012

domingo, 15 de enero de 2012

Qué bien se está

Qué bien se está sin ambicionar nada, cumpliendo los deberes de cada día y su abono de felicidad.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Hay momentos

Hay momentos de alegría, de puro éxtasis, de felicidad absoluta, en los que la vida se descorcha y nos sirve en la copa toda su espuma. “Así soy, munificente cuando vosotros, hijos míos, estáis en condiciones de recibirme”. ¡Ay! ¿No lo estamos siempre?

miércoles, 14 de julio de 2010

Veranos

Veranos largos de nuestra infancia, veranos breves de nuestra edad madura. Pero la afirmación y la promesa son la misma: existe la felicidad, vendrá la felicidad. El sol, descubridor de bellezas, crea ritmos nuevos en el corazón. Un electrocardiograma mostraría un poema. Si no son calcinantes, los veranos tienen la medida humana de la dicha, la crean y la acompañan. Los niños que juegan son su emblema, habitantes nunca expulsados del paraíso. El mal siempre es más horrendo en verano.

jueves, 8 de octubre de 2009

¿Eres feliz?

“¿Eres feliz?”. Me lo espetó como si nada. En él era una pregunta habitual, me dijo, que le hacía a todo quisque y que a todo quisque descolocaba, claro. Se preguntaba porqué, dado que debía ser una cuestión obligatoria que habría que dirigir a todo el mundo, continuó diciendo. Que él no pudiese comprender el azoramiento que ante esta pregunta presentaban sus interlocutores era lo que yo a mi vez no podía entender, de tan evidente. “¿Eres feliz?” va de lleno al corazón de la trama de la vida, y esta trama la protege uno como el mayor de los tesoros. Lo pasmoso para mí sería ahora que, sin más ni más, todo el mundo formulase esta pregunta muy alegremente y muy alegremente diese razón de ella todo el mundo. Yo, que no quise que el aturdimiento se me notase más de un segundo y por no desmerecer del ¿ingenuo? atrevimiento de mi colega, enseguida entré de lleno en la cuestión. Si era él osado, no lo iba a ser yo menos.
Otra interpretación posible del susto que crea la susodicha pregunta es que los interpelados tengan que habérselas con el hecho de que no sean felices, cosa que, a su manera, saben, a su manera escondida habría que decir, pero que nunca se atreverían a reconocer públicamente. La pregunta les pone en el brete de tener que hacerlo, y, como me explicó mi colega encuestador, no sin tener que pedir disculpas por ello, buscando la manera de justificarse, como si ser infeliz fuese una secreta vergüenza inconfesable.
Está, por otro lado, la eterna cuestión de qué cosa sea la felicidad. A uno siempre le ha sorprendido que se afirme con tanta frecuencia que en esta vida la felicidad es asunto de instantes privilegiados, escasos, únicos, y que no pueda, por el contrario, ser el asunto, no ya de días, sino de meses y hasta de años. Será, me digo, que el concepto de felicidad que se maneja en tales casos es tan sublime, tan altísimo, tan, por todo esto, inalcanzable, que con razón sólo puede durar no más que unos instantes. Uno no aspira a tanto y se sabe feliz con un poco, bueno, no mintamos, un mucho de tranquilidad y sus gotas de alegría. ¿Será también esto elevadísimo, imposible para el hombre? Evidentemente, no. Por eso hay periodos largos de felicidad en la vida de tantos. Faltaría más.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Más allá del instante

Lo oímos muchas veces. ¿La felicidad? Un instante, un momento. Me gustaría pensar que esos instantes y momentos duran más que lo que tardamos en pronunciar la palabra "ins-tan-te" y "mo-men-to". ¿Unos minutejos, tal vez, una horilla, acaso un diita? Muy excelso, inalcanzable casi, tiene que ser el contenido de esa felicidad para que sólo se la alcance en esos brevísimos lapsos de tiempo. Pero, ¿acaso no hay instantes y momentos que duran semanas, meses, años? ¿Cuántas veces no oímos decir a tal o cual persona que es feliz, que ha tenido una vida feliz, comentario sólo posible si se ha vivido y se vive no un instante de felicidad, sino un estado de felicidad? Y eso se nota, se ve. Sí, hay vidas felices.