martes, 27 de octubre de 2009

A la espera

Fase extraña en la que muere algo y no resucita algo, lo que quiera que esto deba ser, lo siguiente, lo que debe venir para ponerse en el sitio de lo primero, de lo que está muriendo, en un lugar más alto rodeado de cumbres nuevas

4 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Justamente las lecturas de la misa de hoy hablan de eso: la semilla que crece dentro, aunque parezca pequeña. Y "también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu [el grano de azafrán, la levadura], gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo". Y al final: "Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares". Y "los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas."

Suso Ares Fondevila dijo...

Muchas gracias, Ángel.
La condición para "volver" cantando con las gavillas es "ir" llorando con las semillas.
Un abrazo.

CB dijo...

Por si te dice algo, anoche leía este comentario de Merton sobre el Salmo 69 (Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello- Me hundo en el cieno del abismo sin poder hacer pie...):
"Sabemos que esta oscuridad que parece aniquilarnos no es la oscuridad de la muerte, sino, si tal expresión puede entenderse, la oscuridad de la vida. Si se nos permite la paradoja, esta horrible muerte es el primer gusto de la gloria. Entonces empezamos a descubrir que la noche en la que parecemos estar perdidos es la protección de la sombra de las alas de Dios. Si Dios nos ha traído a la oscuridad es porque Él desea cuidarnos con extremo cuidado y ternura, o, con palabras del Salmo, "Como la niña de sus ojos".
Un abrazo

Suso Ares Fondevila dijo...

¿Qué si me dice? Me grita, me susurra, me encanta. Un millón de gracias, Cristina.
Un abrazo.