lunes, 16 de noviembre de 2009

El espejo

Fantaseaba con la idea de que hubiese un espejo que le devolviese una versión renovada de sí mismo, un mejor yo, que se saldría fuera y sustituiría al original. Tal cosa sólo podría ocurrir en ocasiones excepcionales, cuando el espejo no soportase reflejar un yo muy gastado y miserable y se viera en la obligación de remontarlo instaurando uno nuevo.

3 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Tú lo dices en prosa, yo lo digo por soleares. Hemos coincidido, amigo.

Ángel Ruiz dijo...

Y no sólo coincidís en tema sino en profundidad, que eso es más difícil.

CB dijo...

Haberlo, haylo. Pero, por lo que yo sé, parece que es un espejo más amante de la paciente restauración que de la sustitución.
Y, sobre todo, lo que guarda el espejo es la memoria del original: cada vez que el yo desgastado se mira, le dice: no eres esa miseria, eso no es lo que tú eres, recuerda, recuerda....
Que es también trabajo de mucha paciencia ese de restituir.
Sustituir sin embargo, por lo que tengo visto, no lo hace nunca, aunque a veces apetezca tanto.