viernes, 2 de enero de 2015

Fuerza bruta

Todo integrismo, y sectarismo, es una fe sin inteligencia, sin autocrítica ni confrontación con las demandas de la realidad, siempre cambiante. Los depósitos de la fe de los integristas y sectarios están siempre cerrados a cal y canto, carecen de ventanas y por ellos no circula nunca ningún tipo de aire. Al carecer de inteligencia carecen también por eso de capacidad de diálogo, y el adversario con el que deberían medirse racionalmente es siempre un enemigo al que hay que abatir. Son autistas, narcisistas (aquí demuestran tener un pésimo gusto). Siempre creen tener razón precisamente porque no hacen uso de ella. En el fondo son seres tremendamente débiles por haber expulsado fuera de sí mismos la fuerza de la inteligencia, de modo que ya no podrán ser fuertes sino haciendo de la misma fuerza su única inteligencia: una fuerza así es siempre una fuerza bruta.

2 comentarios:

andrea dijo...

"Yo, cuando cambian las circunstancias,modifico mi opinión,¿usted que hace?", le respondió Keynes a alguien que le reprochaba su cambio de parecer. Como muy bien expones en tu post, es función de la inteligencia adecuarse al cambio de la realidad o a una distinta persprectiva de como son las cosas. Sin embargo, creo que el asunto es más complejo porque en nuestras creencias también interviene la emoción y no sé muy bien por qué -tal vez por algo relacionado con la estabilidad, la seguridad y con nuestra ansia de absoluto- tendemos a crear cosmovisiones, sistemas de pensamiento cerrados que lo explican todo y nos dan respuesta a todo, puede ser que porque así nos sentimos un poco menos perdidos en el universo.

Suso Ares Fondevila dijo...

Es cierto lo que dices: nunca la razón es pura razón, sino muy impura, y se deja convencer por emociones y demás. Pero tiene que estar siempre sobre aviso: los sistemas de pensamiento que cree nunca pueden ser cerrados y no lo serán si quien los construye es una persona o una comunidad de personas verdaderamente inteligente. Los integristas, por todas las razones que en cada caso habría que detallar: emocionales, históricas, políticas, etc., los blindan y se blindan a sí mismos, con todas las consecuencias que ello tiene, devastadoras a veces, como la historia ha demostrado más de una vez.