viernes, 9 de enero de 2015

Los primeros recuerdos

Mi primer recuerdo es muy brumoso, lo veo a través de una profunda niebla: estoy al lado de la cama donde yace enfermo mi abuelo Jesús (fue él el que quiso tener un nieto, y ése soy yo, con su nombre). Dado que murió en el año 1969 tenía yo cuatro años.
El segundo, y serían cinco mis años, me trae a la memoria el que es hoy el actual ayuntamiento y que en el entonces de mi recuerdo albergaba una escuela. Veo la amplia acera de enfrente, donde pasábamos los recreos; tenía que ser uno de los cursos de parvulitos (¡qué hermosa y tierna palabra!). Al lado estaba el cuartel de la guardia civil, con su correspondiente calabozo, en el que estuvo durante una temporada un preso. Temerosos y llenos de curiosidad nos acercábamos, furtivamente, a ver lo único que era posible ver: la ventana con sus barrotes. ¿Se asomó el preso alguna vez a ella y llegamos a verlo nosotros? Puede que sí, pero en cualquier caso no quedó registrado en mi memoria.
En mi tercer recuerdo, y tendría entonces seis años, me veo parado en mi primer día de colegio en la entrada del Colegio María Inmaculada, y a continuación en el aula del curso que debería corresponder al que es hoy primero de Primaria. Las mesas y sillas, pequeñitas, eran de color azul; una de ellas la ocupaba Araceli, que sería después una mis grandes amigas de la niñez, infancia y adolescencia. Desgraciadamente moriría con 44 años de un edema pulmonar; hable de ello en la entrada “Mi generación”; es la que está justo encima de mí, con un jersey azul, luciendo una gran sonrisa.

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