sábado, 10 de septiembre de 2011

Camerún 12: los niños

Siempre niños, gritando “un cadeau, un cadeau” (un regalo) o “nassara, nassara” (blancos). En unos casos parecían emerger de súbito, de entre los maizales o los campos de mijo, y en otros estaban en la linde de los caminos, al pie de sus casas de adobe, jugando. Si llevábamos con nosotros cacahuetes, los riquísimos cacahuetes de Camerún, les dábamos unos cuantos a cada uno. En una ocasión, cuando volvíamos del mercado de Tourou, un pueblo donde las mujeres de la etnia gudugur se sombrerean con una media calabaza que previamente han pulido y pintado, un grupo de niños se mostró especialmente osado, colgándose de la rueda de repuesto de nuestro 4x4, cosa que no estaba exenta de peligro. Aquí no hubo puñado de cacahuetes sino embestida por parte de Emilio, que sabía que sólo nos desharíamos de ellos si les dábamos un poco de su propia medicina, un buen susto. Pisó el acelerador marcha atrás y allá que se largaron escopetados los niños acosadores. A toda prisa nos fuimos después, para que no nos alcanzasen y volviesen a la carga.
Los niños del barrio, los de Doualaré, tal es su nombre, en los terrenos de la misión encontraban amplia cancha para sus juegos y curiosidades. De éstas, como es lógico, fuimos nosotros especial objeto los primeros días tras el de nuestra llegada. A ella correspondimos con igual curiosidad y sin más interés -y en este sentido con todo interés- que conocer a quienes querían conocernos. No soy especialmente niñero y el niño negro no me cautiva más que el niño blanco: yo sólo veo al niño. Por allí se movían Ahmed, Ababiki, Yibrila, Yusufu, Garga, Arafat, Chantal, Aliud… Dada su corta edad, todavía no se encuentran muy acuñadas su personalidades por la sociedad y la cultura en la que crecen, y en este sentido se puede decir de los niños que son iguales en todo el mundo, afirmación que ya no haríamos con respecto a los viejos, los adultos e incluso los jóvenes.

2 comentarios:

Ana dijo...

Contado así el incidente volviendo de Tourou... Digamos que Emilio les tuvo que dar un susto para que ellos dejasen de "jugar peligrosamente".

Suso Ares Fondevila dijo...

Acepto el matiz.