lunes, 14 de marzo de 2011

Charles Moeller

Las cosas verdaderamente importantes de una casa están en el desván. Los niños lo saben mejor que nadie. Y los no tan niños, el joven que yo era allá por el año 1983 ó 1984, también. En el de mi casa, una maleta guarda los libros de mi tío Perfecto, cura en Puerto Rico. Huroneando en ella, encontré un tesoro que fue decisivo en mi vida: los cinco tomos (muchos años más tarde supe que había otro más, el sexto, que compré ipso facto) de Charles Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo. Los devoré como sólo puede hacerlo un muerto de hambre. Nació entonces el lector que después fui para siempre. Gracias al teólogo belga (me viene ahora a la cabeza el momento en que Olegario, al comienzo de una de sus clases, nos anunciaba que Charles Moeller había muerto, en mayo de 1986) descubrí que la gran literatura nacía del esplendor y la profundidad, o mejor, que era esplendor y profundidad. Arraigados en lo más hondo del hombre, los grandes libros no eran paseos de diletante ni virtuosismos de narrador, sino aventuras del alma, llenas de inmensas preguntas y de respuestas no menos inmensas. El arte interpretativo de Moeller, su pericia para otear la geografía interior de los autores escogidos, me transportó de hito en hito por creadores y libros mostrándome el mar sin fondo que era cada obra literaria. Con la luz de la fe cristiana entraba en diálogo con autores cristianos y no cristianos, puestas sobre la mesa las grandes cuestiones teológicas. Para mí, poco después incipiente teólogo, me parecía ya imposible que la teología no fuese además literatura o sobre todo literatura. Luis Felipe Vivanco lo dijo mejor: “La teología se divide en dos: habitable e inhabitable. Cuando la teología es humanamente habitable, es poesía” (Diario).

7 comentarios:

Aurora Pimentel Igea dijo...

Suso, mi padre me persiguió años para que leyera a Moeller y ya sabes, basta que te lo digan para que no lo hagas. Lo leí a su muerte y lo tengo desde entonces a mano, una maravilla, me encanta. Estoy segura que "volverá a ponerse de moda", es uno de tantos textos olvidados injustamente y excelentes para entender muchas cosas.

Joaquín dijo...

En la esfera católica, hoy es una máxima decir que "la Escritura es el alma de la teología" (cfr. Verbum Domini). El experimento teológico es escriturístico, o mejor decir, como sugieres, literario.

La verdad teológica se expresa poéticamente, no en ecuaciones matemáticas, ¡¡ni siquiera en silogismos!! Lo sugestivo de Santo Tomás de Aquino, es que armoniza estas dos aproximaciones: la lectura y comentario de la Escritura, con el discurso racional, matemático.

Suso dijo...

Aurora, yo creo que en círculos católicos cultivados, Moeller está muy presente. ¡Qué grande tu padre!

Joaquín, Hasta no sé qué siglo (¿Edad Media?) la teología dogmática y la mística fueron inseparables. ¿No es el caso de los Padres de la Iglesia? Después tuvo lugar el divorcio, y bueno, estamos en otra tesitura, en la que conviven sin problemas la teología de los teólogos y la de los poetas y novelistas (Peguy, Claudel, Bernanos...)

E. G-Máiquez dijo...

Gran entrada. Me pasó lo mismo que Aurora: fue un libro ultrarrecomendado. Luego, cuando lo leí, Moeller me gustó mucho, justo eso que señala tan bien Suso, la idea de que la literatura es una aventura del alma, pero me pareció que su selección de autores estaba un tanto desfasada y escorada a lo francés. ¿Es así o me precipité, de nuevo, en mis juicios?

Suso dijo...

¿Desfasada? Enrique, ¿estaría desfasado hablar de Chesterton? Reconozco que hay autores que trata de los que nunca había oído hablar y que no me inspiran ninguna curiosidad y que a lo mejor el paso del tiempo ha arrumbado. En cualquier esto no importaría demasidado, sino la penetración de los juicios de Moeller.

Que está escorada hacia lo francés es evidente. Comprobémoslo. Autores no franceses: Tomo 1: Huxley y G. Greene. Tomo 2: Henry James. Tomo 3: Kafka, Sholojov. Tomo 4: Ana Frank, Unamuno, Hochwälder. Tomo 5: B. Brecht. Tomo 6: I. Bergman, S. Undset, G. von le Fort.
¡12 de 38! Muy pocos, poquísimos. Se ve que "la Grandeur de la France" les puede incluso a los críticos.

ulises e penelope dijo...

Paréceme que debiades imitar nunha cousa ós xesuitas,pero só unha eh:refírome a intentar buscar a fronteira ideolóxica,para divertirnos algo.

Suso dijo...

Non séi a qué tipo de fronteira ideolóxica te refires.