jueves, 16 de diciembre de 2010

El más pequeño

En Mateo 11, 11 se dice que “el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor” que Juan el Bautista. ¿Qué es ser grande o ser pequeño en el reino de los cielos? ¿Cómo se mide allí el “tamaño”? Todos seremos hijos de Dios: aquí, la justa igualdad. Cada uno lo será a su particularísima manera: aquí, la justa desigualdad. Unos serán grandes, otros medianos, otros pequeños. A Santa Teresa de Lisieux le preocupaba que esta desigualdad procurase a unos más dicha que a otros:
“En cierta ocasión le manifesté (a su hermana Paulina) la extrañeza ante el hecho de que Dios no premiase en el cielo con igual gloria a todos los elegidos, y le di a entender mi temor de que no todos fuesen dichosos. Entonces Paulina me mandó a buscar el vaso grande de papá, y poniéndolo junto al mío, que era pequeñito, me dijo que los llenase de agua. Una vez hecho, me preguntó cuál de los dos estaba más lleno. Yo le contesté que estaba tan lleno el uno como el otro y que era imposible echar más agua en ninguno de ellos, pues no cabía. Mi querida madrecita me hizo entonces comprender que en el cielo Dios daría a sus elegidos tanta gloria cuanta fuesen capaces de recibir, y de este modo, el último entre ellos no tendría que envidiar nada al primero” (Historia de un alma, cap. 2, 17).
Reparto de glorias que a todos llenan, desde el más grande al más pequeño. ¿Quién será aquel, quién será este? El metro de Dios que decida esto, ¿cómo será? ¿Estarán entre los primeros los santos inocentes víctimas de Herodes, aquellos niños y bebés degollados, los que en manos del doctor Mengele fueron objeto de sus atroces experimentos, los que nacen muertos del vientre de sus madres, los que hoy, cada minuto, mueren de hambre, los niños pisoteados y ultrajados de ayer, de hoy, de siempre? Pero qué más da. El caso es estar allí, tener morada de no importa qué tamaño si cada uno, al fin y al cabo, va a estar a sus anchas.

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Oh, terrible corolario. Cuánto más vacío se llegue de uno, más gloria le cabrá (en suerte).

Preciosa y consoladora tu reflexión final, estaremos, en cualquier caso, a nuestras anchas.

Suso Ares Fondevila dijo...

Cuánto más vacío se llegue de uno, más gloria le cabrá: creo que este será el "metro" de Dios. ¿Y no está un niño nacido muerto completamente vacío de sí mismo?
Tus apuntes, Enrique, no tienen desperdicio. Muchísimas gracias.