lunes, 29 de octubre de 2012

Laura



Una primera caricia, un poco de alimento que alguien del instituto le dio, hizo que Laura, como finalmente la bautizaron los alumnos, se quedase en el entorno del centro. No sé si otro alguien o el mismo, en el porche de la entrada, le puso un cuenco con pienso y otro con agua. El asunto mereció media página de un periódico local. Pero se pensó con buen criterio que era mejor que alguien la adoptase. Y así fue. A M., una chica con trastorno bipolar cuyo rostro refleja los años tristes de su vida, se le había muerto su perro. La perrita encontró a su ama y la prensa local dio cuenta de la historia de Laura.

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