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sábado, 22 de diciembre de 2018

Políticamente correcto


Ahora sí que lo entiendo: ser políticamente correcto es tener en más alta consideración la sensibilidad que la verdad. Lo escuché de labios de un humorista norteamericano hace unos días y por fin lo vi claro. Es decir, te callas para no “herir la sensibilidad” de los grupos ideológicos dominantes y de paso callas también la verdad. Mal asunto.

viernes, 7 de diciembre de 2018

La renuncia de Eugène Green

En Como ser conservador, Roger Scruton afirma que las sociedades nacen de un acuerdo prepolítico y tácito de sus miembros, que las constituye  en un “nosotros”. Unos días después de leer esto, al ver una película de Eugène Green, recordé que la vida de este director ratifica la reflexión de Scruton. “Aunque nace en Nueva York en 1947, leemos en la página web del cine Numax, se refiere a los Estados Unidos como Barbaria y considera su verdadera fecha de nacimiento 1968, año en el que marcha de su país de origen rumbo a Europa, y tras un largo peregrinaje, se asienta en París donde adopta la lengua francesa como propia”. Green vino a este cine de Santiago el pasado mes de julio. Antes de la proyección de su última película, En attendant les barbares, cuando el presentador mencionó su inicial identidad americana, Eugène Green movió enérgicamente la cabeza de derecha a izquierda, lo que hizo que aquél se apresurase a completar la información para que nos quedase claro que él de americano nada. Lo que había hecho el director de Le fils de Joseph, y éste es el punto al que quería llegar, fue retirar su acuerdo con la sociedad americana, rescindir su contrato con ella, porque, por las razones que fuesen, ya no quería formar parte de su “nosotros”.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Identidad

Oigo la palabra “identidad” y me sale espuma por la boca, tanto la del epiléptico (pierdo el conocimiento y entro en convulsiones) como la del perro rabioso (mordería, ay, de la rabia que me entra…). Pero me reconvengo y me digo: “Pero si la rabia, y la pérdida de conocimiento, y las convulsiones son cosa de ellos, los identitarios”. Y entonces va y me calmo.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

A vueltas con el matiz

Precisamente porque para ellos, al contrario que para mí, el matiz en la vida no lo es todo, contradiciendo a Azorín (léase, bajo el título de este blog, el dictum azoriniano que es uno de los lemas de mi vida), son populistas los populistas. No se pirran por los matices sino todo lo contrario. Así, su “verdad pura y simple” termina siendo la más horrísona de las mentiras.

martes, 17 de octubre de 2017

El triunfo de la voluntad

Si es que entiendo algo, el nacionalismo reedita en cada ocasión “el triunfo de la voluntad” sentimental, pasional y mítica. “Inasequible a todo razonamiento” (José Borrell), si logra verse a sí mismo “proclamando” su grito independentista en las portadas de todos los mass media ya logra mucho. Que, tras su paso, todo sea tierra quemada no le importa nada pues las bajas pasiones son siempre egoístas y por ello tiránicas. Los nacionalistas son seres irracionales, pasionales, esclavos.

sábado, 6 de febrero de 2016

Un juramento

Tres semanas antes de las elecciones del pasado 20 de diciembre yo cambié mi voto. Estaba seguro de que había tomado una buena decisión pero, con todo, quería asegurarme todavía más, necesitaba más información. Lo que hice fue, en diferido, en los días finales de la segunda semana de la campaña, zamparme el debate que Pablo Iglesias y Albert Rivera habían tenido en la Universidad Carlos III, después el que hubo a tres bandas, ahora ya con Pedro Sánchez, en El País, y finalmente el que hubo a cuatro bandas, ahora también con Soraya Sainz de Santamaría, en la Sexta. El primero que vi fue el que juntó a Iglesias, Rivera y Sánchez, ante el cual me juré a mí mismo que atendería exclusivamente a sus ideas, evitando pues las antipatías en contra y las simpatías a favor. El resultado fue sorprendente: disfrute muchísimo, lo pasé realmente bien, coincidiendo aquí con uno, discrepando allí con otro, estando a medias de acuerdo y a medias en desacuerdo otras veces. Forcé incluso la empatía en los casos en los que necesitaba hacerlo para obtener un mejor resultado humano. Al día siguiente vi el debate a dos, Iglesias-Rivera, y al otro más, el sábado 19 de diciembre, el debate a cuatro, Iglesias-Rivera-Sánchez-Sainz de Santamaría. Mantuve mi juramento, seguí en mis trece, y los resultados fueron otra vez sorprendente, humanamente buenos. No quiero que decaiga esta actitud mía y lucharé porque así sea: atender a lo que me dicen, sorteando las simpatías y las antipatías, para valorar como mala, como regular o como buena una idea, sea quien sea el que me la diga, llámese Iglesias, Rajoy, Rivera o Sánchez. O cualquier otro.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ardientemente

Comienzo a escribir esta entrada a las 7:51 de la mañana. Tengo sueño pero no puedo dormir. Ayer me acosté a las doce y media. A las cuatro y media, o incluso antes, a las cuatro, ya estaba despierto. Las horas siguientes fueron difíciles, de insomnio duro. ¿La situación de España, el resultado de las elecciones eran el motivo? Posiblemente. Sería la primera vez que yo sufro realmente por España hasta el punto de no poder dormir. Esto me llena de orgullo. Por una vez, es mi país lo que me duele hasta el punto de robarme el sueño, no ya sufrimientos interiores o de otra índole. La preocupación por lo que pase a partir de ahora ha afectado a mis nervios. Curiosamente, me alegra este desquiciamiento mío, como si, solo con él, pudiera estar a la altura de las circunstancias. Deseo ardientemente, ardientemente, que todo salga bien para todos. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Los políticos

Los políticos se equivocan y pecan unas veces como el que más, otras veces como el que menos.
Es importante para mí tener presente esto.

viernes, 25 de septiembre de 2015

La suma de mis pocos

De la suma de mis pocos políticos: un poco derechista, un poco izquierdista, un poco centrista, un poco pepeísta, un poco pesoeísta, un poco podeísta, un poco comunista, un poco capitalista, un poco socialista, un poco conservador, un poco progresista, etc., me gustaría que resultase un mucho cabal, lúcido, sensato, responsable y moderado.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Al por menudo

A grandes rasgos entiendo lo que quiere decir una persona cuando se define como conservadora o se define como progresista, pero a pequeños rasgos ya no, porque nunca acaban de explicar al por menudo en qué consiste eso. Tales autodefiniciones acaso no pretenden ser más que genéricas tarjetas de presentación ante el mundo. Pero en los siguientes pasos no vendría mal que, “al por menudo”, concretasen qué quieren conservar los unos y en qué quieren progresar los otros para que los demás quedásemos más orientados sobre el asunto.

viernes, 2 de enero de 2015

Fuerza bruta

Todo integrismo, y sectarismo, es una fe sin inteligencia, sin autocrítica ni confrontación con las demandas de la realidad, siempre cambiante. Los depósitos de la fe de los integristas y sectarios están siempre cerrados a cal y canto, carecen de ventanas y por ellos no circula nunca ningún tipo de aire. Al carecer de inteligencia carecen también por eso de capacidad de diálogo, y el adversario con el que deberían medirse racionalmente es siempre un enemigo al que hay que abatir. Son autistas, narcisistas (aquí demuestran tener un pésimo gusto). Siempre creen tener razón precisamente porque no hacen uso de ella. En el fondo son seres tremendamente débiles por haber expulsado fuera de sí mismos la fuerza de la inteligencia, de modo que ya no podrán ser fuertes sino haciendo de la misma fuerza su única inteligencia: una fuerza así es siempre una fuerza bruta.

jueves, 5 de junio de 2014

La reforma de la Constitución

Las razones históricas que justificaron, y acaso todavía justifiquen, la existencia de la monarquía parlamentaria en España no durarán siempre y yo espero que llegue el día en que haya una mayoría suficiente de españoles que estén en contra de la monarquía y a favor de la república, aunque yo no sé porque la única alternativa tiene que ser ésta. ¿Tiene que haber un presidente y un primer ministro? ¿No basta acaso con que haya un presidente, como en Estados Unidos y en tantos otros países? Yo me apunto a este segundo modelo. En cualquier caso, si ha de haber un jefe de Estado y un presidente de Gobierno, tanto como es electo el segundo tiene que serlo el primero: ¿dónde se vio que un alcalde, por ejemplo, ha de ser el hijo del último en ocupar tal puesto y no el que los ciudadanos elijan libremente? Espero que, llegado el momento más oportuno, surjan iniciativas parlamentarias que insten a una reforma de la Constitución a este respecto. No va a ser fácil porque, según lo regulado por esta misma en su artículo 168 (“1 Cuando se propusiere [...] una [revisión] parcial que afecte [...] al Título II [De la corona], se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. 2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. 3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación”), la monarquía queda bastante blindada.
Con este tema de todos modos no soy demasiado purista y sí pragmático. Y tampoco creo que sea ahora un problema principal. Hay otros que lo son mucho más y que ya nos los sabemos todos: el paro, la credibilidad de las instituciones, la corrupción, el proceso soberanista catalán, la situación de la educación, el fortalecimiento de una democracia más participativa para que la representativa sea más creíble, etc.
Añado como punto final que Felipe y Letizia me caen muy bien y espero que reinen lo mejor que puedan y sepan, para bien de todos.

martes, 3 de junio de 2014

Batería política

¿Son los líderes políticos los que deben encabezar los proyectos que ilusionen a los ciudadanos? ¿Hasta qué punto depende de ellos la cohesión de una sociedad? ¿Una desilusión política acarrea inevitablemente una desilusión social y moral? ¿Qué cuota de liderazgo les corresponde a los representantes políticos y cuál es exactamente su tipo dentro de lo que podríamos denominar “el liderazgo de una sociedad”? En tanto no fallen los líderes de otros ámbitos, ¿cuánto importa que fallen los del ámbito político? ¿Se espera de los políticos demasiado y por ello equivocadamente? ¿En qué medida son ellos mismos los responsables de esta “equívoca demasía”? ¿Qué errores les imputamos injustamente, que culpas cargamos sobre ellos, cual chivos expiatorios, sin que en realidad las tengan? ¿Una sociedad fuerte no es aquélla que no se deja quebrar aunque quiebre la clase política?

lunes, 2 de junio de 2014

Los que lo hacen bien

Los que lo hacen bien: políticos de altura: ¿no sería éste un buen título para un libro que nos devolviese la confianza en los políticos? Porque haberlos haylos, buenos políticos, y alguien tendría que decirnos quiénes son, dónde están, qué cosas hacen y cómo las hacen. Y no creo que se trate de una aguja sino de muchas agujas en un pajar. Pero nadie los hace visibles y así nos quedamos sin el necesario contrapeso frente a los malos políticos. Porque no debe ocurrir que éstos infamen a los buenos.

sábado, 22 de marzo de 2014

Derechona

Al menos en un aspecto cierta derecha merece ser llamada derechona, y es cuando se muestra muy mal hablada. Me vienen a la cabeza cuatro ocasiones en las que políticos del PP no trabaron su lengua: Francisco Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid, y sus declaraciones sobre los “morritos” de la ex-portavoz del PSOE, Leire Pajín; José María Aznar y su dedo corazón bien levantado y dirigido a los que lo hostigaron en una ocasión en la Universidad de Oviedo; la diputada Andrea Fabra, hija de Carlos Fabra, y su “que se jodan”, vociferado en el Parlamento; y por último el ministro de Economía Luis de Guindos y su “que se vayan a tomar por el culo”, lanzado contra los periodistas en Bruselas.
En España, la derecha, cierta derecha, es más insultona que la izquierda, de la que no recuerdo ni un solo ejemplo de lengua deslenguada. Bien merecerían en esos casos que se les hubiese quedado pegada la lengua al paladar.

miércoles, 15 de enero de 2014

La clase política

¿Es un mal síntoma que exista la expresión “la clase política” porque indica que los políticos constituyen lo que de ningún modo debieran constituir: una clase, un estamento social? ¿Significa esto que, emergiendo como grupo dentro de la sociedad, acaban corporeizándose fuera de ella, muy fuera de ella, y hasta contra ella en casos extremos? ¿Cómo se ejerce el poder no estando nunca “sobre” la sociedad sino permanentemente “en” ella?

domingo, 2 de junio de 2013

Temas sobre los que me falta claridad pero no preguntas



-La relación entre la ética y la política: Lincoln compró los votos afirmativos y las abstenciones que necesitaba para aprobar la enmienda que abolió la esclavitud: ayudado por un mal gesto ético (al que habían precedido, claro, innúmeros buenos gestos y luchas) se dio un inmenso paso adelante en la historia de la humanidad. ¿Cómo hemos de juzgar la actitud del decimo sexto presidente de los Estados Unidos? La ética lo condena pero la política lo salva. El fin no justifica los medios, decimos: ¿siempre y en todo caso, sin excepciones?

-Fui profesor de religión católica en un instituto de enseñanza pública desde 1990 hasta 1993. Desde entonces y hasta hoy me han acompañado serias dudas sobre la pertinencia de que la escuela pública de un estado laico acoja en su oferta académica la enseñanza de la religión católica. El artículo 27.3 de la Constitución lo legitima pero a mí me parece muy discutible que “los poderes públicos” tengan que garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. El problema está en el “reciban”, que supone que los poderes públicos deberán hacer algo para que tal cosa ocurra. ¿Lo deben hacer, es realmente de su incumbencia? Groso modo, ¿no es asunto de los padres y sólo de los padres preocuparse de educar a sus hijos según sus convicciones? Lo más que le correspondería al Estado sería derribar los obstáculos que impidiesen el ejercicio de este derecho.
En todo caso, el acceso al puesto de profesor de religión debería seguir exactamente los mismos pasos que el que se sigue en el resto de las materias. Nunca debieran ser nombrados por los obispos, y su idoneidad no tendría que incluir obligatoriamente ningún tipo de relación personal con la fe católica. Bastaría la que se le exige a cualquier profesor: competencia profesional y ejemplaridad moral. Hay que repetir una y otra vez que el contexto es académico, no catequético: el objetivo no es despertar ni mantener (tampoco derribar) la fe de nadie sino interesar a los alumnos en el conocimiento teórico del hecho cristiano y en su reflexión sobre él.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ideas y creencias



Requeriría más de una indagación el dar respuesta al porqué de mi inclinación pre-racional, y en este sentido pre-crítica, hacia la derecha. De primeras, en cuanto al suelo patrio se refiere, siempre me resultan más atractivos los políticos de derechas, es decir los del PP, que los de centro-izquierda o izquierda sin más. Intuyo que el motivo de esta instintiva inclinación tiene que ver con mi “creencia” (contrapuesta a “idea” según la conocida tesis orteguiana) en que la derecha es sólida, es recta, cree en la existencia de la verdad, es “católica” y en que la izquierda es relativista, no cree en la existencia de la verdad, no es “católica”, es “disolvente”.
La “creencia”, en cuanto no es una idea, no ha analizado la realidad, puede incluso que se resista a ella. Respondería a un principio atávico, y creo que particularmente hispánico, que liga la derecha a lo recto y la izquierda a lo siniestro. Pero es obvio que yo no puedo basar mi perfil político en lo que en mí está pre-pensado y no pensado. Cualquiera que sea el conjunto de ideas, y recalco lo de ideas frente a los sentimientos y las teorías (aquí enlazo la extraordinaria y clarividente reflexión de mi amiga Aurora), tendrá por eso que ser razonado y libre, fruto no de una simpatía primera e instintiva, temperamental, sino de lo que yo piense que es mejor para la cosa pública. Antes de un adhesión política yo ya tengo una pre-adhesión, que no es en sí mismo ni malo ni bueno, pero a la que tengo que someter a juicio de modo que la “creencia” pre-crítica pase a ser “idea” crítica.

lunes, 1 de octubre de 2012

La crisis



Después de años con la crisis a cuestas, mi capacidad para pronunciarme sobre ella se ha reducido a cero. Me ha lobotomizado, idiotizado, dejado en el limbo; está ahí, como un bibelot impenetrable, en una estantería de mi existencia. Una mezcla de cansancio, asco y estupefacción es lo que, supongo, ha obrado tal efecto.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El equilibrio



Entre lo que el político promete hacer y lo que finalmente hace discurre una barra de equilibrio. El más hábil es el que consigue no caer al cruzarla o, si se cae, que no lo parezca.