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jueves, 30 de octubre de 2014

Ser cuerpo y más que cuerpo

Nuevos gozos con otra actuación de un grupo de danza contemporánea en el Teatro Principal de Santiago. ¡Qué bien me lo paso viendo los movimientos de los bailarines! No es asunto menor lo que el varón y la mujer consiguen cuando danzan llevando al límite las posibilidades de su cuerpo. Es una alta empresa del espíritu artístico, que consigue en este caso que el cuerpo alcance una plenitud de forma y expresión que se iguala con los mejores logros de otras artes. Desde los dedos de los pies hasta los dedos de las manos y la superficie craneal de la cabeza, el cuerpo ejecuta movimientos que, siguiendo el ritmo de la música, llevan un membrete que dice: “Belleza”. Tras muchas horas de entrenamiento y ensayo, el cuerpo es leve, es grave, es fuerte, es elástico, se tensa, se encoge, se desploma, se catapulta, salta, cae, rueda, se para. El cuerpo que se somete al ritmo y la disciplina de la ley de la armonía se libera en cierto modo de la ley de sus límites. En la danza, siendo profundamente cuerpo éste consigue ser más que cuerpo. El placer es infinito.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Camerún 11: ¡alaben su nombre con danza!

En la misa del domingo 7 de agosto Camerún me dio ocasión de cumplir lo que dice el Salmo 149 en su versículo 3: “¡alaben su nombre con danza!” Marcel, un adolescente, tocaba la batería y Amaduyán, un treintañero, los tambores. Delante de ellos, la fila del coro se balanceaba y aplaudía al son de la música. No tardé yo nada en sumarme al balanceo y batir palmas. Si de este vaivén hubiesen pasado a ritmos más vivos, creo que tampoco me hubiese retraído. Si llevas en tu corazón la fibra del baile, todo es cuestión de dejarse llevar, soltando corsés y amarras. Si llevas la de Dios, ¿no hay que hacer lo mismo?

domingo, 14 de diciembre de 2008

Bailé

Con ocasión de la fiesta que Olaia (Eulalia, en gallego, y nombre de nuestra asociación vecinal) organiza todos los sábados posteriores al 10 de diciembre, día de nuestra patrona, Santa Eulalia, y en la que no faltó el pulpo, la empanada, el chorizo y el vino, protegidos bajo una carpa mientras fuera arreciaba frío y lluvia, volví a bailar después de mucho tiempo sin hacerlo. Al compás de las canciones pachangueras del dúo Rosa negra, compuesto por mi amigo Santi y una tal Azucena, mi cuerpoalma no opuso resistencia a la entrada de los compases por los dedos de mis pies, donde comenzaron la escalada cuerpo arriba, hasta que todo él, una vez alcanzadas las puntas de los pelos de mi cabeza, se dejó llevar, desinhibido, y sintió así, una vez más, como vencía la ley de la gravedad y se hacía volatinero y saltimbanqui, no mucho, la verdad, tampoco voy a exagerar, pero sí lo suficiente como para salir de la inflexible compostura diaria. Una de mis trayectorias posibles, de no haber elegido la que hoy en día me encarrila, habría sido la de bailarín, o gimnasta, o trapecista, cualquier oficio que me permitiese cobrar elasticidad y soltura, gracia y ritmo corporal, para sentirme un poco el águila que no soy, o la gaviota, o el halcón, habitante de aires sobre las cumbres.