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jueves, 18 de agosto de 2016

La alegría

No en último lugar les diría que se hiciesen con unas reservas de alegría para todo tiempo, fuese como fuese este tiempo, aunque fuese el peor, e incluso con más razón para este, porque la aflicción del mundo no podía imponerse hasta tal punto que les fuese arrancado de raíz el gozo de la existencia. El mejor servidor tenía que ser siempre un servidor alegre, también en medio de la peor de las miserias, porque si no fuese así, ¿de qué clase sería la esperanza que les podrían entregar a los desahuciados con los que se encontrasen en su camino? Les ofrecía la alegría no como un blindaje frente al mundo sino como un salvoconducto para no caer desfallecido bajo el asalto de sus injusticias y tristezas. Solo con ella en lo más hondo de su corazones serían capaces de ofrecer refugio a quien lo necesitase de veras.

lunes, 6 de junio de 2016

Una alegría

Una alegría pequeña es solo una alegría pequeña y una alegría grande es solo una alegría grande. No les pidas más.

martes, 29 de marzo de 2016

Un grito de alegría

Hay que plantar siempre un grito de alegría en el mundo, sea lo que sea este, ocurra lo que ocurra en él, un grito al fin de victoria.

viernes, 6 de junio de 2014

Subidón

A veces tengo subidones de alegría y el ritmo cardíaco se me dispara. Y yo le digo: “quieto, corazón...”

jueves, 27 de septiembre de 2012

Alegres siempre



Matilde empieza la frase “La tristeza y la melancolía...” y sus nietos, que ya han aprendido la continuación de la misma de labios de su abuela, proclaman todos a una “¡fuera de la casa mía!” Me lo contó hace unos días. La frase, según me dijo, es de San Felipe Neri, el santo de la alegría.
Espero que esos niños queden muy adiestrados para no permitir que enemigos enanos, tanto los que les nazcan de dentro como los que le salgan al paso desde fuera, les arrebaten la alegría. Si han de quitársela que sean los enemigos gigantes, esos grandes infortunios que caen sobre nosotros el día menos pensado. Pero, de no ser así, vencedores siempre, alegres siempre.

martes, 4 de septiembre de 2012

jueves, 2 de febrero de 2012

El juicio de Paris


¿Qué juicio de un Paris redivivo sería capaz de decir cuál es la más bella de todas las damas que aparecen en Don Quijote, pues si una hace exclamar “¡oh!”, la siguiente impulsa un “¡ah!” y así hasta agotar todas las vocales y hasta las consonantes? Mas si lo hubiese, mejor le sería saber cómo se las gasta el Caballero de los Leones con quien ponga en duda la insuperable hermosura de su Dulcinea. Así pues, más le valdrá al juzgador, bajo la mirada serísima de Don Quijote clavada en él, pronunciase a favor de la del Toboso so pena de verse embestido, derribado y apaleado por tan formidable caballero. ¡Menudo es él!

martes, 24 de enero de 2012

Sancho, Sancho

Ay, Sancho, Sancho, que todo lo de tu amo lo tienes por chifladura y quimera excepto la ínsula prometida. Aquí ya no ves locura sino ocasión de salir bien regalado, así se hable de magos encantadores o de princesas micomiconas. Inoportunísima sería aquí la cordura para tu goloso interés, Sancho amigo.

sábado, 14 de enero de 2012

Dulce leona

“Aparte del blog, ¿estás escribiendo algo más?”, me preguntan a veces. “Pues no”, contesto. Para más no da mi magín desde hace ya cuatro años. Los libros, libritos más bien, que dé a luz, de persistir este estado de cosas, no serán otros que los que resulten de pasar por el cedazo las entradas y arrejuntarlas en una composición armónica. El que se publicó gracias a Javier Sánchez Menéndez y la editorial Siltolá, Al hilo de los días, fue el primero. No hubo tiempo entonces de un repaso de las entradas del blog más perfectivo del que fue, para lograr que aquél fuese mejor de lo que es. Creo que con Dulce leona, colgado en la columna derecha, he conseguido un conjunto de mayor calidad. Hay entradas que han pasado del primero al segundo sin cambio; otras, con cambio. Las hay que no cupieron en Al hilo de los días y aparecen ahora en Dulce leona. Otras muchas de aquél no han dado el salto a éste porque consideré que ya habían obtenido su lugar en Al hilo y no procedía repetirlas.

Dulce leona pues, a la derecha, para quien guste.
Muchas gracias.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La alegría


La tristeza es también una tentación. Asoma un fleco, y uno, sin ganas de apartarlo de un manotazo, deja que se extienda hasta que te ves cubierto por su manto. Unas veces un día húmedo y nublado, otras un vacío del corazón, ponen la primera gota, la cual encuentra respuesta en un algún rincón de nuestro ser, que llama después a otros para que se sumen a la pompa fúnebre. La alegría espera entonces que la pongamos en pie de una manera decidida, sin tardanza.

jueves, 6 de enero de 2011

Sobria ebrietas

No quiero alegrías efervescentes sino dichas tranquilas, la sobria ebrietas de la que hablaban los antiguos. Nada puede ser para mi feliz sino va acompañado de sosiego. Quiero estar en mi centro, ser axial siempre.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Hay momentos

Hay momentos de alegría, de puro éxtasis, de felicidad absoluta, en los que la vida se descorcha y nos sirve en la copa toda su espuma. “Así soy, munificente cuando vosotros, hijos míos, estáis en condiciones de recibirme”. ¡Ay! ¿No lo estamos siempre?

domingo, 8 de agosto de 2010

La alegría

No renuncies nunca a la alegría. Búscala, invéntala, captúrala, ruégala, pero no dimitas de ella. Es lo humano por excelencia, lo que salió con nosotros incorrupto del paraíso. Cuando te embarga, ¿no te reconoces más que nunca, no sientes más tuyas todas las fibras de tu ser? Pájaro en nuestro hombro, su canto nos devuelve el bullicio del nuevo mundo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El recuerdo de la dicha

El recuerdo de la dicha, ¿trae la dicha? La memoria donde se guardó la alegría ¿la devuelve? ¿Cómo aprovecharnos de lo poseído en otro tiempo? Acaso no tengamos más que la provisión de cada día. El hoy trabaja para el hoy y no sabemos en qué medida ayuda a un mañana abierto.

domingo, 6 de junio de 2010

El vuelo

Una tristeza cobijada, lleno de aliento su pecho, largo su mirar más allá de la pena.
Extiende tu mano y tócala: es la alegría. Lánzala, no la retengas, suyo es el vuelo que suplica.

lunes, 29 de marzo de 2010

Alegría

Amanece desde el fondo el botón de la alegría, rebullendo, sacando la cabeza, como una cría que nace y ya no para. De cuerpo entero la veremos, erguida y muy hermosa, dispuesta a ganar todos los lances para la vida nuestra.

miércoles, 13 de enero de 2010

¡Ar!

La convicción con que la vida planta su “¡ole!” diezma las pesadumbres, los conjuros tristes, las visiones aciagas. En torno a su tienda  todo reverdece, sobre todo los huesos, por encima de todo los huesos, que desde la visión de Ezequiel se siguen levantando a la voz de “¡ar!” que ella les lanza.

sábado, 16 de mayo de 2009

viernes, 27 de marzo de 2009

Mientras orinaban juntos

“Y entonces Martín, contemplando la silueta gigantesca del camionero contra aquel cielo estrellado, mientras orinaban juntos, sintió que una paz purísima entraba por primera vez en su alma atormentada”: maravilloso final de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato. Hay que haber leído la novela para sentir cuánta es la maravilla y la emoción que encierra este The End.
“Mientras orinaban juntos”: un acto excretor, ese que hacemos fuera de la vista de los demás, se coloca aquí en compañía de un cielo estrellado, de una paz purísima, de una fraternidad recién comenzada, y no sólo no desentona sino que queda a la altura de sus infinitamente más dignos compañeros. ¡Milagros de la literatura!

domingo, 20 de julio de 2008

La magdalena de Proust

Tantos años oyendo hablar de la magdalena de Proust y al fin me la encuentro en las primeras páginas de Por el camino de Swan, el primer tomo de En busca del tiempo perdido. Y no es para menos toda su ingente fama, porque la reflexión es sublime, hipnotizante, el pasado recuperado desde los hondones de la memoria al hilo del paladeo de un trozo de magdalena. Imensa, estupefaciente magdalena proustiana, que uno quisiera tener en el desayuno todos los días, para sentir, con gozo inefable, el galope de un trozo de vida subiendo desde el fondo abisal de uno mismo, de modo que pasado y presente, memoria y conciencia, duración e instante quedasen inenarrablemente unidos.