No en último lugar les diría que se hiciesen con
unas reservas de alegría para todo tiempo, fuese como fuese este tiempo, aunque
fuese el peor, e incluso con más razón para este, porque la aflicción del mundo
no podía imponerse hasta tal punto que les fuese arrancado de raíz el gozo de
la existencia. El mejor servidor tenía que ser siempre un servidor alegre,
también en medio de la peor de las miserias, porque si no fuese así, ¿de qué
clase sería la esperanza que les podrían entregar a los desahuciados con los
que se encontrasen en su camino? Les ofrecía la alegría no como un blindaje
frente al mundo sino como un salvoconducto para no caer desfallecido bajo el
asalto de sus injusticias y tristezas. Solo con ella en lo más hondo de su
corazones serían capaces de ofrecer refugio a quien lo necesitase de veras.
Mostrando entradas con la etiqueta Alegría. Mostrar todas las entradas
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jueves, 18 de agosto de 2016
lunes, 6 de junio de 2016
Una alegría
Una alegría pequeña es solo una alegría pequeña y
una alegría grande es solo una alegría grande. No les pidas más.
martes, 29 de marzo de 2016
Un grito de alegría
Hay que plantar siempre un
grito de alegría en el mundo, sea lo que sea este, ocurra lo que ocurra en él,
un grito al fin de victoria.
viernes, 6 de junio de 2014
Subidón
A veces tengo subidones de
alegría y el ritmo cardíaco se me dispara. Y yo le digo: “quieto, corazón...”
jueves, 27 de septiembre de 2012
Alegres siempre
Matilde empieza
la frase “La tristeza y la melancolía...” y sus nietos, que ya han aprendido la
continuación de la misma de labios de su abuela, proclaman todos a una “¡fuera
de la casa mía!” Me lo contó hace unos días. La frase, según me dijo, es de San
Felipe Neri, el santo de la alegría.
Espero que esos niños queden muy adiestrados para no permitir
que enemigos enanos, tanto los que les nazcan de dentro como los que le salgan
al paso desde fuera, les arrebaten la alegría. Si han de quitársela que sean
los enemigos gigantes, esos grandes infortunios que caen sobre nosotros el día
menos pensado. Pero, de no ser así, vencedores siempre, alegres siempre.
martes, 4 de septiembre de 2012
jueves, 2 de febrero de 2012
El juicio de Paris
¿Qué juicio de un Paris redivivo sería capaz de decir cuál es la más bella de todas las damas que aparecen en Don Quijote, pues si una hace exclamar “¡oh!”, la siguiente impulsa un “¡ah!” y así hasta agotar todas las vocales y hasta las consonantes? Mas si lo hubiese, mejor le sería saber cómo se las gasta el Caballero de los Leones con quien ponga en duda la insuperable hermosura de su Dulcinea. Así pues, más le valdrá al juzgador, bajo la mirada serísima de Don Quijote clavada en él, pronunciase a favor de la del Toboso so pena de verse embestido, derribado y apaleado por tan formidable caballero. ¡Menudo es él!
martes, 24 de enero de 2012
Sancho, Sancho
Ay, Sancho, Sancho, que todo lo de tu amo lo tienes por chifladura y quimera excepto la ínsula prometida. Aquí ya no ves locura sino ocasión de salir bien regalado, así se hable de magos encantadores o de princesas micomiconas. Inoportunísima sería aquí la cordura para tu goloso interés, Sancho amigo.
sábado, 14 de enero de 2012
Dulce leona
“Aparte del blog, ¿estás escribiendo algo más?”, me preguntan a veces. “Pues no”, contesto. Para más no da mi magín desde hace ya cuatro años. Los libros, libritos más bien, que dé a luz, de persistir este estado de cosas, no serán otros que los que resulten de pasar por el cedazo las entradas y arrejuntarlas en una composición armónica. El que se publicó gracias a Javier Sánchez Menéndez y la editorial Siltolá, Al hilo de los días, fue el primero. No hubo tiempo entonces de un repaso de las entradas del blog más perfectivo del que fue, para lograr que aquél fuese mejor de lo que es. Creo que con Dulce leona, colgado en la columna derecha, he conseguido un conjunto de mayor calidad. Hay entradas que han pasado del primero al segundo sin cambio; otras, con cambio. Las hay que no cupieron en Al hilo de los días y aparecen ahora en Dulce leona. Otras muchas de aquél no han dado el salto a éste porque consideré que ya habían obtenido su lugar en Al hilo y no procedía repetirlas.
Dulce leona pues, a la derecha, para quien guste.
Muchas gracias.
Dulce leona pues, a la derecha, para quien guste.
Muchas gracias.
sábado, 5 de noviembre de 2011
La alegría
La tristeza es también una tentación. Asoma un fleco, y uno, sin ganas de apartarlo de un manotazo, deja que se extienda hasta que te ves cubierto por su manto. Unas veces un día húmedo y nublado, otras un vacío del corazón, ponen la primera gota, la cual encuentra respuesta en un algún rincón de nuestro ser, que llama después a otros para que se sumen a la pompa fúnebre. La alegría espera entonces que la pongamos en pie de una manera decidida, sin tardanza.
jueves, 6 de enero de 2011
Sobria ebrietas
No quiero alegrías efervescentes sino dichas tranquilas, la sobria ebrietas de la que hablaban los antiguos. Nada puede ser para mi feliz sino va acompañado de sosiego. Quiero estar en mi centro, ser axial siempre.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Hay momentos
Hay momentos de alegría, de puro éxtasis, de felicidad absoluta, en los que la vida se descorcha y nos sirve en la copa toda su espuma. “Así soy, munificente cuando vosotros, hijos míos, estáis en condiciones de recibirme”. ¡Ay! ¿No lo estamos siempre?
domingo, 8 de agosto de 2010
La alegría
No renuncies nunca a la alegría. Búscala, invéntala, captúrala, ruégala, pero no dimitas de ella. Es lo humano por excelencia, lo que salió con nosotros incorrupto del paraíso. Cuando te embarga, ¿no te reconoces más que nunca, no sientes más tuyas todas las fibras de tu ser? Pájaro en nuestro hombro, su canto nos devuelve el bullicio del nuevo mundo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
El recuerdo de la dicha
El recuerdo de la dicha, ¿trae la dicha? La memoria donde se guardó la alegría ¿la devuelve? ¿Cómo aprovecharnos de lo poseído en otro tiempo? Acaso no tengamos más que la provisión de cada día. El hoy trabaja para el hoy y no sabemos en qué medida ayuda a un mañana abierto.
domingo, 6 de junio de 2010
El vuelo
Una tristeza cobijada, lleno de aliento su pecho, largo su mirar más allá de la pena.
Extiende tu mano y tócala: es la alegría. Lánzala, no la retengas, suyo es el vuelo que suplica.
lunes, 29 de marzo de 2010
Alegría
Amanece desde el fondo el botón de la alegría, rebullendo, sacando la cabeza, como una cría que nace y ya no para. De cuerpo entero la veremos, erguida y muy hermosa, dispuesta a ganar todos los lances para la vida nuestra.
miércoles, 13 de enero de 2010
¡Ar!
La convicción con que la vida planta su “¡ole!” diezma las pesadumbres, los conjuros tristes, las visiones aciagas. En torno a su tienda todo reverdece, sobre todo los huesos, por encima de todo los huesos, que desde la visión de Ezequiel se siguen levantando a la voz de “¡ar!” que ella les lanza.
sábado, 16 de mayo de 2009
viernes, 27 de marzo de 2009
Mientras orinaban juntos
“Y entonces Martín, contemplando la silueta gigantesca del camionero contra aquel cielo estrellado, mientras orinaban juntos, sintió que una paz purísima entraba por primera vez en su alma atormentada”: maravilloso final de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato. Hay que haber leído la novela para sentir cuánta es la maravilla y la emoción que encierra este The End.
“Mientras orinaban juntos”: un acto excretor, ese que hacemos fuera de la vista de los demás, se coloca aquí en compañía de un cielo estrellado, de una paz purísima, de una fraternidad recién comenzada, y no sólo no desentona sino que queda a la altura de sus infinitamente más dignos compañeros. ¡Milagros de la literatura!
domingo, 20 de julio de 2008
La magdalena de Proust
Tantos años oyendo hablar de la magdalena de Proust y al fin me la encuentro en las primeras páginas de Por el camino de Swan, el primer tomo de En busca del tiempo perdido. Y no es para menos toda su ingente fama, porque la reflexión es sublime, hipnotizante, el pasado recuperado desde los hondones de la memoria al hilo del paladeo de un trozo de magdalena. Imensa, estupefaciente magdalena proustiana, que uno quisiera tener en el desayuno todos los días, para sentir, con gozo inefable, el galope de un trozo de vida subiendo desde el fondo abisal de uno mismo, de modo que pasado y presente, memoria y conciencia, duración e instante quedasen inenarrablemente unidos.
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