No quiero que ocurran cosas en mi
cabeza sino que se me ocurran, que
aparezcan ahí porque quiero yo que aparezcan y no por ninguna otra razón.
Quiero ser dueño y señor de mi mente.
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domingo, 6 de noviembre de 2016
martes, 27 de mayo de 2014
Cero escritura
Las ideas se las sirve el yo
ocurrente al yo ejecutivo para que éste, pues eso, las ejecute, como explicó en
su día José Antonio Marina. He de decir que, de un tiempo a esta parte, a mi yo
ocurrente no se le ocurre nada, o muy poca cosa, lo que implica que yo ejecute
muy poco. O en román paladino: no tengo ideas y por lo tanto no tengo palabras.
Cero escritura. El cursor parpadea, parpadea, parpadea... y nada. En el
desierto pues, a la espera del agua.
sábado, 21 de junio de 2008
Yo ocurrente
A veces, de rondón, ese nuestro "yo ocurrente" del que habla José Antonio Marina pone en escena un pensamiento triste. "Ocurre" entonces que se tuerce el argumento del día: éste iba bien, alegre, pero el nuevo personaje deja un hálito mortuorio. ¡Quién tuviera la habilidad suprema de hacer de su "yo ocurrente" un manadero de pensamientos sólo alegres y esperanzados!
jueves, 6 de marzo de 2008
Yo ocurrente, yo orante
Cuando quieres rezar, es decir, "tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama" (Santa Teresa), ¡quién pudiera poner un bozal al "yo ocurrente" (José Antonio Marina), ese que cruza y recruza nuestra mente con imágenes, divagaciones, pensamientos, para conseguir una descansada mente en blanco! ¡Sí, quien tuviera la potencia del yogui para alejar toda esa telaraña torrencial, y, así, desarbolado ese yo, ver alzarse con toda su fuerza al "yo orante"! En esas estamos...
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