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viernes, 1 de diciembre de 2017

Manto de plata

Del “manto de plata”, para referirse a las heladas mañaneras que por fin han llegado, ya está uno un poco harto, pero tampoco es fácil encontrar una expresión que la sustituya con el mismo efecto. ¿Manto de tiza, de harina, de azúcar, de cal, de leche, de algodón? Como que no. Habrá que seguir tirando de la plata, reinventándola.

jueves, 15 de diciembre de 2016

La vida manda

En el improbable caso de que, cuando tenga setenta, ochenta o noventa años, un editor despistado me pidiera que publicase lo escrito hasta ese momento en mi blog, yo le diría: “De acuerdo, pero con una condición: el título, sí o sí, será La vida manda”.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Verse contada

Mi sobrina Sabela vino a buscar en internet un mapa mudo de un mapamundi e imprimirlo para una tarea de clase. Al verse ante el ordenador le sonó una campanilla en la memoria. “¿Tú no escribiste como una historia sobre mí o algo así?” “¿Una historia? No me acuerdo. Déjame que busque en mi blog”. Escribí “Sabela” en el rectángulo de la lupa y apareció esta entrada, de la que no guardaba ningún recuerdo. “Lo que escribí fue esto. Venga, léelo tú”. “¿Solo tenía cinco años?” “Sí, solo cinco. ¿Te acuerdas?” “Sí. ¿Y esto lo ve la gente?” “Pues la que se pasa por aquí sí”. Han pasado seis años desde entonces y Sabela tiene ahora once. ¿Le emocionó un poquito leer mi pequeña historieta? Creo que sí, que le gustó verse “contada”. Me encantaría que fuera la semilla de algo bueno para ella.

martes, 8 de septiembre de 2015

El estilo del escritor

¿Controla el escritor su escritura hasta el punto de que pueda volverla más inteligible, si este fuera el caso? ¿O no podría aunque quisiera? Olegario González de Cardedal, en el prólogo de su libro El quehacer de la teología, dice: “Con el fin de facilitar la lectura, me he esforzado para que el estilo fuera lo más transparente posible, evitando los tecnicismos” (El subrayado es mío). Olegario quiso y supongo (no leí el libro) que pudo hacer que su estilo fuese “más transparente”. Esto viene a cuento porque a mí gustaría entender más y mejor a un determinado bloguero que tiene un estilo a ratos oscuro y enrevesado, lo que hace que yo me aleje de su lectura. Si fuera su amigo tal vez me atreviese a hablarle de esto mas no es el caso. Mi pregunta inicial de todos modos persiste: ¿le sería posible escribir de un modo más “transparente”? Porque a lo mejor no podría aunque quisiera. ¿Escribimos como queremos, como podemos o todo a un tiempo?

sábado, 29 de agosto de 2015

El oficio de vivir

El oficio de vivir, de Cesare Pavese, es uno de los títulos más hermosos que pensarse pueda. Yo lo habría querido para dos libros míos pero no se lo podía pisar. Lo que sí hice fue tomar una mitad para uno y la otra mitad para el otro. Así, “El oficio” me sirvió para titular El oficio de un corazón y “de vivir” para El trabajo de vivir. Otro título del cual quisiera tener también el copyright es Los trabajos y los días, de Hesíodo.

viernes, 21 de agosto de 2015

La vida es un cuento

Cuando no podemos explicar la vida siempre nos queda el recurso de contarla y la narración que entonces surja podrá funcionar como una suerte de explicación. El caso es que haya siempre palabras porque así nunca desaparecerá la posibilidad de que haya un sentido.

jueves, 15 de enero de 2015

La silla y la butaca

Hace no sé cuantos años mi padre mandó construir a un carpintero un escritorio y un silla a juego en madera de castaño. Tienen la reciedumbre y la belleza de las cosas que hacían los menestrales de antes. La silla es de espalda ancha, con apoyos para los brazos, salomónicas las patas y los travesaños; años más tarde se almohadillaron su respaldo y su asiento, lo que la hizo “habitable”; la utilice durante un larguísimo tiempo para sentarme ante el ordenador y escribir; en los tiempos de espera colgaba mi pierna izquierda sobre el apoyabrazos y me giraba hacia el balcón, para ver y mirar. Un buen día decidí cambiar mi vieja hamaca de jardín, en la que leía, por una butaca en condiciones, y de paso decidí también que sería ella el asiento para mi escritura; el tiempo de espera, dado el cambio de infraestructura, exigía un cambio postural; ahora, en un cojín que pongo sobre la mesa, enfrente de la pantalla del ordenador, apoyo la frente y cierro los ojos. ¿Y en qué ha afectado todo esto a mi contrato con las musas?

miércoles, 14 de enero de 2015

Bajo un cono de luz

Algún fallo eléctrico retrasa el encendido de las farolas y por eso están las calles sumergidas en la oscuridad. Yo, en cambio, estoy sumergido en el cono de luz que el flexo me regala cada día, y bajo él aguardo. Mi vida es justamente esto, esperar bajo un cono de luz.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El retiro

¿Se retira la realidad, se retiran las palabras, se retiran los ojos, cuando uno se queda seco y huero? A uno le siguen pasando cosas, las normales de cada día, pero, de repente, ninguna pide ser nombrada, imaginada, como si de ellas se hubiese ausentado la sustancia que habían tenido hasta hace bien poco. Nada te solicita ni sabes tú ser su mentor.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Palabras, palabras, palabras

El “palabras, palabras, palabras” de Shakespeare sería un buen rótulo para identificar una de las vetas de la obra de Javier Marías. La existencia está embadurnada de palabras, rebosa de palabras el mundo y la historia, de todo se ha hablado y dicho demasiado, las cosas se explican, se re-explican, se re-re-explican, no cesa el torrente empalabrador: ¿por qué tanta palabra, tantas palabras? Y lo peor: que la palabra dicha ya nunca puede ser desdicha, queda ahí, atrapando para siempre a quien la dijo, por más que después diga que no la dijo o que diga que dijo “diego” donde había dicho “dijo”. El universo de Javier Marías llora por no ser mudo, acaso también sordo, o simplemente silencioso.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Amistad y literatura

Cuando dos amigos son escritores pueden surgir chispas. Alguna experiencia de este tenor la contó Andrés Trapiello en su viarionovela. La mía con mi amigo X no se debió a nada que tenga que ver con un “yo te leo si tú me lees” ni cosa parecida, sino a algo que yo le dije en una carta y que al le escoció, lo cual provocó que él me enviase otra donde me daba algunas coces; a vuelta de correo yo me defendí. El asunto quedó en tablas y ambos teníamos nuestra parte de razón. No obstante yo me quedé contrariado y con la sensación de “deberle” algo: me sentía su deudor, además de que obraba en mi ánimo el deseo de que ninguna herida quedase abierta. La prosa de X es áspera y me costó mucho por eso leer durante cuatro años (bueno, digamos más bien los dos últimos) su página diaria, de lunes a viernes, en un determinado sito web de la geografía española. Pero lo hice: era, y es, mi amigo, grandísimo amigo, y mi compromiso fue firme a este respecto. La deuda quedó cancelada al final de este periplo. Antes de esto (¿o fue después?), ya me había comprado uno de sus voluminosos libros de filosofía y entré en él dispuesto a llegar hasta el final: me gustó y así se lo hice saber en un correo sincero y exultante que él me agradeció mucho.
Leer es un acto de suprema libertad al que acompaña el deseo de un sumo placer. En términos generales la amistad no debe estorbar este principio. Lo mejor para mí es que no lo estorbe de ningún modo. No obstante también soy consciente de que la amistad obliga en alguna medida, y la amistad con un escritor obliga en esta misma medida a leerlo. ¿Hasta qué punto? No hay ningún problema cuando el escritor amigo es un escritor preferido y si lo hay cuando no lo es, por la razón que sea. Pero incluso si es preferido podemos llegar a determinada altura de la vida a aburrirnos un poco y dejar de leerlo por un tiempo, que puede ser incluso mucho tiempo. Las cuestiones sin número que quedan sin contar aquí las dejamos en manos de todas las parejas de amigos escritores, esperando que, si surgen chispas, no salgan de ellas quemados.

viernes, 17 de octubre de 2014

La vida que me sale al paso

Hay fases de la vida escritora que se agotan y en las que también nos agotamos nosotros. En los primeros años de este blog abundaban las frases o párrafos breves que yo quería de una belleza cortada, fulgurante. Llegó un momento en que comenzaron a hastiarme y la cosa murió de muerte natural. Ahora me pide la mente narrar la vida que me sale al paso sin grandes pretensiones, con ánimo de nada, sólo de encontrarme yo bien haciéndolo y ya está.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Dar forma

Los escritores nos morimos si no conseguimos dar forma a algo: una idea, un sueño, una visión, un sentimiento. Pero nos falta muchas veces y puede ocurrir entonces que esta  “falta de algo” se constituya en el “algo” para que, acto seguido, nos pongamos a escribir sobre el no tener nada que escribir. Me horripila esto y de alguna manera es lo que estoy haciendo ahora. ¡Pero qué punzante es el deseo de dar forma, de redondear, de construir, de crear! Es una auténtica hambre a veces y entonces, si logramos satisfacerla, nos procura un hondo placer.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿En qué paró...?

¿Qué pasa, ya no sé estar quieto, esperando la palabra, sino que enseguida empiezo a removerme en la butaca, a curiosear en internet, para sortear el vacío? ¿En qué paró tu aprendida paciencia y quietud? Me son difíciles últimamente, por lo que se ve. ¡Con lo bien que te demorabas en las nubes que pasan, en lo visto más allá de los cristales!

martes, 27 de mayo de 2014

Cero escritura

Las ideas se las sirve el yo ocurrente al yo ejecutivo para que éste, pues eso, las ejecute, como explicó en su día José Antonio Marina. He de decir que, de un tiempo a esta parte, a mi yo ocurrente no se le ocurre nada, o muy poca cosa, lo que implica que yo ejecute muy poco. O en román paladino: no tengo ideas y por lo tanto no tengo palabras. Cero escritura. El cursor parpadea, parpadea, parpadea... y nada. En el desierto pues, a la espera del agua.

jueves, 16 de enero de 2014

En horas pobres

En horas pobres cuento un cuento pobre, rudimentario, sin fibra. Todo lo que hay es un hueso ya muy pelado, que uno sigue royendo. Se ve uno lanzado al ruedo de la vida sin guión para contar, sin letra para cantar.

¿Nos quejaremos por los días de nuestra vida que no tienen épica, ni lírica, por “las desesperantes posturas que tomamos para aguardar” (Antonio Machado)? Pero “la vida es la zarza ardiente al borde del camino donde Dios da sus voces” (Ortega y Gasset), también la vida pobre, la vida que no arde.

viernes, 10 de enero de 2014

Buscar, esperar las palabras

Es importante que caiga la mandíbula, que los dientes no se cierren, que la lengua permanezca flotando, que nada en el rostro anuncie una tensión interior. La búsqueda entonces, o la espera -son lo mismo-, se sitúan en la posición correcta, donde únicamente se atrapa aquello que viene libremente, sin prisas, sin coerciones, de visita primero y para quedarse después. Sólo así las palabras se escriben sobre el papel.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Entra la luz

Entra la luz en el hueco creado por los brazos cruzados que se apoyan sobre la mesa y la cabeza que descansa sobre ellos. ¿Qué pensaría quien te viese así? ¿Que dormitas, que piensas, que te dueles, que rezas?

Mi cabeza se acuesta en los brazos que, cruzados, descansan sobre la mesa. Encuentra cosas.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Escribir

Cuando digo que me dedico dos horas a escribir digo que me dedico dos horas a esperar tener algo que escribir, cosa que muchas veces no ocurre. Me pongo siempre en posición de parto, pero son muchas las tardes que nada sale a la luz porque nada se engendra en mí.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Hay que poner nombre

Hay que poner nombre a la bolsa que se desliza empujada por el viento,
a la mujer que remolca su gordura hasta el automóvil que la espera,
al joven que sale seguro de su coche con toda la vida por delante,
a la somnolencia mía que no quiere ser vencida por el sueño,
al clip que saco de una caja plateada para prender unas estampas,
a las nubes que hoy por fin nos protegen del sol,
y a estas palabras que hoy no saben amañar más que su pobreza.