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jueves, 22 de junio de 2017

Un largo etcétera (bajo el kiwi)


Terminado el libro, le envío estas letras que publico aquí con permiso del autor:

Querido Enrique:
Bajo el kiwi, he terminado de leer hace un rato Un largo etcétera. Tras la tensión-pasión de Un pábilo vacilante, sentí que la tercera entrega de tu diario-blogg bien pudiera titularse "Vuelta a la normalidad", o "Vuelta al valle" después de haber estado en la cumbre que es Un pábilo. Es un libro muy, muy sencillo, que casi no pesa, pues los niños pequeños, la una llamada Carmen, o Carmencita, y el otro Enrique, no pesan, y son ellos los protagonistas, o por lo menos los más protagonistas, de ULE, que es la puerta abierta al cuarto de sus vidas que tú nos brindas. En este sentido es el tuyo un libro muy poroso, aéreo, casi volátil. La cualidad transparente que tienen los niños, no cualesquiera niños sino estos niños que son tus hijos, impregna por completo tu libro. ¿Un casi-nada tu libro, un haiku alargado en el tiempo que dura seis años? Me gusta pensarlo así, y que leerlo haya sido como zamparse un sorbete de limón. Qué vivan los niños, qué vivan tus hijos, Carmen, o Carmencita, y Enrique.
Un fuerte abrazo.
Suso 

jueves, 10 de julio de 2014

En Madrid un 4 de julio

Se cansa uno a veces de sus “parrafitos” y echa de menos ser un escritor mundano y divertido que se lance a escribir crónicas torrenciales sobre esto y aquello. Pero ya está mi pie muy metido en mi estribo y no me libraré de ser el tipo de escritor que soy. Si suena aquí una pequeña nota de frustración es eso, pequeña, o eso creo, porque a lo mejor es grande y está bien que lo sea si eso significa que uno investigue nuevos vericuetos y se lance por ellos. Cualquiera sabe. El caso es que envidio y admiro la crónica madrileña de mi amigo Enrique y las que está haciendo mi amigo Ángel (aquí, aquí y aquí), todas referidas a nuestro viernes 4 de julio. Yo debo destacar por encima de todo lo que para mí fue más importante: el tan ansiado encuentro analógico, con “presencia” y “figura” (que diría San Juan de la Cruz), con Enrique García-Máiquez. Viejos amigos virtuales desde hace ya algunos años, a los dos nos urgía (re)conocernos cara a cara. La cosa fue después muy rodada, estando de por medio el museo del Prado, su hermano Jaime, amigos suyos varios, Ángel por supuesto, una deliciosa tarde en la casa de David y Carmen, a la que siguió una pre-cena, cena y post-cena con amigos y amigas nuevos de nuestros anfitriones. Qué bonito fue participar en el discurrir libre de las ideas y palabras de unos y otros, donde se habló de pintura, de Bruckner, de Girard, de Casablanca, de Jon Juaristi, de los judíos, del Holocausto, de las familias misioneras que se van a Austria o a cualquier otra parte del mundo, de anglofilia, de anglofobia, de francofobia, de un chiste en el que comparecen un católico, un musulmán y un judío... Altísima civilización le llamo yo a esto, que acaso no sea otra cosa que hablar, escuchar, respetarse y quererse. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

La higuera estéril

Me gusta muchísimo el poema de Enrique García-Máiquez “La higuera estéril”, de su libro Con el tiempo. En los primeros versos, donde se da cuenta sucinta de los hechos, el autor, finísimamente, diríamos que con muy buena educación, comienza reprochándole a Jesús su impaciencia: “maldijo Jesucristo (la higuera) / sin pararse a esperar” (El subrayado es mío). No, Jesús no espera y sacrifica la higuera “a una enseñanza dura para todos”. Pero el autor, llevado de la compasión, no se conforma con el consumatum est de esta higuera condenada a no dar frutos. Nos cuenta entonces como continuó su historia. “Dio la leña más seca”, que encendió por eso “las mejores fogatas del invierno”, a cuyo “arrimo / se juntaron extraños”, “se inflamaba el amor de los esposos” y “los niños reían sin motivo”. Y no sólo la mejor leña sino también buena madera, de la que se hizo “alguna viga” que “sostuvo una casa”, y “una tabla” de un barco “que llegó hasta Tarsis”. Y de la compasión nace la audacia. Otra vez, finísimamente, diríamos que con muy buena educación, el autor le enmienda la plana a Jesús y termina así su poema:
“Aquella higuera pobre, sólo sombra
y polvo, recibió una maldición
y en ese mismo instante fue bendita.
Cuántos frutos la higuera. Siempre es tiempo”.
¿Se identifica aquí el autor con el viñador que, según la versión de Lucas (13, 69), tras recibir la orden del dueño de cortar una higuera que llevaba tres años sin dar fruto, intercede por ella y le responde: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas”? ¿"Corrige" al evangelio con el evangelio, a Jesús con Jesús?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Una fantasía

Una fantasía
Dos carnes que pretenden hacerse una, ¡qué fantasía! Sin embargo ahí están, hombres y mujeres entregándose al cuento de “Cómo abandonaron a su padre y a su madre y se hicieron una sola carne”.
Está
La que no está está. Tú la has entrañado.
Subjetivo
El amor no es que sea subjetivo, es que rabiosamente quiere serlo, y planta cara a quien le diga “no eres objetivo”. “Es que no amo a un objeto”.
A Enrique García-Máiquez, por su tiempo.

Léanlo. Es una maravilla.

viernes, 23 de enero de 2009

DÍA HISTÓRICO

A uno, tras un DÍA HISTÓRICO, tanto como gusta de sus "días no históricos", no le queda pena alguna porque aquel pase e ingrese también él en el baúl de los recuerdos. En un DÍA HISTÓRICO las candilejas del escenario emiten demasiada luz y a uno no le gusta estar tan expuesto. Apagadas las luces, bajado el telón, ido el público, la vuelta de la "no histórica" vida es muy bien recibida. Aunque uno no tenga una vida emocionante, que diría el maestro García-Máiquez, sí la tiene emocionada (Casa propia): sus plácidas mañanas en la secretaría del instituto, sus arcádicas tardes de lectura y escritura, sus edénicas noches de cine... Sí, es emocionante (también emocionante, querido Enrique) tener una vida "no histórica". En ella estoy, de ella vivo.