El Misterio no va más allá de un ligero roce porque quiere que su acción sea tal que nadie se sienta obligado a aceptarlo. Por eso, sin avasallar nunca, sólo se insinúa, como un amante tímido que, temeroso de ser rechazado por su amada, apenas si se deja ver y no deja más rastro que una presencia furtiva, aquí y allá, suficiente para que ella, si quiere, sepa de él, y, si acaso sigue queriendo, decida abrirle su corazón. Ante un corazón abierto, que lo recibe, ya tiene cancha el Misterio para ser menos furtivo y más presente. Abierta la amada al flirteo, si se deja seducir y encantar, de seguro pasará a ser novia, y, ya como esposa, yacerá en el lecho abismal del Misterio. Lo que empezó con un roce termina con un abrazo. Si nos dejamos querer, quien un día fue sutil pluma sobre la cara otro día será coyunda con nuestro cuerpo entero. A menos que esto no aspira el Misterio Amante.
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martes, 30 de noviembre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
Sólo misterio
Vuelve una y otra vez mi “no sé quien soy”, contra el que se alza siempre el “yo sé quien soy” de Don Quijote. ¿Cuál es el contenido de este mensaje que me frecuenta tanto últimamente? Quizá se trate de un suave empujón a descender más, o a ascender, para llegar a orillas donde quede mejor definido. Un “yo sé quien soy”, ¿no puede ser una trampa si ello significa quedar anclado sin desplegar las velas? Pero a lo mejor tampoco importa tanto saber quién sea uno si ello significa descifrarse donde no hay ningún enigma, sólo misterio. Y los misterios pertenecen a Dios.
martes, 19 de enero de 2010
El envés
“¿Quién sabe del envés de cada hora?”, se pregunta Juan Ramón Jiménez. ¿Quién sabe del envés de las horas terribles, las del horror en Haití? ¿Qué intérprete divino lo columbrará y nos dará las palabras necesarias? Pero acaso no nos diese sino silencios, preñados de misterio y sentido, donde quedase claro que no puede el horror tener la última palabra, tampoco el último silencio.
martes, 22 de diciembre de 2009
Destino
Los que echan mano del “destino” para dar cuenta del porqué de determinados hechos, sobre todo de los especialmente luctuosos, lo hacen porque no aceptan que tales acontecimientos queden al abrigo del mero azar, como desgobernados, sin nada ni nadie que lo justifique. Quieren procurarles un sentido para, de algún modo, poder encajarlos. Los sucesos dichosos encajan por sí solos, no necesitan ayuda metafísica ni religiosa de ningún tipo, a no ser para apuntalarlos y otorgarles profundidad y perennidad. Su dicha es ya su sentido y no hay más vueltas que darle. ¡A gozarlos pues! Pero, ¡ay!, los que nos desgarran, esos no traen consigo sentido sino sinsentido, y entonces elevan la pregunta: ¿por qué?
Mala respuesta, y fácil, es apelar a ese improbable “destino”. ¿Y quién sería el “destinador”, quién nos robaría el guión de nuestras vidas atándonos a uno previamente escrito, y con tan dolientes capítulos? No, no puede ser ésta la respuesta. Tampoco lo es el azar, que nos lleva a peores callejones sin salida. La única posible es el misterio, el que subyace a todo lo que nos ocurre, también y especialmente a lo difícilmente encajable, a lo que nos duele hasta la exasperación. El misterio, sí, ámbito de luz y de sentido, donde ni el azar ni el determinismo tienen cabida, y sí un camino amparado por Alguien, donador y guardián de libertad.
martes, 10 de marzo de 2009
Ámbito de luz
Cuando entras en un ámbito de luz, las cuestiones que te asediaban desaparecen como por ensalmo. Nada se ha resuelto a nivel estrictamente intelectual, racional, y en tal sentido sigues sin respuesta. Pero lo que ya no sigue es el punzamiento de la pregunta, su aguijón, su cara de esfinge acosadora. Continúas en el mismo punto pero más arriba, donde el enigma ha depuesto sus cuchillos.
jueves, 30 de octubre de 2008
Aguanta conmigo
Aguanta conmigo el misterio: yo solo no puedo. Ven, acércate, dame la mano, hombro con hombro será menos pesado para mí. ¿No lo es también menos para ti? Y quedaremos abiertos, podrán venir más a arrimar su hombro, a darnos la mano, a soportar juntos lo que es a veces gran bola de acero, enigma con clavos.
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