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jueves, 10 de junio de 2010

Conclúyeme

Ven, échate a mi lado, vida, conclúyeme, que nunca soy del todo. Completa mi dibujo, rellena mi interior. Saca de tus honduras la figura que tú quieres para mí y, a tu luz, sea yo visto como un hombre terminado. Y lo que dejes en sombra, rastro tuyo sea, no tu negación.

jueves, 15 de abril de 2010

Configurado

Ritualízate, date forma, sé ceremonial. Ataja todo le que en ti se pierde al desbordarse. Búscate en un modelo, encaja en él, sé así perfecto. Recógete en tu horma y esplende desde tu ser configurado. En tu dominio de hombre hecho vivirá a gusto tu mundo salvaje.

sábado, 27 de febrero de 2010

Nombrado

Nombrado por otro, quedas a salvo de la difuminación. Tiene tu espesor un límite en el que permanecer, una silueta tu masa. Al albur del azar ya no estás. Del rescate son las huellas.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Conformarse

Conformarse, darse forma a sí mismo con el cincel de la humildad, de modo que quede excluido todo lo que no sea la verdad de la propia vida, de ser mejor, de ser más, de ser uno mismo sin ningún tipo de resentimiento.

viernes, 13 de noviembre de 2009

He aquí el hombre

El hombre se individua, afila su perfil hasta la más intensa concreción, se hace esta nariz, y no otra, estas pestañas, y no otras, esta frente, y no otra, estos labios, y no otros, esta mandíbula, y no otra, y así con todo. Desdeña toda abstracción, todo falso universalismo, de modo que sólo el novelista, el poeta, el pintor, el fotógrafo, el cineasta sabrán decirnos: ¡He aquí el hombre!

lunes, 2 de noviembre de 2009

El rudo vivir

Le gustaría verse a sí mismo como un personaje de novela ya terminado, con su historia completa, su destino contado, sus circunstancias descritas, sus contradicciones interpretadas, alguien del que se pudiera decir, por ejemplo, “que pasaba sus horas de duelo tomando té y escuchando música en la radio”, de modo que, sustanciado en una frase clara y concisa, con toda la luz en ella, sin más pliegues ni recovecos ni vueltas ni fisuras, pudiese vivir sin tener que hacer su vida, sólo copiarla. Sin  embargo, no sería así. Arrojado al rudo vivir, como todo hombre sobre el mundo, debería hacerse, construirse, con luz o sin ella, acertada o equivocadamente, arriesgándolo todo en cada lance. Todavía no había descubierto la grandeza que había en esto. De momento, sólo veía su dureza.

miércoles, 20 de agosto de 2008

El ritual

En ciertos procesos vitales, si el fondo no encuentra su forma, el contenido su continente, la impresión su expresión, el caudal su cauce, el paso adelante requerido por tal proceso puede quedar gravemente alterado o hasta truncado. Me llevó a pensar en todo esto un hecho que me contó mi amigo Emilio. Un amigo suyo, tras perder una hija debido a un cáncer, y por carecer de creencias religiosas, limitó sus exequias a un simple vertido de sus cenizas en algún lugar. Así de simple, sin más. Este padre "huérfano" de hija yace ahora en una depresión profunda. Se preguntaba Emilio, y yo con él, si el no haber ritualizado la despedida, el adiós, el no haber realizado una ceremonia que recogiese en su seno toda la pena y la exteriorizase adecuadamente, no habrá contribuido a que el desgarro inevitable se hiciese mayor. Un acontecimiento de tal calibre, la pérdida de una hija, un "fondo" así, necesita una "forma" que lo ritualice de verdad, que lo "exprese" enteramente, que le dé algún tipo de sentido: el adiós al ser querido muerto necesita su ceremonia, la necesita el muerto y la necesitamos nosotros, para que el fondo, el contenido, el caudal de nuestra pena encuentren su forma, su continente, su cauce. Necesitamos "enterrar" a los muertos, darles cabal "sepultura" para que el proceso del duelo pueda iniciar su camino. Ese dentro-fuera, interior-exterior en que consistimos debe funcionar adecuadamente, de distinta manera en cada uno, para que la maduración sea posible.