Aunque reconozco que es una actriz muy buena, aún
no le tengo cogido el punto a Anne Hathaway. Sus ojos inmensos (a este
respecto, pertenece desde luego a la categoría actriz-ojos, en la que están
Bette Davis, Susan Sarandon, Charlotte Rampling, Jacqueline Bisset, Marisa
Berenson) me despistan y siempre me parece un poco extravagante. El caso es que
en la película El becario, de Nancy Meyers, está perfecta con un Robert
de Niro igual de perfecto en la que la química entre ellos funciona a la
perfección. Cuando una comedia neoyorquina marcha bien, como es el caso de ésta, te
tonifica tanto como te relaja, y te vas entonces a la cama la mar de contento.
Si tuviste un día inquieto este tipo de películas es ideal. Son simpáticas,
sentimentales, amables, sencillas, inteligentes. Solo o acompañado, para una
tarde de domingo o para disfrutar por la noche, al verlas te dan ganas de irte a
Nueva York a vivir con su gente.
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lunes, 5 de febrero de 2018
martes, 30 de enero de 2018
Jacqueline Bisset
Al desconocer que iba a encontrarme con
Jacqueline Bisset en El amante doble, de François Ozon, tuve una alegría
mayor que la que hubiese tenido de haberlo sabido. De repente apareció con sus
bellos ojos azules y yo me dije “¡guau!”. Tardé en enterarme de que es una
actriz británica. Al llamarse Jacqueline y tenerla asociada a La noche
americana, de Truffaut, siempre pensé que había nacido en suelo francés. En
cierto modo es así, pues su madre era del país galo. Su dueto con Candice
Bergen en Ricas y famosas, de George Cukor, es absolutamente
inolvidable. De la mano del expertísimo director de mujeres, levantan entre las
dos una película portentosa, puro y gozoso cine. Pero el primer plano que viene
a mi memoria siempre que pienso en ella es el de la mentada película de
Truffaut, aquel close-up que la muestra felina e increíblemente hermosa. Ella
aparece tras la claqueta, y yo reproduzco en mi cabeza su golpe y digo:
“¡acción!” Todos los seres humanos somos nuestros ojos pero unos lo son más que
otros. Es el caso de Jacqueline Bisset.
miércoles, 24 de enero de 2018
Victoria Abril
Lo que le había ocurrido a Victoria Abril el día
que apareció en la alfombra roja de Cannes en bragas, cubierta de cintura para
arriba, eso sí, es que, cuando se estaba poniendo el vestido en el hotel, se
encontró con que no le habían enviado la parte de abajo del mismo. “¿Y qué hago
yo ahora? No tengo una cortina a mano que me vaya a juego y desde luego tengo
que estar en la alfombra sí o sí porque de lo contrario no me vuelven a
contratar en la vida. Veamos, a ver cómo me veo ante el espejo. Bueno, la
braguita es muy mona, tirando a pantaloncito, mis piernas están en su punto, y
ya todo el mundo sabe que yo, de cuando en vez, me monto un numerito para
llamar la atención, así que, hala, allá que me voy”. Y allá que se fue la tía.
lunes, 22 de enero de 2018
Gary Oldman
Gary Oldman es uno de los míos. Me cayó bien desde el principio. El Drácula que interpretó para Coppola es terrorífico y genial. Por su forma de encarnar a los personajes, creo que se inscribe en la estela del Actors Studio y sus Brando, Newman y demás. El George Smiley, de la novela de John le Carré, al que dio vida en la película El topo, es una de las mejores interpretaciones que he visto en toda mi vida. Parsimonioso, frío, ejecutor, da su golpe maestro y vence al final a todos en un acto de suprema inteligencia. En varios momentos de la película lo vemos nadando en una piscina. En ella se relaja. La escena es poderosa porque comprobamos hasta qué punto es dueño de sí mismo. Casi sentimos cómo ordena su pensamiento, cómo avanza hacia la solución final. Parece un reptil que avanza cauteloso hacia su víctima. Y todo esto viene a cuenta del Globo de Oro que ganó hace unos días por su interpretación de Winston Churchill, en la película Darkest Hour. Cuando habló, tras recoger el premio, estaba emocionado. El último agradecimiento fue para el premier británico. Él también lo es, concretamente de Londres. Ganará el Óscar, claro.
viernes, 17 de noviembre de 2017
Deborah Kara Unger
Qué alegría
encontrarme de nuevo con Deborah Kara Unger en The Way, la película
sobre el camino de Santiago que dirigió Emilio Estévez y que tuvo como
protagonista principal a su padre, Martin Sheen. Sólo conservaba dos recuerdos
de esta actriz canadiense. El primero corresponde a su actuación inmensa en The
Game, y el segundo me trae la imagen de un bar, de un mostrador y de ella
sirviendo unas copas en no recuerdo ya qué película. Creo que en esta última ya
había prorrumpido en un “¡hombre, Deborah, qué alegría verte de nuevo aunque
sea en un papel secundario!” Deborah Kara Unger pertenece a ese tipo de mujer
que, por su belleza y contundencia, siempre me atrae. Pertenecería a la saga
que encabeza Katharine Hepburn desde el pasado y Sigourney Weaver en el
presente. En The way interpreta el papel de una mujer rota, que fuma sin
parar y que pretende dejar de hacerlo en cuanto llegue a Santiago. Pero, como
ella bien dice cuando está con sus tres compañeros de ruta delante del mar en
Muxía y enciende de nuevo un cigarrillo para sorpresa de ellos, no se trataba
de eso. En un momento dado de la película, se sincera con el personaje que
interpreta Martin Sheen y le dice que su marido la maltrataba. No soportándolo
ya más, y estando en esa época de su vida embarazada, decidió abortar para que
su bebé no fuera víctima del mismo maltrato. Y añade: “A veces escucho su voz…
La de mi bebé… Sé que es una locura porque no llegó a nacer, pero me imagino
cómo habría sido su voz. Y a veces la oigo. A veces juraría que la oigo”.
viernes, 25 de agosto de 2017
Siempre Sigourney
Es
magnífico el arco que traza Sigourney Weaver desde la anti-monster teniente
Ripley, que interpretó en Alien, hasta
la monstruosa Alexandra, la villana que interpreta en The Defender. Allí, buena, mata al monstruo; aquí, mala-malísima,
es el monstruo al que finalmente matan.
jueves, 4 de mayo de 2017
Jeff Bridges
¿Cuándo conocí a Jeff Bridges? Imposible saberlo.
Es otro de los actores que amo y, desde el primer momento, un amigo y ahora ya
un viejo amigo. Hace unos días volvimos a vernos en Comanchería (2016) y por eso lo traigo hoy aquí. Dicen de él que es
“un actor de raza” y yo me pregunto qué significa esto. ¿El que actúa por
instinto frente al que actúa por método? ¿El que nace y se hace frente al que
no nace y después se hace? No lo sé, pero en cualquier caso me gusta la
expresión: “un actor de raza”. Sin tardar, acude a mi memoria La última película (1971), en la que
Jeff tenía veintidós años y en la que formaba un precioso tándem crepuscular
con Timothy Bottoms, y, muy rápido también, el último plano de Fat City, ciudad dorada (1972), donde lo
veo acodado en la barra de un bar al lado de Stacy Keach. Después, el traedor
de recuerdos pega un salto de veintiséis años y me pone ante El gran Lebowski (1998), de los hermanos
Coen, en el que aparecía ya su versión barrigona y un tanto pasota y de la que
algún rastro queda en la película por la que ganó el óscar al mejor actor, Crazy Heart (2009). Sigue
matrimonialmente unido, desde 1977, a su primera y única mujer, Susan Geston,
lo que hace que lo ame todavía más. Un tipo decente en toda su extensión: como
hijo, como hermano, como marido, como padre, como amigo, como actor… Ojalá,
Jeff, que no nos falte nunca gente como tú en el mundo del cine.
sábado, 22 de abril de 2017
Sampietro, Suárez
Mercedes Sampietro debiera haber sido nominada al premio a mejor actriz en la última edición de los premios Goya por su majestuosa interpretación en la película Las furias. A falta de ver la actuación de Penélope Cruz en La Reina de España, sería a ella a quien yo hubiese entregado mi voto, y otro también para su belleza: sale hermosísima en el film de Miguel del Arco, con un pelo blanco y reluciente que parece coronarla de gloria.
En Las furias actúa también Emma Suárez, que hizo doblete en los premios Goya de este año: mejor actriz principal y mejor actriz secundaria. Está estupenda, excepto cuando le sale el careto dramático-trágico, el mismo que utilizó en la película de Almodóvar, Julieta, y que le valió el antedicho premio a la mejor actriz principal. A ver si abandona estos mohines y la vemos en una película cómica, o de aventuras, o en una dramática, vale, pero en la que esté mejor dirigida. Yo amo a Emma Suárez, a cuyos pies, como a los de Mercedes Sampietro, me pongo.
jueves, 23 de febrero de 2017
Jackie
Jackie, de Pablo Larraín, es una
historia de fantasmas. En esta película, el director chileno imagina cómo
pudieron ser los días vividos por Jacqueline Kennedy tras el asesinato de su
marido en Dallas y hasta el día de su funeral. A Jackie (interpretada por
Natalie Portman), la vemos casi siempre en primer plano y nunca alcanza a tener
una consistencia real, la de los seres de carne y hueso, como si con ello
Larraín quisiese subrayar su dolor, pues tal es su efecto cuando su intensidad
es desgarradora: los dolientes navegan como náufragos entre los demás y parecen
no existir. Jackie es un ser que vaga, pero no tanto que no pueda pensar,
hablar, tomar decisiones. Sin embargo, atravesada por el dolor en todo momento,
el abatimiento la desrealiza, y es
esta pérdida de realidad la que Larraín consigue mostrar con recursos
exclusivamente cinematográficos: no lo dice sino que lo vemos. Pero creo que
el director chileno quiere además que notemos que su narración no es más que un
pudo haber sido así, que su Jackie
doliente no es más que un parto de su fantasía.
jueves, 16 de febrero de 2017
Los ojos de Davis, los ojos de Sarandon
Siempre
pensé que había un hilo directo entre los ojos de Bette Davis y los de Susan
Sarandon y, mira por donde, la actualidad cinematográfica viene a
confirmármelo. La cadena HBO va a estrenar una mini serie que cuenta los
avatares del rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?, protagonizada por Bette Davis y
Joanne Crawford. Pues bien, ¿saben qué actriz encarna a la primera? ¡Susan Sarandon!
lunes, 30 de enero de 2017
Meryl Streep, again (y van veinte)
Este año Meryl Streep ha recibido
su vigésima nominación a los óscar, y vendrán más en años próximos, eso seguro.
Yo me uno a todos los que afirman que es una actriz sobrevalorada. Es muy
buena, de eso no cabe duda, y a mí me gustó muchísimo en Kramer contra Kramer, Silkwood, Los
puentes de Madison, Las horas y El diablo se viste de Prada. Lo que no
me gusta de la Streep es que, teniendo una técnica perfecta, no consigue que no
se note que la tiene. Esto le quita magia, verdad, espesor, a muchas de sus
interpretaciones. Su tan alabada interpretación de Margaret Thatcher, por
ejemplo, que le valió su tercer óscar, fue, sí, una genial imitación, pero solo
fue imitación y no recreación, salvo quizá en la parte que cuenta los últimos
años de vida de la premier británica, cuando ya padecía los efectos del
alzheimer. Recuerdo que por esas fechas, recién estrenada la película, Elvira
Lindo comentaba esto mismo y hacía valer su argumento contraponiendo a la
interpretación de la Streep la de Julianne Moore en el personaje de Sarah
Palin, la cual, más que un calco genial, lograba la recreación vívida de esta
política estadounidense.
lunes, 8 de agosto de 2016
Julieta
Julieta,
de Almodóvar, me ha decepcionado profundamente. De tan estética resulta
estática, sin nervio ni pasión. Su contención, lejos de concederle sutilidad le
resta verosimilitud, cosa que también le ocurre a la historia en alguno de sus
ramales, por ejemplo el de Antía, la hija de Julieta. Su huida y posterior
reaparición doce años después resulta inverosímil. Es un personaje mal trazado
y peor resuelto. Y con Adriana Ugarte y Emma Suárez no alcanza el director
manchego lo que normalmente logra con sus actrices, la excelencia. Adriana
Ugarte solo llega a ser algo más que un maniquí y Emma Suárez no tiene toda la
profundidad que debiera. Más que crear parece que fabrican el personaje de
Julieta. Pero el problema no es de ellas sino del guión y la dirección. Rossy
de Palma, a la que nos gusta que haga siempre de sí misma, resulta irritante
haciendo aquí de sí misma. Este personaje hubiese requerido una actriz menos
cómica. Es una película que desde el principio va con demasiado freno y mucha
estética, y así no hay manera de que funcione. Una pena, y ya van dos seguidas,
después de Los amantes pasajeros.
jueves, 9 de junio de 2016
Jane Fonda
Jane Fonda está grandiosa en la igualmente
grandiosa La juventud, de Paolo
Sorrentino. Su actuación solo ocupa cinco minutos en el metraje de la película pero
ella consigue que parezcan muchos más. A mí siempre me pareció una actriz
enorme. Ahí están, para demostrarlo, Los
felinos (1964), La jauría humana (1966), Descalzos en el parque (1967), Danzad, danzad, malditos (1969), Klute (1971), El regreso (1978) y Cartas a
Iris (1989), entre otras. Cuando en su momento se dijo que Jane Fonda había
comprado los derechos para hacer un remake de Mujeres al borde de un ataque de nervios en la que ella haría el
papel que Carmen Maura había hecho en la película de Almodóvar, cada vez que mi
admirado y recordado crítico Ángel Fernández-Santos le negaba a la actriz
norteamericana cualquier posibilidad de llegar siquiera a la suela de los
zapatos de la actuación de la actriz española, yo me irritaba. “A Jane ni tocarla,
¿vale?”, le decía en mi interior. Nunca sabremos qué habría dado de sí la
performance de Jane Fonda en ese remake nunca realizado, pero nadie la sacará
del Olimpo en el que residen las mejores actrices de todos los tiempos. Y de
las más bellas, ojo.
sábado, 4 de junio de 2016
The Graham Norton Show
“The Graham Norton Show” me reporta muchas
alegrías porque comparecen muchos actores y actrices, conocidos la mayoría y
desconocidos la minoría, admirados y amados por mí muchos de ellos. Aunque no
entiendo ni jota me da igual: me basta con verlos. Verlos en acción sin la
máscara del personaje, verlos pues en
persona, contestando a las preguntas de Graham Norton, riendo y haciendo
reír, es para mí un placer sumo. Creo que es la única idolatría que me permito,
siendo muy consciente de que los idealizo. Ellos me dirían, y con razón, que su
trabajo no es tan milagroso como uno piensa, solo una mezcla de técnica y de
alma. Lo que ocurre es que, dado que encarnan en el cine realizaciones del ser humano que el marco de una pantalla
catapulta, y que estas realizaciones son personajes de carne y hueso con los
que se entra en contacto para salir siempre enriquecido, les guarda entonces
uno eterno agradecimiento hasta el punto de sentirlos como hermanos.
jueves, 11 de febrero de 2016
Don Draper
Desde el segundo uno del
primer capítulo de la primera temporada de Mad
Men, su protagonista, Don Draper me pareció un hombre triste y débil.
¿Buscaban este efecto los creadores de la serie, que advirtiéramos desde el
primer instante, debajo (¿o más bien “junto, mezclada con”?) de su apostura y
fortaleza, su tristeza y su debilidad? De ser así, en las labores de casting,
al aparecer el actor Jon Hamm, más en concreto, al aparecer la mirada de Jon Hamm, los responsables
dijeron: “Este es nuestro hombre”, el hombre que cae, que siempre está cayendo,
como vemos en los magníficos títulos de crédito. Verlo y verlo asustado,
medroso, es todo uno. Está ahí, en sus ojos, ese increíble misterio.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Los actores
¿Cómo consigue Jon Hamm, el
actor que interpreta a Don Draper en la serie Mad Men, tener esa mirada líquida y triste? ¿Cómo consiguen los
actores ser actores? That’s the question.
Con talento y trabajo, claro, pero a mí siempre me parece un milagro que
consigan encarnar a otro ser, vivirlo y hacérnoslo creíble. Hay como una punta
de misterio en ellos, en ello, algo que se me escapa siempre y no sé descifrar:
ser otro en alma, carne y hueso.
viernes, 5 de febrero de 2016
Los actores negros
Hace unos días fue noticia
en los media la protesta de los
actores negros por la falta de candidatos ídem
a los Globos de Oro y a los Óscars. Algunos de ellos, como Will Smith, no
acudirán a la entrega de estos últimos para escenificar su protesta. Si aquella
falta de candidatos negros obedeció a motivos racistas, es decir, si hubo
críticos en lo que se refiere a los primeros, los Globos, y miembros de la
Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en lo que se refiere a los
segundos, los Óscars, que no votaron a quien lo merecía porque era negro (o
negra), entonces mi reprobación es también absoluta y, de ser yo actor negro,
no acudiría tampoco a la ceremonia de la entrega de los premios de la Academia.
Y puestos a ser algo, de ser yo Leonardo di Caprio, quien merece pero ya que le
den el Óscar, porque es un actorazo, porque me cae bien y porque lucha contra
el cambio climático (en este punto está en pie de guerra con el papa Francisco,
a quien visitó no hace mucho), mis palabras, es decir, las de Leonardo di
Caprio, tras recibir la “codiciada estatuilla”, serían las que siguen: “Dedico
este Óscar a Alfre Woodard, Angela Basset, Chiwetel Ejiofor, Cuba Gooding Jr., Dany
Glover, Denzel Washington, Don Cheadle, Eddie Murphy, Forest Whitaker, Gabourey
Sidibe, Halle Barry, Jamie Foxx, Jeniffer Hudson, Laurence Fishburne, Lupita Nyong’o,
Morgan Freeman, Pam Grier, Queen Lattifah, Rosario Dawson, Samuel L. Jackson, Sidney
Poitier, Spike Lee, Steve McQueen, Thandie Newton, Viola Davis, Wesley Snipes, Whoopi
Goldberg, Will Smith, por mencionar solo a algunos de nuestros grandes
compañeros negros. Es para vosotros, chicos”.
viernes, 30 de octubre de 2015
Los 400 golpes
Ni a la primera ni a la segunda: fue a la
tercera, en pantalla grande, cuando Los
400 golpes, de François Truffaut, me golpeó. Nada más arrancar la película,
con los títulos de crédito sobrepuestos a un bellísimo París en blanco y negro,
supe que iba a ser así. La película de Truffaut necesitaba la gran pantalla
para propinarme un puñetazo emocional y estético. ¡Qué París el iluminado por
Henri Decae, al que de buena gana hubiera saltado desde el patio de butacas si
alguna improbable metafísica lo permitiera! ¡Y qué compases los de la música de
Jean Constantin, tan chaplinescos, puestos ahí como caídos del cielo, el que
necesita el joven Antoine Doinel y nosotros para no ahogarnos en la tristeza! Y
qué actorazo, Dios mío, Jean-Pierre Léaud, dando vida al protagonista. Yo
repudié en su día ese aire leve que proponía la nouvelle vague, un frescor que a mí me parecía demasiado etéreo,
acaso bordeando la superficialidad. Vista de nuevo Los 400 golpes, no otra cosa que un purísimo aire fresco es lo que
me arrebata.
martes, 18 de agosto de 2015
El doctor Zhivago
Me resultó imposible leer El doctor Zhivago sin tener
continuamente delante de los ojos los rostros de Omar Sharif y Julie Christie,
protagonistas de la película homónima de David Lean. Dado el profundo aliento
poético de esta, la novela se llenaba de
él y creía estar leyendo una novela-poema. ¿O será que el director británico
rodó una película poética porque era el único modo de hacerle justicia a la
obra de Boris Pasternak? El caso es que, con un Sharif-Zhivago y una
Christie-Lara tan aureolados de poesía, la lectura de la novela de Pasternak fue,
a la par que un acontecimiento narrativo, un acontecimiento poético.
jueves, 26 de marzo de 2015
Mis amigos los actores
Leídos algunos titulares y los artículos y columnas de los de siempre -cinco, seis, siete autores-, paso páginas impresas y páginas digitales sin que nada me interese salvo las entrevistas a actores y actrices. Allí que veo una allí clavo mis ojos. He estado últimamente con Robin Wright, con Matthew McConaughey, con Penélope Cruz y con Colin Farrell. Robin Wright dice que “lo mejor de hacerse mayor es que uno deja de preocuparse de pequeñeces”. Matthew McConaughey habla de su padre: “Me enseñó muchas cosas. A ser responsable y autosuficiente. A no decir que no puedes. A no mentir”. Penélope Cruz, tan adicta al trabajo en otro tiempo, supo levantar el pie del acelerador. “El personaje de tu propia vida es otra planta que también hay que cuidar, porque si no se seca. Y paré”. Yo, que soy emocionalmente muy pro-Irlanda, siempre me encuentro muy a gusto con los que tienen ascendencia irlandesa: “Es que ser irlandés, dice Colin Farrell, te deja una marca indeleble. Tiene que ver con el carácter de nuestra gente y nuestro aprecio por la vida, pero también con nuestra melancolía. La tierra, en sí misma, te persigue. Te vuelve loco. No es una belleza suave, tiene cierta tristeza asociada. Hay partes del país que te emocionan con solo mirarlas”.
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