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miércoles, 11 de enero de 2012

El tuétano

Todo lo que no sean las pláticas y aventuras del caballero de la triste figura y de su escudero lo leemos de prisa y con impaciencia, para retornar al asunto de nuestras entretelas, el tuétano sabroso en torno al cual todo es hueso en la novela cervantina. Salen ellos de escena y ya los echamos de menos. Quién sabe si todas las largas digresiones del relato tenían justamente esta intención en la mente de Cervantes, hacernos suspirar por la vuelta al primer plano de don Quijote y Sancho Panza, el tándem más entrañable de la literatura universal.

La suerte de la fea...

Quien vio gigantes en unos molinos y yelmo en una bacía, ¿no había de ver en la fea Aldonza Lorenzo a la más bella de las doncellas? Así hubo de ser, porque, además, ¿qué decir de Rocinante como caballo y de Sancho Panza como escudero, comparados con los que muestran los más altos libros de la caballería? Cervantes, en lo que respecta a la dama del caballero, no se salió tampoco de la lógica del conjunto quijotil. Fea habría de ser, para que la chifladura de Don Quijote obrase la transfiguración.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Yo nací libre


Cada uno tiene sus ritornelos, esas fresas leídas un día y retenidas ya para siempre. Uno de los míos es el modo como se describe la pastora Marcela en el capítulo XIV de Don Quijote: “Fuego soy apartado y espada puesta lejos”, que me encandiló en su día y me ha vuelto a encandilar al escucharla de nuevo (Don Quijote de la Mancha es lo que ahora ocupa mis oídos, mp3 mediante, en mis caminatas). Se encuentra en su famoso discurso, a buen seguro uno de los más encendidos y bellos panegíricos de la libertad y la independencia que se  hayan escrito nunca: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos”.
“Yo nací libre”, y libre vivo, pudiera seguir diciendo Marcela, y libre querré morir. Toda persona puede y debe decir lo mismo: “Yo nací libre”. Después, con la misma rotundidad, debiera también poder decir: “Yo vivo libre”. Solo en las montañas, con su fuego y su espada, le será hacedero.