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jueves, 18 de febrero de 2016

Argénteos campos

Por fin una helada como Dios manda, concesión inaudita de un invierno crudamente cálido. “Argénteos campos”, ¿dónde estabais? Anhelaba vuestra pureza, el golpe del frío en mi cara.

sábado, 3 de enero de 2015

El invierno

El invierno es felizmente contradictorio. La estación de los fríos, los hielos, las lluvias y las nieves es también la que ve crecer el poder del sol, la duración de la luz: desde su inicio, el invierno porta en sí la semilla que lo destruirá. Es por eso la estación más traslaticia, la menos independiente, la más alejada de sí misma. Ojalá que todos los inviernos de nuestra vida sean así.

martes, 30 de diciembre de 2014

El frío

El frío ha llegado con el invierno, no antes; sin capricho, se ha ajustado este año al almanaque. Es un frío solar y azul, despejado, que curte las carnes y deja hielo en las hierbas. Así lo he observado esta mañana mientras venía en el coche al instituto, mantos de plata a un lado y a otro de la carretera. Siempre he pensado que este frío comedido, en torno a los cero grados, es saludable, porque espabila las naturalezas y los caracteres. No tolera las personalidades muelles, tornadizas, untuosas: llama a la rectitud, impone la reciedumbre. Da un nombre exacto a las cosas, les confiere una cualidad estatuaria. Es imperativo, regidor, mandatario.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Día bien pintado

En invierno vuelve el que yo llamo “día quieto”, siempre un día frío, pleno de sol y luz, en el que no corre el aire, esencial, puro. Las personas y las cosas son más exactas, están más y mejor perfiladas, como si fueran diamantes. Son días “realistas”, en las antípodas del impresionismo, del sfumato, del surrealismo, del hiperrealismo, del expresionismo. Hay línea, perspectiva, volumen, masa, color: el día quieto es un día bien pintado.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Temporada otoño-invierno

Al encender la cocina de leña queda inaugurada la temporada otoño-invierno en mi casa. Previamente habíamos llamada a un profesional para que efectuase una limpieza en condiciones de la chimenea: expedita quedó la ruta para que el humo encuentre su salida al aire libre. Uno, por las mañanas, acarreará otra vez la leña que alimentará la lumbre a lo largo del día. La cocina vuelve a ser la morada habitual de mi madre y no la sala, que es la del verano: del sofá se traslada al banco acolchado; del televisor grande al televisor chico. Yo, por mi parte, inauguro la temporada poniéndome un chándal abrigosito; en cuanto al pijama, ya hace días que dejé el del verano y uso el de entretiempo. Más adelante, cuando el frío sea mayor, vendrá el cambio de edredón y el uso de las mantitas mientras estoy sentado en mi butaca para escribir y leer. Muda el tiempo y nos mudamos nosotros, un año más.

viernes, 3 de enero de 2014

El refugio

Me gusta ese pequeño refugio que nos construimos con la ropa cuando llega el invierno: para la cabeza el gorro, para el cuello la bufanda, para las manos los guantes, para el cuerpo todo el abrigo, para los pies los zapatos. Uno se echa a la calle enfundado en esta íntima cabaña. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

El otoño-invierno



Me he incorporado al otoño-invierno de este año con tanta facilidad que parece que el primavera-verano pasado fue un traje que me hubiera puesto sobre el otoño-invierno anterior y que, al quitármelo, dejase a éste de nuevo a la vista. Encender la cocina, limpiar su cubierta vitrocerámica todas las mañanas con el raspador y la bayeta, ir a la leñera y traer los troncos en el cesto rodante, enfundarme la chaqueta de franela y el pantalón de chándal verde, no ver los pies, hasta hace nada visibles en las sandalias, porque han vuelto los zapatos, sentir el peso del sobretodo gris sobre los hombros, abrigar por las tardes las piernas con la pequeña manta roja, meter el fondo de las perneras del chándal dentro de los calcetines, enguantar las manos con los mitones...: sí, todo fue ayer.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Amor de invierno


Los días más cortos, las noches más largas. El amor se arrellana tras los cristales, jugando a ser amor de invierno.

(Bella)

viernes, 28 de octubre de 2011

Días


Los días de verano se viven: estamos fuera. Los de invierno, se contemplan: estamos dentro.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Sin pendiente


El invierno cayó, repentinamente, y la delicia de sentirse atrapado en casa no orilló el desconcierto de su irrupción intempestiva. La falta de transición otoñal nos privó de la suave pendiente que va del verano al invierno, que nos acomoda a lo que viene mientras nos despide de lo que se va. En su lugar, sin nada que salvase el desnivel, el puro abismo en que hemos caído agradecidos y desmañados.

jueves, 14 de octubre de 2010

En el patio

El verano es un patio. El invierno, un claustro. Me gustan más los patios que los claustros y a medida que pasan los años mayor es mi preferencia por los primeros. 
Pues bien, henos aquí de vuelta al claustro. Las lluvias enterizas, plomizas, nos encierran dentro. Por muy casero que sea uno, que lo soy, lo soy de casa con huerta, patio y jardín, todo un poco revuelto, nada versallesco, con lo cual, llegado el invierno, esa parte posterior queda clausurada, a merced de fríos y lluvias. “Hacia dentro, hacia dentro”, ordena el invierno, y uno, mal que le pese, con la cabeza gacha asiente. Habrá quien necesite invernar para entrar dentro de sí y producir sus frutos. Acaso yo también, y la vuelta a los cuarteles de invierno sea volver a la habitación pascaliana, con velas (flexos) a lo Georges de La Tour, para dar de sí lo que se lleva dentro. Pero el verano no me expropia hasta el punto de dejarme sin interioridades, nada de eso. En el patio y a la sombra del kiwi, con luz solar entorno, es como uno quiere estar y gestar.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Invierno (y verano)

Es invierno: el cuerpo se nos hace alma, se ensimisma, busca los adentros.
Es verano: el alma se nos hace cuerpo, se exsimisma, busca las afueras.