Soy caballero del punto fijo, aquél al que mi
mirada se ata cuando necesito estar relajado. Puede ser una gota, una antena,
una chimenea. Puedo estar en silencio o puede sonar la música, las Vingt
regards sur l'enfant Jésus, de Olivier Messiaen, por
ejemplo.
Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas
martes, 23 de octubre de 2018
jueves, 9 de agosto de 2018
miércoles, 9 de agosto de 2017
En mudez sencilla
En mudez
sencilla, ¿quién querría hablar? Nadie. Es lo correcto. Así se está bien.
lunes, 8 de febrero de 2016
Jaula de grillos
Como buenos españoles,
algunos de mis hermanos y yo, llegada la ocasión -llegada la discusión-
hablamos muy alto. “¡Chhis, baja la voz!”, nos gritamos unos a otros. Además
ocurre que, en la cocina, en la que comemos los domingos, la sonoridad es
malísima. Si el techo estuviese más abajo, dice entonces, y una vez más, Pili, causaría menos ruido. También como buenos españoles, Lucía
y yo, llegado el momento, competimos a ver quien habla más rápido. Imagínense
entonces la combinación: gritar a toda prisa. Horrible. En lo que se refiere a
la altura de la voz la palma se la lleva mi cuñado/a X, si bien es cierto que
por lo menos “grita” despacio. La última vez que se nos dio por gritar (no
quiero presumir pero yo hice voto de silencio y no abrí la boca) fue a causa de
una cuestión tontísima. Horas, días después, pensaba para mí: “¡Ojalá nos
hubiese dado a todos un ataque de afonía!” Obligados a hablar más bajo,
hablaríamos también más despacio y estoy seguro de que nuestros pensamientos serían
más claros, mejores. La única que se salva, y que nos salva, de esto es mi
madre, como siempre, con su voz despaciosa, clara y dulcísima. ¡Ojalá la hubiéramos
heredado nosotros!
martes, 20 de enero de 2015
Un voto de silencio
Algo muy fuerte dentro de mí, de un tiempo a
esta parte, me escora hacia la mudez, postula un voto de silencio, el que tanto
les envidio a los hermanos cartujos. Libres quedan de juicios, de maledicencias,
de cotilleos, que deberán ir acompañados, claro, de silencios de la mente, para
que no haya tampoco malos pensamientos, y de silencios del corazón, para que no
haya malos deseos.
jueves, 10 de mayo de 2012
Los sonidos cotidianos
En compañía de los sonidos cotidianos qué delicioso es el
silencio. No exigen atención, se contentan con mi oído vago. Y si vagos pueden
ser también mis ojos, cómo rebosa la calma de mi tiempo.
domingo, 14 de marzo de 2010
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Lo blanco
La paloma callada, sólo lo blanco, el papel, ojalá mi alma también. La lava de palabras no llega sin embargo. ¡Oh, Dios mío, que un aluvión me cubra y encarrile mis manos por el sendero de la gratitud!
jueves, 10 de septiembre de 2009
El gran silencio
Viejecito, apergaminado, flacucho. Un hermano cartujo le aplica sobre la espalda, los hombros y los brazos una crema hidratante. Pocas imágenes en mi vida me hablaron más y mejor acerca de la ternura. Esto lo vi en el espléndido documental El gran silencio, de Philip Gröning, que retrata la vida de los cartujos en la Grande Chartreuse, la comunidad de referencia de esta orden, en los Alpes franceses. Hombres que habitan el silencio, se inundan de silencio, crean silencio, de modo que el vacío exterior los atraviese y obtenga el interior, y así se cumpla no sólo el “malas palabras no salgan de vuestra boca” (Ef 4, 29-30) sino también el que ninguna quede dentro buscando aliño. Sanear lo exterior para sanear lo interior, y para que éste, a su vez, revierta sobre el primero y cumpla el ciclo de la sanación. Ni maldad fuera ni dentro, y todo gracias a esa apuesta radical por el silencio, pautado por los rezos, las obras de cada día, en los que Dios se hace visible con toda su fuerza, no en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en la brisa, la que nace de lo callado, de lo apenas bisbiseado, de lo acuclillado en la reverencia muda. A mí no me importaría pasar por la prueba de este silencio riguroso durante una temporada. Creo que sería un bendito descanso del cuerpoalma frente a todo lo que en él es ruido y furia, para salir de él mejorado, con buenas palabras dentro y fuera, con espléndidas reservas de sonoro vacío, de vibrante y animosa mudez.
jueves, 12 de febrero de 2009
Nada
-Nada
-¿Nada?
-Sí, nada.
-Pero entonces todo...
-Sí, todo.
-¿Sólo silencio?
-Sólo.
-Pero entonces...
-Sí, sólo palabras.
-¿Nada?
-Sí, nada.
-Pero entonces todo...
-Sí, todo.
-¿Sólo silencio?
-Sólo.
-Pero entonces...
-Sí, sólo palabras.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Palabra-no palabra
Si existiese una palabra que al mentar el silencio se autosilenciase de inmediato, de modo que sólo quedase lo mentado pero ya no la mención, si existiese digo, esa palabra-no palabra sería...
jueves, 13 de noviembre de 2008
La otra música
¡Cómo amo el silencio habitado no más que por los sonidos de la vida cotidiana! Sí, su música desacordada, sin diapasón: voces de niños, botellas que caen en el contenedor de vidrio, el zumbido del ordenador, puertas que se abren y se cierran, los coches que pasan, el teclado, mi respiración, el teléfono... ¡Con qué dignidad ambientan la vida estos sonidos tan amados, tan dejados a su aire! No me dejéis, no, y haced bullicioso el silencio mío.
martes, 28 de octubre de 2008
El silencio
-Estoy exhausto de cortesías -dijo él-. He estado hablando incesantemente toda la noche, sin tener nada que decir. Pero en ti, Fanny, he de hallar reposo. No necesitarás que te hable. Permitámonos el lujo del silencio (Jane Austen, Mansfield Park).
El mundo nos exige ser corteses y no comprendería una mudez repentina por parte nuestra, salvo que le anunciásemos que hemos hecho un voto particular de silencio. Pero ni aun así, me temo. La vida diaria requiere de nosotros nuestra palabra, y no puede ni debe ser de otra manera, claro. Sin embargo, en mi caso, he de confesar que no son pocos los momentos en los que este cortés e inexcusable hablar me fatiga, y anhelo entonces retirarme, esconderme, para "permitirme el lujo del silencio". Tal retiro o escondite lo ofrecen a veces ciertas personas especiales, amigos del alma que le reconocen a uno el derecho a no hablar, la necesidad de estar callados, de curarse del tantas veces cansino mundo de las palabras. Y entonces, sí, uno se calla y descansa.
miércoles, 6 de agosto de 2008
El silencio del mar
De repente, el mar, que no dejó de batir y sonar tumultuosamente, calla, uno, dos segundos. Parece un milagro, al que, atónitos, asistimos todos. Se dijera que, cansado, toma fuerzas para seguir rugiendo.
lunes, 23 de junio de 2008
Callo
Callo, callo y me asiento, escucho, espero. No me lleva a hacerlo estrategia alguna, a no ser la de la vida misma que me invita, desde lo profundo, a callar, como me invita a respirar, a ver, a sentir. No hay cálculo, ni lenguaje, ni acaso proyecto, sólo un billete en blanco en el que nada tengo que garabatear. Callo para vivir.
miércoles, 18 de junio de 2008
Yo no estaba
Me hospedé en el silencio.
El vacío me hizo un hueco.
Moré en la nada.
La ausencia me alojó.
Yo no estaba.
El vacío me hizo un hueco.
Moré en la nada.
La ausencia me alojó.
Yo no estaba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)