En la puerta del aula de informática hay un
retrato de Manuel María, un poeta gallego. Desde mi mesa de trabajo, si lo miro
me mira y si no también. Como no soy animista no me siento observado pero si lo
fuera no me importaría porque su mirada es amable aunque incisiva. Salgo de la
oficina para ponerme justo enfrente de él y compruebo que también me mira. Diría
que me sigue con la mirada. Creo que me gustaría ser animista durante un rato
para sentir que es así. Jugaríamos al juego de las miradas.
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jueves, 20 de diciembre de 2018
lunes, 5 de febrero de 2018
De comedia en Nueva York
Aunque reconozco que es una actriz muy buena, aún
no le tengo cogido el punto a Anne Hathaway. Sus ojos inmensos (a este
respecto, pertenece desde luego a la categoría actriz-ojos, en la que están
Bette Davis, Susan Sarandon, Charlotte Rampling, Jacqueline Bisset, Marisa
Berenson) me despistan y siempre me parece un poco extravagante. El caso es que
en la película El becario, de Nancy Meyers, está perfecta con un Robert
de Niro igual de perfecto en la que la química entre ellos funciona a la
perfección. Cuando una comedia neoyorquina marcha bien, como es el caso de ésta, te
tonifica tanto como te relaja, y te vas entonces a la cama la mar de contento.
Si tuviste un día inquieto este tipo de películas es ideal. Son simpáticas,
sentimentales, amables, sencillas, inteligentes. Solo o acompañado, para una
tarde de domingo o para disfrutar por la noche, al verlas te dan ganas de irte a
Nueva York a vivir con su gente.
jueves, 17 de noviembre de 2016
jueves, 11 de febrero de 2016
Don Draper
Desde el segundo uno del
primer capítulo de la primera temporada de Mad
Men, su protagonista, Don Draper me pareció un hombre triste y débil.
¿Buscaban este efecto los creadores de la serie, que advirtiéramos desde el
primer instante, debajo (¿o más bien “junto, mezclada con”?) de su apostura y
fortaleza, su tristeza y su debilidad? De ser así, en las labores de casting,
al aparecer el actor Jon Hamm, más en concreto, al aparecer la mirada de Jon Hamm, los responsables
dijeron: “Este es nuestro hombre”, el hombre que cae, que siempre está cayendo,
como vemos en los magníficos títulos de crédito. Verlo y verlo asustado,
medroso, es todo uno. Está ahí, en sus ojos, ese increíble misterio.
lunes, 12 de octubre de 2015
Todo de nuevo
Si no es suficiente lo que la vida da cada día hay que aprenderlo entonces todo de nuevo y transitar cada vez por una humildad desconocida.
Allí donde el camino acaba, ¿no es también dónde el camino empieza? Llegar es partir otra vez.
Me gusta cerrar los ojos y ver así lo que no veo con los ojos abiertos.
Solo en la hora de la humildad, cuando la ola te devuelve a la arena, es posible contemplar el mar.
jueves, 24 de septiembre de 2015
Cara a cara
Seguramente es una chorrada pero hace unos
días, cuando Nuca, la perra de mis sobrinas Sabela y Alba, me miró a los ojos
caí en la cuenta precisamente de esto, de que ella, un animal, no dirigió su
mirada a mis piernas o a un brazo sino a mis ojos. ¿Y cómo saben los animales,
que también tienen ojos, que deben mirarnos precisamente a los ojos cuando nos
miran? ¿Quién se lo dijo?
sábado, 20 de junio de 2015
El ojo vago
Es posible que en alguna etapa anterior de
mi vida fuera una persona realmente observadora, sobre todo de la gente, y que lo
hiciera saber al hilo de una conversación que lo demandase: “Yo es que soy una
persona muy observadora...”. Ahora ya no lo soy, y leyendo Ventanas de Manhattan, de Muñoz Molina, me doy todavía más cuenta
de ello: no, no soy el observador atento, detallado y minucioso que es él y que
le permite dar cuenta de todo lo que ve con golosa delectación, que llega a
fatigarle a uno. Mi mirada se ha hecho más vaga y menos exacta, más
contemplativa y menos curiosa, más panorámica y flotante y menos escrupulosa. Vivo
con ojo vago y adentradizo, con otro tipo de atención, más pendiente quizá de
rumores interiores, de rastros de nubes, de sonoridades lejanas.
jueves, 14 de mayo de 2015
Mis ojos
Les pido a mis ojos que salten a la realidad y me la traigan toda, ahora que soy todavía más adentradizo.
Gracias a las inspiraciones y expiraciones, todo el día y todos los días, vivo.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
sábado, 25 de octubre de 2014
miércoles, 1 de octubre de 2014
Sarandon, Rampling
Los ojos más rasgados del cine actual los
tiene Charlotte Rampling; los más abiertos, Susan Sarandon. Me encantaría
verlos frente a frente en una película. Podrían ser hermanas, o primas, o
cuñadas, o policía una y delincuente la otra, o guardia de prisión una y
prisionera la otra, o política una y periodista la otra, qué sé yo. Después,
entre ambas miradas, afilada como un cuchillo la de Rampling, abierta como un
abismo la de Sarandon, una contienda de guante blanco y despiadada al mismo
tiempo, con un inesperado final.
lunes, 22 de julio de 2013
La mirada de José Bretón
La mirada de José Breton era cuando menos inquietante. Si pestañease, si se apreciase un mínimo movimiento en sus ojos lo sería mucho menos. Pero no, eran de una fijeza turbadora. Los abría además muchísimo, mas no revelaban nada del alma que los llevaba: tras ellos había encontrado un escondite perfecto.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Montiel, Landa
Es ley de vida morir y así van cayendo también nuestros grandes actores y actrices. Sara Montiel primero, Alfredo Landa después y otros muchos que ya se habían ido antes: Pepe Sancho, Aurora Bautista, Sancho Gracia, Juan Luis Galiardo...
Un apunte sobre Sara Montiel. Cuando cantaba no les permitía a las “as”, la más abierta de las vocales, abrirse por completo sino que las envolvía y lograba así dejar en el aire una onda de misteriosa sensualidad.
Y otro sobre Alfredo Landa: sus ojos, su mirada. José Luis Garci escribía lo que sigue el 15 de noviembre de 1991 en ABC:
Un apunte sobre Sara Montiel. Cuando cantaba no les permitía a las “as”, la más abierta de las vocales, abrirse por completo sino que las envolvía y lograba así dejar en el aire una onda de misteriosa sensualidad.
Y otro sobre Alfredo Landa: sus ojos, su mirada. José Luis Garci escribía lo que sigue el 15 de noviembre de 1991 en ABC:
«El otro secreto de Landa es su mirada. Hace algunos años, cuando Landa era campeón de todos los pesos, él y yo rodábamos una película en Madrid. Landa fumaba concentrado mientras le ponían un contraluz. Sus ojos recorrían el escenario en una suave panorámica. De pronto se detuvieron en un ventanal. Un segundo, dos, cinco [...] Cinco minutos después, cuando filmamos aquel plano, Landa ya no tenía esa emoción en la cara. Sus ojos volvían a ser los de su personaje [...] Con mucha paciencia, a lo largo de un par de semanas, traté de capturar aquella sensación y concretizarla. Una noche, en el patio de operaciones de Banesto, apareció otra vez, también durante una ligera pausa, mientras se ajustaba un proyector. El foto-fija estaba alertado. “Ahora”, le dije.
«Pedí que ampliaran esa fotografía a tamaño natural […] Sé que a su madre le perturbaba verla. Quizá no sea perturbar el verbo idóneo; mejor inquietar. Aquella mirada, aquel cuerpo, era algo que incluso escapaba de su conocimiento. Y tenía razón. Aquel no era su hijo. Aquel era un ser, un actor, en el momento mágico de su viaje hacia el otro lado. Ni era Landa ni era Areta, el detective. El fogonazo había pillado el instante justo de cuando se es y no se es. Cuando el cerebro ha dado la orden de salida hacia el misterio, el alma la ha recogido y ha emprendido el viaje.»(La súplica)
martes, 31 de mayo de 2011
Soy, mírame
Pasó la edad de la posesión, tan llena de servidumbres, y vivo ahora de visiones, lo que está al alcance del ojo aunque no lo esté de la mano. Ésta ya no se quiere prensil sino saludadora, indicadora. Los ojos, ofrecidos y humildes, comunican la alegría de ver y de ser vistos.
domingo, 3 de abril de 2011
Desde mi ventana
Gracias a la ventana de la cocina, después de comer y antes de ponerme a fregar, descanso la vista en las gallinas, las plantas, el roble joven del fondo, el kiwi, las flores. Gracias a la puerta acristalada y al balcón de la habitación donde escribo y leo, descanso mi vista en la Escuela de Música, las Casas Baratas, los edificios de tres pisos y uno de cuatro que dinamitaré algún día, y, sobre todo (¡como un guante cae aquí está locución!), en el cielo. ¡Qué sería de nosotros sin las ventanas! Son los ojos de las casas: lo que ven ellas lo vemos nosotros a su través. Desde mi ventana podría ser el título de nuestra vida, o Desde mis ojos, que viene a ser lo mismo.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Con sus ojos te amó
No te amó con gestos y palabras. Se los habían amputado. Los “te quiero”, atrapados, se ahogaban en su boca; sus manos, solo burlando su atadura habrían llegado hasta tu cara. Por eso su mirada era tan intensa, por los “te quiero” que le fue imposible decir, por las caricias que nunca alcanzaron a rozarte. Con sus ojos te amó. De haber podido, habrían salido de sus órbitas.
jueves, 28 de octubre de 2010
Bien de ojo
Tras ver Io sono l´amore, estupendísima película de Luca Guadagnino, se mantienen en mi memoria los ojos de la abuela, Allegra, ojazos más bien. Descubro después, para mi sorpresa, que se trata de Marisa Berenson, a la que no había reconocido. El caso es que, una vez más, unos ojos me asaltan. Mantengo con ellos una relación de amor intensísimo. Si tuviera ganas y mañas escribiría un libro sobre los ojos, los de amigos, conocidos, familiares, actores, actrices, gatos, perros. Hablaría de su profundidad, de su brillo, de sus aguas, de su transparencia, de su enigma. No sé cuáles pondría en la portada. ¿Los de Montgomery Clift, fascinantes bocas hambrientas? ¿Los de Ana Torrent cuando era niña, impresionantes sumideros? ¿Los de Olimpia, la perra de Aurora, suplicantes y otorgadores? ¿Los de Jesús, un primo de mi madre, tan inocentes que lavan lo que miran? Cuando ando con estas consideraciones siempre acude a mi mente el título del libro de García Márquez Ojos de perro azul, evocando no sé qué cosas. ¡Menudos ojos!, decimos de ojos que no son nada menudos.
Frente al mal de ojo, el bien de ojo, de ojos, de los ojos.miércoles, 13 de octubre de 2010
Ojos de perro
Me turbaban sus ojos, su presencia, ¡y era un perro! ¡Qué tremendos ojos de perro! Había tanta demanda ellos, tanto otorgamiento, que creía estar en presencia de un santo. ¿Existe una “santidad” animal? Le pasaba la mano por el lomo y la cabeza, ¡pero me parecía tan poco! Tendría que haberlo abrazado y soltarme a pleno corazón, para que ambos quedásemos satisfechos. Su inocencia me azoraba. Nunca me había ocurrido tal cosa. Newman dice en uno de sus sermones que sabemos más cosas sobre los ángeles que sobre los animales. La “personalidad” de los primeros, en tanto que espíritus puros, es más imaginable que la de los segundos, extraña mezcla de irracionalidad y “ánima”. Un perro es un compañero, un mediador, un puente, un misterio.
viernes, 14 de mayo de 2010
Al corazón
Se adentran los ojos. Llevan consigo las visiones del día. Se lo cuentan al corazón. Sangre íntima se vuelven.
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