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jueves, 21 de abril de 2016

Cierta vocación (a la soledad)

Soy el único miembro de la congregación a la que pertenezco y alguien ha dispuesto que no se admitan más.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Las ventanas

La ventana que da a la calle le es esencial al anciano que está solo. Son muchos los que, arrimados a ella, salen de la estrechez de sus casas a través de la mirada que los lleva a la gente que pasa, a los coches que circulan, al policía que vigila, al kiosquero que vende periódicos, al vendedor de la Once, a los perros que en el parque de enfrente depositan sus heces que después recogen sus dueños. Les puede gustar la televisión pero llega un momento en que ya están cansados o aburridos de ella; estaría bien que a muchos les gustara la lectura, porque entonces se sentirían menos solos, más acompañados, pero aún así son muchas las horas del día y entonces también para éstos es la ventana un respiradero esencial, lo es para todos, también para los que no viven solos y son felices y están bien acompañados. ¿Cuántas son las horas que pasan muchos en sus ventanas y los salvan así cada día?

domingo, 4 de noviembre de 2012

La soledad



La soledad que uno quiere la quiere a ratos, digamos que a grandes ratos, pero entre bastidores siempre el rumor de los míos, su algarabía.

domingo, 12 de junio de 2011

lunes, 18 de abril de 2011

Soledad, compañía

Yo necesito de las dos felicidades, la que me da la soledad y la que me da la compañía. En la primera me siento un vagabundo de la ensoñación y la mirada, del pensamiento y la meditación. No es la soledad por la soledad sino la soledad por lo que sólo con ella es posible. Más que fin, es medio. En la segunda, me alegro con la luminosidad de los rostros, situado por ellos, alimentado y sostenido. Son siempre fin y nunca medio. No me sirvo de ellos sino que necesito su servicio, lo imploro, para ir de su mano por los caminos de la vida. Sabiéndolos cerca, en el hábito de mi soledad estoy erguido.

viernes, 20 de junio de 2008

Soledad

Quien, en soledad continua, consigue hacer de esta una casa habitable y evita que se convierta en caverna de aullidos y malos augurios, logra en verdad algo extraordinario. Si somos (o debemos ser) nuestro primer amigo, también es cierto que somos (o podemos ser) nuestro primer enemigo, y para no quedar a expensas de uno mismo en tales casos tenemos que vencernos, asentándonos en un profundo y buen sentido común, aquel que nos lleve a los senos de una realidad sana y verdadera.