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martes, 7 de abril de 2015

Verde malo, verde bueno

¿Inaugura Homero la malignidad del color verde, cuando habla del “verde miedo” en varios lugares de la Odisea? Porque después, dando un salto de siglos, aterrizamos en Shakespeare, el cual, en Otelo, califica a los celos de “monstruo de ojos verdes”. Y en el siglo XIX una de las leyendas de nuestro Bécquer se titulará precisamente “Los ojos verdes”, los de la mujer del lago que, hechizante, arrastrará hasta su fondo, ahogándolo, a su hombre enamorado. Y parece que “el verde que te quiero verde” de Lorca, en su “Romance sonámbulo”, hace también suyo el carácter siniestro del color verde.
Es llamativa esta asignación de cualidades funestas a este color, siendo como es el color por excelencia de la primavera y por ello de la vida. Cuando la naturaleza, tras el invierno, resurge, se vuelve verde en los árboles y en las plantas. Es la “verde esperanza” de Machado y, superlativamente, de la Esperanza cristiana, que se hace también verde en el transcurso del tiempo ordinario del calendario litúrgico, durante el cual los sacerdotes en la celebración de la eucaristía visten una casulla de este color.
¿Será que lo malo: el miedo, los celos, la muerte, se viste con lo bueno, lo verde, para así atraernos y perdernos, otra versión del diablo disfrazado de ángel?

martes, 3 de diciembre de 2013

Volverán

Ha vuelto el “Volverán las oscuras golondrinas...” sin que sepa yo qué tecla misteriosa lo ha pulsado. Tras aprenderme de nuevo los versos que no recordaba, me paso los días recitándolo. La verdad es que el poema de Bécquer es precioso y perfecto.
Y volviendo él ha vuelto también, como un eco, el “¿Qué se hicieron...?” de Jorge Manrique. Así ando, con Bécquer, haciendo afirmaciones sobre el futuro y sobre el presente y con Manrique, haciéndole preguntas al pasado.

viernes, 12 de febrero de 2010

Cuándo el orgullo, cuándo la dignidad

“¡Lástima que el Amor un diccionario / no tenga donde hallar / cuándo el orgullo es simplemente orgullo / y cuándo es dignidad!” Así se lamenta Gustavo Adolfo Bécquer en su rima XXIII, y con él también nosotros, pues con ese diccionario en la mano, ya sea para asuntos de amor, ya para cualesquiera otros, sabríamos cuando “el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad”, y entonces actuaríamos en consecuencia, no concediéndole defensa alguna al primero y concediéndosela toda a la segunda. Porque el orgullo, o soberbia, no es más que un trapo sucio y roto que nosotros creemos túnica sagrada y que por eso fortalecemos pensando que así acudimos en ayuda de nuestro mejor yo. Nada más falso. Nuestro mejor yo es el que queda amparado por la dignidad, ésta sí manto regio, porque da cimiento, columna y techo a nuestra condición humana, al “yo” que es grande porque es hombre, no por ser la suma de arrogancias, vanidades y demás supercherías.
Pero el territorio de nuestro ser no tiene fronteras claras entre unas zonas y otras y todo se mezcla con todo, así también el sentimiento de nuestro dignidad con el de nuestro orgullo, el de nuestro yo grande con el de nuestro yo pequeño, resultándonos difícil por ello cartografiarnos y tener un buen mapa de nosotros mismos que nos permitiese saber cuándo sufre un ataque la región de nuestro orgullo y cuándo la de nuestra dignidad, de modo que ante el primero omitiésemos todo contraataque lanzándolo por el contrario en toda regla contra el segundo.
Un buen mapa, o un diccionario, como querría Bécquer, que definiese claramente en situaciones existenciales concretas qué cosa sea uno y qué la otra. Ante la ausencia de tales instrumentos, no podemos sino dar palos de ciego, sintiéndonos heridos tantas veces en nuestra dignidad cuando lo cierto es que es nuestro orgullo el que ha salido malparado.

domingo, 1 de febrero de 2009

Verde

Los celos, el monstruo de los ojos verdes, que dijo Shakespeare.
Verde que te quiero verde, muerte que te quiero muerte, que dijo Lorca.
Verdes son los ojos de la mujer del lago, la leyenda de Bécquer, que, hechizante, arrastrará hasta su fondo, ahogándolo, a su hombre enamorado. 

Contra el maleficio del verde levanto yo su beneficio, esa otra, y mayor, tradición del verde esperanza, verde de la tierra mía, verde campo y verde árbol, verde mar y verde musgo… ¡Verde mundo, verde que te quiero verde, vida que te quiero vida, amor, ese ángel de ojos verdes, mujer del lago que te deja en tierra y no te ahoga!