Que Vivaldi venciera a Bach en mis gustos en
aquellos días en que, habiendo escuchado algo del segundo, fue mayor mi placer
cuando después escuché al primero, no me hizo olvidar las ganas almacenadas en
mí desde hace muchos años de escuchar las cantatas del compositor alemán.
Benditas sean aquellas ganas porque ahora que llevo muchos horas de audición,
siempre en el coche, no me apetece escuchar otra cosa. Navego en ellas y es posible
que llegue a escucharlas todas; siendo más de doscientas, significa que me
quedan muchas horas por delante en su compañía. No sabría decir qué siento
cuando suenan en el pequeño espacio de mi coche: ¿se convierte éste en una pequeña
catedral y soy yo un auditor que se oculta bajo las ojivas?
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lunes, 13 de octubre de 2014
jueves, 11 de septiembre de 2014
Mi auditorio es el coche
Me ha acompañado Vivaldi mejor de lo que lo
había hecho Bach en días anteriores. Las
cuatro estaciones suenan siempre como si las escuchases por primera vez.
¡Cuánta es su frescura! Y no sólo ellas: otras piezas del compositor italiano
se convierten estos días en una pequeña fiesta. Después de mucho tiempo sin
escuchar música clásica he sentido de nuevo la necesidad de hacerlo. Mi
auditorio es el coche: por el salpicadero van pasando compositores e
intérpretes. En él, envuelto por la música, se va uno por la mañana al trabajo
y retorna a mediodía; es siempre un pequeño refugio, que te protege del calor y
del frío, y ya puestos de las inclemencias del mundo.
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