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viernes, 9 de mayo de 2008

Lo difícil

El saber de la facilidad de la vida antes de toda dificultad es uno, y el saber de la facilidad de la vida después de la dificultad es otro. El segundo es mayor que el primero porque, tras franquear las cañadas oscuras, lleva en sus alforjas esos contenidos que solo da el haber tenido que vérselas con lo difícil. Esta facilidad a la segunda potencia tiene precisamente potencia, más potencia, la que otorga el haber logrado atravesar un tramo angosto de nuestro camino.
“Lo que se exige de nosotros, decía Rilke, es que amemos lo difícil y aprendamos a habérnoslas con ello”.

martes, 6 de mayo de 2008

Se va aprendiendo

“No es fácil ni difícil vivir, sino que se va aprendiendo”, me escribía mi amiga Chus hace ya algunos años. Bueno, por tramos llanos, a la sombra y sin peso en la mochila, es fácil vivir. Por tramos pedregosos, bacheados, empinados, bajo un sol de justicia y con el macuto a reventar, vivir es difícil.
De la facilidad, ¿qué se aprende? La dulzura de la vida, su sencillez, su abundancia, el regalo en que consiste: el viento viene a favor y el horizonte permanece despejado.
¿Y de la dificultad? En este caso no es carne triturada lo que nos llevamos a la boca sino un hueso, y, como ya sabemos, "los huesos son duros de roer". Si lo fácil se aprende fácilmente, lo difícil, ni que decir tiene: el viento viene en contra y el horizonte permanece oscuro. Es aquí donde el maestrazgo de la vida impone su dura ley: sangre, sudor y lágrimas. Aparece como gran virtud creativa la paciencia, y digo creativa porque engendra la esperanza, que decía San Pablo. Dentro del presente ocluido, abre una mirilla por donde avistamos la salvación, la pregustamos, la esperamos. Es la hora de la fortaleza, aunque estemos doblados y ya no podamos más.