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jueves, 24 de julio de 2014

Autores fronterizos

Hay autores fronterizos que, a la que se descuidan, se pasan de la raya. Simone Weil, Leon Bloy, Kierkegaard, Unamuno pertenecen a esta estirpe. De sus abismos de luz, irrenunciables, vivimos hoy, mientras que sus abismos de sombra los sorteamos aunque también aprendamos de ellos. Son autores apasionados: de aquí el vigor rutilante de sus descubrimientos, pero por ello mismo también desequilibrados: llegan a posiciones equívocas llevados por un genio sin control.

(Lo que acabo de escribir es sólo una impresión, por ello poco fiable, incluso para mí mismo, pero quería sacármela de encima escribiéndola pues lleva mucho tiempo acompañándome. Quede aquí como mero apunte, por si algo valiere).

sábado, 12 de mayo de 2012

Que no falte el nombre

Podemos decir Unamuno pero no diremos Zambrano sino María Zambrano; podemos decir Heidegger pero nunca diremos Arendt sino Hanna Arendt; diremos Bergson pero nunca diremos Weil sino siempre Simone Weil, y así con muchos y muchas más. Sin entrar a valorar lo que esto signifique, de ser un famosísimo querría pertenecer al bloque femenino: nunca Ares y siempre Suso Ares. Es más, ¿cómo diría?, concreto, carnal. El solo apellido tiende a ser etiqueta, realidad abstracta, pero el nombre y el apellido es un tú que resiste la evaporización y te muestra al completo, sin mengua, más lleno de tu propia identidad y muy implantado en la tierra: María, Hanna, Simone…

miércoles, 16 de marzo de 2011

Recurrencias: el f(río)uego del infierno

“En el Infierno no hay fuego..., el Infierno es de hielo y nada más que de hielo”.
(Miguel de Unamuno, La tía Tula)

“El infierno es frío”.
(Gonzalo Torrente Ballester, Crónica del rey pasmado)

“L´enfer, c´est le froid”.
(George Bernanos, Monsieur Ouine)

martes, 2 de febrero de 2010

Divinas ganas

Gracias por lo gratis, Padre, por tu divina gana de donar, de perdonar, ganas de echar siempre el resto, ¡y mira qué son ganas!, pues menudos somos nosotros, tus hijos e hijas, ganosos de no querer ganar, de andar desganados, ganado de otra voz, no la tuya, de otro ámbito, no el tuyo. Pero porque le echas ganas ganarás, Padre, para ti nos ganarás, y así a los unos para los otros, ya, bajo tu palio, para siempre hermanos. Ganados para ti, ganado seremos en tu pasto, en tus reales y magníficas hierbas, ganosos de ti y de todo lo que a ti te agrada.
Por “real gana” dijo don Miguel de Unamuno, imitándote, pues para realidades, las tuyas, para ganas, las tuyas, y por eso también nuestras, cuando las tenemos, las “reales ganas”, ojalá que “divinas ganas”.