Cuando en "Mejor contra Alguien" afirmaba yo que se lucha mejor contra un Malo que contra el
Mal, una comentadora se mostró de acuerdo conmigo al preferir, frente al “más
líbranos del mal”, el “sed libera nos a malo” del Padrenuestro latino. Le contesté que el filósofo francés Jean Guitton opinaba lo mismo. Lo
dice en su libro Retrato de Marta Robin:
“Él, este Él, ¿quién es? Se comprende que yo pensara en ése que el Evangelio
en el Pater llama 'el Maligno'. Hemos
preferido traducir por 'líbranos del mal' lo que debiera traducirse por 'líbranos del Maligno'.
Y los exégetas que son tan susceptibles de exactitud en la traducción del Gloria […], han rebajado al Maligno para
reducirlo al mal (todas las cursivas son del autor)”.
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jueves, 14 de septiembre de 2017
jueves, 31 de agosto de 2017
Mejor contra Alguien
Es mejor
que exista el diablo (entiéndaseme): así podemos ponerle rostro al mal. Se
lucha mejor contra Alguien que contra Algo.
domingo, 16 de julio de 2017
Un no
En el mundo
del bien no existen los contrarios sino los complementarios. El que se propone
como contrario -a la contra, en contra-, se sale de él. No queriéndose como
complementario, no es un sí que se suma al Sí sino un no que lo contra-dice.
martes, 3 de enero de 2017
Absolutamente inexplicable
Si alguna duda me quedaba, la
relectura de El mal, del teólogo
lovaniense Adolphe Gesché, me ha confirmado en la idea de que el mal es absolutamente
irracional e inexplicable. Lo que Gesché consigue de modo insuperable es hacernos
ver por qué es así. Ni siquiera la teología, que en este punto puede y debe ir más
allá que la filosofía, es capaz de dar una respuesta a la pregunta de por qué el
mal existe. Echando mano del tan sencillo como profundísimo relato del Génesis,
solo se podrá decir dos cosas: que hubo un agente tentador, exterior al hombre, la serpiente; y, en
segundo lugar, que Eva y Adán cayeron en la trampa, es decir, que pecaron. Pero
la irracionalidad persiste y el relato del Génesis, más que responder a un
“¿por qué?”, relata un “fue así”. Todos damos testimonio de esta irracionalidad
cuando, ante un acto malvado, nos decimos: “Pero, ¿cómo fue capaz, por qué lo
hizo, qué le paso por la cabeza? Debía de estar loco”, etc., etc., etc. En última
instancia terminamos por apelar a la locura, es decir, a la anormalidad, a la
irracionalidad, para tratar de entender lo que es absolutamente ininteligible.
sábado, 2 de abril de 2016
Qué odio tan magnífico
Los pecadores somos hacedores de mal.
Me encanta el odio tan magnífico que Dios tiene por mis pecados.
Me encanta el odio tan magnífico que Dios tiene por mis pecados.
martes, 9 de febrero de 2016
Aforística
Un adversario bueno es el único buen adversario.
¿Más allá del bien y del mal? Del mal, sí, más allá, más acá, lejísimos siempre de él. Del bien, no, nunca, ni más allá ni más acá, sino en él.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Un recuerdito
Tan importante como repasar
el mal que hemos hecho es olvidar nuestras buenas obras. Pero acaso no está de
más un recuerdito de este nuestro buen hacer los días en los que nos creemos
malos malísimos, no más que por ahuyentar la desesperación. ¿Y un recuerdo de
nuestro mal hacer? También, para corregirnos de nuestra presunción.
sábado, 7 de marzo de 2015
Mi tía Pepa y el diablo
Mi tía Pepa nos contó el sueño más horroroso que había tenido en toda su vida, uno que le hizo castañetear los dientes y el alma. Delante de mí, comenzó diciendo, veía la ladera de un monte, llena de cuevas. De repente, de una de ellas salió un joven y detrás de él muchos más, varones y mujeres, algunos bastante difuminados. Comenzaron a atentar contra la virginidad practicando el sexo de una manera bruta, bestial. Después subieron a las cuevas. Pasado un rato salieron otra vez de ellas, corriendo ladera abajo, a escarnecer la virginidad con su sexualismo atroz. La tercera vez quien salió fue un monstruo horrible: su cabeza tenía la forma de un pez muy conocido, cuyo nombre no recuerdo ahora, de color rosáceo. Desperté espantada pero seguía viendo el monstruo. Comencé a rezar el credo con energía y temblor: ¡¡Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo...!! Entonces, poco a poco, el monstruo comenzó a desmoronarse, y el ruido que hacía al quebrarse era muy parecido al que se produce cuando astillamos el marisco con las manos. No podéis imaginaros qué miedo pasé. Se lo conté pasados unos días a mi párroco, del que tantas veces me oísteis hablar, majísimo, muy buen sacerdote, y me comentó que no sabía qué pensar de mi sueño, son asuntos difíciles de interpretar. Pídele si acaso a Dios, me dijo, mayor fuerza y humildad para ponerte totalmente en sus manos, pues sin él no podemos nada. A muchos santos, añadió a continuación mi madre, se les aparecía el diablo y con un Ave María lo espantaban. Yo tengo metido en la cabeza, así os lo digo, terminó afirmando mi tía, que lo mío fue también asunto del diablo.
No seré yo quien lo niegue.
jueves, 5 de febrero de 2015
Igualar las suertes
¡Qué torturante es la desigualdad entre los
destinos de las personas, de las generaciones, de los pueblos! Buena fortuna
para unos, mala fortuna para otros, a ratos buena a ratos mala para otros
tantos; pueblos libres y pueblos esclavos; generaciones florecientes y
generaciones masacradas; niños que llegan a vivir noventa años y niños que se
mueren de hambre nada más nacer; hombres mecidos por la felicidad y hombres que
sufren las torturas más salvajes; los que, a tiempo, escaparon de la Alemania
nazi y los que no pudieron escapar; los que acabaron en el gulag y los que se
libraron de él; los que lloraron siempre y los que casi siempre sonrieron; los
aterrados por crueles enfermedades y los que no pillaron ni un resfriado en toda
su vida; los que pudieron ser lo que quisieron ser y los que, perdiéndose, no
acertaron a serlo; los culpables que no fueron inculpados y los que, siendo
inocentes, sufrieron la pena capital. ¿Por qué no fui un judío buscado,
atrapado, transportado, internado, esclavizado, muerto? “¿Por qué a mí?”,
gritan unos. Los otros, en cambio, no gritan “¿por qué no a mí?” El peso de la
eternidad tiene que remediar todo esto, tiene que igualar las suertes en un destino final de dicha absolutamente reparadora,
para que todos entendamos y aceptemos.
martes, 18 de noviembre de 2014
El codicioso
El codicioso roba las almas y las aprieta en
sus sobacos peludos y mugrientos, las hace trizas con sus dientes amarillos,
las amasa con saliva y las convierte en bolas que suben y bajan con sus juegos
malabares. Es hijo del diablo.
miércoles, 21 de mayo de 2014
La estela de Job
La entrevista a José A. Ortega
Lara que nos dio a conocer Ángel en su blog me puso contra las cuerdas. Con el
tema del sufrimiento humano, cuando éste lleva al hombre más allá de lo
soportable, yo me electrocuto de cuando en cuando. Necesito después varios días
para recuperarme. Ortega Lara habla de su sufrimiento “atroz, atroz, atroz”, de
sus intentos de suicidio, de su suplicio vivido coram Deo. El diálogo entre el hombre sufriente y Dios alcanza aquí
sus cotas más desgarradoras: estamos en la estela de Job, durísima estela, en
la que el hombre arguye contra Dios y lo pone en tela de juicio. Yo me quedo
siempre sin respuestas, y vuelvo los ojos a Cristo crucificado, enmudecido.
“¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?”, gritamos. La oración de san Francisco de
Asís vuelve a mis labios: “Pastor bueno que a nosotros nos has mostrado tu
misericordia (...), concede gracia y virtud a esta tú ovejuela para que en ninguna enfermedad, angustia o
dolor me aparte de Ti”.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Tan antigua y tan nueva
Ese pelín de alegría que me falta, esta gota
de infelicidad que ha venido, esta vulnerabilidad, tan antigua y tan nueva,
ante el mal visto y leído...
martes, 29 de octubre de 2013
Ingenuos
Un buen lote de ingenuos, todos los que no
saben que existe el mal, le es indispensable al mundo para seguir respirando.
miércoles, 31 de julio de 2013
Nada de piedra, piedra de nada
El misterio se dice de muchas maneras. No
significa lo mismo cuando hablamos del misterio de Dios que cuando hablamos del
misterio del mal, el mysterium
iniquitatis. Frente al primero, que es abierto, habitable, envolvente, acogedor,
“penetrable”, como corresponde a la esencia del amor y del bien, el del mal es
impenetrable en la medida en que lo es una roca: pertenece a la esencia del mal
devenir pura nada, no ser, no vida, piedra muerta. Penetrarlo es romperlo,
volverlo añicos, hacerlo saltar por los aires hasta su disipación total, algo que
sólo logrará para todos el Viviente por antonomasia: Jesucristo.
viernes, 3 de mayo de 2013
Agujero negro, agujero blanco
Así como el misterio de la
iniquidad abre en mi fe un agujero negro, la existencia del cielo abre uno
blanco. Allí me tambaleo, aquí estoy firme; el primero agrieta mi fe, la
segunda la cierra sin fisuras.
martes, 15 de mayo de 2012
La fría impenitencia
Decía Cabodevilla que el de la impenitencia es un misterio especialmente
punzante. Nos consolamos pensando que al criminal su delito le atormenta a toda
hora, impidiéndole dormir, pero no parece que abunden los Macbeth en el mundo.
Estoy seguro de que a los gerifaltes nazis, los estalinistas, los pinochetistas
y a tantos otros de su calaña el lecho les proporcionaba y les proporciona un
delicioso sueño sin pesadillas aterradoras. Y se lo sigue proporcionando a los
etarras, por ejemplo, en los que no apreciamos unas tremendas ojeras cuando, en
sus jaulas acristaladas, comparecen ante el tribunal, y a tantos otros
criminales. Todo esto me lo hizo recordar el juicio de Anders Behring Breivik,
el noruego autor de 77 asesinatos a sangre fría, helada. ¿Por qué no los vemos
escritos en su cara, demacrándola? Ni rastro de ellos. Esto sólo lo puede
explicar aquel frío, aquel hielo ejecutor, que debe ser el material del que
están hechas sus almas. “El infierno es frío”, escribió Gonzalo Torrente Ballester.
domingo, 3 de abril de 2011
Funny Games
En Funny Games, de Michael Haneke, dos jóvenes se dedican a jugar, a divertirse, como el título indica, ejerciendo el mal de forma pura y gratuita, endemoniada en definitiva. Ninguna otra película me mostró con tan insoportable verismo lo “divertido” que puede ser jugar a ser malo. La gamberrada se convierte en la forma suprema de ejercer el mal y el mal en el argumento supremo del gamberro. Aterrorizar, matar divirtiéndose, hallando placer en ello, es uno de los modos de la perversidad extrema, o el modo sin más. No sé si hay más iniquidad aquí o en la práctica del mal con indiferencia, sin prestar atención, la del mafioso de turno que dice “matadlo” casi sin enterarse pues está a otra cosa, su partida de póker. En el primer caso la víctima vale como juguete, en el segundo ni eso. Da escalofríos asomarse a estos abismos.
(Añado, como nota personal, que ninguna otra película me causó tanta tensión psicológica, me lo hizo pasar tan mal como ésta. Juré no volver a verla. El placer del cine se trocó aquí en pura tortura).
domingo, 6 de febrero de 2011
Historia universal de la infamia
El título de Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia, hizo fortuna. Es ya un lugar común. En cambio, una Historia universal de la justicia, ¿en qué portada lo leeremos, de qué labios lo escucharemos decir? ¿Cuántas veces se habrá hablado, y se seguirá hablando, del “sufrimiento sin fin”, de la “abismal miseria”, “del padecimiento inenarrable” que ha surcado y surca los caminos de la historia del género humano? La alegría, la dicha, o simplemente la paz, parecen no haber tenido la suerte de ser adjetivadas en los mismos términos e igual número de veces. ¿Dónde se oyeron expresiones tales como “el gozo sin fin”, “la felicidad abismal”, “la satisfacción inenarrable” surcando los caminos de la historia? En ningún sitio. ¿Por qué? ¿Porque no se dieron en la misma cantidad que los primeros? Pero, ¿quién sabría contestar en un sentido u otro? ¿Quién y cómo podría medirlo?
Aunque se diese el caso de que se llegase a saber que en la historia ha habido más actos justos que viles, más decencia que infamia, más dicha que desdicha, de que también hoy hay más de lo primero que de lo segundo, en nuestro ánimo la percepción de la cantidad de atrocidades y de dolor que ha habido y sigue habiendo siempre se impondría por encima de cualquier otra. Tiene que ser así porque, como dijo Ortega, “es la alegría la grande originalidad del hombre en el repertorio de la creación. El dolor no nos es peculiar”, y por no sernos “peculiar” sino muy extraño, muy ajeno a nuestra nativa condición, su presencia nos dejará siempre tan conturbados, tan perplejos, tan indignados que no sabremos pronunciarnos sobre él de otra manera que describiéndolo como “abismal, sin fin, inenarrable”.
Aunque se diese el caso de que se llegase a saber que en la historia ha habido más actos justos que viles, más decencia que infamia, más dicha que desdicha, de que también hoy hay más de lo primero que de lo segundo, en nuestro ánimo la percepción de la cantidad de atrocidades y de dolor que ha habido y sigue habiendo siempre se impondría por encima de cualquier otra. Tiene que ser así porque, como dijo Ortega, “es la alegría la grande originalidad del hombre en el repertorio de la creación. El dolor no nos es peculiar”, y por no sernos “peculiar” sino muy extraño, muy ajeno a nuestra nativa condición, su presencia nos dejará siempre tan conturbados, tan perplejos, tan indignados que no sabremos pronunciarnos sobre él de otra manera que describiéndolo como “abismal, sin fin, inenarrable”.
domingo, 19 de diciembre de 2010
La gran obra de arte de los últimos tiempos
Hace años un profesor de educación plástica de un instituto me dijo que la destrucción de las torres gemelas de Nueva York era la gran obra de arte de los últimos tiempos. ¿La gran performance, el mejor videoarte? No lo precisó ni yo se lo pregunté. No lo dijo en tono frívolo, ni epatante, sino con absoluta normalidad. “Dios mío, pero si fue una tragedia. Murieron miles de personas”. “Por supuesto, no paso eso por alto, pero considera la poderosísima fuerza de las imágenes, esos aviones impactando con terrible violencia contra las Torres Gemelas”. Mi interlocutor no pretendía de ningún modo ningunear la tragedia sino que se limitaba, me parece, a poner una nota a pie de página para señalar su valor visual, estético. No sé. Es cierto que las imágenes de esa mañana del 11 de septiembre de 2001 son arrolladoras, subyugantes, casi fascinadoras, pero a mí me resultan tan apabullantemente trágicas -estamos hablando del asesinato de 2.752 personas- que no podría abstraerme de su horror ni un segundo para verlo desde esa otra perspectiva. Esa nota al pie, ¿es inmoral? ¿No lo es?
sábado, 16 de octubre de 2010
El origen (radical) del mal
Un hombre absolutamente inocente ¿podría, a solas, desde las entrañas de su libertad, “inventar” el mal constituyéndose en el primer malo, siendo él mismo el tentador y el tentado, o sería necesaria la existencia de un “malo” precedente que, en un contexto no ya monológico sino dialógico, le presentase el mal como posibilidad? Al hombre edénico, libre de culpa, ¿no le tenía que ser sugerido el mal para que pudiese escogerlo? Él lo inicia sobre el mundo, pero ¿parte de un punto cero, él mismo, o sigue la estela del Principio, del Príncipe del mal? ¿Podía el primer hombre, desde la nada de su libertad, crear el mal, o sólo podía abrirle la puerta para hacerle sitio en el escenario de la historia? ¿Fue aquel primer pecado una respuesta a una propuesta de una potestad maligna o se constituyó el hombre como único poder contrario a Dios sin la invitación de nadie? “La serpiente me sedujo y comí” (Gn 3, 3): ¿explicación alegórica de una auto-seducción o de una hetero-seducción? ¿Es el hombre un príncipe que se corona o hay un Príncipe que lo invita a coronarse?
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