Antes de entrar en un tramo limitado a 50
quilómetros por hora, ya mi pie se ha levantado del acelerador para que el
cuentaquilómetros marque como mucho 57, y ahí me mantengo hasta que termina la
limitación de velocidad, por perfeccionismo, por cumplimiento, por el gozo de
la concentración.
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sábado, 31 de octubre de 2015
martes, 28 de octubre de 2014
Cositas y cosititas
La
tranquilidad de mi mente es para mí asunto prioritario. Después del “día
infausto” se me arremolinó toda y me puse a la tarea de recuperar lo que había
perdido. Es muy difícil describir este remolino: mi perfeccionismo tonto, un
perfeccionismo ya especializado porque se ensaña con unas parcelas de mi vida,
y sólo con ellas, a Dios gracias, repasa frases y escenas de mi más inmediato
pasado para hacerme ver que esto, y eso y aquello pudo ser dicho de otra
manera, realizado de otra manera. Hay que decir, y he aquí la enjundia del
asunto, que “esto, y eso y aquello” son nimias nimiedades, cositas y cosititas.
Yo lucho ahora porque mi mente no repase nada y envuelva los “inmediatos
pasados” con papel de celofán y los tire al olvido. Algo voy consiguiendo,
creo. El corazón al menos se mantuvo tranquilo, lo que es mucho.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Qué par
Yo y mi perfeccionismo, mi perfeccionismo y
yo, ¡qué par! De los dos el mejor soy yo, por supuesto. Él, en cambio, venga a
chinchar, a tirarme de la oreja, a darme golpes en la nuca. No para, el tío, y
mira que es cansado lo suyo. Pero a ver quién le dice que se coja unas
vacacioncitas, si puede ser en Australia. Pero no, él es estajanovista, “para
servirle a usted, señor mío”.
lunes, 17 de enero de 2011
El arte de la conversación
El arte de la conversación, decimos, lo cual es cierto, tanto por la maestría que exige como por lo esplendoroso de su resultado, si hablamos de una conversación lograda. La indicación de un amigo me hizo caer en la cuenta de que la frustración que sentía a veces después de ciertas conversaciones se debía a mi perfeccionismo, es decir, al rastro amargo que me dejaba no haber obtenido un logro, una perfección con ellas. Desde entonces decidí aflojar esa tenaza y las no logradas conversaciones ya no me dejan frustrado. Acepté que hay circunstancias que lo impiden, las propias carencias, las de los otros, el tiempo del que se dispone, el lugar donde tienen lugar, y que no debía rajarme las vestiduras por ello. Es cierto que, para curarme en salud, opto ahora muchas veces por callarme, porque sé que con ciertos temas y con determinadas personas -muchas veces soy yo esa “determinada persona”- se pasará de la conversación a la discusión caliente, y yo en estas aguas nado muy mal y acabo ahogándome. Los artistas de la conversación lo demuestran justamente cuando se tratan temas espinosos y las posiciones de los interlocutores están muy enfrentadas. Esta es la dura prueba.
martes, 10 de febrero de 2009
Enemigos
Mis enemigos: el perfeccionismo, el miedo, la ansiedad, la mente cuando se (me) atropella.
¿Mis amigos? Lejos estoy del autobombo que supondría desplegar aquí el lote de virtudes que me ha tocado en suerte. Por eso voy a intentar otra cosa, ver el revés de la trama, o, como diría Juan Ramón Jiménez, "el envés de cada hora". Planteada así la cuestión, me pregunto: ¿Qué amigo tengo en ese perfeccionismo que, en ciertos aspectos de mi vida, me estrangula? ¿Acaso obtengo ahí alguna verdadera mejora de mí mismo? Y tras esos miedos que me acongojan otras veces, ¿me prepara la vida para merecer un día algún tipo de valor, de fortaleza? Y tú, ansiedad, vieja amiga, ¿no me has enseñado y me sigues enseñando a buscar y a amar el sosiego, a huir de los remolinos del diario vivir? Y mi mente enmarañada, frenética en su discurrir cuando no consigo pisar el freno, ¿qué amistad me oculta en su envés? ¿Alguna buena idea, algún fecundo pensamiento, la pepita de oro que sólo viene si viene en medio de la corriente?
lunes, 17 de noviembre de 2008
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