La iglesia de los dominicos en Oxford es sencilla, reducida a la mínima expresión, diáfana y ligera. Cuenta con una vidriera transparente en el lugar en el que normalmente estaría un retablo, que inunda de luz la iglesia y tras la que se ven las ramas de unos árboles agitándose. Las catedrales e iglesias de gran esplendor ornamental son sin duda admirables, pero a mí siempre me parecen palaciegas, construidas más para el ojo que para el corazón. Busco la desnudez, el pobrismo si se quiere, el vacío. Frente a los fastos de Salomón, el despojo de San Francisco.
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jueves, 29 de julio de 2010
domingo, 9 de noviembre de 2008
Iglesias
No me gustan las iglesias ni las catedrales museísticas, atiborradas de capillas, retablos, imágenes, tapices, etc. En este sentido, la de Burgos me asfixió. "No es esto, no esto", me dije.
Paseando con un amigo por las Alpujarras granadinas, recalamos en un pueblecito cuyo nombre no recuerdo. Entramos en su iglesia y esta vez un "es esto, es esto" se dejó oír dentro de mí. Blanco el paño de las paredes y piedra todo lo demás. Imágenes, dos: el crucificado, presidiéndolo todo, y una pequeña imagen de María, a su lado. ¡Qué descanso para mis ojos y mi espíritu este minimalismo cartujano!
Paseando con un amigo por las Alpujarras granadinas, recalamos en un pueblecito cuyo nombre no recuerdo. Entramos en su iglesia y esta vez un "es esto, es esto" se dejó oír dentro de mí. Blanco el paño de las paredes y piedra todo lo demás. Imágenes, dos: el crucificado, presidiéndolo todo, y una pequeña imagen de María, a su lado. ¡Qué descanso para mis ojos y mi espíritu este minimalismo cartujano!
viernes, 7 de noviembre de 2008
Románico, y casi nada más
Uno, en cuestiones de arquitectura, y sin entrar en lo que es la arquitectura moderna, se quedó en el románico, o, como mucho, en un gótico al que todavía no se le ha subido el tono. Pongo como ejemplo la iglesia de San Martín de Frómista, en Palencia. La conocí haciendo el camino de Santiago, allá por el año 96, y quedé deslumbrado. Había encontrado el ejemplo de perfección que podría aducir llegado el caso de tener que exponer mis preferencias estéticas. El minimalismo en cuestiones decorativas me acompaña, y es por esto que no puedo ser sino románico, ajeno a todo lo que huela a barroco y estilos anejos. Líneas puras, con esa ornamentación mínima que es como un festón que se ha puesto sin querer pero que no estorba el resultado final. La desnudez del románico se aviene de maravilla con la desnudez de la carne, de mi carne, ante Dios.
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