Era de noche y volvía de Santiago. Quería
estrenar el soporte magnético de mi móvil, que lucía orgulloso en el
salpicadero. Dado que días después iba a tener una cena con unos amigos en un
restaurante cuya ubicación desconocía, decidí que era un buen momento para ver
la línea azul en el mapa de google de mi samsung galaxy. Escribí “Casa da
Fandiña” y pulsé el botón “iniciar”. Cada poco la chica de google me ordenaba
desviarme a la derecha pero yo esperé a hacerlo cuando estuviese más cerca de
Silleda, para así tener más clara la ruta cuando saliese de mi pueblo unos días
después para la cena. Obedecí llegado el momento pero, oh sorpresa, tras
llevarme de gira por la Galicia profunda y nocturna me dejó de nuevo en la nacional
525 en dirección Santiago. Si ya estaba en ella y sólo tenía que dar la vuelta,
¿por qué no me propuso un giro mucho más corto? ¿Acaso algún algoritmo le sopló
a google maps que yo en el fondo quería una road movie bajo las estrellas? El
caso es que tuvo su aquél mi improvisada incursión nocturna, el verme surcando
carreteras sin líneas blancas y cubiertas de hojas, bajo árboles a los que mi
imaginación dotó de un punto de malignidad. En un momento dado, un zorro cruzó
muy rápido la carretera y yo pegué un respingo con la emoción. Finalmente
llegué a mi destino, cosa que me puso muy contento.
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viernes, 4 de enero de 2019
domingo, 4 de noviembre de 2018
La rosa amarilla
Este año he descubierto que mi flor preferida es
la rosa amarilla. A fuerza de verla en la huerta de mi casa durante casi todo
el año y de acercarme con mi cámara para sacarle fotos, fui aficionándome a
ella cada vez más. Ya estaba seguro de que la rosa es la reina de las flores.
Ahora doy un paso más, no para decir que la rosa amarilla es la reina de las
rosas sino para guardarla dentro de mí en el lugar más alto.
martes, 23 de octubre de 2018
El punto fijo
Soy caballero del punto fijo, aquél al que mi
mirada se ata cuando necesito estar relajado. Puede ser una gota, una antena,
una chimenea. Puedo estar en silencio o puede sonar la música, las Vingt
regards sur l'enfant Jésus, de Olivier Messiaen, por
ejemplo.
domingo, 21 de octubre de 2018
La loca de la casa
Llevo un tiempo siendo muy consciente de las
trampas de la imaginación, entendida ésta según la segunda acepción del DRAE:
“Aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad o no tiene
fundamento”. Desde que cometí dos errores de bulto, aunque no graves, llevado
por ella, ando alerta para detectarla, y así desactivarla, y no ser de este
modo presa de su influjo. Que sea así la loca de la casa, como quiso Santa
Teresa, tiene todo su sentido. Locura es juzgar como real lo que no es real o
dar fundamento a lo que no lo tiene en absoluto. Cabe oponerle pues un muy
decidido vade retro.
domingo, 14 de octubre de 2018
Vívidamente rojo
Mi
vista se cuelga de un tomate o de un pimiento, algo vívidamente rojo, y se salva.
domingo, 7 de octubre de 2018
sábado, 11 de agosto de 2018
Mi ritmo
Ah, si no opinaras tanto, si fueses menos
contundente, si me dejases más tiempo para exponer lo mío. No sólo soy más
lento que tú, X, y que tú, Y, sino que además necesito serlo, quiero serlo. No
me apremiéis -no lo hacéis-, aceptad mi ritmo -ya lo aceptáis. Ya me acelera
bastante mi ansiedad como para someterme a velocidades que no son la mía.
jueves, 9 de agosto de 2018
miércoles, 1 de agosto de 2018
Su belleza
Su belleza es tan irresistible que me hace daño y
por eso escucho su canto sin mirar su cara. Me moriría de un ansia que ni yo
mismo soy capaz de describir. En el cielo la belleza ya no hará daño. ¿Quién
dijo esto?
domingo, 29 de julio de 2018
Un Bloom de pacotilla
¿Por qué no te vas, mente mía, por las lunas de
Júpiter? Pero no, como un Leopold Bloom de pacotilla todo es siempre el mismo
ronroneo en torno a las manías, las obsesiones, las quisquillosidades, las
naderías mil que circulan a su aire sin ton ni son. Sin embargo aquí, en este
mirador de nubes, algo bello y silencioso se cuela de vez en cuando.
viernes, 27 de julio de 2018
sábado, 21 de julio de 2018
Matar a X (y a Y)
Los pájaros se cruzan mil veces en el cielo. La
ventana de aluminio verde está entreabierta. No luce el sol pero la mañana es
clara y limpia. Voy pensando en por qué X es un problema para mí después de
tantos años de amistad. Necesitaría horas enteras, días de reflexión para
alcanzar alguna claridad sobre este asunto. Soy consciente de que su
contundencia al hablar, su seguridad, su aparente potencia vital me descolocan.
Y no descarto que haya motivos inconscientes que se me escapan y que algún buen
psicólogo acertaría a descubrirlos. A veces pienso, y esto es sólo una
hipótesis, que ciertos tipos femeninos terminan convirtiéndose en murallas que
no consigo escalar, a los que tendría que “matar” del mismo modo que, como
decía Freud, hay que matar al padre para independizarnos de él y así recuperarlo
después en un estadio de nueva madurez. ¿Necesito yo matar a X, y ya puestos
también a Y, para que la relación prosiga por un derrotero distinto y superior?
viernes, 22 de junio de 2018
El bufido
Treinta y cuatro años después nos reencontramos.
Me había olvidado de su manera de ser pero no de su cara, que continuaba siendo
la misma. Debido a la fibromialgia, la insuficiencia respiratoria y unos
cuantos perejiles más, usaba un scooter para desplazarse. Yo quise saber cuánto
aguantaba de pie. Me lo dijo pero no la entendí muy bien y se lo volví a
preguntar. Aquí le salió un medio bufido PeroTíoPonAtención y me lo explicó
otra vez. Entonces sí, vino a mi recuerdo cómo era: más buena que el pan por un
lado y todo un carácter por el otro, lo cual resulta una perfecta combinación.
lunes, 2 de abril de 2018
A su aire
Me molesta que mi mente, a su aire, se salga de
donde yo estoy y soy, que es siempre aquí
y siempre ahora, para irse a un
momento siguiente. Cada vez que ocurre, lo acuso arrugando el entrecejo y
tensando la mandíbula. Mi victoria está en desarrugar el primero y destensar la
segunda. A una acción mental opongo una acción física. Y funciona, aunque no
sin una infinita paciencia.
miércoles, 7 de febrero de 2018
Gen contra gen
En el ADN del sistema nervioso de mi ascendencia
materna hay un gen tranquilo y otro ansioso-angustiado. El primero es el que
domina claramente en mi madre y en mi tío P., y no estaba ausente en mi tía I.
y en mi tío M. El segundo, que probablemente es música de fondo en todos ellos,
es más que evidente en mi tío D., causa
segura de su titubeo al hablar y del temblor de sus manos, y en mi tío L., siempre
detrás de sus “explosiones” súbitas. Yo he heredado los dos y con mi gen
tranquilo combato mi gen angustiado.
domingo, 28 de enero de 2018
Robot y ángel
Me gustaría ser robot y ángel a un tiempo,
materia absolutamente programable y espíritu absolutamente programador.
sábado, 20 de enero de 2018
Je ne suis pas un autre
Al tener autoconciencia puedo hablar conmigo
mismo, pareciendo que me desdoblo. Pero
sólo lo parece pues no soy dos sino uno. Al contrario que Rimbaud, je ne suis
pas un autre.
viernes, 12 de enero de 2018
Como Rosetta
Ayer, desde que me levanté hasta que marché para
el trabajo, me comporté como un soldado, o mejor, como Rosetta, la protagonista
de la película homónima de los hermanos Dardenne. No permití que ni angustillas
ni desesperacioncillas me distrajesen de mi carrera matinal. Hacerlo
significaba caer en sus redes y de ningún modo quería que tal cosa ocurriese.
jueves, 12 de octubre de 2017
Los del 79-83
Ando últimamente en fregados wasaperos gracias la brillante idea de B., compañera de BUP y COU desde 1979 a 1983, la cual, tras ponerse en contacto con unos pocos compañeros y compañeras de nuestra promoción, consiguió una primera quedada en Caldas de Reyes el 23 de agosto. Después formó un grupo de wasap al que se fueron adhiriendo más y más a medida que se fue corriendo la voz. A mí me llegó a través de C., compañera también de aquella promoción, que se acababa de agregar, pero, tras oír que tenía 700 wasaps, yo, que no soy nada wasapero, pronuncié un “¡qué horror, ni de coña entro yo en ese grupo!” A los que sí estaban en él, el continuo intercambio de mensajes les sirvió para ir calentando motores y conectar emocionalmente con el pasado y llenarse de ganas de verse en el presente. Esto ocurrió en la gran quedada del 16 de septiembre, en la que, todos ya con los corazones hirvientes, se abrazaron y pasaron una jornada inolvidable. Si B., a petición mía, me hubiese agregado al grupo, también yo habría calentado motores y salido de la frialdad en la que me encontraba con respecto a aquellos años de mi vida y aquellos compañeros y compañeras de promoción. Como esto no ocurrió no fui a la comida del día 16.
Sí estuvo mi amiga Sonia, que vino desde Madrid. Al día siguiente estuvimos juntos y me dio detalle. Mi memoria comenzó entonces a caldearse aunque sólo hasta el punto de sentir curiosidad, que fue creciendo un poco más en los días siguientes al ir yo poniéndome al tanto de nuevos detalles. El martes 20 de septiembre, C., en el trabajo, con sus comentarios añadió el punto de sal que me faltaba: entré en el grupo. A estas alturas ya me acostumbré, pero la sensación de estar en un maravilloso y excitante jaula de grillos-torre de Babel-tsunami fue en los primeros días apoteósica.
martes, 22 de agosto de 2017
Un pasito p'alante, dos pasitos p'atrás
Por unas y
otras (y en las unas y en las otras siempre, de fondo, la falta de sueño)
razones, cuando, a mediados de julio, comenzaron mis vacaciones, me encontraba
un tanto nervioso, cansado y triste. Todas las ganas que, unas semanas antes,
había tenido de ir a Irlanda, desaparecieron de repente. No me apetecía ir a
ningún lado: quería dormir, leer y ver cine. Pasado un mes, y esto nos lleva a
mediados de agosto, pensé que, a lo mejor, una inmensa pereza me estaba
impidiendo salir de mí y realizar un pequeño viaje del que, aunque de entrada
me parecía imposible, volvería contento. ¿Pero cuál? Me puse a pensar. ¿Unos
días de relax total en un hotel maravilloso, con piscinas grandes y
maravillosas y unas vistas ídem? Busqué online, aquí y allí, pero no acabó de
convencerme. ¿Un crucero fluvial, véase Danubio, Rin, Loira, Vesubio? Lo mismo.
Vamos a ver, Suso, piensa, ¿qué te apetece de verdad? Parecióme que ello era ir
a una ciudad en la que se estuviese celebrando un festival de danza
contemporánea y/o música clásica. Sendos telediarios en días distintos me
dieron noticia del de San Sebastián y el de Torroella de Montgrí, en Gerona.
Vistos los programas, me decanté por el segundo. Compré dos entradas, una para
una actuación de Jordi Savall el jueves 17 de agosto y otra para el viernes 18,
una interesante puesta en escena del Stabat
Mater de Vivali a cargo del, para mí desconocido, Soqquadro Italiano.
Después compre los billetes de avión y reservé plaza en un hotel. Según pasaban
los días, las ganas, las medio-ganas y las no-ganas de ir se iban turnando.
Pero, salvo el hotel, ya había hecho el gasto y no cabía vuelta atrás. Además,
me atreví a concertar una cita en Barcelona con mi amigo Armando Pego, a la que
respondió con excelente generosidad, pues era y es mucho mi interés por
conocerlo más y mejor. Pero, dentro de mí, no terminada de afianzarse un deseo
sin fisuras de irme al otro lado de la península. Cuando el fin de semana
anterior al del día de mi partida me veo, ¡por primera vez en mi vida!, con un
catarro estival, ya tuve la excusa perfecta. ¿Cómo iba a ir en estas
condiciones, pobre de mí, colgado de un pañuelo con mocos, a Gerona, la cual
además esos días iba a sufrir el azote de un tremendo calor (segunda excusa)?
Decidido. No había más que hablar. Cancelo mi reserva en el hotel sin coste
alguno y decido que me la refanfinfla perder el dinero del avión y el de las
entradas a las actuaciones en el susodicho municipio gerundense. También pongo
al corriente de mi cambio de ruta a Armando y nos citamos para una mejor
ocasión. ¡Ah, qué felicidad, me quedaba en casita, en mi hamaca, en mi kiwi, en
mis libros, en mi cine! Finalmente, el catarro en cierto sentido resultó ser
providencial pues se presentaron unos asuntos que, aunque se hubiesen resuelto de
igual modo en mi ausencia, se resolvieron más rápidamente estando yo presente.
Y así es como ocurren las cosas, un pasito p´alante, dos pasitos p’atrás…
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