jueves, 20 de septiembre de 2012

A la vista



No recuerdo en qué cuento de Poe el ladrón, si es que era un ladrón, escondía un objeto robado dejándolo a la vista. La policía, tras asaltar su piso, rastreó minuciosamente la habitación sin resultado, pues supusieron, con toda lógica, que debía estar en el más invisible de los sitios. Nunca habrían imaginado que se le hubiera ocurrido esconderlo no escondiéndolo.
Me pregunto cuántas cosas en la vida no vemos porque, como en el cuento de Poe, están a la vista.

(Rocío)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las señoritas del maizal



A la vaina de la futura mazorca le crece una melena granate que uno imagina sobre unos ojos con pestañas primorosas, una nariz muy fina y unos labios fruncidos y de color carmesí. Una señorita, pues, que con sus compañeras compondría un coro señoritil donde los “¡oh! que escándalo”, “querida ya te dije” y “estás monísima esta mañana” brisarían graciosamente las hojas del maizal.

Prestar la atención



Se “presta” atención a quien todavía no sabemos si merecerá que se la demos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

La Chulapa



Uno no sabe muy bien porque le gusta un personaje que en teoría no debería gustarle. Es lo que me pasa (o me pasaba, hay que decir ahora) con Esperanza Aguirre. Llegaba un equipo que acababa de ganar algún trofeo, le entregaba una camiseta y allá que se la ponía ella, toda pancha, sin miedo al ridículo. Los políticos europeos son todos demasiado envarados: no les vendría mal un poco de desparpajo, de flexibilidad vodevilesca, de contagio populachero, dentro de determinados contextos. A la presidenta de la Comunidad de Madrid no le faltaban estas habilidades. Habrá quien diga que, al fin y al cabo política y por eso siempre con un ojo puesto en la urna, lo hacía pensando en su rentabilidad electoral. Bueno, vale. Y vestirse de chulapa en las fiestas de San Isidro, otro órdago a la seriedad. Era listísima en el espacio escénico, que dominaba a la perfección, es decir en el espacio de los medios de comunicación. Y esas pestañitas tan separadas, y ese rímel, y esa sonrisa entre inocente y astuta. Ser experta en meter la pata no le impedía soltar de cuando en cuando verdades como puños: la última, la petición de que se revise a fondo el panorama autonómico español, insostenible en su actual configuración.
Un país lleno de Esperanzas Aguirre sería un absoluto desastre. Un país sin al menos una como ella, sin ella, vaya, deja una plantilla política más aburrida, menos cómica.
Que le vaya bien Doña Esperanza, Señora Aguirre, Chulapa Insigne de Madrid.

De lunes a viernes



Una comisión de servicios me trajo al IES de mi pueblo. Estaba muy bien en el anterior, en una pequeña ciudad a 25 quilómetros de aquí, y ahora estoy muy requetebién en el actual. La razón mayor (la menor, importantísima, es que puedo ir andando al trabajo, un lujo, ahorrándome así esa cantidad no pequeña de dinero y de tiempo que supone el uso del coche) es que estoy en compañía de de S., el director, J., el vicedirector, A., la jefa de estudios, X., el secretario y J., el jefe de estudios de los adultos, que son buenos, estupendos, trabajadores, inteligentes, eficientes y simpáticos. Viajan, van al cine, leen libros: tienen lo que se dice “conversación”. Un no caber de contento, vaya. En estas condiciones yo lo que tengo no es un trabajo sino un ramo de placeres, los que van de lunes a viernes.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Bajándola



Veo que se puede soportar el tiempo de espera de la palabra no sólo alzando la mirada, hacia las nubes, sino también bajándola, hacia los baldosines granates o el suelo de corcho. Aquí, como allí, los ojos se pierden y adentran, a la espera.