Tres semanas antes de las
elecciones del pasado 20 de diciembre yo cambié mi voto. Estaba seguro de que
había tomado una buena decisión pero, con todo, quería asegurarme todavía más,
necesitaba más información. Lo que hice fue, en diferido, en los días finales
de la segunda semana de la campaña, zamparme el debate que Pablo Iglesias y Albert
Rivera habían tenido en la Universidad Carlos III, después el que hubo a tres
bandas, ahora ya con Pedro Sánchez, en El País, y finalmente el que hubo a
cuatro bandas, ahora también con Soraya Sainz de Santamaría, en la Sexta. El primero
que vi fue el que juntó a Iglesias, Rivera y Sánchez, ante el cual me juré a mí
mismo que atendería exclusivamente a sus ideas, evitando pues las antipatías en
contra y las simpatías a favor. El resultado fue sorprendente: disfrute
muchísimo, lo pasé realmente bien, coincidiendo aquí con uno, discrepando allí
con otro, estando a medias de acuerdo y a medias en desacuerdo otras veces.
Forcé incluso la empatía en los casos en los que necesitaba hacerlo para
obtener un mejor resultado humano. Al día siguiente vi el debate a dos,
Iglesias-Rivera, y al otro más, el sábado 19 de diciembre, el debate a cuatro,
Iglesias-Rivera-Sánchez-Sainz de Santamaría. Mantuve mi juramento, seguí en mis
trece, y los resultados fueron otra vez sorprendente, humanamente buenos. No
quiero que decaiga esta actitud mía y lucharé porque así sea: atender a lo que
me dicen, sorteando las simpatías y las antipatías, para valorar como mala,
como regular o como buena una idea, sea quien sea el que me la diga, llámese
Iglesias, Rajoy, Rivera o Sánchez. O cualquier otro.
sábado, 6 de febrero de 2016
viernes, 5 de febrero de 2016
Los actores negros
Hace unos días fue noticia
en los media la protesta de los
actores negros por la falta de candidatos ídem
a los Globos de Oro y a los Óscars. Algunos de ellos, como Will Smith, no
acudirán a la entrega de estos últimos para escenificar su protesta. Si aquella
falta de candidatos negros obedeció a motivos racistas, es decir, si hubo
críticos en lo que se refiere a los primeros, los Globos, y miembros de la
Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en lo que se refiere a los
segundos, los Óscars, que no votaron a quien lo merecía porque era negro (o
negra), entonces mi reprobación es también absoluta y, de ser yo actor negro,
no acudiría tampoco a la ceremonia de la entrega de los premios de la Academia.
Y puestos a ser algo, de ser yo Leonardo di Caprio, quien merece pero ya que le
den el Óscar, porque es un actorazo, porque me cae bien y porque lucha contra
el cambio climático (en este punto está en pie de guerra con el papa Francisco,
a quien visitó no hace mucho), mis palabras, es decir, las de Leonardo di
Caprio, tras recibir la “codiciada estatuilla”, serían las que siguen: “Dedico
este Óscar a Alfre Woodard, Angela Basset, Chiwetel Ejiofor, Cuba Gooding Jr., Dany
Glover, Denzel Washington, Don Cheadle, Eddie Murphy, Forest Whitaker, Gabourey
Sidibe, Halle Barry, Jamie Foxx, Jeniffer Hudson, Laurence Fishburne, Lupita Nyong’o,
Morgan Freeman, Pam Grier, Queen Lattifah, Rosario Dawson, Samuel L. Jackson, Sidney
Poitier, Spike Lee, Steve McQueen, Thandie Newton, Viola Davis, Wesley Snipes, Whoopi
Goldberg, Will Smith, por mencionar solo a algunos de nuestros grandes
compañeros negros. Es para vosotros, chicos”.
sábado, 9 de enero de 2016
Escuchar
Lo que siempre estará en mi
mano en una conversación, por más agria e intempestiva que se ponga, es
escuchar. Esto solo depende de mí y que sea así me consuela muchísimo porque nunca
faltarán las condiciones para que pueda cumplir uno de los requisitos
principales de una conversación, sin que nadie pueda impedírmelo. Lo otro, lo
que yo diga y exponga, no podrá eludir los factores en cierto modo incontrolables,
que están siempre sujetos a la vivacidad y particularidad del momento, y que
son el interlocutor o interlocutores que tenga delante con todas sus especifidades,
yo con todas las mías y el entorno con todas las suyas, de las que dependerá la
mayor o menor calidad de la conversación, sin descontar que pueda no alcanzar
ninguna.
lunes, 4 de enero de 2016
Paso la vida
Así como uno debe amar sin esperar nada a cambio, así debe leer sin esperar nada a cambio más allá del puro gozo de leer.
Leo porque me interesa, me gusta, me entretiene, me acompaña, porque llena mi tiempo y así paso el rato, paso la vida. Leo para abismarme más allá de mí, para encontrar lo que yo no tengo, para disfrutar con los logros de otro, para ver hasta dónde llega la genialidad humana; leo para entenderme, para saber quién soy, para situarme, para estar también, sí, informado. Leo por el puro placer de leer, motivo al fin tautológico: me gusta leer porque me gusta leer. Leo sin cesar y me canso de leer no cansándome nunca de leer. Sin lectura me quedo huérfano, aunque la demasiada lectura me abruma a veces a posteriori, cuando me pregunto lo que uno nunca debe preguntarse: “¿para qué tanta lectura?” Para nada, para todo, para pasar el rato y pasar la vida.
En mi caso es importante no buscarle réditos eruditos a la lectura. Si lo hago, caigo en desesperación, porque, a bote pronto, y tras pasar los ojos por los cientos de libros que uno lleva ya leídos, compruebo que en mi recuerdo apenas ha quedado nada. ¿De qué iba este libro, y este, y este, y este...? Uno entiende entonces que es muy justa la definición de la cultura como el poso que queda después de haber leído cientos de libros, pues, para el común de los mortales, con memorias precarias y nada prodigiosas, lo que queda ciertamente son solo unas borras. Pero mi problema es que no acabo de conformarme con estos minúsculos restos y ahí es donde surge mi desolación y mi cabreo. Si no envidiara al erudito, al que sabe muchísimo entre otras cosas porque cuenta con una proverbial memoria, y, ojo, porque también se lo ha currado con muchas horas no solo de mera lectura sino también de estudio, no habría tal problema. Pero la cuestión de fondo es que de unos años acá se me ha dado por querer saber y no olvidar ya nunca, y, claro, bajo esta luz, te quedas helado al comprobar todo lo que en su momento has sabido y ahora ya no sabes, que es casi todo. Para que estos asuntos no me agobien mi deseo lector tiene que ser redefinido como un deseo de nada, que en mi caso significa el humilde anhelo de que tal o cual libro, como un buen amigo, me acompañe no más que unos días, unas horas, para pasar el rato, para pasar la vida.
jueves, 31 de diciembre de 2015
El año que fue
Tuviste miles de momentos
así a lo largo de este año, plácidos unas veces, impacientes otros, sin un
libro que te sirviese, ni una música, ni una imagen, pues justamente así tenías
que permanecer, sin nada, con silencio, en la dormición.
martes, 29 de diciembre de 2015
Varia
La piedra dura es el hermano, en la que tropiezas, pero que te salva de ti mismo.
La limosna que te da Dios hoy es solo para hoy. Mañana tendrás que pedir otra.
Oh, Dios, no me dejes en mis manos.
Se suceden estados raros y no acierto a comprender quién los guía.
¿Cómo se logra la transición de la soledad a la compañía? ¿Es necesario que se rompa algo?
Vosotros sois mis amados y no acierto a serviros.
Lo que ahora me das, después me lo quitas. Qué rara es tu paz, Señor.
La pregunta del hermano nos hace ver lo que de otro modo no veríamos.
Quien escucha siempre triunfa.
Cualquier cosa que no sea estar aquí ahora no es estar aquí ahora.
Me quedo con vuestros nombres y así os conozco.
jueves, 24 de diciembre de 2015
En el umbral
De Olegario González de Cardedal, Navidad y Epifanía, 2002-2003:
I
En el umbral del misterio nos quedamos.
En el umbral del amor nos quedamos.
En el umbral de la verdad nos quedamos.
En el umbral de la belleza nos quedamos.
En el umbral del prójimo nos quedamos.
En el umbral de Dios nos quedamos.
¿Quién nos pasará del umbral al santo de los santos?
¿Quién vendrá a nosotros del fuego del hogar
al portón del umbral?
¿Cómo llegar al corazón de los que amamos?
¿Cómo perforar nuestra corteza y llegar a la entraña?
¿Quedaremos alejados para siempre de aquello
que realmente amamos?
Los labios de la sed y la fuente del agua,
¿no serán nunca hermanos?
II
Si tú no nos adentras hasta el fondo del pozo,
Si tú no abres las puertas que dan al santuario,
Si tú no nos traladas el duro granito
de nuestro corazón,
no llegaremos nunca al altar donde mana
el agua de la vida,
ni sabremos que eres tú el hontanar de la sed
y de la espera.
Llévanos, Señor, del umbral hasta el centro,
del portal al hogar,
donde enciendes la lumbre y despliegas
la mesa y nos partes tu pan,
para alumbrar tu faz, para el calor del hombre,
para vida del mundo.
Feliz Navidad y que Dios os bendiga.
I
En el umbral del misterio nos quedamos.
En el umbral del amor nos quedamos.
En el umbral de la verdad nos quedamos.
En el umbral de la belleza nos quedamos.
En el umbral del prójimo nos quedamos.
En el umbral de Dios nos quedamos.
¿Quién nos pasará del umbral al santo de los santos?
¿Quién vendrá a nosotros del fuego del hogar
al portón del umbral?
¿Cómo llegar al corazón de los que amamos?
¿Cómo perforar nuestra corteza y llegar a la entraña?
¿Quedaremos alejados para siempre de aquello
que realmente amamos?
Los labios de la sed y la fuente del agua,
¿no serán nunca hermanos?
II
Si tú no nos adentras hasta el fondo del pozo,
Si tú no abres las puertas que dan al santuario,
Si tú no nos traladas el duro granito
de nuestro corazón,
no llegaremos nunca al altar donde mana
el agua de la vida,
ni sabremos que eres tú el hontanar de la sed
y de la espera.
Llévanos, Señor, del umbral hasta el centro,
del portal al hogar,
donde enciendes la lumbre y despliegas
la mesa y nos partes tu pan,
para alumbrar tu faz, para el calor del hombre,
para vida del mundo.
Feliz Navidad y que Dios os bendiga.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Los consuelos de Dios
Los consuelos de Dios vienen
siempre del mundo que nos rodea. ¿Dónde, sino en nuestro aquí y nuestro ahora, nos confortará Dios? Y será alguien o algo
de todos los días: tu madre, tu esposo, tu hija, tu amigo, tu compañera de
trabajo, tu vecino, un libro, una entrada de un blog, un vídeo en youtube, un
anuncio en la tele, tu rostro visto en el espejo mientras te cortan el pelo,
quien te alivie y te de un empujoncito.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Ardientemente
Comienzo a escribir esta entrada
a las 7:51 de la mañana. Tengo sueño pero no puedo dormir. Ayer me acosté a las doce y media. A las cuatro y media, o incluso antes, a las cuatro, ya estaba
despierto. Las horas siguientes fueron difíciles, de insomnio duro. ¿La situación
de España, el resultado de las elecciones eran el motivo? Posiblemente. Sería
la primera vez que yo sufro realmente por España hasta el punto de no poder
dormir. Esto me llena de orgullo. Por una vez, es mi país lo que me duele hasta
el punto de robarme el sueño, no ya sufrimientos interiores o de otra índole. La
preocupación por lo que pase a partir de ahora ha afectado a mis nervios. Curiosamente,
me alegra este desquiciamiento mío, como si, solo con él, pudiera estar a la
altura de las circunstancias. Deseo ardientemente, ardientemente, que todo
salga bien para todos.
sábado, 19 de diciembre de 2015
Conviene que el alma
Conviene que el alma, si se
ha abierto demasiado, se cierre, para que vuelva a estar escondido lo que se
reveló.
viernes, 18 de diciembre de 2015
jueves, 17 de diciembre de 2015
Los políticos
Los políticos se equivocan y pecan unas veces como el que más, otras veces como el que menos.
Es importante para mí tener presente esto.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
A pesar de los pesares
Son muchos los pesares que Aurelio Arteta le endosa a la vejez, quizá demasiados, cuando en verdad habría que decir que no existe la vejez sino los viejos, y la suerte de estos es varia en lo que respecta a la salud y la enfermedad, la soledad y la compañía, los dos factores de los que depende en mayor grado que la vejez sea más o menos pesarosa. Pero según lo que escribe el autor vasco en A pesar de los pesares. Cuaderno de la vejez, esta es pesarosa sí o sí, y lo demás son cuestiones de detalle. A mí desde luego el libro me ha asustado y más querría yo morir antes que llegar yo a la edad provecta si lo que me voy a encontrar es eso y solamente eso que nos cuenta Aurelio Arteta. Sin embargo toda su oscuridad, la poca o ninguna luz última que en su opinión tienen los últimos años de la vida de un hombre, depende principalmente de su cercanía al final, a este final: la muerte aniquiladora, la nada, el no ser, el postrero y definitivo olvido. Como ateo, ante este final, a las connaturales miserias de la vejez (si es que las tiene, añado yo matizando a Arteta, pues, insisto, la suerte es varia), se suma la miseria última que es morir para siempre, no vivir ya nunca más. De aquí no nace ninguna alegría, ninguna esperanza, ningún bien, porque es imposible que lo haga. No hay nada porque no hay nadie. Pero merece la pena, afirma Arteta, a pesar de las penas de la vejez y de la más penosa de todas que es morir del todo y para siempre, haber nacido, haber vivido, porque el hombre es el más valioso de los seres, tiene dignidad, incluso el mayor de los criminales vale más que cualquier otro ser no humano.
No sé si todos los no creyentes se sumarían a la presentación de la vejez que hace Arteta. Acaso sí, si, con la misma rotundidad que él, creen que es una nada rotunda el destino final del todo hombre. No puede haber esperanza última, solo “esperanzas penúltimas”, las ligadas a esta vida, afirma el autor de Tantos Tontos Tópicos, y con estas se debe conformar el viejo que, por su edad, más cerca está que cualquier otro de saber que uno, finalmente, se muere. El punto es punto final.
martes, 24 de noviembre de 2015
lunes, 23 de noviembre de 2015
Padre, Señor, Amigo
Parafraseando a Olegario (González de Cardedal):
Hijos del Padre, siervos del
Señor, amigos del Amigo: así es nuestra relación con Dios.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Pío Baroja
Al oír en el telediario el
nombre de Pío Baroja, que informaba sobre su novela inédita, Los caprichos de la suerte, mi madre
comenzó a decir algo sobre él. “Espera un momento, mamá, que quiero escuchar la
noticia”. Al terminar la información, le pedí que siguiera con lo que estaba diciendo,
que fue lo que sigue: “Baroja va sus zuecos arrastrando y su carrito guiando,
tirado por un borrico. ‘¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que
yo?’ Mas cuando el rostro volvió, vio que otro pobre iba cogiendo las migas que
el arrojó”. “¡Anda, mamá!, ¿y esto?” “Lo aprendimos en la escuela, de niños”.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Il popolo, l'aristrocratie
Uno escucha el italiano y se
siente parte de “il popolo”; escucha el francés, y se siente parte de “l’aristrocratie”.
En ambos casos, música para los oídos.
(Y en Al hilo de mis ojos, mi blog de fotos, El príncipe del agua, que no es otro que mi amigo Emilio)
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Un recuerdito
Tan importante como repasar
el mal que hemos hecho es olvidar nuestras buenas obras. Pero acaso no está de
más un recuerdito de este nuestro buen hacer los días en los que nos creemos
malos malísimos, no más que por ahuyentar la desesperación. ¿Y un recuerdo de
nuestro mal hacer? También, para corregirnos de nuestra presunción.
martes, 3 de noviembre de 2015
La principessa
“Buongiorno, principe”, me dice muchas mañanas cuando llego al trabaja. “Buongiorno, principessa”, le contesto.
La principessa, en uno de sus viajes a países exóticos, se vio en apuros al quedarse rezagada cuando bajaba de un volcán, pues su paso era más lento que el del resto del grupo que la acompañaba. Cuando este llegó a un punto en el que se abrían dos caminos, la guía no tuvo el detalle de darse la vuelta para comprobar si estaban todos. Al llegar aquí, la principessa se dijo: “¡Mio Dio, ora che faccio!” Unos jovencitos motoristas aparecieron de pronto, si bien, al no saber ella inglés, malamente iba a poder entenderse con ellos. El caso es que le vino a la cabeza el famoso “Don’t worry”, de Bobby McFerrin, y así se arregló todo.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Las maravillas
Tras ver en Filmin La canción del mar, del director irlandés Tomm Moore, una maravilla
de dicha y luz, pienso que las maravillas que inventamos los hombres son
huellas del cielo, caminos que nos llevan a él, anuncios clarísimos de un mundo
radiante y feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)