jueves, 23 de febrero de 2017

Jackie

Jackie, de Pablo Larraín, es una historia de fantasmas. En esta película, el director chileno imagina cómo pudieron ser los días vividos por Jacqueline Kennedy tras el asesinato de su marido en Dallas y hasta el día de su funeral. A Jackie (interpretada por Natalie Portman), la vemos casi siempre en primer plano y nunca alcanza a tener una consistencia real, la de los seres de carne y hueso, como si con ello Larraín quisiese subrayar su dolor, pues tal es su efecto cuando su intensidad es desgarradora: los dolientes navegan como náufragos entre los demás y parecen no existir. Jackie es un ser que vaga, pero no tanto que no pueda pensar, hablar, tomar decisiones. Sin embargo, atravesada por el dolor en todo momento, el abatimiento la desrealiza, y es esta pérdida de realidad la que Larraín consigue mostrar con recursos exclusivamente cinematográficos: no lo dice sino que lo vemos. Pero creo que el director chileno quiere además que notemos que su narración no es más que un pudo haber sido así, que su Jackie doliente no es más que un parto de su fantasía. 

martes, 21 de febrero de 2017

Una de mis historias con el cine

En Silleda hubo cine en los tiempos en que los había en casi todos los pueblos y yo sólo recuerdo haber visto una película, tal vez una de Walt Disney. Después, el cine de mi pueblo, como el de todos los pueblos, desapareció. Habrían de pasar algunos años hasta que volviese a otro. En 1978, cuando se estrenó el primer Superman, aquel en el que aparecía Marlon Brando, mi hermano Rodrigo nos llevó a mi hermana Lucía y a mí al Capitol, en Santiago, a verlo, y esta fue la segunda vez que yo fui al cine. Con la sola guía de mi memoria, siempre falible, la tercera podría haber sido cuando, en una excursión escolar, nos llevaron a ver Gandhi, y esto debió ocurrir en 1982. Solo en Salamanca, a donde marché a estudiar teología el año 1983, se convirtió el ir al cine en moneda corriente. Casi todos los viernes por la noche, solo unas veces o con mi amigo Dorian otras, cumplía el rito.
Me viene a la memoria Saló, o los 120 días de Sodoma, que me resultó tan repulsiva que poco faltó para levantarme y abandonar la sala; Abyss, de James Cameron, con su culebra de agua, sus seres abisales fantásticos y benefactores, y el portentoso final en la que la ciudad-nave extraterrestre emerge a la superficie, salvando así a los trabajadores de la plataforma submarina de una muerte segura; El último emperador, de Bertolucci, en la que un muy británico y atildado Peter O’Toole instruía al último emperador en la Ciudad Prohibida, y que a mí me aburrió un montón; Cartas a Iris, de Martin Ritt, con unos maravillosos Jane Fonda y Robert de Niro, que vi, no un viernes por la noche, sino una tarde con un sol espléndido de algún otro día, y de la que salí muy reconfortado, que es como se sale siempre de las películas “bonitas”. Hubo muchas más, claro, pues siete años de estancia salmantina dan para mucho, pero estas son las que me vienen ahora a la cabeza.
El mes de julio del año 1990 volví a Galicia. Los viernes, aunque ahora por la tarde, continuaron siendo mis días de cine. Mientras tanto, y desde hacía ya tiempo, había ido engrosando mi colección de cintas (y nunca mejor dicho, pues eran todavía los tiempos del VHS analógico) de películas grabadas en versión original subtitulada, convencido ya de que una película doblada era una película en parte impostada, pues no deja de ser una “impostura” que sobre la voz original del actor, única e insustituible, que interpreta un personaje, se ponga otra y borre aquella. En estas llegó internet y con él la posibilidad de ver los estrenos en versión con subtítulos. Entonces, yo, dejé de ir al cine, pues sus salas únicamente proyectaban versiones dobladas. Solo volví a ir pasado mucho tiempo, cuando conocí a Ana y a Patricia y empecé a quedar con ellas para tener un cine-cena algún que otro viernes.
El 18 de marzo de 2015 se abrió en Santiago Numax, cine, librería y laboratorio a un tiempo, y dado que las películas de todas sus secciones iban ser siempre en versión original subtitulada, yo tendría que haber retomado sin dudarlo ni un segundo mi encuentro semanal con el cine en una sala como Dios manda. No fue así. Llevaba ya muchos años viéndolo en casa, ora en la pantalla del televisor, ora en la del ordenador, y no sentí ninguna gana de, como en tiempos pasados, coger el coche y marcharme gozosamente a Santiago a ver una película en el cine. Pero lo que un día empieza un día acaba, y así, las oscuras golondrinas, las tupidas madreselvas, han vuelto. Cada sábado por la tarde, siempre que haya una película que me interese, una butaca del Numax será mi asiento. Y la cosa ya empezó el día 18, con Jackie, la película de Pablo Larraín sobre Jacqueline Kennedy, interpretada por Natalie Portman.

sábado, 18 de febrero de 2017

Un poco idiota

Una lectura placentera es una lectura que nos hace felices y hacer lo contrario, salvo que existan razones de orden superior, es ser un poco idiota. Yo confieso haberlo sido muchas veces por una sola razón: puesto que he pagado el libro, me niego a no leerlo aunque me vaya dando cuenta de que no me interesa demasiado. He hecho una inversión y sólo será rentable si leo el libro. ¿Pero es rentable el fastidio y el aburrimiento que ello me causa? Sí, realmente soy un poco idiota, y tengo que pensar mejor qué libros compro.

jueves, 16 de febrero de 2017

Los ojos de Davis, los ojos de Sarandon

Siempre pensé que había un hilo directo entre los ojos de Bette Davis y los de Susan Sarandon y, mira por donde, la actualidad cinematográfica viene a confirmármelo. La cadena HBO va a estrenar una mini serie que cuenta los avatares del rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?, protagonizada por Bette Davis y Joanne Crawford. Pues bien, ¿saben qué actriz encarna a la primera? ¡Susan Sarandon!

domingo, 12 de febrero de 2017

Momento La Tour

El pasado viernes día 3 el temporal que asoló Galicia nos regaló un momento La Tour. Se fue la luz y mi madre y yo nos alumbramos con sendas velas. Sin nada que hacer, cada uno a su manera se puso en estado de semi-sueño o semi-vigilia, como una Magdalena o un San José del pintor francés. Solo faltó la aparición de un ángel.

viernes, 10 de febrero de 2017

Ira y desprecio

Supongo que hay un arte de la ira y el desprecio que, cristianamente, se pueda manejar y se deba usar. ¿Existirá tal carisma, el don que cualifique a alguien para que muestre ira contra personas y desprecio frente a ideas y actitudes?  

miércoles, 8 de febrero de 2017

El duelo

Su padre no sólo murió de cáncer sino que además tuvo tremendos dolores, lo que lo empujó, furibundo, a dirigirse al médico para que se lo evitase sin dilación. No sé si, de no haber muerto en estas circunstancias, su duelo habría sido menos duro, pero el caso es que le hizo frente con un do pecho, en el que se dijo a sí mismo: “Vale, esto va a durar alrededor de un año o sea que p’alante”. Y, así, sabiendo que el tiempo de duelo tenía sus meses contados, se tiró con arrojo a la piscina.

lunes, 6 de febrero de 2017

Cuadrar el círculo

Si sales derrotado de ciertos intentos vitales en los que intentaste cuadrar el círculo, aunque sea a regañadientes acéptalo. Más pronto que tarde quedarás tranquilo.

sábado, 4 de febrero de 2017

El diablo se niega

El diablo se niega tanto a sí mismo que al final consigue no ser más que una abstracción. Por eso podemos creer que no existe.

jueves, 2 de febrero de 2017

Justo a mí

Demasiada seriedad, tantas veces.
Demasiada pulcritud, tantas veces.
Demasiada susceptibilidad, tantas veces.
Demasiado maticismo, tantas veces.
Demasiado perfeccionismo, tantas veces.

¡Ay, “justo a mí tenía que tocarme ser como yo”*!

*Felipe, el amigo de Mafalda, el celebérrimo personaje creado por el humorista gráfico Quino.

martes, 31 de enero de 2017

Desmontar mentiras, decir verdades

Si una de las tareas de la historiografía consiste en desmontar mentiras y decir verdades, a María Elvira Roca Barea, por su Imperiofobia y leyenda negra, habría que darle el premio más extraordinario que pensarse pueda. Si tuviera más ojos que dos, todos se me abrirían como platos tras ver cómo esta mujer, una auténtica lince, va poniendo cara arriba, una tras otra, todas las afirmaciones de la leyenda negra para que quede bien a la vista lo que fueron: medias verdades cuando no burdas mentiras, orquestadas en todos los casos por élites locales que veían peligrar su poder. Primero fueron los humanistas italianos, después los reformados y nacionalistas alemanes, después los orangistas de Flandes, más tarde los anglicanos desde Enrique VIII en adelante, después los Ilustrados franceses, después los liberales del siglo XIX, después, a finales de este mismo siglo, los americanos que se dejaron embaucar por el poderosísimo Hearst y así hasta hoy, pues el asunto todavía colea en pleno siglo XXI. Creo que nunca un libro de historia me sacó más vendas de la cara que este y no creo que sean muchos los que le hayan hecho tanta justicia a España y al Imperio español. “El Imperio español merece justicia histórica y la tendrá, pero hace falta mucho más tiempo”, dice la autora en las últimas páginas del libro. No estaremos nosotros aquí para verlo, claro, pero nunca es tarde para la verdad cuando esta llega.

lunes, 30 de enero de 2017

Meryl Streep, again (y van veinte)

Este año Meryl Streep ha recibido su vigésima nominación a los óscar, y vendrán más en años próximos, eso seguro. Yo me uno a todos los que afirman que es una actriz sobrevalorada. Es muy buena, de eso no cabe duda, y a mí me gustó muchísimo en Kramer contra Kramer, Silkwood, Los puentes de Madison, Las horas y El diablo se viste de Prada. Lo que no me gusta de la Streep es que, teniendo una técnica perfecta, no consigue que no se note que la tiene. Esto le quita magia, verdad, espesor, a muchas de sus interpretaciones. Su tan alabada interpretación de Margaret Thatcher, por ejemplo, que le valió su tercer óscar, fue, sí, una genial imitación, pero solo fue imitación y no recreación, salvo quizá en la parte que cuenta los últimos años de vida de la premier británica, cuando ya padecía los efectos del alzheimer. Recuerdo que por esas fechas, recién estrenada la película, Elvira Lindo comentaba esto mismo y hacía valer su argumento contraponiendo a la interpretación de la Streep la de Julianne Moore en el personaje de Sarah Palin, la cual, más que un calco genial, lograba la recreación vívida de esta política estadounidense.

jueves, 26 de enero de 2017

Yo para mí

Que sea yo para mí el primer motivo de mi felicidad.

Que sea yo para mí un permanente motivo de felicidad.

jueves, 19 de enero de 2017

Los lleva puestos

Yo me mostré muy contento cuando supe que todos mis sobrinos de Silleda querían ir al entierro del tío Luis. “Le va encantar”, les dije. Y no paré aquí. “Oye, y, salvo que os horripile, acercaos a verlo en el féretro. Os resultará muy educativo”. Al día siguiente, cuando entraron en el velatorio, sin duda ni arredro alguno, se aproximaron al ataúd y, más que mirarlo, lo escrutaron. “¿Qué te parece, Martina?” Martina tiene nueve años y es un encanto de niña. “¡Uy, qué mal rollo!”, me contestó. Mal rollo sí, pero no una sino varias fueron las veces que se acercó a contemplar el cadáver de su tío abuelo.
El día anterior habíamos ido mi madre, mi hermana María y yo a velarlo. Al entrar en la habitación, no tardé nada en situarme junto el ataúd para observar su cadavérico rostro. Su expresión era apacible pero, como le faltaban las gafas, resultaba un tanto irreconocible. “Pensé en ponérselas”, me dijo Arsenio, el superior, “y también el bastón, su gran aliado en estos últimos tiempos”. “Oye, no dudéis en quedaros con unos zapatos que se compró en Silleda estas Navidades y que deben de estar casi nuevos. A alguno le servirán”. “Los lleva puestos”. ¡Qué gran tipo Arsenio! Le entristeció que no quedáramos toda la familia a comer con ellos. Insistió hasta la saciedad, convencido de que las dos familias de mi tío Luis debiéramos sentarnos y sentirnos juntos el día de sus exequias. Le prometí que otro día, más adelante, vendríamos a disfrutar de sus agasajos. Espero no faltar a esta promesa. Bien lo merecen sus extraordinarias dotes como anfitrión, su simpatía innata, sus ocurrencias sin descanso.

miércoles, 18 de enero de 2017

Corona a tu siervo, Señor

“Corona a tu siervo, Señor”. Esta es la petición que me vino a la cabeza ayer por la noche, cuando estaba en cama. Pensaba en mi tío Luis, a quien habíamos enterrado por la mañana en el monasterio mercedario de san Juan de Poio. El próximo diez de marzo habría cumplido ochenta y nueve años. De camino al cementerio, veíamos al fondo la ría de Pontevedra. El día que lo trajimos a esta comunidad mercedaria, una vez que entró en su habitación, lo primero que hizo fue asomarse al balcón, mirar al cementerio y decir: “Ahí está mi próxima casa”. Tenía muy claro que había venido a morir a Poio y que aquí quería ser enterrado. Se cumplió justo antes de que lo hubiesen trasladado a la residencia para los mercedarios mayores que la orden fundada por san Pedro Nolasco tiene en Salamanca. Y fue también ayer por la noche cuando fui consciente de que, un poco sin darme cuenta, en algún momento en que me quedé contemplándolo fijamente en uno de los días que pasó con nosotros en Navidad, medio le había pedido a Dios que le concediera a su siervo su más que merecido descanso y se lo llevara consigo. Mi tío Luis, debido a la falta de riego sanguíneo en el cerebro, padecía vértigos y mareos; sufría un insomnio casi crónico; cualquier ruido inesperado era para él como una descarga eléctrica que le producía un temblor espasmódico; su memoria de las cosas recientes la había perdido casi por completo y él era consciente de ello. Nadie, al verlo, podía imaginar tales cosas porque su aspecto exterior era estupendo, con un cutis fino en el que apenas había arrugas, y por eso le decían: “Padre Luis, ¡pero qué bien está usted!”. “La carcasa, solo la carcasa”, respondía él.
Y como esto va de los pensamientos que le vienen a uno a la cabeza, otro que también me vino un día fue pensar que, más allá de sus defectos, una corriente de santidad lo había acompañado a lo largo de su vida. Lo compartí con mi hermana Lucía y se mostró de acuerdo.
¿No es fenomenal haber llegado por fin a casa, tío Luis?

miércoles, 11 de enero de 2017

Su don de realidad

Hay que aferrarse a las cosas y permitir que nos entreguen su salvación, su don de realidad.

martes, 10 de enero de 2017

Las razones de la razón

Vale, el corazón tiene razones que la razón no entiende pero seguramente la razón tiene también razones que el corazón no entiende. Les toca trabajar juntos.

martes, 3 de enero de 2017

Absolutamente inexplicable

Si alguna duda me quedaba, la relectura de El mal, del teólogo lovaniense Adolphe Gesché, me ha confirmado en la idea de que el mal es absolutamente irracional e inexplicable. Lo que Gesché consigue de modo insuperable es hacernos ver por qué es así. Ni siquiera la teología, que en este punto puede y debe ir más allá que la filosofía, es capaz de dar una respuesta a la pregunta de por qué el mal existe. Echando mano del tan sencillo como profundísimo relato del Génesis, solo se podrá decir dos cosas: que hubo un agente tentador, exterior al hombre, la serpiente; y, en segundo lugar, que Eva y Adán cayeron en la trampa, es decir, que pecaron. Pero la irracionalidad persiste y el relato del Génesis, más que responder a un “¿por qué?”, relata un “fue así”. Todos damos testimonio de esta irracionalidad cuando, ante un acto malvado, nos decimos: “Pero, ¿cómo fue capaz, por qué lo hizo, qué le paso por la cabeza? Debía de estar loco”, etc., etc., etc. En última instancia terminamos por apelar a la locura, es decir, a la anormalidad, a la irracionalidad, para tratar de entender lo que es absolutamente ininteligible.

domingo, 1 de enero de 2017

PH

¿A cuántos como él les habrá tocado ser la percha moral y afectiva de la que se cuelguen gente desvalida y también un tanto aprovechada? PH es una persona extraordinaria, de gran inteligencia y enorme sabiduría. No sé cuánta de esta se la debe a la dolencia que lleva padeciendo desde hace seis años, pero, por muy alta que sea la dosis extra que le haya proporcionado, él habría sido igualmente el gran hombre que es. A veces tiene que dar algún coletazo para alejar a los chupópteros que solo buscan y no dan nada a cambio. Ser una columna en medio de hombres débiles tiene estas inevitables consecuencias.
Me gustó mucho una observación que hizo un día. Cayó en la cuenta de que para la moral cristiana la pereza es un pecado capital y le pareció un acierto porque en muchas de las personas que reciben de él consejo y orientación detectó la falta de ganas para cambiar de vida, para aplicar esos ajustes en tu comportamiento que tu inteligencia distingue claramente. No cambias de vida porque, simplemente, no te apetece, te da pereza, y esto es algo tremendo.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Raros, raros

Los seres humanos somos raros, raros, tanto que nunca esperarías que una mujer, solo “vestida” con cuerdas, tras declarar ante la cámara del director austríaco Ulrich Seidl en el documental En el sótano, que le pone el sadomaso, diga también que ¡trabaja en Cáritas para luchar contra la violencia de género! Al oírlo, tanto se me arquearon las cejas que casi me salen disparadas hacia el techo. Pero no era el suyo ningún capricho flâneur. De dos matrimonios había salido literalmente apaleada y tuvo claro que iba a luchar contra esta lacra. Que, además, de resultas de ello, le quedará un gusto por el sadomaso ya es para echarse más bien a llorar.

martes, 27 de diciembre de 2016

El viejo continente

Me resulta desolador comprobar cómo, a pasos agigantados, Europa se convierte cada vez más en un inmenso geriátrico. Esta pirámide poblacional a la inversa forzosamente ha de caer hacia un lado o hacia otro. Me gustaría que hordas de infantes, niños, adolescentes y jóvenes de toda raza y condición nos invadieran pacíficamente de modo que la base de nuestra peligrosa pirámide invertida fuese engordando cada vez más por abajo hasta que la parte de arriba quedase de nuevo bien sostenida. O, ya a la desesperada, que tras deliberación y propuesta del Parlamento Europeo, la Comisión Europa alquilase millones de vientres de mujeres necesitadas para que gestasen y pariesen los niños que el Viejo Continente precisa para que dejase de ser precisamente eso, un viejo continente...

jueves, 22 de diciembre de 2016

No sus derechos sino nuestra obligación

Los animales no tienen derechos porque no están en condiciones de exigirlos. Lo que sí obtienen es nuestra obligación de cuidarlos y evitarles sufrimientos innecesarios. Hablar de “los derechos de los animales” es una inexactitud filosófica pero a los animalistas “inexactos” no parece preocuparles esta nimiedad y entienden que solo otorgándoselos queda garantizado su bienestar. Si tuvieran el gusto por el matiz, en definitiva, por la verdad, entenderían que no se puede quebrar impunemente la escala ontológica y axiológica y laminar al hombre para que baje de su falso puesto superior y quede a la altura del resto de los animales. Así perdemos todos, porque bien pudiera ocurrir que llegara el día en que salvar a un perro antes que a un niño, si se diera el caso de que solo pudiésemos salvar a uno de los dos, no fuese la mayor de las indecencias.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Más grande, más pequeño

¿Qué significará en el cielo eso de ser más grande o más pequeño? De entrada, rica variedad, claro. Después, ya no lo sé. ¿Más grande o más pequeño que quién seré yo, si Dios tiene a bien llevarme junto a él?

sábado, 17 de diciembre de 2016

El gallo, el gato

¿Hace kikiriki el gallo? Hace kikiriki mi madre. ¿Hace miau el gato? Hace miau mi madre. Así los tiene de su mano, cantarines y gozosos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

La vida manda

En el improbable caso de que, cuando tenga setenta, ochenta o noventa años, un editor despistado me pidiera que publicase lo escrito hasta ese momento en mi blog, yo le diría: “De acuerdo, pero con una condición: el título, sí o sí, será La vida manda”.

martes, 13 de diciembre de 2016

Patente de corso

Hay personas tan buenas, tan buenas, que se les podría dar patente de corso porque nunca la utilizarían.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Bizarros sueños

Si duermo mal, la posibilidad de tener un sueño extraño y rarísimo es bastante alta. Como lo de la lluvia de la entrada anterior, también esto me ocurrió en Madrid. Y dice así (el sueño): Estoy durmiendo y me despierto porque oigo ruidos. Veo entonces que la mujer de la limpieza está dentro haciendo lo suyo, cosa rara, porque es tempranísimo y además ha entrado sin llamar. Le largo un ¡pero bueno! y al instante, al lado derecho de mi habitación, se descorre la pared y aparecen más personas, que parecen estar asomándose a otra habitación. Me entero entonces que en este otro cuarto se graban tríos sexuales. Escandalizado, me voy a toda prisa a recepción para pagar y marcharme cuanto antes. El recepcionista me dice que, dentro del pago, se incluye la compra obligatoria de una salchicha o cosa parecida. Yo le largo un ¡ni de coña! y, furibundo, salgo pitando a la calle en busca de un policía especialista en cuestiones de consumo. Cuando estoy a determinada altura de la calle empinada que estoy subiendo, me vuelvo y veo que se ha formado una auténtica algarabía enfrente del hotel. Me parece atisbar que entre la multitud hay policías. Regreso y lo que descubro es que, tras salir yo, el recepcionista, para atraparme y hacerme pagar, había hecho lo mismo. Al comprobar que no iba a lograr pillarme, había llamado a los guardianes del orden. Aquí ya no recuerdo muy bien lo que pasó, pero es posible que me hubiese liado a tortazos con unos y con otros.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Madrid in the rain

¡Madrid in the rain! Siempre me había encontrado un Madrid cubierto por un majestuoso cielo azul y tuvo que ser precisamente la vez en que Don Francisco, mi médico, se despidió de mí porque deja la consulta para “dedicarse a otras cosas” (¡con 92 años!) la que me permitió disfrutar de un Madrid con lluvias abundantísimas, cosa que nunca antes me había ocurrido. Me encantó pasear por sus calles bajo un pequeño paraguas y sentir cómo los fondos de mis pantalones y mis zapatos se mojaban cada vez más. Ni el musical El rey León, ni la exposición Renoir: Intimidad, ni la obra de teatro La última sesión de Freud, ni Hitchcock, más allá del suspense, me gustó tanto como la sacudida que me propinó un Madrid por fin lleno de lluvia.

martes, 6 de diciembre de 2016

El viejo rockero

Nadie muere hasta que muere, ni el viejo rockero, ni el viejo poeta, ni el viejo maestro, ni el viejo actor, ni el viejo padre, ni el viejo cura... Los queremos en activo, hasta el final, siempre con las botas puestas.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Álbumes

Cuando me canso de leer, una de las cosas que ahora tengo a mano es componer álbumes con las fotos de mis viajes. Internet ofrece miles de sitios para hacerlo y yo caí un buen día en blurb.com y en él sigo. Combinando plantillas, bordes, colores y diseños distintos, he ido colocando fotos en las sucesivas páginas de cada álbum, buscando unas veces contrastes y otras veces complementariedades, siguiendo unas veces un orden cronológico y otras saltándomelo, y no dando nunca ningún tipo de indicación sobre el lugar o el monumento fotografiados. Son álbumes puramente visuales y para nada informativos. No quiero dejar constancia de que estuve en tal o cual sitio sino hacer algo con esas fotos que me he traído y que, normalillas como son, encuentran en el modo como las ajusto una suerte de redención artística.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Operación rescate de tío 2

Hubo una “Operación rescate de tío 1”, en la que nos trajimos a nuestro tío Luis, cura mercedario, desde Sevilla hasta el monasterio de Poio, aquí en Pontevedra, una vez efectuadas las debidas diligencias telefónicas. Está en ciernes una “Operación rescate de tío 2”, mucho más laboriosa que la primera, pues esta vez habrá que ir a Puerto Rico, donde a la sazón se encuentra mi tío Perfecto, sacerdote ex-mercedario y hermano del primer rescatado, en estado de “demencia severa”, según nos comunicaron por teléfono. De momento se encuentra en la residencia “Hogar Santa Teresa Jornet”, sita en San Juan, al cuidado de las Hermanitas de los ancianos desamparados. Mi madre ordenó su inmediata evacuación, pues quiere que muera aquí, sabiendo además que él mismo había expresado su deseo de venirse para España cuando cumpliese ochenta años, cosa que, de ocurrir, tendrá lugar el año que viene. Lo que complica todo el asunto es que hay que conseguir un poder que habilite a quien (más bien quienes) vaya allá a disponer de sus bienes en calidad de tutor legal. Y en estas estamos, en pleno frenesí burocrático, muy ayudados desde allá por el padre Tomás, que está recabando cuanta información pueda sernos útil.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Born to run

Tras leer Born to run, la autobiografía de Bruce Springsteen, me estoy dando un nuevo chapuzón en la música de este cantante, que, si ya me parecía extraordinario, me lo parece ahora todavía más tras haber comprobado que es un excelente escritor, con altísima sensibilidad y fina inteligencia. Y un hombre bueno, además. Al contacto otra vez con su música, su voz y su presencia, todas mis filias pro Bruce han resucitado. Su éxito mundial, el suyo y el de la E Street Band, está más que justificado pues ofrece oro puro, en todo el trayecto que va desde el inicio de la composición de una canción hasta su ejecución sobre un escenario. En todo momento se está ofreciendo a sí mismo, y me pregunto si, sin esta entrega de sí, es posible alguna creación artística que merezca tal nombre.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Está bien

No me disgusta verme con canas en la orilla de mi pelo casi siempre cortado al uno y con unas arruguitas que a mí me parecen sonrisas. Me veo y digo: “Está bien”. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

"Humildad" contemporánea

Incluso de cierta “humildad” tendrá que salvarnos el cristianismo, la que les hace decir a algunos que qué se cree el hombre para demandar eternidad, una vida más allá de la muerte, superioridad sobre los animales, dominio sobre la tierra, etc., si total no es más que un nanopunto infinitesimal que vive en un, igualmente, nanoplaneta infinitesimal dentro de un universo inconmensurable, si no es más que un eslaboncillo de la cadena humana que transita por la historia: “otros me precedieron, otros me seguirán, ¿para qué darme tanta importancia?, no soy más que polvo que viene del polvo y al polvo volverá, y bien está que así sea”. Aquí y allá me he ido encontrando últimamente estas reclamaciones de humildad que son las que más convendrían a ese hombre de hoy que por fin ha descubierto que no es ni el fin de la evolución, ni el centro del universo, ni el señor del planeta, ni un ser superior al resto de los seres animados. Por lo tanto, señores, menos pompa y líbrenos Dios de gritar como Unamuno: “¡Ser, ser siempre, ser sin término, sed de ser, sed de ser más!, ¡hambre de Dios!, ¡sed de amor eternizante y eterno!, ¡ser siempre!, ¡ser Dios!” Estos amigos nuestros, dado que se ven como se ven, creen que no merecen ser siempre y por lo tanto tampoco lo piden. ¿Hasta qué punto a lo mejor ni siquiera lo desean?

lunes, 21 de noviembre de 2016

Felices vacaciones

Se lo pasó muy bien los quince días que estuvo de vacaciones con nosotros, mientras su mujer pasaba las suyas en Cuba con unas amigas, más que muy bien incluso. El sol a raudales de todos los días le permitieron gozar de mañanas de perro y monte en las que daba gracias a Dios por la magnificencia de la naturaleza. El resto lo puso lo que el resto del día daba de sí, el puro placer de hacer vida cotidiana en el nicho -hogar y pueblo- que lo vio nacer y crecer.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El cuervo

Naturalmente es el cuervo el que grazna por las mañanas, como me lo recordó mi hermano Pepe, el pájaro más tempranero y el último en recogerse, añadió. Su graznido en la mañana es cortante y puro, muy feo sí, pero saludador a su manera. Yo se lo agradezco.

jueves, 17 de noviembre de 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

Una sola pieza

Fue siempre hombre de una sola pieza, muy sólido, admirable por eso aunque algunos lo tildasen de ser “muy normal”. El caso es que esta solidez ha ganado flexibilidad y la pieza, que sigue siendo una sola, ha adquirido tonalidades distintas. Se ha convertido pues en una persona muy interesante, al haber aprendido a recibir la savia nueva que siempre aporta la vida a todas horas.  

viernes, 11 de noviembre de 2016

¿Voluntad de la naturaleza, voluntad de Dios?

Los que somos contrarios a la eutanasia debiéramos hilar más fino cuando reclamamos que sea el libre curso de la naturaleza el que ponga fin a la vida del enfermo terminal como si solo así se respetase la voluntad de Dios. No debemos olvidar que es también el libre curso de la naturaleza el que actúa en las enfermedades que matan a los hombres y nuestra obligación es luchar contra la primera para salvar a los segundos. Algo falta y algo falla en nuestra argumentación cuando, de alguna manera, hacemos coincidir en nuestro argumento la obra de la naturaleza con la voluntad de Dios, y yo no sé exactamente qué es.

martes, 8 de noviembre de 2016

Vértigo de velas

Parte de la gracia de las noventa velas que fui poniendo una tras otra en la tarta de manzana que compré en la de Tabora es que aproveché muchas de otros cumpleaños y que no se habían gastado del todo. Reutilice velas, vaya, con lo cual en la tarta del noventa cumpleaños de mamá ardieron aún más y seguro que la cera de alguna estuvo a punto de consumirse del todo. Hay aquí un vértigo de significados que no me atrevo a descifrar. Dejémoslo así.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Que se me ocurran

No quiero que ocurran cosas en mi cabeza sino que se me ocurran, que aparezcan ahí porque quiero yo que aparezcan y no por ninguna otra razón. Quiero ser dueño y señor de mi mente.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Pitufilandia

Atrás los acnés adolescentes y delante pitufilandia, desde el día en que dejé el instituto en el que llevaba trabajando toda la vida y me vine al colegio público de infantil y primaria de mi pueblo. Aquí me paso las mañanas yendo a buscar a los pitufos y las pitufas, que a veces son pitufitos y putifitas, bien porque se ponen malos, bien porque les toca vacunarse, etc. Los más pequeños, cuando te ven por primera vez, te miran con unos ojos de asombro infinito en los que debe esconderse el principio y el fin de toda filosofía. Me pregunto muchas veces cómo es posible que existan criaturas tan mágicas e increíbles, seres fantásticos que salvan cada día nuestro mundo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Ser solo oído

Ser solo oído para el canto
del pájaro
que trina entre los árboles
y alivia mis entrañas.

lunes, 31 de octubre de 2016

sábado, 29 de octubre de 2016

¡Quién lo diría!


El día en el que celebramos el noventa cumpleaños de mi madre, mi hermano Rodrigo, el segundogénito, a escondidas de todos, tuvo la brillante idea de celebrar también los 65 de Luis, el primogénito, para lo que discurrió unas cuantas ideas. Esto le exigió a mi hermano mayor, después de entregados los regalos y sopladas las velas, decir unas palabras, que es como pedirle a una pirámide que se ponga del revés. En familia, es siempre muy tímido y de poquísimas palabras. Así que, con la ayuda de Dios y del magnífico rioja que regó nuestras gargantas (hay que aplaudirle al vino sus magníficas cualidades desinhibidoras), habló. Yo, que grababa la escena con mi Canon, sentí como resbalaba por mi mejilla derecha un auténtico lagrimón. ¡Mi hermano Luis arrancándome una lágrima, a mí, que las tengo tan sujetas!

jueves, 27 de octubre de 2016

Llega el circo

Un nuevo circo aparcó su carpa en Silleda el pasado fin de semana. Alguien me comentó que, dadas las alarmas animalistas, muchos municipios de Galicia, unos cuarenta o cincuenta, ya no permiten a los circos acampar en sus terrenos si tienen animales viviendo en condiciones infra-animales. Es cierto que es penoso ver, sobre a toda a las grandes fieras (leones, tigres, elefantes), encerrados en sus jaulas sin apenas sitio para moverse. Recuerdo que hace ya muchos, muchos años, al pasearme yo ante el circo que entonces estaba en mi pueblo, me causó una pena infinita ver a los enormes paquidermos sujetos y sin apenas poder hacer otra cosa que balancearse un poco. Vale, sí, me sumo también esta vez, como en muchas otras, a la nueva sensibilidad animalista, pero, ¿qué deberían hacer los dueños de los circos con sus leones y tigres y demás fieras? No se les puede negar el pan y la sal a ellos y a su gente sin ofrecerles algún tipo de transición a los nuevos tiempos. Que les den muy buenos dineros, por ejemplo, por todos esos animales que a buen seguro estarán mejor en terrenos amplios en los que puedan desplazarse a su gusto. A cambio, los animales compañeros tradicionales del hombre: perros, caballos, y hasta monos, aguantarán muy bien el tipo en compañía de sus amos y amigos cirquenses y con ellos podrán seguir haciendo las delicias del público.

martes, 25 de octubre de 2016

Ángel frunce el ceño

Ángel frunce el ceño cuando le digo que, cuando vaya a Madrid, cosa que ocurrirá a finales de noviembre, iré a visitar la exposición que el Thyssen le dedica a Renoir. Él, en Viena, está con sus Tizianos y demás genios de la pintura, y hace muy bien, pero yo sé que también hago muy bien con lo mío y lo mío ahora, en lo que a pintura se refiere, es todo lo que no quede a las espaldas del siglo XIX sino por delante. A estos efectos estoy decimonónico pero sobre todo muy veinteséculo. Voy a poner un ejemplo que escandalizará a la audiencia: si a mí ahora me ofrecen ver una exposición de Velázquez o una de Damien Hirst me voy a ver la del segundo. Hala, ya lo he dicho.

Ángel, te recuerdo que tú todavía estás enamorado de tus hormigones arquitectónicos… Uno tiene sus fases, ya sabes.

(Escribo esto porque él mismo me recordó que no estaba escribiendo nada en este blog, lo cual es muy cierto, pero, ¡ah, la musa, las musas!).

domingo, 23 de octubre de 2016

La sonrisa de la felicidad

X te recibe feliz siempre porque es feliz siempre. Su sonrisa mañanera es indeclinable y en ella permanece el resto del día. En realidad, ahora que lo pienso, la persona feliz de una manera u otra está siempre sonriendo. ¿Será la sonrisa, de la felicidad, su flor más inmediata?

miércoles, 19 de octubre de 2016

90 velas


De entrada había imaginado que serían los “parvuli” (Martina y Sabela, sus nietas más pequeñas) los que ayudarían a mi madre a soplar las noventa velas de su noventa cumpleaños, pero no. Fueron los “senex” que compartían mesa con ella (mi tío Luis -88 años-, mi tía Florita -91 años-, mi tío Darío -84 años- y mi tía Pepa -83 años) los que, eólicos, soplaron a una con ella para apagar las noventa velas. Un éxito, todo, su vida, sus 90 años, la fiesta que organizamos en su honor el pasado 12 de octubre. Un día inolvidable.

domingo, 16 de octubre de 2016

Qohelet y San Juan

X, si el tiempo es fugitivo y todo pasa y nada queda, ¿dónde está tu consistencia? ¿En el amor? ¿En Dios? ¿O es que manejas nada y amor, Qohelet y San Juan, haciéndote así paradoja viviente?

miércoles, 12 de octubre de 2016

Los más felices de la tierra

Los seres profundamente unidos consigo mismos, sin ninguna escisión interior, en los que se ha soldado la ruptura creada por el pecado, son los más felices de la tierra. Me gustaría ser uno de ellos.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los Ares Fondevila se van de excursión

Enlazo aquí el vídeo que montó mi sobrina Alba (¡enhorabuena, querida sobrina!) y en el que podréis ver algunos momentos de la excursión (la sexta) que realizamos la familia Ares Fondevila el pasado fin de semana por tierras asturianas. Espero que os guste.

lunes, 29 de agosto de 2016

El grillo

Hace años, cuando en las noches de verano aparecía algún grillo en la sala de estar, lo pisaba y lo tiraba después fuera. Ahora, en cambio, lo cojo con la mano e, igualmente, lo tiro fuera (no llego a depositarlo, cosa que a lo mejor ya haré el año que viene). Me gusta mucho más lo segundo.

viernes, 26 de agosto de 2016

Sé científico

Suso, no la líes con cosas que te imaginas que son y luego no son. De sobra sabes a dónde conduce esto. Sé científico, estricto, atento solo a los hechos. La probabilidad de que algo sea cierto (en el orden de cosas que ahora tienes en tu cabeza) dependerá de ellos. Revísate, se serio en esto. No concluyas si no hay materia (sí, materia, y nunca mejor dicho) para concluir.

domingo, 21 de agosto de 2016

Como él nos conoce

Necesitamos que nos interpreten, que nos disciernan, que nos esclarezcan y en este sentido que nos juzguen. En el Juicio Final, Dios nuestro Padre nos desvelará por fin cómo fue nuestra vida, por qué fue como fue, cuál fue en definitiva, y nos sabremos ya del todo. Nos conoceremos como él nos conoce: no otra cosa será el juicio, y en este sentido será muy deseable.

jueves, 18 de agosto de 2016

La alegría

No en último lugar les diría que se hiciesen con unas reservas de alegría para todo tiempo, fuese como fuese este tiempo, aunque fuese el peor, e incluso con más razón para este, porque la aflicción del mundo no podía imponerse hasta tal punto que les fuese arrancado de raíz el gozo de la existencia. El mejor servidor tenía que ser siempre un servidor alegre, también en medio de la peor de las miserias, porque si no fuese así, ¿de qué clase sería la esperanza que les podrían entregar a los desahuciados con los que se encontrasen en su camino? Les ofrecía la alegría no como un blindaje frente al mundo sino como un salvoconducto para no caer desfallecido bajo el asalto de sus injusticias y tristezas. Solo con ella en lo más hondo de su corazones serían capaces de ofrecer refugio a quien lo necesitase de veras.

lunes, 15 de agosto de 2016

El retiro del fraile anciano

Expansivo como era, no dudó en comentarles a los que estaban presentes en la misa que ellos tenían la suerte de poder jubilarse a una determinada a edad mientras que a los frailes los tenían sujetos hasta el final. Debió decirlo con gran sentimiento, pues la gente lo aplaudió como quien acude en socorro de una víctima. El caso es que física y psicológicamente estaba muy disminuido, y esto es lo que había subyacido tras sus palabras. Falto de riego sanguíneo, a lo que habría que sumar otras “lindezas” con que la vejez lo había adornado (tenía ya ochenta y ocho años), más de una vez, cuando repartía la comunión, tuvo que sostenerlo quien en ese momento la estaba recibiendo, pues sufría frecuentes mareos. Sin su bastón, las caídas eran seguras. En el camino desde la sede hasta el ambón, cuando se disponía a leer el evangelio, necesitaba apoyarse primero en el altar, y, tambaleante, llegaba al atril con los brazos extendidos para poder agarrarse. Creía con toda razón que ya no estaba ni siquiera en condiciones de presidir dignamente una eucaristía y que su lugar estaba en el monasterio de san Pedro de Poio, en Pontevedra, provincia en la que había nacido y donde residía su familia. Le faltaban sin embargo arrestos para dirigirse a su provincial y ponerle al corriente de su situación y de sus deseos. Había tenido en el pasado malas experiencias con sus superiores y esto había mellado su confianza. Fue la familia quien puso remedió a la situación haciendo lo que él no estaba en condiciones de hacer. El provincial se mostró completamente comprensivo tras la conversación telefónica en la que uno de sus sobrinos lo puso al corriente del estado en el que se encontraba su tío. “Me habéis devuelto la vida”, le dijo a su familia, tras saber que lo destinaban a Poio. El fraile anciano y enfermo había conseguido su ansiado retiro.

viernes, 12 de agosto de 2016

El perdón

Al perdonarle le hubiera gustado que él hubiese olvidado por completo que alguna vez había sido su deudor, así como también le hubiese gustado olvidar él mismo que había sido su acreedor, de modo que, dado que apenas se conocían, cada vez que se encontrasen ninguno de los dos se sintiese incomodo. Una ofensa perfectamente cancelada debiera ser una ofensa perfectamente olvidada, tanto por parte del ofendido como del ofensor, para que todo pudiese comenzar realmente de nuevo. No es ya que debiera desparecer de la cabeza del ofendido el “Tú me hiciste daño un día”, sino incluso el “Yo te perdoné un día”, para que no pudiera esgrimir ante su deudor ningún tipo de reivindicación. Solo así de la cabeza de este podría desaparecer tanto el “Yo te hice daño un día” como el “Tú me perdonaste un día”. ¿O sería esto, de tan puro, inhumano? ¿No debiera sentirse agradecido de por vida el ofendido al ofensor por la cancelación de la ofensa, algo solo posible si ninguno de los dos  olvidase el perdón otorgado y el perdón recibido? Parecía un asunto que solo podría resolverse en otra vida, en otro mundo. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

La madrina

Se hubiese muerto de pena si su hermana no le hubiese pedido que fuese la madrina de bautismo de su segundo hijo. En tiempos de fe borrosa o inexistente, que ella se declarase agnóstica era lo de menos. Tampoco la fe de los padres levantaba muchos palmos del suelo. Así las cosas, a uno de los presentes le llamó mucho la atención que, al comienzo de la ceremonia, que presidió un tío de las hermanas, la madrina se santiguase casi sin proponérselo, como si de manera automática regresase de la infancia un gesto que entonces había hecho mil veces, pero del que enseguida se avergonzó como algo impropio de su agnosticismo. ¿Qué habría encontrado debajo de este el que hubiese sido capaz de arañar su superficie? Más que una fe olvidada una fe reprimida, que acaso con el tiempo habría de convertirse en un paisaje que, por ruinoso, se volvería romántico y hasta hermoso, y al que acaso ella habría de desear volver algún día.

lunes, 8 de agosto de 2016

Julieta

Julieta, de Almodóvar, me ha decepcionado profundamente. De tan estética resulta estática, sin nervio ni pasión. Su contención, lejos de concederle sutilidad le resta verosimilitud, cosa que también le ocurre a la historia en alguno de sus ramales, por ejemplo el de Antía, la hija de Julieta. Su huida y posterior reaparición doce años después resulta inverosímil. Es un personaje mal trazado y peor resuelto. Y con Adriana Ugarte y Emma Suárez no alcanza el director manchego lo que normalmente logra con sus actrices, la excelencia. Adriana Ugarte solo llega a ser algo más que un maniquí y Emma Suárez no tiene toda la profundidad que debiera. Más que crear parece que fabrican el personaje de Julieta. Pero el problema no es de ellas sino del guión y la dirección. Rossy de Palma, a la que nos gusta que haga siempre de sí misma, resulta irritante haciendo aquí de sí misma. Este personaje hubiese requerido una actriz menos cómica. Es una película que desde el principio va con demasiado freno y mucha estética, y así no hay manera de que funcione. Una pena, y ya van dos seguidas, después de Los amantes pasajeros.

viernes, 5 de agosto de 2016

No seré duda

Cuando se sentó en la arena no miró ni a uno ni a otro lado. Quería estar solo, con su sombrilla, su silla y su libro. Se había traído el último de Trapiello, Seré duda, después de haberse dicho una mil veces que el anterior a este, Miseria y compañía, el dieciocho de la saga Salón de pasos perdidos (Spp), sería el último que leería. Pero no. Al final pudo más la curiosidad y, cosa extraña o quizá no tan extraña, la fidelidad. Se encontró con el Trapiello mejor escanciado, el más claro, él, que ya era un autor que desde siempre había apostado por la claridad, y sin que en esta mayor transparencia la prosa del escritor leonés perdiese un ápice de su exquisita elegancia. Las exageraciones, en literatura y en la vida, están para hacer uso de ellas, y por eso se dijo a sí mismo que Andrés Trapiello era uno de los mejores escritores contemporáneos en lengua española, y si le apuraban, incluso de toda la serie histórica. Pero, ¿era una exageración? Él pensaba que no pero en cualquier caso, qué más da. Tenía ante sí su palabra viva y verdadera, la que solo podía nacer de un hombre que hacía profesión de vida y de verdad. Lo uno nacía de lo otro. Que, de cuando en cuando, le aburriesen algunas páginas no importaba demasiado, como tampoco importa que la vida tenga de cuando en cuando sus días aburridos. Todo el relato que iba desde que, estando en el aeropuerto de A Coruña, recibe Trapiello la noticia de que Ramón Gaya había muerto hasta que, a la vuelta de su entierro en Murcia, estando él y M. de nuevo en su casa de Madrid, llaman a C., que le cuenta todos los detalles de sus últimos días y horas, le había parecido proverbialmente conmovedor y hermoso. A ratos también se había reído mucho con él. Y le agradecía que hubiese sido menos cotilla que otras veces, por más que con este ánimo hubiese escrito excelentes páginas en su Spp. Pero si exigía altura moral a los demás, debía ser coherente y exigírsela también a sí mismo. Le gustaría que Trapiello, llegado el caso, se había frenado a sí mismo a este respecto en Seré duda.
Cuando levantó los ojos el sol ya había cumplido su ruta. Quedaba muy poca gente en la playa. Como muchos, hizo lo propio, recogió sus cosas y se marchó. En el coche, de vuelta a casa, riéndose se dijo: “No seré duda en la próxima entrega de Salón de pasos perdidos”.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Dos años después

Saltó a la vista de todos que sus dos años más de vida, los que habían pasado desde que había estado con ellos por última vez, le habían robado frescura mental, presteza física, agilidad en la mirada. También eran dos los años que le faltaban para cumplir los ochenta, y era evidente que ese primer zarpazo del tiempo que solo propina la vejez ya había acontecido en él. Pero aquello a lo que había llegado y que los suyos constataban tuvo un desarrollo paulatino y nunca se vio cogido por la sorpresa de lo que ocurre de repente. Además, el deterioro tampoco había sido tan grande como para que sus principales facultades no hubiesen permanecido intactas. Pudo por tanto acostumbrarse a él sin grandes apuros, como quien ve que solo los bordes de su vida están un poco marchitos.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un tipo: 9

He sufrido mucho por culpa de los nervios a lo largo de mi vida. Esto lo he heredado de mi madre. Mi carácter lo ha acusado y muchas veces he tenido que explicar que yo no soy así porque quiera ser así sino porque no puedo ser de otra manera. Nunca hubo en ello ninguna intención por mi parte. Mis arrebatos, mis fulguraciones, mis aceleramientos, no son otra cosa que impaciencias súbitas que se apoderan de mí, ansiedades que no puedo controlar. Quienes me conocen y acaban queriéndome me sufren pacientemente. Incluso mi mucho hablar no es más que un desahogo continúo de mi tensión interior. En las palabras que me salen me aligero y en realidad no necesito que se me preste atención. Ni yo mismo me la presto. Solo son un modo de respirar. 

viernes, 29 de julio de 2016

Mario Landía

Mario Landía no quiso someterse a la prueba de infertilidad por temor a que revelase que era él el causante de que no tuvieran hijos y quedase así en entredicho su virilidad. Pero lo que entonces se puso de manifiesto fue su cobardía, y de paso su egoísmo, pues la prueba podría haber revelado una mera disfunción de fácil arreglo que les hubiese otorgado la posibilidad de tener hijos. Su mujer se dio cuenta entonces de que su marido era un hombre débil y no tuvo más remedio que aceptarlo. Luchó para que de su desilusión no naciese ningún tipo de amargura que acabase minando los cimientos de su matrimonio. A él no se le ocultó sin embargo que su decisión supuso para ella un duro golpe, pero esto no le hizo cambiar de opinión. Con una mezcla de descaro e ingenuidad no dudó ni por un momento que su mujer no se lo tendría en cuenta.

lunes, 25 de julio de 2016

Un tipo: 8

Nada más empezar el día la lengua debía posarse fláccida debajo del paladar y tocando los dientes. Esto lo había aprendido en sus clases de yoga. En tanto consiguiese mantenerla en esta posición se sentiría relajado. Sería él y no sus nervios quien dominase los avatares de la jornada. Y también la cara debía caer hacia la mandíbula, donde debía reposar, sin que ninguna estría mostrase ningún tipo de tensión. Enviaba así una orden a su psique y a su espíritu: mantenerse tranquilo.
Le daba una pereza inmensa ponerse a hacer una serie de cosas que tenía pendientes: registrarse como usuario en la página web de la compañía de seguros de su coche, revisar la vista antes de comprar el siguiente pack de lentillas, cumplir un recado que le había pedido su hermana e ir a la farmacia. Eran servidumbres que hacía medio arrastrándose, porque le gustaría poder estar siempre sentado en su sillón, leyendo, escribiendo, viendo una película o escuchando los ruidos que le rodeaban.
Le encantaban los ruidos, todos los ruidos, que podía oír desde su despacho: el tránsito de los coches, los pasos de su tío en su habitación, el crujir de la madera del suelo, los que causaba su madre en la cocina, el de los gallos y las gallinas... Al no estar sujetos a ningún ritmo, se sentía ante ellos más cómodo que ante los sonidos regulados de la música. Esta le hubiese exigido una atención, una obediencia, que no estaba dispuesto a ofrecer.
En su última cita con el médico este le había quitado dos pastillas, lo que era una buena noticia pues significaba que su salud había mejorado, pero mientras su sistema nervioso no se acostumbrase a su ausencia hasta dejar de echarlas de menos por completo, se las tendría que ver con noches medio insomnes y una especie de aceleración interna durante el día. Además estaba ese dolorcillo de cabeza casi continuo, como el producido por una diadema que alguien le había puesto sin que después se hubiese acordado de quitársela.
Le crispaba pensar en acciones futuras, incluso en las más inmediatas, y se decía entonces: “no” y desarrugaba el entrecejo. La calma volvía. Todo debía hacerlo sin ansia, como quien come despacio para saborear mejor los alimentos. La acción presente, el ahora, es quien mandaba, y a ella debía someterse si quería ser libre.

viernes, 22 de julio de 2016

Hugo Lamón

Hugo Lamón dejó de hacer prótesis dentales una vez que el dinerillo extra que conseguía con sus juegos en la Bolsa dio pasó a grandes cantidades de dinero gracias a sus cada vez más finas habilidades financieras. Su padre además le había dejado como herencia un piso grande en una urbanización de lujo, de modo que estaba libre de la carga de una hipoteca y de las muchas que hubiera tenido si fuera una persona que gastase mucho. El día podía pasarlo entonces en casa, donde tenía varios ordenadores encendidos, en cuyas pantallas se veía como subían y bajaban las cotizaciones en las Bolsas más importantes de todo el mundo. Con un gin tonic en la mano, su bebida preferida, y la música de Metallica sonando a todo trapo, a cuyos sones bailaba de vez en cuando, se permitía el lujo de hacer lo que le viniera en gana durante el día, sin horarios, ni jefes, ni antipáticos compañeros de trabajo. En torno a las ocho de la tarde, tanto en invierno como en verano, su grupo de amigos más íntimo se reunía con él en su casa, lo que aprovechaba Hugo Lamón para explicarles los entresijos de los parques bursátiles. Su madre, a la que adoraba, vivía en una aldea a más de noventa kilómetros de distancia. La visitaba todos los fines de semana y siempre acudía a su lado cada vez que ella, fuera cual fuera la razón, lo llamaba. Su padre había muerto nada más aterrizar su avión en España después de más de treinta años de estancia en Caracas. Él había nacido en esta ciudad y, cuando tenía diez años, se vino de vuelta a España con su madre. Nunca le contó a nadie lo que había pasado, y las cuentas que su padre pensaba saldar con su mujer y con su hijo nada más aterrizar el avión quedaron definitivamente enterradas. Ni a él ni a su madre les importó demasiado.

miércoles, 20 de julio de 2016

Mejías Lamadrid

Mejías Lamadrid volvió al cabo de los años a su pueblo natal, acompañado por una mujer joven y dos criaturas. Había llorado bien a sus muertos y por eso sus ojos parecían siempre recién lavados. Eran pobres y se defendían como podían, trabajos esporádicos aquí y allá y alguna que otra ayuda pública. Lo primero que hicieron nada más llegar fue matricular a sus hijos en el colegio. Muy de cuando en cuando se permitían el lujo de tomar algo en la terraza de alguna cafetería y entonces todo el mundo podía comprobar que eran felices. Algunos de los antiguos amigos de infancia de Mejías Lamadrid se sentaban a veces con ellos. Uno que lo espiaba siempre desde lejos, un funcionario público, lo envidiaba al verlo siempre tan relajado y contento. Desde que lo había atendido en el colegio en el que había matriculado a sus hijos, cuando se cruzaba con él lo saludaba. Lamadrid le respondía tímidamente y con afecto. Esto duró muchos meses. El funcionario lo echó de menos cuando un buen día dejó de cruzarse con él. Quizá es que había encontrado trabajo y ya no podía estar en la calle a la hora en la que siempre pasaban el uno al lado del otro. Esperaba con ansia que acabaran las vacaciones y comenzasen las clases para verlo de nuevo trayendo a sus hijos al colegio.

martes, 19 de julio de 2016

César Dares

César Dares multiplicaba sus actividades en torno al deporte. Había sido durante muchos años entrenador de voleibol y últimamente el ayuntamiento de su pueblo lo había fichado para gestionar el área deportiva, centrada sobre todo en niños y jóvenes. Era grande y fuerte, de voz ronca, con labios abultados y pelo corto, duro y rizado. Su sombra protegía aquello que alcanzaba, que era mucho. Los niños lo adoraban.
Después de morir se supo que su matrimonio no había ido todo lo bien que en su momento se había esperado. Su mujer era mayor que él y menuda, de sonrisa difícil, áspera y a veces contestona. La nueva dueña de la peluquería en la que había trabajado durante años en cuanto pudo la despidió. ¿Había sido el de ellos un matrimonio imposible desde el principio, la ternura y la acritud batiéndose sin encontrarse nunca?
La madre de César Dares había sido tan delicada y hermosa como una flor, combada al final por los años, no así su voz, que permaneció clara y pura hasta el final. La noticia de que su hijo había caído fulminado por un ataque de corazón mientras estaba apoyado en la barra de un bar la cogió misteriosamente prevenida, como si fuese algo que esperaba desde hacía tiempo. Se derrumbó por dentro, pero por fuera mantuvo la apostura que siempre había definido su vida, sus claros límites.

sábado, 16 de julio de 2016

Maribel Deburgos

Maribel Deburgos era chepuda y cristiana vieja. Las lanzaba con honda y ay de aquel que no esquivase a tiempo sus invectivas. No era tan así sin embargo para quien supiese interpretarla, cualquiera que la conociese de antiguo. Lo acre, más que acre era directo, directísimo, como un golpe certero, y solo había que, como buen púgil, saber encajarlo. Le era dable entonces al receptor de sus palabras percibir bajo ellas no otra cosa que su ninguna gana de enredar a nadie con circunloquios que no llevaban a ninguna parte. Ella estaba siempre en una muy concreta, pues no entendía que se pudiese estar de manera distinta. ¿A qué entonces andarse con rodeos? Si esto es así digamos que es así y si esto es asá digamos que es asá. Para ella todo era plano, no un diamante con múltiples facetas. El matiz le caía muy lejos y serían otros los que debían ir a buscarlo. Las penas de la reflexión no la concernían.

miércoles, 13 de julio de 2016

Una tipa: 7

De niña jugaba al fútbol tan bien o mejor que los niños. En una foto del álbum familiar aparecía, vistiendo la falda a cuadros y plisada del uniforme del colegio, sobre la bicicleta grande de casa con los pies sobre el asiento y las manos en el manillar. Cuando sacó el carnet de conducir, el instructor de la autoescuela dijo que nunca había tenido un alumno que condujera tan bien como ella. Encima, de mayor y casada, llegó a ser una muy buena cocinera. Y se podrían enumerar más cosas que mostrarían sus múltiples habilidades. Era, sin duda, una mujer completa.
Sus hermanos la consideraban la mejor de todos, la más generosa, la más dispuesta, la menos egoísta. A la hora de los recados, de niña, nunca dudaba a la hora de obedecer a su madre para hacerlos de buena gana y al instante; no así su hermano más cercano en edad, remoloneando siempre y más egoistón a este respecto. ¡Qué estremecimiento sintió en una ocasión una mujer que la adoraba, muy amiga de su tía, cuando, al ver que esta se le acercaba con un expresión de gran preocupación en la cara, pronunció su nombre con un escalofrío de miedo temiendo que le hubiese ocurrido algo grave!
Había que preguntarse si sus arrugas tempraneras en torno a sus ojos eran el resultado de los años duros que tuvo que vivir cuando las cosas dejaron de venir rodadas. Pero no consiguieron borrar la luz de su rostro, que tanto y a tantos encandilaba. Fue entonces todo lo fuerte que pudo ser, que no tuvo más remedio que ser, y que hicieron surgir en ella habilidades nuevas. Asomada a los 50, que tanto deseaba cumplir, como si esto supusiese hacerse un regalo a sí misma, luchaba por abrir un futuro en el que resplandeciese la esperanza.

lunes, 11 de julio de 2016

Una tipa: 6

En una ocasión en la que su madre la tenía en su regazo mientras cosía, la niña cogió las tijeras y con la punta golpeó la máquina de coser, y en ella quedó para siempre la marca que le hizo. Este fue el primer indicio de su bravura, la misma que la llevó en la adolescencia y juventud a no estar casi nunca de vuelta en casa a la hora que su madre le decía, o la que le empujaba a encararse con su padre de poder a poder, o la que hacía doblegarse a sus hijas cuando un no era un no. Todo un carácter.
No es un disparate pensar que detrás de esta bravura había hondas convicciones, una de las cuales era que hablando se entiende la gente. Lo creía a pie puntillas y no sería ella la que renunciase a hablar, extendiéndose todo lo que hiciese falta, para que todas las cartas quedasen puestas sobre la mesa. Esta convicción arraigó en ella con fuerza desde que se casó, y no entendía que un problema no se pudiese, si no solucionarse, si al menos aclararse mediante un diálogo a corazón abierto. En este tema se mostró siempre extraordinariamente generosa, y lúcida.
Cuando le tocaba hacer la entrega de los regalos tras la cena de Reyes, alcanzaba su punto más alto en gracia y chispa, ayudada por la previa ingesta de unos traguitos de buen vino. Tenía buenos arranques, buenos parones que creaban suspense, y finales redondos en los que terminaba por reírse a carcajadas. Todo un espectáculo. Su comparsa, más seria, era el plomo mientras ella subía como la espuma. Había que empezar así el año, desde lo alto, para encarar después con fuerza febrero, un mes que no le gustaba nada.

sábado, 9 de julio de 2016

Un tipo: 5

Había sido siempre un buscavidas, capaz de triunfar cada vez que la vida le había exigido hacerse con su propio plato de lentejas. No habría de ser él el que se muriese de hambre por falta de intrepidez e ingenio. Su inigualable don de gentes le había abierto puertas que de otro modo habrían permanecido cerradas. Había sabido ser seductor, convincente, y por supuesto trabajador. Lo que dijo que sería capaz de hacer lo hizo; respondió siempre. Esta faceta suya a lo mejor ya había quedado anunciada en aquella foto que lo mostraba de niño sosteniendo una estrella de mar que había encontrado cuando su familia realizó una excursión a una ciudad de la costa, o en aquella otra en la que se exhibía con un arco risueñamente dispuesto a dar en el blanco. A su escala, modesta, fue siempre un ganador.
Escapó de las mieles del intelecto cuando se volvieron vértigos. Kafka y Nietzsche, al principio mentores intelectuales, fueron después desfiladeros que no supo manejar y de los que huyó despavorido. ¿A dónde? A la vida de los sentidos. Se instaló después en un epicureísmo razonable que le permitió gozar de los placeres de la vida. Una buena comida habría de ser en adelante una experiencia, por gozosa, irrenunciable, siempre y cuando pudiera permitírselo. Y la naturaleza, por supuesto. El mar en verano y el monte en otoño fueron tónicos esenciales que dieron rienda suelta a su alma y a su facundia. Su don de gentes se convertía entonces en don del habla que los demás sufrían paciente y cariñosamente.
Llevado de esta necesidad de hablar había dicho más de una vez cosas que debería haberse guardado. Los secretos, en él, no estaban siempre a salvo, si bien es cierto que su imprudencia no caía casi nunca fuera del cerco familiar. Los suyos, conociéndole, se le adelantaban a veces cuando parecía que iba a decir algo que no debía, y lo frenaban en seco preguntándole: “¿Estás seguro de que puedes contar lo que vas a contar?” Es posible que solo quisiera “compartir” el secreto, sin caer en la cuenta que los secretos son, por definición, incompartibles. Digamos que era un efecto colateral de su alma expansiva.

jueves, 7 de julio de 2016

Un tipo: 4

Su ridículo bigotito adolescente, un embozo de insultante fealdad, debiera habérselo afeitado de haber sido oportunamente advertido por alguien con un poco de buen gusto. Pero la adolescencia es en muchos casos una edad físicamente fea y la suya, como la de todos, habría de pasar y así también el bigotito de marras. 
Le tocó hacer la mili en la otra punta del país y con él hizo lo que se decía que debía hacer con los chicos: convertirlos en hombres. Cuando volvió un año después era otra persona, un tipo apuesto y mucho menos tímido que iba a ser capaz de enfrentarse a la vida. No tardó en encontrar trabajo en un taller mecánico y enrolado ya en una rutina diario, iba a ser el resto de su vida un hombre de rutinas. Todos los días, por ejemplo, cenaba siempre dos huevos fritos y un chorizo, y así durante años.
Se casó, tuvo dos hijos y pasó a ser uno más de la empresa de la familia de su mujer. El decía que tenía un perfil medio, ni muy alto, ni muy bajo, un tipo normal con una vida normal. Alguien en una ocasión, bromeando sobre esto, dijo que su foto podría ser la ilustración de la definición de “normal” en un diccionario.
Tuvo sin embargo una espléndida madurez. Sin dejar nunca de ser el hombre sensato que siempre había sido, su lado ingenioso y bromista despuntó con fuerza al cabo de los años. Además, una sensibilidad que nunca tendría el que es solo un macho fue aflorando también en él. Su tardía afición a la lectura fue un claro ejemplo de esto, o su deseo de no seguir matando cuando iba de caza para limitarse a ir simplemente al monte a pasear a los perros.

martes, 5 de julio de 2016

Una tipa: 3

Se sintió abandonada cuando su madre emigró a Uruguay, a donde ya se había ido su padre, y se sintió traicionada cuando, tres años después, trajo consigo a una enemiga, una niña, su hermana, con un montón de juguetes que nunca podría haber imaginado que existían. Esta herida no se cerró hasta muy avanzada su edad adulta, en la que ya fue capaz de tratar a su madre sin crispación, con dulzura. Pero mientras no llegó a esta etapa de su vida tuvo “enfermedades del alma”, como ella mismo dijo más de una vez, que la hicieron desear no haber nacido o pensar en quitarse la vida. Encima no había sido guapa ni alta como lo eran todas las mujeres guapas y altas a las que había admirado. 
Su hermana sí que era guapa y por eso la había envidiado sin mala voluntad, aunque algo la arañaba siempre en su interior a este respecto. A veces, sin querer, le salía una inquina contra ella que revelaba lo que la removía por dentro. Era razonable pensar que si no se hubiera sentido abandonada de pequeña su aspecto físico, que era normal, no le habría supuesto ningún problema, tampoco sus ojeras, malhadada herencia de su abuela materna. Cuando pudo permitírselo se las operó. El paso del tiempo, a mayores, fue dándole un aspecto más dulce.
Una persona de su entorno familiar, eterna atribulada, siempre la admiró por su solidez interna y a ella recurría cada vez que necesitaba una palabra de apoyo. Las niñerías que persistían en otros adultos en su caso desaparecieron pronto y, aun con todos sus defectos, aparecía ante los demás como una mujer madura que siempre estuvo a la altura de las circunstancias cada vez que hizo falta. Era una compensación de su desamparo materno que de algún modo ella había conseguido por sí misma.

sábado, 2 de julio de 2016

Un tipo: 2

Su belleza no lo acompañó cuando superó los sesenta aunque sí sus radiantes ojos azules. Aquel resplandor masculino que se apreciaba en la foto de su boda había quedado definitivamente atrás. Quien tuvo no retuvo en este caso aunque es cierto que pocos lo hacen. ¿Quién dijo que con el tiempo los guapos se vuelven feos y los feos guapos y al final todo se iguala? Las tribulaciones de su matrimonio le pasaron factura y hasta es posible, digámoslo con humor, que fueran ellas también las culpables de su temprana papada. Nunca se había derrumbado sin embargo, quizá ayudado también por el ritmo lento, dicho en sentido estrictamente físico, de su corazón. Era cierto. El número de sus pulsaciones estaba por debajo de la media y no es ocioso pensar que también esto le ayudó a no precipitarse cuando, en situaciones de mucha presión, tuvo que mantener una calma infinita. Sin embargo no fue prudente todas las veces que, estando presente su mujer, no dudó en decir que, de volver atrás, no se hubiera vuelto a casar. Por más que no hablara en serio estaba claro que era una herida la que hablaba. Es así que, con su papada a rastras y su rostro prematuramente arrugado, decía que se había vuelto un tipo “feo y antipático”. Al reconocerlo, implícitamente estaba pidiendo perdón al mismo tiempo que se concedía una licencia para seguir siéndolo, si bien daba a entender también que intentaría ponerle remedio. 
Hasta donde habían llegado sus éxitos con las mujeres nunca lo supo nadie porque a este respecto siempre había sido totalmente discreto. Quizá se conformó con menos de lo que habría conseguido si se lo hubiese propuesto. Pero es probable que, como tantos otros, hubiera tenido un número razonable de sucesivas novias o parejas y no se hubiera lanzado a un donjuanismo aventurero. Le habían faltado la audacia y sobre todo la ambición que esto requiere.
Por encima de todo había sido un lobo solitario y por eso no tenía amigos. Un surfista sobre las olas, eso había sido, y es lo que había practicado con éxito todos los años que había vivido al lado del mar. Cuando llegaba a la playa empujado por el viento y deslizándose sobre el agua llegaba alguien feliz. El mar había sido siempre para él un amplio respiradero, una plataforma infinita sobre la que sostenerse, un abismo en el que sumergirse, un arenal sobre el que correr hasta caer agotado.

jueves, 30 de junio de 2016

Un tipo: 1

Su madre siempre pensó que al carácter de su hijo le había afectado la apendicitis, que la puso al borde de la muerte, que había sufrido cuando estaba en el séptimo mes de gestación. Acudía a este incidente cada vez que, al ser objeto de críticas, quería disculpar su carácter esquivo y huidizo, eléctrico e introvertido. 
Aunque afectivamente carecía de capacidades expresivas, no ofrecía la imagen de un hombre seco sino la de alguien que involuntariamente no tenía opciones para salir de sí mismo en un beso o en un abrazo. No había que olvidar con todo las raras ocasiones en que sí lo hacía, como cuando dijo que, llegado el caso, pasaría gustoso sin comer para que sus hermanos pudieran hacerlo. Sus tics, su movilidad nerviosa, lo rápido que hablaba, deponían a favor de una carga sentimental ahogada, reprimida, con la que finalmente parecía que había podido llegar a convivir en paz.
En las fotos, ya desde niño, se apreciaba muy bien este atrás en el que quedaba con respecto al resto, con una expresión siempre algo triste. Cuando un año después nació su hermano, con un carácter más fuerte que el suyo, se sintió siempre a su sombra por más que nunca fue la intención de este hacérsela. Pasarían los años y, en la juventud, cuando formaban parte los dos del equipo de fútbol del pueblo, cuando tenía ocasión de pasarle la pelota a su hermano menor nunca lo hacía, un acto mínimo de inconsciente venganza.

miércoles, 29 de junio de 2016

Puro-físico

Cuando Ángel y yo, visitando la exposición Los objetos hablan, de la que habló él en varias entradas de su blog, estábamos ante uno de esos cuadros que reproducían las despensas de los grandes señores, y que serían los antecesores directos de los bodegones, se me vino a mí a las mientes que la andadura de los primeros a los segundos sería el que va de lo físico a lo metafísico. El bodegón clásico acabará centrándose en una parte de esos más groseros cuadros iniciales, de modo que aparecerán ya solo las cuatro o cinco cosas que serán más tarde y en adelante los únicos protagonistas de los bodegones. Al mencionar Ángel el muy clásico y maravilloso de Zurbarán, postulé yo entonces mi teoría. El objeto que se aísla y se depura en este bodegón del pintor extremeño alcanza tal pureza física que yo me vi tentado a declararlo metafísico. Pero entonces, mejor que metafísico, será decir que es “puro-físico”, lo físico en su más alto grado de pureza y concreción. 

domingo, 26 de junio de 2016

Leire


Es bonita, ¿verdad? Os la presento: se llama Leire y es mi primera sobrina nieta. Soy pues, oh maravilla, tío abuelo. Es hija de Jacobo, mi sobrino, y de Rosa, su mujer. ¡Larga vida, Leire!

viernes, 10 de junio de 2016

De alguna manera

Sean cuales sean los hombres y mujeres que nos rodeen en cada etapa de nuestra vida, de alguna manera la salvación de Dios nos vendrá también a través de ellos.

jueves, 9 de junio de 2016

Jane Fonda

Jane Fonda está grandiosa en la igualmente grandiosa La juventud, de Paolo Sorrentino. Su actuación solo ocupa cinco minutos en el metraje de la película pero ella consigue que parezcan muchos más. A mí siempre me pareció una actriz enorme. Ahí están, para demostrarlo, Los felinos (1964), La jauría humana (1966), Descalzos en el parque (1967), Danzad, danzad, malditos (1969), Klute (1971), El regreso (1978) y Cartas a Iris (1989), entre otras. Cuando en su momento se dijo que Jane Fonda había comprado los derechos para hacer un remake de Mujeres al borde de un ataque de nervios en la que ella haría el papel que Carmen Maura había hecho en la película de Almodóvar, cada vez que mi admirado y recordado crítico Ángel Fernández-Santos le negaba a la actriz norteamericana cualquier posibilidad de llegar siquiera a la suela de los zapatos de la actuación de la actriz española, yo me irritaba. “A Jane ni tocarla, ¿vale?”, le decía en mi interior. Nunca sabremos qué habría dado de sí la performance de Jane Fonda en ese remake nunca realizado, pero nadie la sacará del Olimpo en el que residen las mejores actrices de todos los tiempos. Y de las más bellas, ojo.

miércoles, 8 de junio de 2016

De los nervios

Cada vez que de pequeño oía que una persona padecía de los nervios siempre me imaginaba a alguien al que asaltaban espasmos, se tiraba de los pelos y pegaba saltos una y otra vez hasta que el ataque de los nervios cesaba. Mi mente infantil nunca supo trazar la línea que iba del sistema nervioso a las enfermedades que hoy sé que están en relación con él. Supongo que el problema estaba precisamente en la expresión “ataque de nervios”, donde estos no podían ser otra cosa que aguerridos atacantes que provocaban cuando menos bailes de San Vito y cosas parecidas.

martes, 7 de junio de 2016

Sala es verano

Antes de ayer cené por primera vez este año en la sala. A estos efectos, el verano ha empezado. El sol durante el día calienta la sala y a las nueve de la noche hay todavía luz porque los días son largos. Tendré el sofá para almohadillarme y la mesa para poner sobre ella mis piernas. Si el sueño tira de mí, mi cabeza encontrará en la parte superior del respaldo el apoyo perfecto. Este año además tenemos la estantería que nos faltaba y que tuvo a bien regalárnosla mi hermano Rodrigo. Es sencilla y moderna, con un tubo rectangular de acero que actúa de marco y en la que se sujetan las grandes baldas de madera de color miel. Enseguida se llenaron de fotos familiares. Cocina es invierno y sala es verano. Qué bien.

lunes, 6 de junio de 2016

Una alegría

Una alegría pequeña es solo una alegría pequeña y una alegría grande es solo una alegría grande. No les pidas más.

sábado, 4 de junio de 2016

The Graham Norton Show

“The Graham Norton Show” me reporta muchas alegrías porque comparecen muchos actores y actrices, conocidos la mayoría y desconocidos la minoría, admirados y amados por mí muchos de ellos. Aunque no entiendo ni jota me da igual: me basta con verlos. Verlos en acción sin la máscara del personaje, verlos pues en persona, contestando a las preguntas de Graham Norton, riendo y haciendo reír, es para mí un placer sumo. Creo que es la única idolatría que me permito, siendo muy consciente de que los idealizo. Ellos me dirían, y con razón, que su trabajo no es tan milagroso como uno piensa, solo una mezcla de técnica y de alma. Lo que ocurre es que, dado que encarnan en el cine realizaciones del ser humano que el marco de una pantalla catapulta, y que estas realizaciones son personajes de carne y hueso con los que se entra en contacto para salir siempre enriquecido, les guarda entonces uno eterno agradecimiento hasta el punto de sentirlos como hermanos.

viernes, 3 de junio de 2016

jueves, 2 de junio de 2016

La religión del "y"

“¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”
y
“Me llamáis ‘el Maestro’ y ‘el Señor’, y decís bien, porque lo soy”.

“Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre (...) Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”
y
“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo (...) y (...) les dijo: ‘no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre’”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Implorando a Gaudí

Estoy vitalmente interesado en que Gaudí obre el milagro de que la hija de una gran amiga “deje de ver puntos, que no se le escondan las letras” -así me lo escribía ayer en un wuasap- pues está afectada por la enfermedad de Stargardt, una afección en la mácula de la retina que la podría dejar ciega. El próximo día 10 de junio es el 90 aniversario de la muerte de Antonio Gaudí, fecha para la que estaba programada su beatificación. Al arquitecto catalán se le atribuye la devolución milagrosa de la vista a una mujer ciega de Reus, ciudad natal de Gaudí. Estoy al tanto de esto porque fui mi amiga la que, entre lágrimas, me lo contó y la que me pidió que se sumara a su ruego, y que, sí podía, sumase también a otros. Por esta razón, a quienes queráis y podías, os pido que os unáis a esta imploración, por ella, por X, una chica de 22 años.

viernes, 22 de abril de 2016

San Pablo, inventor del cristianismo

¿Que Pablo inventó el cristianismo? Pues claro, faltaría más, pero porque predicó a Cristo, y a Cristo no lo inventó Pablo. Más bien al contrario, fue Cristo quien “inventó” a Pablo cuando lo derribó de su caballo.

jueves, 21 de abril de 2016

Cierta vocación (a la soledad)

Soy el único miembro de la congregación a la que pertenezco y alguien ha dispuesto que no se admitan más.

jueves, 14 de abril de 2016

Bien por Rossy

“Siempre he dicho que si eres inteligente de verdad forzosamente eres bondadoso” (Rossy de Palma).