jueves, 2 de junio de 2016

La religión del "y"

“¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”
y
“Me llamáis ‘el Maestro’ y ‘el Señor’, y decís bien, porque lo soy”.

“Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre (...) Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”
y
“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo (...) y (...) les dijo: ‘no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre’”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Implorando a Gaudí

Estoy vitalmente interesado en que Gaudí obre el milagro de que la hija de una gran amiga “deje de ver puntos, que no se le escondan las letras” -así me lo escribía ayer en un wuasap- pues está afectada por la enfermedad de Stargardt, una afección en la mácula de la retina que la podría dejar ciega. El próximo día 10 de junio es el 90 aniversario de la muerte de Antonio Gaudí, fecha para la que estaba programada su beatificación. Al arquitecto catalán se le atribuye la devolución milagrosa de la vista a una mujer ciega de Reus, ciudad natal de Gaudí. Estoy al tanto de esto porque fui mi amiga la que, entre lágrimas, me lo contó y la que me pidió que se sumara a su ruego, y que, sí podía, sumase también a otros. Por esta razón, a quienes queráis y podías, os pido que os unáis a esta imploración, por ella, por X, una chica de 22 años.

viernes, 22 de abril de 2016

San Pablo, inventor del cristianismo

¿Que Pablo inventó el cristianismo? Pues claro, faltaría más, pero porque predicó a Cristo, y a Cristo no lo inventó Pablo. Más bien al contrario, fue Cristo quien “inventó” a Pablo cuando lo derribó de su caballo.

jueves, 21 de abril de 2016

Cierta vocación (a la soledad)

Soy el único miembro de la congregación a la que pertenezco y alguien ha dispuesto que no se admitan más.

jueves, 14 de abril de 2016

Bien por Rossy

“Siempre he dicho que si eres inteligente de verdad forzosamente eres bondadoso” (Rossy de Palma).

sábado, 9 de abril de 2016

Novelando a Dios

Necesitaba yo leer una novela en la que Dios estuviera presente en la vida de sus protagonistas y que estos hablaran de él, y hete aquí que la diosa fortuna, o mejor, Dios fortuna, quiso que me encontrase con Marilynne Robinson, de la que nada sabía, una escritora americana conocida sobre todo por su trilogía: Gilead (2004), En casa (2008) y Lila (2014), que me zampé en un plis plas. Todo ocurre en Gilead, un pueblo de Iowa, en torno al reverendo John Ames, un pastor congregacionalista. Si andas con apetito divino la novela que más te saciará es Gilead, en la que el reverendo Ames, viudo ya muy entrado en años y casado en segundas nupcias con la muy joven Lila, escribe una carta al hijo nacido de este matrimonio y que a la sazón tiene siete años. Todo es de una indecible ternura; todo está transido de esperanza; todo es la venturosa aventura de los hijos de Dios, la de John Ames sobre todo que se complace a su vez en la vida de su hijo, bendito regalo, gracia inesperada y de última hora. Y están después su jovencísima y segunda mujer Lila (sobre ella precisamente versa la tercera novela de la trilogía, Lila), su gran amigo el reverendo Jack Boughton, los hijos de este, sobre todo el díscolo, extraviado e incomprensible Jack (él y su hermana Glory protagonizan la segunda novela, En casa, fascinante también, compungida y gloriosa), y otros. Todo un grandísimo hallazgo para mí.
Y de mujer a mujer y de trilogía a trilogía, estoy ahora con Cristina Lavrans, de Ingrid Undset, escritora noruega a la que le concedieron el premio Nobel en 1928. Le tenía ganas yo a esta trilogía desde hace ya mucho tiempo, al menos desde el año 2001, cuando leí su Olav Audunssön, obra extraordinaria. Aquí se novela a Dios de otra manera, en plena época medieval y en Noruega, pero resulta ser el mismo Dios, bendito por los siglos de los siglos amén.

viernes, 8 de abril de 2016

Madre coraje

Las madres -también los padres aunque menos, creo- son unas auténticas jabatas cuando luchan por sus hijos. Mi amiga X tuvo y crió a los suyos en Euskadi. El instituto en el que estudió el mayor era un vivero de Herri Batasuna y mi amiga, durante los años que su hijo cursó en él el bachillerato, tuvo un miedo pánico a que acabase en las garras de los secuaces de ETA. XX, cuando fue mayor, le dijo (muy cariñosamente) a su madre: “Mamá, fuiste una irresponsable. No sabes en donde me metiste”. Pero esta “irresponsable” madre luchó como una responsable leona para salvar a su hijo. ¿Y cómo lo hizo? Dado que XX no era un buen estudiante, ella se dijo: “Esta es la mía”. “XX, a partir de ahora te vas poner a estudiar cuatro horas todas las tardes y yo contigo para que no te muevas”. Su mala calidad como estudiante le vino de perlas para sentarlo y sentarse ella con él, de modo que, durante este proceso, supo trenzar ayuda escolar con conversaciones personales que al fin le abrieron los ojos a su hijo, y esto día tras día durante tres años. Lo salvó, y ella con él.
XX es ahora un brillante profesor en la universidad de Barcelona y en breve será papá, lo cual hará que X sea abuela por primera vez. Cuando nos lo dijo, ¡qué contenta estaba y qué contentos nos pusimos nosotros con ella!
Enhorabuena, querida X.

jueves, 7 de abril de 2016

martes, 5 de abril de 2016

Yo paso

Para según qué cosas hay que ser un pasota integral y pronunciar un regio “yo paso”.

sábado, 2 de abril de 2016

martes, 29 de marzo de 2016

Un grito de alegría

Hay que plantar siempre un grito de alegría en el mundo, sea lo que sea este, ocurra lo que ocurra en él, un grito al fin de victoria.

viernes, 4 de marzo de 2016

Guardar las formas

“Guardar las formas”: bonita expresión. Sé educado, es decir, guárdate de lo informe, de lo deforme, de lo monstruoso. Quien guarda la estética guarda la ética, y viceversa. Las dos, de la mano, siempre hermanas gemelas.

viernes, 19 de febrero de 2016

No se consumó

El gato estaba sobre el tejado que cubre el gallinero y la gata, abajo, entre unas coles. Llegado el momento se vieron y ya no dejaron de mirarse el uno al otro. El gato, finalmente, tras un salto mal ejecutado, casi cayó encima de la gata. Entonces comenzó el gato la conquista de la gata en celo. Se lanzó sobre su cuello y lo prendió, lo agarró, lo mordió, ¿lo besó? La gata, sometida, permaneció inmóvil. El gato la soltó y pegó un brinco hacia atrás. Hubo después una nueva acometida y otra vez prendió con sus dientes el cuello de la gata. Esto mismo ocurrió dos o tres veces más. En este punto la gata ya ofrecía su “entrada” al gato pero hete aquí que apareció un rival que puso en estampida a los dos. El amor no se consumó.

jueves, 18 de febrero de 2016

Argénteos campos

Por fin una helada como Dios manda, concesión inaudita de un invierno crudamente cálido. “Argénteos campos”, ¿dónde estabais? Anhelaba vuestra pureza, el golpe del frío en mi cara.

miércoles, 17 de febrero de 2016

jueves, 11 de febrero de 2016

Don Draper

Desde el segundo uno del primer capítulo de la primera temporada de Mad Men, su protagonista, Don Draper me pareció un hombre triste y débil. ¿Buscaban este efecto los creadores de la serie, que advirtiéramos desde el primer instante, debajo (¿o más bien “junto, mezclada con”?) de su apostura y fortaleza, su tristeza y su debilidad? De ser así, en las labores de casting, al aparecer el actor Jon Hamm, más en concreto, al aparecer la mirada de Jon Hamm, los responsables dijeron: “Este es nuestro hombre”, el hombre que cae, que siempre está cayendo, como vemos en los magníficos títulos de crédito. Verlo y verlo asustado, medroso, es todo uno. Está ahí, en sus ojos, ese increíble misterio.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los actores

¿Cómo consigue Jon Hamm, el actor que interpreta a Don Draper en la serie Mad Men, tener esa mirada líquida y triste? ¿Cómo consiguen los actores ser actores? That’s the question. Con talento y trabajo, claro, pero a mí siempre me parece un milagro que consigan encarnar a otro ser, vivirlo y hacérnoslo creíble. Hay como una punta de misterio en ellos, en ello, algo que se me escapa siempre y no sé descifrar: ser otro en alma, carne y hueso.

martes, 9 de febrero de 2016

Aforística

Un adversario bueno es el único buen adversario.

¿Más allá del bien y del mal? Del mal, sí, más allá, más acá, lejísimos siempre de él. Del bien, no, nunca, ni más allá ni más acá, sino en él.

lunes, 8 de febrero de 2016

Jaula de grillos

Como buenos españoles, algunos de mis hermanos y yo, llegada la ocasión -llegada la discusión- hablamos muy alto. “¡Chhis, baja la voz!”, nos gritamos unos a otros. Además ocurre que, en la cocina, en la que comemos los domingos, la sonoridad es malísima. Si el techo estuviese más abajo, dice entonces, y una vez más, Pili, causaría  menos ruido. También como buenos españoles, Lucía y yo, llegado el momento, competimos a ver quien habla más rápido. Imagínense entonces la combinación: gritar a toda prisa. Horrible. En lo que se refiere a la altura de la voz la palma se la lleva mi cuñado/a X, si bien es cierto que por lo menos “grita” despacio. La última vez que se nos dio por gritar (no quiero presumir pero yo hice voto de silencio y no abrí la boca) fue a causa de una cuestión tontísima. Horas, días después, pensaba para mí: “¡Ojalá nos hubiese dado a todos un ataque de afonía!” Obligados a hablar más bajo, hablaríamos también más despacio y estoy seguro de que nuestros pensamientos serían más claros, mejores. La única que se salva, y que nos salva, de esto es mi madre, como siempre, con su voz despaciosa, clara y dulcísima. ¡Ojalá la hubiéramos heredado nosotros!

sábado, 6 de febrero de 2016

Un juramento

Tres semanas antes de las elecciones del pasado 20 de diciembre yo cambié mi voto. Estaba seguro de que había tomado una buena decisión pero, con todo, quería asegurarme todavía más, necesitaba más información. Lo que hice fue, en diferido, en los días finales de la segunda semana de la campaña, zamparme el debate que Pablo Iglesias y Albert Rivera habían tenido en la Universidad Carlos III, después el que hubo a tres bandas, ahora ya con Pedro Sánchez, en El País, y finalmente el que hubo a cuatro bandas, ahora también con Soraya Sainz de Santamaría, en la Sexta. El primero que vi fue el que juntó a Iglesias, Rivera y Sánchez, ante el cual me juré a mí mismo que atendería exclusivamente a sus ideas, evitando pues las antipatías en contra y las simpatías a favor. El resultado fue sorprendente: disfrute muchísimo, lo pasé realmente bien, coincidiendo aquí con uno, discrepando allí con otro, estando a medias de acuerdo y a medias en desacuerdo otras veces. Forcé incluso la empatía en los casos en los que necesitaba hacerlo para obtener un mejor resultado humano. Al día siguiente vi el debate a dos, Iglesias-Rivera, y al otro más, el sábado 19 de diciembre, el debate a cuatro, Iglesias-Rivera-Sánchez-Sainz de Santamaría. Mantuve mi juramento, seguí en mis trece, y los resultados fueron otra vez sorprendente, humanamente buenos. No quiero que decaiga esta actitud mía y lucharé porque así sea: atender a lo que me dicen, sorteando las simpatías y las antipatías, para valorar como mala, como regular o como buena una idea, sea quien sea el que me la diga, llámese Iglesias, Rajoy, Rivera o Sánchez. O cualquier otro.

viernes, 5 de febrero de 2016

Los actores negros

Hace unos días fue noticia en los media la protesta de los actores negros por la falta de candidatos ídem a los Globos de Oro y a los Óscars. Algunos de ellos, como Will Smith, no acudirán a la entrega de estos últimos para escenificar su protesta. Si aquella falta de candidatos negros obedeció a motivos racistas, es decir, si hubo críticos en lo que se refiere a los primeros, los Globos, y miembros de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en lo que se refiere a los segundos, los Óscars, que no votaron a quien lo merecía porque era negro (o negra), entonces mi reprobación es también absoluta y, de ser yo actor negro, no acudiría tampoco a la ceremonia de la entrega de los premios de la Academia. Y puestos a ser algo, de ser yo Leonardo di Caprio, quien merece pero ya que le den el Óscar, porque es un actorazo, porque me cae bien y porque lucha contra el cambio climático (en este punto está en pie de guerra con el papa Francisco, a quien visitó no hace mucho), mis palabras, es decir, las de Leonardo di Caprio, tras recibir la “codiciada estatuilla”, serían las que siguen: “Dedico este Óscar a Alfre Woodard, Angela Basset, Chiwetel Ejiofor, Cuba Gooding Jr., Dany Glover, Denzel Washington, Don Cheadle, Eddie Murphy, Forest Whitaker, Gabourey Sidibe, Halle Barry, Jamie Foxx, Jeniffer Hudson, Laurence Fishburne, Lupita Nyong’o, Morgan Freeman, Pam Grier, Queen Lattifah, Rosario Dawson, Samuel L. Jackson, Sidney Poitier, Spike Lee, Steve McQueen, Thandie Newton, Viola Davis, Wesley Snipes, Whoopi Goldberg, Will Smith, por mencionar solo a algunos de nuestros grandes compañeros negros. Es para vosotros, chicos”.

sábado, 9 de enero de 2016

Escuchar

Lo que siempre estará en mi mano en una conversación, por más agria e intempestiva que se ponga, es escuchar. Esto solo depende de mí y que sea así me consuela muchísimo porque nunca faltarán las condiciones para que pueda cumplir uno de los requisitos principales de una conversación, sin que nadie pueda impedírmelo. Lo otro, lo que yo diga y exponga, no podrá eludir los factores en cierto modo incontrolables, que están siempre sujetos a la vivacidad y particularidad del momento, y que son el interlocutor o interlocutores que tenga delante con todas sus especifidades, yo con todas las mías y el entorno con todas las suyas, de las que dependerá la mayor o menor calidad de la conversación, sin descontar que pueda no alcanzar ninguna.

lunes, 4 de enero de 2016

Paso la vida

Así como uno debe amar sin esperar nada a cambio, así debe leer sin esperar nada a cambio más allá del puro gozo de leer.

Leo porque me interesa, me gusta, me entretiene, me acompaña, porque llena mi tiempo y así paso el rato, paso la vida. Leo para abismarme más allá de mí, para encontrar lo que yo no tengo, para disfrutar con los logros de otro, para ver hasta dónde llega la genialidad humana; leo para entenderme, para saber quién soy, para situarme, para estar también, sí, informado. Leo por el puro placer de leer, motivo al fin tautológico: me gusta leer porque me gusta leer. Leo sin cesar y me canso de leer no cansándome nunca de leer. Sin lectura me quedo huérfano, aunque la demasiada lectura me abruma a veces a posteriori, cuando me pregunto lo que uno nunca debe preguntarse: “¿para qué tanta lectura?” Para nada, para todo, para pasar el rato y pasar la vida.

En mi caso es importante no buscarle réditos eruditos a la lectura. Si lo hago, caigo en desesperación, porque, a bote pronto, y tras pasar los ojos por los cientos de libros que uno lleva ya leídos, compruebo que en mi recuerdo apenas ha quedado nada. ¿De qué iba este libro, y este, y este, y este...? Uno entiende entonces que es muy justa la definición de la cultura como el poso que queda después de haber leído cientos de libros, pues, para el común de los mortales, con memorias precarias y nada prodigiosas, lo que queda ciertamente son solo unas borras. Pero mi problema es que no acabo de conformarme con estos minúsculos restos y ahí es donde surge mi desolación y mi cabreo. Si no envidiara al erudito, al que sabe muchísimo entre otras cosas porque cuenta con una proverbial memoria, y, ojo, porque también se lo ha currado con muchas horas no solo de mera lectura sino también de estudio, no habría tal problema. Pero la cuestión de fondo es que de unos años acá se me ha dado por querer saber y no olvidar ya nunca, y, claro, bajo esta luz, te quedas helado al comprobar todo lo que en su momento has sabido y ahora ya no sabes, que es casi todo. Para que estos asuntos no me agobien mi deseo lector tiene que ser redefinido como un deseo de nada, que en mi caso significa el humilde anhelo de que tal o cual libro, como un buen amigo, me acompañe no más que unos días, unas horas, para pasar el rato, para pasar la vida.

jueves, 31 de diciembre de 2015

El año que fue

Tuviste miles de momentos así a lo largo de este año, plácidos unas veces, impacientes otros, sin un libro que te sirviese, ni una música, ni una imagen, pues justamente así tenías que permanecer, sin nada, con silencio, en la dormición.

martes, 29 de diciembre de 2015

Varia

La piedra dura es el hermano, en la que tropiezas, pero que te salva de ti mismo.

La limosna que te da Dios hoy es solo para hoy. Mañana tendrás que pedir otra.

Oh, Dios, no me dejes en mis manos.

Se suceden estados raros y no acierto a comprender quién los guía.

¿Cómo se logra la transición de la soledad a la compañía? ¿Es necesario que se rompa algo?

Vosotros sois mis amados y no acierto a serviros.

Lo que ahora me das, después me lo quitas. Qué rara es tu paz, Señor.

La pregunta del hermano nos hace ver lo que de otro modo no veríamos.

Quien escucha siempre triunfa.

Cualquier cosa que no sea estar aquí ahora no es estar aquí ahora.

Me quedo con vuestros nombres y así os conozco.

jueves, 24 de diciembre de 2015

En el umbral

De Olegario González de Cardedal, Navidad y Epifanía, 2002-2003:


I

En el umbral del misterio nos quedamos.
En el umbral del amor nos quedamos.
En el umbral de la verdad nos quedamos.
En el umbral de la belleza nos quedamos.
En el umbral del prójimo nos quedamos.
En el umbral de Dios nos quedamos.

¿Quién nos pasará del umbral al santo de los santos?
¿Quién vendrá a nosotros del fuego del hogar
             al portón del umbral?
¿Cómo llegar al corazón de los que amamos?
¿Cómo perforar nuestra corteza y llegar a la entraña?
¿Quedaremos alejados para siempre de aquello
            que realmente amamos?
Los labios de la sed y la fuente del agua,
            ¿no serán nunca hermanos?

II

Si tú no nos adentras hasta el fondo del pozo,
Si tú no abres las puertas que dan al santuario,
Si tú no nos traladas el duro granito
            de nuestro corazón,
no llegaremos nunca al altar donde mana
            el agua de la vida,
ni sabremos que eres tú el hontanar de la sed
            y de la espera.

Llévanos, Señor, del umbral hasta el centro,
            del portal al hogar,
donde enciendes la lumbre y despliegas
            la mesa y nos partes tu pan,
para alumbrar tu faz, para el calor del hombre,
            para vida del mundo.


Feliz Navidad y que Dios os bendiga.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Los consuelos de Dios

Los consuelos de Dios vienen siempre del mundo que nos rodea. ¿Dónde, sino en nuestro aquí y nuestro ahora, nos confortará Dios? Y será alguien o algo de todos los días: tu madre, tu esposo, tu hija, tu amigo, tu compañera de trabajo, tu vecino, un libro, una entrada de un blog, un vídeo en youtube, un anuncio en la tele, tu rostro visto en el espejo mientras te cortan el pelo, quien te alivie y te de un empujoncito.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ardientemente

Comienzo a escribir esta entrada a las 7:51 de la mañana. Tengo sueño pero no puedo dormir. Ayer me acosté a las doce y media. A las cuatro y media, o incluso antes, a las cuatro, ya estaba despierto. Las horas siguientes fueron difíciles, de insomnio duro. ¿La situación de España, el resultado de las elecciones eran el motivo? Posiblemente. Sería la primera vez que yo sufro realmente por España hasta el punto de no poder dormir. Esto me llena de orgullo. Por una vez, es mi país lo que me duele hasta el punto de robarme el sueño, no ya sufrimientos interiores o de otra índole. La preocupación por lo que pase a partir de ahora ha afectado a mis nervios. Curiosamente, me alegra este desquiciamiento mío, como si, solo con él, pudiera estar a la altura de las circunstancias. Deseo ardientemente, ardientemente, que todo salga bien para todos. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Conviene que el alma

Conviene que el alma, si se ha abierto demasiado, se cierre, para que vuelva a estar escondido lo que se reveló.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Los políticos

Los políticos se equivocan y pecan unas veces como el que más, otras veces como el que menos.
Es importante para mí tener presente esto.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

A pesar de los pesares

Son muchos los pesares que Aurelio Arteta le endosa a la vejez, quizá demasiados, cuando en verdad habría que decir que no existe la vejez sino los viejos, y la suerte de estos es varia en lo que respecta a la salud y la enfermedad, la soledad y la compañía, los dos factores de los que depende en mayor grado que la vejez sea más o menos pesarosa. Pero según lo que escribe el autor vasco en A pesar de los pesares. Cuaderno de la vejez, esta es pesarosa sí o sí, y lo demás son cuestiones de detalle. A mí desde luego el libro me ha asustado y más querría yo morir antes que llegar yo a la edad provecta si lo que me voy a encontrar es eso y solamente eso que nos cuenta Aurelio Arteta. Sin embargo toda su oscuridad, la poca o ninguna luz última que en su opinión tienen los últimos años de la vida de un hombre, depende principalmente de su cercanía al final, a este final: la muerte aniquiladora, la nada, el no ser, el postrero y definitivo olvido. Como ateo, ante este final, a las connaturales miserias de la vejez (si es que las tiene, añado yo matizando a Arteta, pues, insisto, la suerte es varia), se suma la miseria última que es morir para siempre, no vivir ya nunca más. De aquí no nace ninguna alegría, ninguna esperanza, ningún bien, porque es imposible que lo haga. No hay nada porque no hay nadie. Pero merece la pena, afirma Arteta, a pesar de las penas de la vejez y de la más penosa de todas que es morir del todo y para siempre, haber nacido, haber vivido, porque el hombre es el más valioso de los seres, tiene dignidad, incluso el mayor de los criminales vale más que cualquier otro ser no humano.
No sé si todos los no creyentes se sumarían a la presentación de la vejez que hace Arteta. Acaso sí, si, con la misma rotundidad que él, creen que es una nada rotunda el destino final del todo hombre. No puede haber esperanza última, solo “esperanzas penúltimas”, las ligadas a esta vida, afirma el autor de Tantos Tontos Tópicos, y con estas se debe conformar el viejo que, por su edad, más cerca está que cualquier otro de saber que uno, finalmente, se muere. El punto es punto final.

martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 23 de noviembre de 2015

Padre, Señor, Amigo

Parafraseando a Olegario (González de Cardedal):

Hijos del Padre, siervos del Señor, amigos del Amigo: así es nuestra relación con Dios.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Pío Baroja

Al oír en el telediario el nombre de Pío Baroja, que informaba sobre su novela inédita, Los caprichos de la suerte, mi madre comenzó a decir algo sobre él. “Espera un momento, mamá, que quiero escuchar la noticia”. Al terminar la información, le pedí que siguiera con lo que estaba diciendo, que fue lo que sigue: “Baroja va sus zuecos arrastrando y su carrito guiando, tirado por un borrico. ‘¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?’ Mas cuando el rostro volvió, vio que otro pobre iba cogiendo las migas que el arrojó”. “¡Anda, mamá!, ¿y esto?” “Lo aprendimos en la escuela, de niños”.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Il popolo, l'aristrocratie

Uno escucha el italiano y se siente parte de “il popolo”; escucha el francés, y se siente parte de “l’aristrocratie”. En ambos casos, música para los oídos.

(Y en Al hilo de mis ojos, mi blog de fotos, El príncipe del agua, que no es otro que mi amigo Emilio)

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un recuerdito

Tan importante como repasar el mal que hemos hecho es olvidar nuestras buenas obras. Pero acaso no está de más un recuerdito de este nuestro buen hacer los días en los que nos creemos malos malísimos, no más que por ahuyentar la desesperación. ¿Y un recuerdo de nuestro mal hacer? También, para corregirnos de nuestra presunción.

martes, 3 de noviembre de 2015

La principessa

“Buongiorno, principe”, me dice muchas mañanas cuando llego al trabaja. “Buongiorno, principessa”, le contesto.

La principessa, en uno de sus viajes a países exóticos, se vio en apuros al quedarse rezagada cuando bajaba de un volcán, pues su paso era más lento que el del resto del grupo que la acompañaba. Cuando este llegó a un punto en el que se abrían dos caminos, la guía no tuvo el detalle de darse la vuelta para comprobar si estaban todos. Al llegar aquí, la principessa se dijo: “¡Mio Dio, ora che faccio!” Unos jovencitos motoristas aparecieron de pronto, si bien, al no saber ella inglés, malamente iba a poder entenderse con ellos. El caso es que le vino a la cabeza el famoso “Don’t worry”, de Bobby McFerrin, y así se arregló todo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Las maravillas

Tras ver en Filmin La canción del mar, del director irlandés Tomm Moore, una maravilla de dicha y luz, pienso que las maravillas que inventamos los hombres son huellas del cielo, caminos que nos llevan a él, anuncios clarísimos de un mundo radiante y feliz.

sábado, 31 de octubre de 2015

A 50

Antes de entrar en un tramo limitado a 50 quilómetros por hora, ya mi pie se ha levantado del acelerador para que el cuentaquilómetros marque como mucho 57, y ahí me mantengo hasta que termina la limitación de velocidad, por perfeccionismo, por cumplimiento, por el gozo de la concentración.

viernes, 30 de octubre de 2015

Los 400 golpes

Ni a la primera ni a la segunda: fue a la tercera, en pantalla grande, cuando Los 400 golpes, de François Truffaut, me golpeó. Nada más arrancar la película, con los títulos de crédito sobrepuestos a un bellísimo París en blanco y negro, supe que iba a ser así. La película de Truffaut necesitaba la gran pantalla para propinarme un puñetazo emocional y estético. ¡Qué París el iluminado por Henri Decae, al que de buena gana hubiera saltado desde el patio de butacas si alguna improbable metafísica lo permitiera! ¡Y qué compases los de la música de Jean Constantin, tan chaplinescos, puestos ahí como caídos del cielo, el que necesita el joven Antoine Doinel y nosotros para no ahogarnos en la tristeza! Y qué actorazo, Dios mío, Jean-Pierre Léaud, dando vida al protagonista. Yo repudié en su día ese aire leve que proponía la nouvelle vague, un frescor que a mí me parecía demasiado etéreo, acaso bordeando la superficialidad. Vista de nuevo Los 400 golpes, no otra cosa que un purísimo aire fresco es lo que me arrebata.

jueves, 29 de octubre de 2015

El hombre del paraíso

La doctrina del pecado original no se sostiene si no hubo una situación paradisíaca y un primer pecado históricos. Si, contra la imagen de aquellos antepasados nuestros, feos y peludos, tan parecidos todavía al mono, sentimos que se alza dentro de nosotros una objeción “estética” que los invalide como posible “Adanes” y “Evas”, acudamos entonces al siguiente texto de C.S. Lewis, como siempre extraordinario: “No tengo la menor duda de que si el hombre del paraíso apareciera ahora entre nosotros, lo consideraríamos un completo salvaje, una criatura a la que explotar o, en el mejor de los casos, tratar con aire protector. Solo uno o dos, los más santos de entre nosotros, se tomarían la molestia de mirar por segunda vez a la criatura desnuda, desgreñada, de poblada barba y hablar torpes; mas, tras algunos minutos, se postrarían a sus pies” (El problema del dolor). Corta la respiración, ¿verdad?

miércoles, 28 de octubre de 2015

viernes, 16 de octubre de 2015

O cuiño

“Cu” es culo en gallego y “cuiño” culito. Hace unos días, en la sala de observación de urgencias en el Hospital Clínico de Santiago, donde estaba con mi madre, se la oí decir a un médico que atendía a una señora mayor. Dado que tenía que intervenir en salva sea la parte, le pedía a la señora que pusiese hacia a él “o cuiño”. Esta entrañable solicitud me alegró la noche, junto con otras lindezas del muy amable personal sanitario y los “observados” pacientes, hasta que vino el médico y nos dijo que mi madre estaba bien y que lo suyo no había sido más que un trastorno abdominal inespecífico. Eran las cuatro de la mañana.

lunes, 12 de octubre de 2015

Todo de nuevo

Si no es suficiente lo que la vida da cada día hay que aprenderlo entonces todo de nuevo y transitar cada vez por una humildad desconocida.

Allí donde el camino acaba, ¿no es también dónde el camino empieza? Llegar es partir otra vez.

Me gusta cerrar los ojos y ver así lo que no veo con los ojos abiertos.

Solo en la hora de la humildad, cuando la ola te devuelve a la arena, es posible contemplar el mar.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Mi grado de sociabilidad

No deja de ser un triunfo dar con la expresión que denomina con exactitud lo que antes quedaba solo confusamente señalado. Yo, por ejemplo, cuando tuve que aclarar por qué no iba a las comidas y cenas del instituto pude finalmente un día apelar a que “mi grado de sociabilidad” era el que era, intermedio tirando hacia bajo. Con este “grado de sociabilidad” me vi ya con soltura para dejar sentado mi perfil sin ulteriores explicaciones, que nadie te pedía por otro lado. Me valió, sobre todo, para conocerme mejor a mí mismo.

martes, 6 de octubre de 2015

Cuatro verdades

Enseguida me doy cuenta cuando escribo algo “contra” alguien, no empujado por tanto por la búsqueda de la verdad sino con ganas de decirle “cuatro verdades”. Así dichas, estas verdades nada valen porque son solo armas arrojadizas.

sábado, 3 de octubre de 2015

Presente compañía

La “cosa rara” que me ha pasado este año con la lectura y los libros ha dejado un resultado: no pedirle a un libro más que compañía. Lo demás será añadidura. Y lo de menos es que quedé de él algún recuerdo. Busco que sea para mí principalmente un presente que acompaña y no un pasado que queda.

viernes, 2 de octubre de 2015

Las bodas de la amistad

En su día, mi más antigua amiga, Sonia, y yo hablamos de hacer algo especial el año en que nuestra amistad cumpliera sus bodas de plata. Al final no hicimos nada pero ya fue especial pensar en hacer algo especial. Mi amigo Stefan, de un tiempo a esta parte, menciona muchas veces los años que llevamos siendo amigos. No sería mala idea que la amistad tuviese sus bodas de plata, de oro, de platino y de cuantos metales preciosos haga falta. El año que viene, el 2016, hará veinte años que Andreas y yo nos conocimos haciendo el camino de Santiago, el Jacobusweg para él. Por eso nos hemos comprometido a quedar pues llevamos muchos años sin vernos: otra celebración de unas bodas de la amistad.

jueves, 1 de octubre de 2015

Libros providenciales

Me pregunto si ha sido cosa de Dios el que, cada vez que velé armas en torno a una cuestión teológica que me preocupaba mucho y en la que no veía luz por ningún lado, terminó apareciendo un libro que resolvió muchas de mis dudas. El último ha sido La autoridad de la verdad. Momentos oscuros del magisterio eclesiástico, de José Ignacio González Faus. Lo mismo ocurrió con Si Dios no escuchase. Cartas a Malcolm, de C. S. Lewis, gracias a este párrafo maravilloso: “Y, así como aquellos que no se dirigen a Dios en las pequeñas tribulaciones carecerán de hábito y de recursos para mitigar las grandes cuando se presenten, los que no han aprendido a pedirle cosas pueriles carecerán seguramente de toda disposición para pedirle cosas grandes. No debemos ser demasiado arrogantes. Supongo que en ocasiones podemos ser disuadidos de hacer pequeños ruegos por un sentido de nuestra propia dignidad, más que por la dignidad de Dios”. Y así más veces con más libros providenciales.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La brecha

¿No debería reconocer el pro taurino que el toro sufre en la plaza? Porque es evidente que sufre. De hacerlo, ¿se abriría una brecha en su defensa de las corridas de toros? Ocurre aquí lo mismo que en su día ocurrió con la ley antitabaco: sus críticos, adalides de la libertad, no reconocieron nunca el derecho que tenía el no fumador a verse "libre" de humos indeseados e indeseables. ¿Temían la brecha? El caso más fragante es el de muchos defensores del derecho al aborto. Si reconocieran que lo que eliminan es algo más (“alguien más”, habría que decir) que un mero conjunto de células, ¿cuán grande sería la brecha?
Pero vuelvo al tema de los toros. ¿Qué dirían ustedes, señores y señoras pro-taurinos, si en el lugar del toro estuviese su perro, o un oso panda, animal entrañable donde los haya? Pues lo que nunca le haríamos a nuestro perro o a un oso panda no se lo hagamos tampoco al toro. No teman la brecha.

martes, 29 de septiembre de 2015

Hasta que la muerte, u otra cosa, os separe

Me desconcertó mucho la noticia de la separación de Vargas Llosa de su mujer, Patricia Llosa, con la que se casó en 1965. Al instante me vinieron a la cabeza las palabras emocionadas que sobre ella pronunció en el discurso del premio Nobel el año 2010: “El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: ‘Mario, para lo único que tú sirves es para escribir’”. Y aquellas otras, tan laudatorias (no he podido encontrarlas), sobre un matrimonio francés conocido por los dos y que el matrimonio Llosa se propuso de inmediato imitar. Buen mazazo se llevaron cuando esta pareja perfecta se separó a los pocos días de estar por última vez con ellos. Este mazazo me lo han dado ahora los Llosa al romperse su relación, pues uno, que apuesta por el amor para toda la vida y hasta que la muerte los separe, veía en su matrimonio un triunfo de este ideal. Por lo que se ve, nunca es tarde para separarse y antes que la muerte otra cosa los separó. ¿Cuál? Me gustaría saberlo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Es complicado

Cuando se pusieron a hablar de la vida conyugal la expresión que más sonó fue “es complicado”. Después de escucharlos durante un rato lancé la comprometedora pregunta: “¿Pero merece la pena?” “Haber tenido hijos fue una alegría”, dijo uno, mientras la cara de su mujer reflejó cierto descontento. El segundo dijo que en el caso de que se divorciara tenía claro que no se volvería a casar. Y, finalmente, el tercero, el más rocambolesco, remató la faena diciendo que le gustaría ser mujer para poder tener hijos sin el concurso de una pareja, para algo están los bancos de semen. Yo saqué el caso de X e Y, también conocidos por uno de los presentes, como ejemplo de matrimonio de excelente rodar. “Sí, pero de esos hay uno por cada mil”, añadió alguien. Mentiría si dijera que la atmósfera estuvo presidida por una sensación de fracaso o amargura. Había más bien un fondo de realismo y hasta de cierto humor, y la conciencia de que el paso de los años les había concedido cierto savoir faire. Ciertamente, es complicado.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Verse contada

Mi sobrina Sabela vino a buscar en internet un mapa mudo de un mapamundi e imprimirlo para una tarea de clase. Al verse ante el ordenador le sonó una campanilla en la memoria. “¿Tú no escribiste como una historia sobre mí o algo así?” “¿Una historia? No me acuerdo. Déjame que busque en mi blog”. Escribí “Sabela” en el rectángulo de la lupa y apareció esta entrada, de la que no guardaba ningún recuerdo. “Lo que escribí fue esto. Venga, léelo tú”. “¿Solo tenía cinco años?” “Sí, solo cinco. ¿Te acuerdas?” “Sí. ¿Y esto lo ve la gente?” “Pues la que se pasa por aquí sí”. Han pasado seis años desde entonces y Sabela tiene ahora once. ¿Le emocionó un poquito leer mi pequeña historieta? Creo que sí, que le gustó verse “contada”. Me encantaría que fuera la semilla de algo bueno para ella.

viernes, 25 de septiembre de 2015

La suma de mis pocos

De la suma de mis pocos políticos: un poco derechista, un poco izquierdista, un poco centrista, un poco pepeísta, un poco pesoeísta, un poco podeísta, un poco comunista, un poco capitalista, un poco socialista, un poco conservador, un poco progresista, etc., me gustaría que resultase un mucho cabal, lúcido, sensato, responsable y moderado.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cara a cara

Seguramente es una chorrada pero hace unos días, cuando Nuca, la perra de mis sobrinas Sabela y Alba, me miró a los ojos caí en la cuenta precisamente de esto, de que ella, un animal, no dirigió su mirada a mis piernas o a un brazo sino a mis ojos. ¿Y cómo saben los animales, que también tienen ojos, que deben mirarnos precisamente a los ojos cuando nos miran? ¿Quién se lo dijo

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Dios Padre

Dios no sabe ser Dios sin ser Dios Padre por lo tanto no habría que decir nunca “Dios” a secas sino siempre Dios Padre (Y ya puestos Dios Hijo y Dios Espíritu, claro).

martes, 22 de septiembre de 2015

Cuando no sabes qué leer

Yo, como debe ser, solo leo lo que me interesa y lo que me place. El problema surge cuando no sé qué libro podría interesarme y darme placer. Aguantar ahí, a la espera de que aparezca, no es fácil. Te sientes huérfano, abandonado, en tierra de nadie.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Imanes

Otros nos atraen y nosotros atraemos y de esta conjunción de imanes surgen los amores, las amistades.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Al por menudo

A grandes rasgos entiendo lo que quiere decir una persona cuando se define como conservadora o se define como progresista, pero a pequeños rasgos ya no, porque nunca acaban de explicar al por menudo en qué consiste eso. Tales autodefiniciones acaso no pretenden ser más que genéricas tarjetas de presentación ante el mundo. Pero en los siguientes pasos no vendría mal que, “al por menudo”, concretasen qué quieren conservar los unos y en qué quieren progresar los otros para que los demás quedásemos más orientados sobre el asunto.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La tradición buena

Nada es bueno por la sola razón de que se lleve haciendo cientos de años. La antigüedad no es garantía de nada porque de ser así todavía nos las veríamos con el Tribunal de la Inquisición o seguiríamos con la trata de esclavos. Por eso aducir a favor de la fiesta del toro de la Vega que es una tradición que se remonta a la Edad Media es tan idiota como decir que hay que seguir usando corbata porque es lo que venimos haciendo desde hace cien años. La tradición, la traditio, aquello que una generación entrega a la siguiente, ha de pararse cuando aquello que se entrega es malo en sí mismo. La tradición es buena cuando entrega cosas buenas. Nada es bueno solo porque sea tradicional sino que solo debe ser tradicional aquello que sea bueno.

martes, 15 de septiembre de 2015

El fin, los medios, la vida

La conflictividad de la vida obliga a veces a “sortear” el insorteable principio que nos dice que “el fin no justifica los medios”. Pongamos un ejemplo. Es usted padre de un hijo al que culpan de un asesinato que usted sabe que no cometió y sabe además que la posibilidad de que, siendo inocente, lo consideren culpable es muy elevada. En tanto que no encuentre pruebas que demuestren su inocencia mantendrá oculto a su hijo. “¿Está su hijo en casa?”, le pregunta la policía. Usted, naturalmente, miente, y les dice que no está. La policía efectúa un registro pero no lo encuentra porque usted lo ha escondido en un lugar a prueba de los mejores rastreos. A ver quién es el guapo que se atreve a censurar al padre por el uso de un medio malo, la mentira, para un fin bueno, la salvación de su hijo. Y así tantas veces en la opaca y problemática vida hay que saltarse el principio del que venimos hablando y acogerse a la doctrina del mal menor, de tan honda raigambre en la teología moral de la Iglesia. De todos modos, en el ejemplo que he puesto, la desproporción entre el fin, una vida, y el medio, una mentira, es tan vasta, que hablar de esta como un mal es casi, o sin el casi, un despropósito. Este mal es tan “menorcísimo” que directamente se podría decir que es un bien, si nos dejamos de abstracciones.

A propósito de esto, no puedo dejar de acordarme de aquella escena de Los miserables, de Víctor Hugo, en la que la religiosa “Sor Simplicia”, que “no había mentido nunca”, ante una pregunta de Javert, el inspector de policía, tuvo que hacerlo por primera vez en su vida para salvar a Jean Valjean, lo que le hizo pasar “un momento terrible en que (...) creyó morir”. Víctor Hugo espera para Sor Simplicia “que esta mentira os sea contada en el paraíso”, como así habrá de ocurrir con tantas salvadoras mentiras.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ojalá

¡Ojalá el sufrimiento fuese siempre para todos, creyentes e increyentes, una puerta por la que dejásemos entrar a Dios!

martes, 8 de septiembre de 2015

El estilo del escritor

¿Controla el escritor su escritura hasta el punto de que pueda volverla más inteligible, si este fuera el caso? ¿O no podría aunque quisiera? Olegario González de Cardedal, en el prólogo de su libro El quehacer de la teología, dice: “Con el fin de facilitar la lectura, me he esforzado para que el estilo fuera lo más transparente posible, evitando los tecnicismos” (El subrayado es mío). Olegario quiso y supongo (no leí el libro) que pudo hacer que su estilo fuese “más transparente”. Esto viene a cuento porque a mí gustaría entender más y mejor a un determinado bloguero que tiene un estilo a ratos oscuro y enrevesado, lo que hace que yo me aleje de su lectura. Si fuera su amigo tal vez me atreviese a hablarle de esto mas no es el caso. Mi pregunta inicial de todos modos persiste: ¿le sería posible escribir de un modo más “transparente”? Porque a lo mejor no podría aunque quisiera. ¿Escribimos como queremos, como podemos o todo a un tiempo?

lunes, 7 de septiembre de 2015

De cine, sexo y madre

Durante el verano, bajo con mi pendrive a eso de las diez para ver una película en la sala. Mi madre dormita o lee todavía un rato antes de irse a la cama. Digamos que podemos estar juntos unos diez o quince minutos. Yo cruzo siempre los dedos esperando que no haya ninguna escena que vaya más allá de un beso en los minutos iniciales de la película para que mi madre no se me alborote y me suelte un “¡que obscenidades!”, porque además tengo la puñetera mala suerte de que, justo cuando aparecen las escenitas de marras, mi madre va y se despierta. Hace unos días me puse a ver la película de Abel Ferrara sobre Pasolini, titulada precisamente Pasolini. Al comienzo, ¡ay!, el director italiano aparece revisando Saló o los 120 días de Sodoma para dejarla lista para su estreno. Y entonces se ve lo que se ve y yo pego un respingo, sudo, me pongo tenso y... compruebo que mi madre no dice nada. “No me lo puedo creer. Claro, como ahora ve peor, a lo mejor no llega a distinguir lo que se muestra en una tele dentro de otra tele. Pero, por favor, por favor, qué pasen pronto estas imágenes” Y, ¡uff!, pasaron. ¿Qué había ocurrido? Que, por suerte, esta vez mi madre no se despertó. Unos días después, revisando los extraordinarios Decálogos del católico director polaco Krzysztof Kieslowski, le llegó el turno al dedicado al sexto mandamiento: “No cometerás adulterio”. A determinada altura de la película, la protagonista recibe en su casa a uno de sus amantes que, nada más entrar, la abraza, mete su mano entre la braga y la nalga y... “¡qué obscenidades!”, al que mi madre añadirá otro cuando un poco después estén los dos en la cama. ¡Todo muy poquita cosa, casi pura castidad, vaya, en relación con lo que hoy se ve en los cines! A mi madre ya intenté explicarle en más de una ocasión que, por necesidades del guión, en atención a la verosimilitud de la historia, a lo ella quiere contar, etc., a veces es preciso mostrar escenas sexuales sin que en el ánimo del director obre ningún impulso impúdico. Como si nada. En este tema mi madre está chapada a la antigua y aunque se lo explicara el mismo papa no lo entendería ni lo aceptaría. Cuando finalmente se levanta del sofá y se va a la cama yo respiro tranquilo, me repantingo y disfruto del resto de la película.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Yo y yo

Cuando digo que “algo dentro de mí me impulsó a” o cosa parecida, ¿puede ese “algo” ser otra cosa que yo mismo? Mi “yo uno”, y no dos o tres, etc., más allá de la conciencia inmediata de mí mismo, se hunde hacia dentro y desde esas profundidades me lanza mensajes, es decir, yo me lanzo mensajes a yo. Es imposible referirse a sí mismo sin estos desdoblamientos lingüísticos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Los "calores" de Sevilla

“Una enfermedad bien administrada es mejor que una canonjía”, comentó mi tío Luis, mercedario en Sevilla, pensando en sus dos compañeros, “dos maulas”. El mes de agosto lo pasó con nosotros, quince días aquí, con su hermana Pilar, mi madre, y la otra quincena con su hermano Darío. El verde ante los ojos, que tanto añora, el aire fresco y el cariño y la escucha que recibe de su familia reponen sus fuerzas. El mes de julio lo había dejado exhausto. Se sumaron su insomnio, el calor terrible, sus 87 años y la maulitis de sus hermanos de la Orden de la Merced. Allí calla para no armar guerra pero con nosotros se desahoga. Se quejó, por ejemplo, del magro por no decir nulo resultado de las visitas que los superiores realizan a las casas mercedarias, pues no averiguan con antelación ni in situ los problemas que hay en ellas para intentar solucionarlos. “Siendo así las cosas no me extraña que no haya vocaciones”, dice. “Aquí demuestra Dios su sabiduría. Él sabe lo que hace. Mientras no cambien las cosas es mejor para los jóvenes que no entren en la Orden”. El problema es más complejo, claro, y él lo sabe, pero no estaba ante un comité científico analizando un problema sino con los suyos, desahogándose. Mi madre le recordó entonces la obra de misericordia que venía al caso: “Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas de nuestro prójimo”. Y antes de que terminase mi madre su enunciado mi tío se unió y lo acabó con ella. “En eso estamos”, concluyó.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Mis llorares

Cuando leí la respuesta de Enrique a la pregunta “¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?”, del test de Arthur Aron, me puse a pensar yo en mis llorares. Son muy escasos, escasísimos. El año 1996 lloré a moco tendido abrazado a mi hermana María debido a un asunto que nos ligaba a ella, a mí y a nuestro amigo X. El desahogo me liberó de un quiste que se estaba volviendo tumefacto. No volví a llorar, que yo recuerde, hasta el 12 de octubre del año 2002. Habíamos tenido la comida de la fiesta del Pilar, la fiesta familiar por antonomasia, en la que celebramos el cumpleaños y santo de mi madre, el santo de mi hermana Pili y el cumpleaños de mi hermano Luis. Estaba fregando la vajilla y en ese momento se acercó mi cuñada Dolo. Le estaba hablando de unas obsesiones sobre la muerte de mis seres más queridos que venía padeciendo desde el mes de agosto y entonces me eché a llorar; se acercaron mis hermanas Pili y María, que quedaron también informadas del asunto. El 7 de mayo de ese año había muerto mi padre. ¿Había alguna relación entre mi llanto y esta muerte? No lo sé y sigo sin saberlo. Han pasado trece años y no he vuelto a llorar. Se humedecen mis ojos, sí, cuando en la tele, ya sea en un espacio informativo ya en una película, veo un acto bueno, pero no llego a derramar lágrimas. En más de una ocasión me hubiese gustado gozar de ellas pero nunca acudieron en mi ayuda.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Las pasiones de la carne

“Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5, 19-21). No sé cuántos tremebundos predicadores pretéritos habrán tenido en cuenta que, “las obras”, es decir, “las pasiones de la carne”, además de las que él y los que los escuchaban tenían en mente, entiéndase: “fornicación”, “impureza”, “orgías”, eran también todas las otras, a saber: “libertinaje”, “idolatría”, “hechicería”, “enemistades”, “discordia”, “envidia”, “cólera”, “ambiciones”, “divisiones”, “disensiones”, “rivalidades” y “borracheras”. El término español “carne” es la traducción del griego “sarx (σαρξ)”, que tiene un significado mucho más amplio que aquel. “La voz sarx (carne) significa ante todo (...) la naturaleza humana, el hombre en su condición nativa, la esfera de lo constitutivamente débil y caducable (...). Pablo va a imprimir al vocablo un sesgo peculiar que acentúa la idea de debilidad inherente a la ‘carne’ (...), flexionándola hacia la idea de debilidad moral; el hombre en cuanto carne es el ser proclive al pecado o emplazado en su esfera de influencia” (Juan Luis Ruiz de la Peña, Imagen de Dios. Antropología teológica fundamental). ¿Cómo devino la sarx griega, hombre humano-débil-pecador, de tan amplio significado, carne española, solo hombre con malos deseos sexuales, de tan reducido significado? Así pues no solo la “lujuria” sino también el resto de los pecados capitales: “gula”, “avaricia/codicia”, “pereza”, “ira”, “envidia” y “soberbia/orgullo” son “pasiones de la sarx, de la carne”.

sábado, 29 de agosto de 2015

El oficio de vivir

El oficio de vivir, de Cesare Pavese, es uno de los títulos más hermosos que pensarse pueda. Yo lo habría querido para dos libros míos pero no se lo podía pisar. Lo que sí hice fue tomar una mitad para uno y la otra mitad para el otro. Así, “El oficio” me sirvió para titular El oficio de un corazón y “de vivir” para El trabajo de vivir. Otro título del cual quisiera tener también el copyright es Los trabajos y los días, de Hesíodo.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Desvelos

Palabras, las justas, las necesarias, las que Dios me dé.

Un relato pobre me acompaña.

¿Qué tipo de felicidad me corresponde ahora?

¡Ah, si amáramos a los que nos aman! Pero ni siquiera con esto cumplimos.

Las venas, al otro lado de la piel, dibujan un itinerario, una búsqueda, un corazón.

La preocupación me desvela pero ella no te salvará la vida si es que tienes que perderla.

La Plenitud no tiene desvelos pero el Vacío sí.

¿En qué medida había olvidado que el trabajo es un trabajo Callado que brota del Silencio?

martes, 25 de agosto de 2015

Conservar y conservadurar

“Su lentitud (la de la Iglesia) revela en ocasiones una especie de sabiduría, pues protege lo que de hermoso y vulnerable hay en nuestra herencia y nos aísla del inane entusiasmo que suscita el cambio por el cambio, protegiéndonos así de la ilusión de que podemos renovarnos a nuestro antojo; pero esto siempre tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas” (Francis Spufford, Impenitente. Una defensa emocional de la fe). Pensé esto durante años sin encontrar las palabras precisas para decirlo y al fin me las ha puesto ante los ojos Francis Spufford. La necesidad de “conservar” de la iglesia lleva aparejada siempre una tentación: la del conservadurismo. Esto es lo que viene a decir el autor británico, conservadurismo que a veces “tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas”. Conservar la Tradición no significa conservar costumbres que solo son fruto de un época; rechazar la ideología del progresismo no debe implicar no progresar allí donde es conveniente hacerlo; no sujetarse al espíritu de los tiempos no significa desoír los signos de los tiempos a través de los cuales habla el Espíritu. La Iglesia, que tiene como única roca a Cristo, echa a veces el ancla en rocas que son un lastre para ella y le impiden caminar.
El Vaticano II, alimentándose de toda la obra de recuperación que se había ido gestando en los años anteriores de las fuentes bíblicas, patrísticas y litúrgicas, ¿no progresó desde ellas para ser en buena ley conservadora y sacudirse así el polvo conservadurista que pesaba sobre ella?

viernes, 21 de agosto de 2015

La vida es un cuento

Cuando no podemos explicar la vida siempre nos queda el recurso de contarla y la narración que entonces surja podrá funcionar como una suerte de explicación. El caso es que haya siempre palabras porque así nunca desaparecerá la posibilidad de que haya un sentido.

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cómo será?

El cielo no puede anular las relaciones que en la tierra nos constituyeron esencialmente pues resucitará el que fuimos, no otro, y el que fuimos lo fuimos de una determinada manera y no de otra. Tendremos que reconocernos a nosotros mismos en la vida eterna y esto no será posible si los protagonistas esenciales de nuestra vida terrena no lo continúan siendo allí. Pero ¿cómo será esto, de qué manera mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos, serán allí mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos? ¿Cómo continuará allí toda la vida que me construyó y que yo construí?

miércoles, 19 de agosto de 2015

El don de la ebriedad

Hace unos días, en una fiesta de cumpleaños, X. bebió más de la cuenta y al final quedó hecho un borrachín. Por más que, en la despedida, se harto de abrazarme y decirme lo agradable que yo era, no por eso dejó de resultarme profundamente simpático. Bien es cierto que, en sobrio, ya le tenía un gran cariño porque sino a ver, pero el caso es que acogí sus efusiones ebrias muy complacido. Espero que al día siguiente, en plena resaca, no haya estado, al menos en lo que a mí se refiere, en pleno arrepentimiento: no solo perdono sino que agradezco. Si lo suyo fue un in vino veritas, esta veritas a mi corazón le gustó mucho.

martes, 18 de agosto de 2015

El doctor Zhivago

Me resultó imposible leer El doctor Zhivago sin tener continuamente delante de los ojos los rostros de Omar Sharif y Julie Christie, protagonistas de la película homónima de David Lean. Dado el profundo aliento poético de esta, la  novela se llenaba de él y creía estar leyendo una novela-poema. ¿O será que el director británico rodó una película poética porque era el único modo de hacerle justicia a la obra de Boris Pasternak? El caso es que, con un Sharif-Zhivago y una Christie-Lara tan aureolados de poesía, la lectura de la novela de Pasternak fue, a la par que un acontecimiento narrativo, un acontecimiento poético.

viernes, 14 de agosto de 2015

Amigos

Al final, el amigo, la amiga, es el que está ahí, la que está ahí, medio olvidados unos de otros a veces: problemas de agenda, distancias geográficas, perezas del corazón... Pero están ahí, estamos ahí sin duda, y llegado el momento resurgimos unos para otros como una potente llamarada o un río que salta.

jueves, 13 de agosto de 2015

La nube del no-saber

A principios de este año comenzó a resultarme vomitiva la imagen del lector como un devorador de libros. Yo mismo me daba náuseas en la medida en que fui este tipo de lector; estaba claro que ya no quería seguir siéndolo. Me invadió la “nube del no-saber” y, en ella instalado, supe que no quería devorar sino leer; buscaba otro ritmo, pausas, una nueva cadencia. No estoy seguro de que vaya a lograrlo porque tampoco sé exactamente lo que busco. Bueno, sí lo sé, la compañía que presta un libro, más profunda en unos casos, menos en otras, y las compañías, las amistades en definitiva, no se devoran sino que se paladean. Solo lentamente se hace una buena ingestión, solo lentamente se conversa, solo lentamente se vive.

miércoles, 12 de agosto de 2015

No leo pero...

Lo poco o mucho que lean los habitantes de un país no es el único indicador del grado de su cultura porque hay otras actividades del espíritu que hacen que el hombre, además de un ser biológico, sea un ser culto (“cultivado” me gusta más), es decir, humano. Así, habrá quien se cultiva con la música, con el cine, con la visita a museos y exposiciones, con la fotografía, con los viajes, actividades todas ellas que, cultivándole, expanden al hombre más allá de sus necesidades estrictamente biológicas. Del hombre que no “se inventa” las necesidades que transcienden sus meros apetitos fisiológicos mal se puede decir que sea en verdad humano.
¿Es la lectura la actividad más cultivadora del espíritu humano, más por ejemplo que la escucha de una sinfonía, la visión de un cuadro, de una escultura, de un edificio o de una película, más que las conversaciones de un viajero con los habitantes del país que recorre de una punta a otra? No lo sé, acaso sí, pero un hombre que no lee solo es un hombre que no lee y ninguna cosa se puede deducir de este solo dato sobre el grado de su cultivo si no sabemos nada más. El mapa de la aventura que hace que un hombre sea en verdad un hombre es mucho más amplio.

martes, 11 de agosto de 2015

La misa góspel

En vez de ir a una multitudinaria misa góspel decidimos apostar por una más modesta, la de la Mother African Methodist Episcopal Zion Church (¡toma ya con el nombrecito!).
Cogimos el metro y nos plantamos en Harlem el domingo 26 de julio. Pero lo mismo pensaron otras decenas turistas y si pensábamos que íbamos a estar poquitos extranjeros nos equivocamos de pe a pa: había muy poca gente de la comunidad negra, no más de treinta personas calculo, y el resto, quizá unos setenta, éramos sobre todo españoles, italianos y franceses, además de algún alemán, algún argentino, algún surcoreano y así. Esto lo sé porque, a la entrada, en la que nos recibía un muy amable africano metodista episcopaliano de Sión, o como quiera que se diga, escribíamos en un libro nuestro país de procedencia, de modo que, antes de comenzar la misa, el celebrante nos dio a la bienvenida a todos yendo país por país. Como elegimos lo “modesto”, modesto fue también el coro góspel, compuesto por unas diez personas, que cantaron mucho y bien. Quizá para compensar, el pastor en su sermón, por lo menos en lo que a decibelios se refiere, no quiso ser nada modesto y tronó como un Júpiter micrófono en mano: aquello fue una pura furia sónica, que mis oídos no soportaron y yo tampoco. Como mi inglés es un inglés perro no entendí lo que dijo pero a buenas horas me iba interesar cuando era una estruendosa garganta la que me asaltaba. Un horror, vaya. A mi hermana le gustó, y por lo que pude oír a la salida, a otros también.
Si vuelvo a Nueva York, pago los sesenta dólares de la excursión de marras y me ahorro modestias. Asistiré entonces a un buen espectáculo góspel, con un coro como Dios manda que luzca magníficas galas y voces, muchas mujeres negras tocadas de fantásticos sombreros y, eso espero, un pastor que hable y no grite pues para eso se inventaron los micrófonos.

lunes, 10 de agosto de 2015

La gloria

Que se vive como se puede nos lo dijo Machado y uno vive también en lo gris como puede, rogando que vuelvan los colores.

Frente al alimento que pensamos sería el mejor para nosotros está el alimento que se nos da y que ingerimos de mala manera. ¿Y si resultara que, a la larga, era este último el mejor? Con estas confianzas futuras sigue uno caminando.

Somos lo que somos cuando tenemos pena, cuando tenemos gloria, cuando no tenemos ni pena ni gloria. Al final ya solo seremos gloria, también la gloria que tuvieron los días de pena y la gloria de los días sin pena ni gloria.

sábado, 8 de agosto de 2015

La más cool

¿Qué puede resultar más llamativo en Nueva York, una chica con el pelo colocado de tal manera que parezca ir tocada de colas de pavo real u otra chica haciendo ganchillo? A mí me resultó mucho más llamativo lo segundo, porque no podía imaginar que todavía quedasen en el mundo mozas interesadas en el ganchillo y menos en pleno Manhattan. Una al menos hay, la que estaba sentada a mi derecha delante de la Biblioteca Pública. Esperaba allí a mi hermana, entretenida con algunas compras, y mi sorpresa no fue poca cuando, al girarme hacia mi diestra, estaba la chica en cuestión dale que te pego al ganchillo. Aquí hay una foto, me dije, y, distraídamente, como quien no quiere la cosa, la pillé. A lo mejor la más cool de toda la Gran Manzana era ella.


viernes, 7 de agosto de 2015

Cosas que pasan

Debían ser las once de la mañana y, mientras hacía mi media hora de cinta, a los veinte minutos de estar en ella me sobrevino un cansancio que no me dejó continuar, un asalto de ansiedad (¿O de angustia? Nunca veo con claridad la diferencia entre una y otra) ya conocido por mí. Me suele ocurrir, cuando ocurre, mediada la mañana, y siempre viene de la mano de algo que me emociona positivamente. Pero esta vez fue distinto. Hubo en ello algo de desplome físico y lo que hice fue bajar a beber el vaso de agua, el que tomo siempre después del desayuno, y que todavía no había tomado. Me comí también dos nectarinas. Me senté después en la butaca de mi habitación e hice lo que siempre hago en tales casos: respirar profunda y pausadamente. Después, con inmensas ganas de dormir, me eché en la cama. Haciendo un gran esfuerzo, fui a la zapatería que se había comprometido el día anterior a pedir unos zapatos que podían interesarme a decirles que finalmente había encontrado y comprado en Santiago unos que se ajustaban más a lo que andaba buscando. Le pedí perdón por las molestias causadas a la chica que me atendió y que no pudo disimular del todo un gesto de desagrado. Volví a casa con la intención de seguir durmiendo, pero era ya la una y cuarto. No tardaríamos en comer. Sin demasiadas ganas cogí el ebook, lo encendí y continué la lectura de Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, allí donde la había dejado.

jueves, 6 de agosto de 2015

El Flatiron Building

Un diseño originalísimo y una factura impecable hacen del Flatiron Building un edificio excepcional, el que más (y lo que más) me gustó de Nueva York. Visto de frente no se aprecia en él ninguna profundidad, te parece plano y hasta irreal. Yo, incrédulo, me dije que hasta que no lo tocase no estaría seguro de su existencia. Y sí, es pura piedra con forma de plancha (de aquí su nombre, iron, plancha en inglés), aunque más parece la proa de un barco que con audacia se mostrase dispuesto a abrirse paso a través de Manhattan derribando todo a su paso, y allá se las compongan el Empire State, la torre Rockefeller, el Chrysler y tutti quanti.

martes, 4 de agosto de 2015

Nueva York

Me vi en la Nueva York que esperaba encontrar y en este sentido no hubo sorpresas pero sí el cumplimiento de las promesas hechas por todas las imágenes de la ciudad vistas a lo largo de toda mi vida en películas, informativos y fotos. La ciudad de los rascacielos fue fiel a mis expectativas y no me defraudó en absoluto. De la ciudad habitada por mis sueños pasé, con perfecta continuidad, a la ciudad pisada por mis pies, que, junto con los de mi hermana María, se hartaron de callejearla uptown y downtown, east side y west side. El cielo siempre rascado por los altísimos edificios solo te lo encuentras si subes con ellos hacia arriba, por sus paredes de cristal, en las que unos y otros se miran. El horizonte es por eso vertical y has de levantar la cabeza si quieres encontrar lejanías. ¿Por qué en un momento dado comenzó, no ya la conquista del oeste, sino la de las alturas, que hizo de Nueva York la ciudad por antonomasia de los rascacielos? ¿Qué sueños cumplieron así los hombres que los construyeron: de poder, de dinero, imperialistas, olímpicos, espirituales? ¿Qué tipo de hombre venció con ellos y qué tipo de hombre quedó vencido por ellos? Preguntas vanas a lo mejor, inútilmente profundas, sobre todo para el turista que solo quiere subirse a ellos para disfrutar de magníficas vistas. Un servidor fue lo que hizo y se quedó tan contentó.

miércoles, 22 de julio de 2015

No juzguéis

El “no juzguéis” de Jesús debe entenderse, creo yo, como un “no pronunciéis la última palabra, la definitiva, sobre nadie porque esta solo le pertenece a Dios”. Las que nos está permitido pronunciar son las palabras penúltimas, las humanas, las nuestras, con las que necesariamente hemos de juzgar, calibrar, ponderar, valorar, etc., personas y acciones.

jueves, 16 de julio de 2015

Varia

Durante la infancia tallamos la raíz que nos sostendrá el resto de nuestra vida.

Unos para otros somos señores y siervos a un tiempo.