domingo, 14 de octubre de 2012

Matilde



“Dios hace justicia pero no hace daño”: otra de las perlas de Matilde. Cada uno está capacitado para hablar de Dios, para hacérnoslo sentir de una determinada manera. Desde la muerte de Ángeles, Matilde, que ya era palabra viva de Dios, es ahora palabra vivísima, llena siempre de un frescor matinal. Lo que a ella le ha tocado descubrir del misterio del amor de Dios lo comunica con una ternura y una paz inigualables. Y, siempre, siempre, Dios bendito, el coraje, la conformidad y las carcajadas que él le regala.

miércoles, 10 de octubre de 2012

La última palabra



Es cada vez más raro, cuando acudes a dar el pésame a una familia por la muerte de un ser querido, encontrar a éste al descubierto. La tapa del féretro lo oculta, y de continuar así las cosas, será cada vez más difícil moverla: acabaremos cerrándola con un candado. Tapamos al muerto y así lo callamos: no verlo significa no escucharlo. El muerto pronuncia una última palabra a la que nos hemos vuelto sordos.

El pack



Llevaba mis dos tomos de las obras en prosa de Péguy, en la colección la Pléiade de la editorial Gallimard, para Cristina. En mi parada y fonda en casa de Alfonso, mi amigo me pidió que me probara un par de tenis que se había comprado y que, dado que le rozaban el dedo gordo, no los iba a usar. En mi caso haría falta que los míos fuesen el doble de largo para que alcanzasen la punta. Muy pero que muy holgados me iban, vaya, pero, por hacerle el favor de sacárselos de encima, me los llevé sabiendo que tampoco yo los iba a poner. Entonces me acorde de J.P., el hijo de Cristina, más alto que yo y a quien por tanto podrían valerle. Me vi así con un inesperado pack: Péguy para la madre y tenis para el hijo.
(La jugada se ha completado inmejorablemente: me informa Cristina que a J.P. le sirven los tenis y ella, por su parte, está disfrutando mucho la lectura de nuestro querido autor francés).

lunes, 8 de octubre de 2012

El medio del camino



El medio del camino de la vida es una cumbre en la que hay un valle. El tiempo vuelve a parecer que anda y no que corre. Te sabes maduro, lo notas en mil detalles, los que ya no importan y los que sí importan. Se han borrado, no ya las heridas, sino incluso sus cicatrices. La línea recta, dura, ha aprendido a ser más flexible y hace ondas. Lo que siempre has creído que era verdad se ha vuelto mucho más verdad. Ser bueno y no hacer daño es la aspiración primera de cada día. Y la alegría, que es un don, es también una conquista.

viernes, 5 de octubre de 2012

Cordar

Hace unos días oí por primera vez la palabra sociograma y me gustó. Entonces se me ocurrió que a un panorama social podríamos llamarlo “sociorama”. Siempre fantaseé con la idea de crear una palabra de la nada y prenderla en el habla de mis circundantes, los cuales a su vez lograrían lo mismo con los suyos, y así hasta verla extendida y consolidado su uso en una gran parte de la población. Menudo triunfo sería verla recogida en una edición futura del diccionario de la Real Academia de la Lengua. Inmaculada, por necesidad vital, ha creado una que yo hago mía de todo corazón.

jueves, 4 de octubre de 2012

Azorín y su matiz

La generalización es un recurso del pensamiento que le permite avanzar sin tener que hacer cada poco distingos y caer en un escrupuloso abuso del matiz. En la escritura se acoge a la tan socorrida “economía verbal” y así, cuando uno dice por ejemplo “esta sociedad es egoísta”, queda amparado por aquélla de modo que nadie entienda que todos los miembros de la sociedad son, sin excepción, egoístas. A mí sin embargo se me resiste aquel recurso y esta economía y preferiré siempre decir “son muchos en esta sociedad los que...” y no usar el modo generalista. La culpa la tiene el señor Azorín y su “en la vida el matiz lo es todo”, que se me quedó para siempre clavado en mis entretelas cuando lo leí.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El otoño-invierno



Me he incorporado al otoño-invierno de este año con tanta facilidad que parece que el primavera-verano pasado fue un traje que me hubiera puesto sobre el otoño-invierno anterior y que, al quitármelo, dejase a éste de nuevo a la vista. Encender la cocina, limpiar su cubierta vitrocerámica todas las mañanas con el raspador y la bayeta, ir a la leñera y traer los troncos en el cesto rodante, enfundarme la chaqueta de franela y el pantalón de chándal verde, no ver los pies, hasta hace nada visibles en las sandalias, porque han vuelto los zapatos, sentir el peso del sobretodo gris sobre los hombros, abrigar por las tardes las piernas con la pequeña manta roja, meter el fondo de las perneras del chándal dentro de los calcetines, enguantar las manos con los mitones...: sí, todo fue ayer.

lunes, 1 de octubre de 2012

La crisis



Después de años con la crisis a cuestas, mi capacidad para pronunciarme sobre ella se ha reducido a cero. Me ha lobotomizado, idiotizado, dejado en el limbo; está ahí, como un bibelot impenetrable, en una estantería de mi existencia. Una mezcla de cansancio, asco y estupefacción es lo que, supongo, ha obrado tal efecto.