martes, 13 de marzo de 2012

Una sencilla investigación


Hace años que le tenía ganas a El concepto de angustia, de Kierkegaard. Como tantos otros libros, los que uno compra y después no lee, se moría de decepción y aburrimiento en su anaquel. Mi interés al comprarlo fue el contenido que el subtítulo anunciaba: Una sencilla investigación psicológica orientada hacia el problema dogmático del pecado original. ¡Anda!, y caigo ahora en la cuenta de lo de “sencilla”. ¡Pues menos mal! El caso es que no entendí absolutamente nada. Como el libro es pequeño, no abandoné la lectura a la espera de que en algún momento bajase desde las cimas de su angustia ininteligible a otra que mi pobre cerebro pudiese procesar. Pero no. Kierkegaard, imperturbable en su “sencillez”, me trajo loco en lo que fue un ejercicio lector de auténtico masoquismo, que con intención suicida mantuve  hasta el final.
Tras el consumatum est, el libro volvió al lugar de donde nunca debiera haber salido, por los siglos de los siglos amén.

2 comentarios:

Cristina Brackelmanns dijo...

Es que ese libro no lo escribió Kierkegaard sino Vigilius Haufniensis, y mayormente para dar en las narices a Hegel y los hegelianos.
Yo creo que primero hay que leer al de verdad, al que no firma con seudónimo, o al más cercano al verdadero: los diarios, los sermones y el tratado de la desesperación, que ya tienen lo suyo. Y después, con suerte y paciencia, intentar entrarle al resto.
Una buena introducción también ayuda mucho. A mí esto me aclaró un montón:
http://www.philosophica.info/archivo/2007/voces/kierkegaard/Kierkegaard.html

Jesús dijo...

Que quería darle en las narices a Hegel y los hegelianos salta a la vista. Puesto a ser incomprensible lo fue más que Hegel -no he leído a Hegel ni pienso hacerlo, pero deber ser de los "sencillos", ¿no?-. Hace mucho, muchísimo, leí "Un punto de vista" y me había gustado. Y también leí "Tratado de la desesperación" que ¡entendí!, que acaso vuelva a leer. Y tengo pendiente de lectura "Diario de un seductor", aburrido también el pobre en su anaquel.
Me anoto la introducción.
Gracias, CB.