martes, 3 de marzo de 2015

Tan de los hombres

Cuando nos exhorta Jesús a llevar nuestro amor más allá de los que nos aman y de nuestros hermanos (Mateo 5, 46-47), antes de apelar a la motivación mayor: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (v. 48), apela a dos motivaciones menores: nuestra necesidad de reconocimiento, de ser premiados: “Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis?”, y nuestra necesidad de heroísmo: “Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?” Bien que nos conoce Jesús, pues nos hizo, y nos hizo y nos quiso así, tan “impuros”, por decirlo de alguna manera, con esas necesidades tan nuestras, tan de los hombres. 

2 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

Cuánto te agradezco esta entrada, humanísima.

Suso Ares Fondevila dijo...

Y cuánto te agradezco yo tu comentario, Enrique.