lunes, 26 de agosto de 2013

La hybris de la retórica

El rey Lear cava su propia desgracia al pedirles a sus tres hijas que le declaren cuánto es su amor por él antes de darle a cada una la tercera parte de su reino. Las dos mayores, Goneril y Regan, mentirosas y aduladoras, se lo declaran ampulosamente, desconociendo que al amor le sienta bien la exageración en tanto ésta no vaya más allá de “un poquito”, como dijo Antonio Machado: “a las palabras de amor / les sienta bien su poquito / de exageración”. Las palabras de Cordelia, en cambio, son escuetas, breves, justas por ajustadas, sin ni siquiera ese “poquito” al que tendría derecho. El rey Lear siente regalado su oído por la verbosidad -¿no acude aquí como una flecha el “palabras, palabras, palabras” de Hamlet?- de sus dos hijas mayores y desatiende el regalo de la menor y mejor de sus hijas, Cordelia, el único que es verdadero porque al, no cegarla la codicia, no necesita expresar su amor con ínfulas que, en este contexto, serían siempre impostoras. En la medida en que se ajusta a su límite, evita la hybris de la retórica y demuestra así que su amor es el más devoto, el más fiel, el más entregado.

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