miércoles, 27 de mayo de 2009

Un latido

No encontrando almas buscó cuerpos, se demoró en ellos, los huroneó hasta el agotamiento, se hizo íntimo de cada poro, de cada cutícula, hasta que un día, sin saber cómo ni por qué, un latido lo llevo hacia dentro.

4 comentarios:

Olga B. dijo...

No deberíamos olvidar el cuerpo. Es nuestra manera de estar entre los demás, lo que habita nuestra alma.
Dicen que el alma pesa 21 gramos.
Bonito texto, y con final feliz, como a mí me gusta;-)
Saludos, Suso.

Suso Ares Fondevila dijo...

Hacia dentro del alma que no encontraba...
Saludos, Olga.

Olga B. dijo...

Claro, es que al no ser solamente etéreos conviene encontrar la puerta. O el poro de la piel. Todas las cosas tienen su envoltorio aunque sea un envoltorio provisional como el mundo. Están en alguna parte. Pero al final el alma es una verdad, (o apaga y vámonos;-).
¿Es eso lo que querías decir?

Suso Ares Fondevila dijo...

Digamos que tenía en mente a un descreído con respecto al alma, lanzado a la vorágine de los cuerpos, y que, sin embargo, un día, acaso de la mano de un amor que no buscaba pero apareció, entró por la presencia de ese latido en el fondo del cuerpo, es decir en el alma.