lunes, 6 de mayo de 2013

Enjugaré las lágrimas de vuestros ojos


VOINITZKII (a Sonia y acariciándole el cabello con la mano).- ¡Niña mía!... ¡Cuánto sufro!... ¡Oh, si supieras cuánto sufro!...

SONIA.- ¡Qué se le va a hacer!... ¡Hay que vivir! (Pausa.) ¡Viviremos, tío Vania!... ¡Pasaremos por una hilera de largos, largos días..., de largos anocheceres..., soportando pacientemente las pruebas que el destino nos envíe!... ¡Trabajaremos para los demás -lo mismo ahora que en la vejez- sin saber de descanso!... ¡Cuando llegue nuestra hora, moriremos sumisos y allí, al otro lado de la tumba, diremos que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos padecido amargura!... ¡Dios se apiadará de nosotros y entonces, tío..., querido tío..., conoceremos una vida maravillosa..., clara..., fina!... ¡La alegría vendrá a nosotros y, con una sonrisa, volviendo con emoción la vista a nuestras desdichas presentes... descansaremos!... ¡Tengo fe, tío!... ¡Creo apasionadamente! ¡Ardientemente!... (Con voz cansada, arrodillándose ante él y apoyando la cabeza en sus manos.) ¡Descansaremos! (Teleguin rasguea bajito en la guitarra.) ¡Descansaremos!... ¡Oiremos a los ángeles, contemplaremos un cielo cuajado de diamantes y veremos cómo, bajo él, toda la maldad terrestre, todos nuestros sufrimientos, se ahogan en una misericordia que llenará el Universo!... ¡Y nuestra vida será quieta, tierna, dulce como una caricia!... ¡Tengo fe!... ¡Tengo fe! ... (Secándole las lágrimas.) ¡Pobre! ... ¡Pobre tío Vania!... ¡Estás llorando! (Entre lágrimas.) ¡Tu vida no conoció la alegría..., pero espera, tío Vania, espera!... ¡Descansaremos! (Abrazándole.) ¡Descansaremos! (Se oye el golpeteo del cayado del guarda. Teleguin rasguea en la guitarra, María Vasilievna anota algo en el margen del artículo que está leyendo, Marina hace calceta.) ¡Descansaremos! (El telón desciende lentamente.)
(Anton Chéjov, Tío Vania).


DIOS.- Así es, Sonia, bella y magnífica Sonia, y Vania, pobre tío Vania. Enjugaré las lágrimas de vuestros ojos y ya no habrá muerte ni duelo, ni llanto ni dolor porque lo viejo ha pasado. Descansaréis, sí, hija mía, hijo mío: yo hago nuevas todas las cosas. 
(San Juan, Apocalipsis).

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