sábado, 19 de abril de 2014

Lejos del mundo

Es cierto que cuando uno hace un viaje “desconecta”, y desconecta mucho. Lo he comprobado una vez más en mi reciente viaje a Tierra Santa. Quedas a salvo de las desgracias que te sirven en bandeja los medios informativos, tanto las que suceden en tu región como las que tienen lugar al otro lado del mundo. En este sentido eres más feliz. Cuando estuve en Camerún, en el verano de 2011, pensé en serio que, cuando estuviera de vuelta en casa, dejaría de ver el telediario nocturno para no perder mi felicidad desconectada. No lo hice, claro, primero porque no vivo solo, segundo porque, a pesar de todo, te pica la curiosidad sobre lo que está ocurriendo en el mundo y tercero, el punto más dudoso, por no substraerme a esa especie de solidaridad internacional a la que te invita un planeta globalizado. ¿Puede uno en el momento presente, moralmente hablando, no compartir los infortunios y penalidades de nuestros hermanos por más lejos que éstos se encuentren? Así, estos días, el hundimiento de un barco lleno de estudiantes en Corea del Sur ha sido un aldabonazo de tristeza.

3 comentarios:

L. N.J. dijo...
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Suso Ares Fondevila dijo...

Saludos, Loli.

L. N.J. dijo...
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