viernes, 22 de noviembre de 2013

Ve visiones

M. me habló de un monje cisterciense de Osera que tiene “visiones” y que el contenido de una de ellas es la caída masiva de hombres y mujeres en el infierno. Tal cosa me puso de los nervios, en primer lugar porque yo deseo y espero que la densidad demográfica del infierno sea igual a cero. Hemos de aclarar que el infierno no es el lugar o el estado al que nos envía Dios sino el lugar o estado al que se envía uno mismo cuando, por activa, por pasiva y por eterna, dice no a Dios, a los demás y a la creación. Tiene eternamente lo que eternamente quiere: un NO a todo lo que no es él, si bien el tiro le sale por la culata porque acaba obteniendo también un redondo NO para sí mismo. El tipo, al llevarse infernalmente con Dios, hombre y mundo, se lleva infernalmente consigo mismo. Tan encerrado está en si mismo, en soledad perfecta, que queda en absoluto desacuerdo consigo misma, odiándose.
Pues bien, yo deseo que esto no ocurra, que nadie se enquiste de tal manera por decisión propia que quede fuera del alcance de Dios. Me gustaría que se hiciese realidad lo que Dios quiere: “que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2, 4), y todos son todos.
Pero mejor le doy la palabra a mi querido y añorado Juan Luis Ruiz de la Peña (1937-1996), que tanto y tan bien escribió sobre estos temas:
“... a los que dicen no poder creer en el infierno habría que preguntarles si tampoco creen en los infiernos actualmente vigentes. Quienes reconozcan que se dan en la historia, con una constancia de pesadilla, situaciones auténticamente infernales, deberán admitir la aptitud del hombre para instaurar y consolidar lo que la fe llama infierno: una situación de malversación de lo humano, de perdición. Si existen los infiernos intrahistóricos, puede existir el infierno metahistórico; en aquéllos está hecho el ensayo general de éste, están ya dados sus ingredientes básicos.
No se olvide que estamos hablando de posibilidad, no de facticidad. El paso de una a otra no le es lícito darlo al teólogo, ni siquiera en la iglesia (aquí remite a la siguiente nota a pie de página: «Ni en la Escritura ni en la tradición de la fe católica se dice con certeza de un ser humano, sea cual fuere, que se encuentra realmente en el infierno»: Von Balthasar [...] «La Iglesia no ha dicho jamás de un hombre concreto que estaba condenado»: J. Auer). Los cristianos no podemos excluir categóricamente que la gracia va a triunfar de hecho (por supuesto, respetando la libertad humana) en todos y cada uno de los casos, que el mortalmente pecador va a dejarse tocar por la misericordia perdonadora de Dios para «convertirse y vivir». No tenemos derecho a excluirlo; pero tampoco tenemos derecho a exigirlo. Lo único que podemos -y debemos- hacer es esperar y rogar a Dios para que así sea. Nos es lícito nutrir, no ya la certeza, pero sí la esperanza de la salvación de todos” (La pascua de la creación).

“Ve visiones”, digo yo ahora del monje cisterciense.

2 comentarios:

Jaimemarlow dijo...

Espero que lo que tu esperas se cumpla...

Suso Ares Fondevila dijo...

Espero que nos veamos por allí...

(Ojo, en el cielo)