lunes, 7 de junio de 2010

Hacia el cielo

Te escoras, más agudo cada vez el ángulo con el suelo, más, más, y te caes, ya, todo entero. Consigues izarte un poco, hasta sentarte. Las piernas se doblan dentro de tu abrazo, se dobla tu frente sobre las rodillas, los ojos se doblan: están cerrados. Humillado, pura es la súplica apenas sin fuerzas pronunciada, tan sólo un gemido, levísimo, que la tierra no puede atraer, todo él sube hacia el cielo.

1 comentario:

Olga B. dijo...

Y se escucha, nada cae en saco roto. El gemido es la palabra más sincera.