sábado, 6 de marzo de 2010

Sufrir mal

“Cuando se sufre realmente, siempre se sufre mal” (Henri de Lubac, Paradojas seguido de Nuevas paradojas), es decir, sin maña, sin arte, sin lograr un porte en el que el sufrimiento quede bien envainado. Uno no tiene bridas para conducirlo y ocurre más bien lo contrario: los embridados somos nosotros y es él quien nos conduce, si es que lo suyo es conducir y no más bien lo contrario, desbocarnos.
Este estar sin arte y sin maña, sin saber qué hacer para sufrir “bien”, “con estilo”, aumenta el sufrimiento. Sufrimos por partida doble: por el sufrimiento en sí y por hacerlo mal. Pero cuando “se sufre realmente”, ¿es posible sufrir “bien”, sea lo que sea lo que esto signifique? Supongamos que el “sufrir bien” consista en hallar algún tipo de compostura interior que nos permita no andar desencajados, por más que estemos padeciendo. ¿Continúa siendo esto un “sufrir realmente” o se trataría ya de un sufrimiento al que al “realmente” se le han restado varios grados de intensidad, precisamente porque se ha logrado sufrir “bien”? No parece, pues, en tanto se sufra “realmente”, que sea posible hacerlo de otra manera que “mal”, sin arte, sin maña, sin figura, un tanto o un mucho desgañitados.

3 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Sufrir eso, malamente. Aunque algunas personas sufren que ni se las siente. Un beso ;-)

E. G-Máiquez dijo...

Extraordinaria paradoja para mi colección. Y la glosa, extraordinaria del todo. Abrazo agradecido,
E.

Suso Ares Fondevila dijo...

Un beso, Máster.
Enrique, muchas gracias y otro abrazo agradecido para ti.