lunes, 7 de enero de 2013

Buscando a Debra Winger



Uno necesitaría mil palabras para explicar hasta qué punto y de qué manera le fascinan los actores, ciertos actores, pero sobre todo las actrices, ciertas actrices. El deseo de escribirlas ha vuelto estos días, al ver  Buscando a Debra Winger, un documental dirigido por la actriz Rosanna Arquette y en el que otras actrices, famosísimas muchas de ellas, cuentan lo que piensan y sienten del Hollywood que las ignora una vez que alcanzan los cuarenta años. De emoción en emoción veo y escucho a Sharon Stone, Meg Ryan, Whoopi Goldberg, Melanie Griffith, Holly Hunter, Frances McDormand, Gwyneth Paltrow y muchas otras. Que el título se refiera a Debra Winger se debe a que esta actriz abandonó el cine cuando tenía 50 años, por todas las incomodidades y asfixias que el sistema de Hollywood le provocaba.

Es una de mis actrices favoritas, lo cual significa que tengo por ella un amor incondicional. No sabría decir el porqué. En muchos casos, al instante te viene una razón que explica el motivo de la fascinación o el amor que sientes por alguien pero en otros no: es más difuso e inconcreto, y averiguarlo te llevaría horas y cientos de palabras sin llegar finalmente a desvelarlo. Yo he visto a Debra Winger actuar en Cowboy de ciudad (1980), Oficial y caballero (1980), La fuerza del cariño (1983), Peligrosamente juntos (1986), El caso de la viuda negra (1987), El sendero de la traición (1988), Tierras de penumbra (1993), Olvídate de París (1995), En terapia (2008) y La boda de Rachel (2008). ¿Quién es, qué tiene esta actriz para que me guste tanto? Empiezo mi indagación por su rostro. Es rectangular (creo que la rectangular es la plantilla base de todas las caras; después podrán ser más o menos alargadas, más o menos anchas, más o menos redondeadas...), alargado, con una mandíbula picuda, fuerte (como la de Katherine Hepburn o Sigourney Weaver, otras de mis actrices preferidas), un rostro claro y luminoso, ojos de color azul grisáceo y frente despejada. Para mí es tremendamente atractiva pero, además, ¿es bella? La punta redondeaba de su nariz impide que lo sea más. No se podría decir que tiene un físico potente pero sí se adivina una personalidad intensa e inteligente. Hará lo que quiera hacer, será lo que quiera ser; nadie podrá manejarla. Y por aquí, creo, me estoy acercando al quid de la cuestión, que coincide con el que explica la pasión que siento por otras actrices: Debra Winger es fuerte. Sí, me atraen indefectiblemente las mujeres fuertes, independientes, ingobernables, dueñas de sí mismas. Y hay un freud que lo explica, ya no subterráneo ni inconsciente: X, que tiene un poderosísimo ascendiente afectivo sobre mí, se adecúa, en alguna medida, a este perfil. ¿Son las Katherine Hepburn, Sigourney Weaver, Debra Winger, trasuntos, proyecciones o amplificaciones de X? Puede que sí.

Rostros, siempre los rostros, mi devoción por ellos, los de estas mujeres, los de todas las mujeres y todos los hombres, los de todos los ancianos y todos los niños, por lo que dicen, por lo que ocultan, por lo que brillan, por lo que dan. El último libro de Olegario González de Cardedal se titula El rostro de Cristo, y será una de mis próximas lecturas.

No hay comentarios: