lunes, 15 de septiembre de 2008

El perfecto diálogo

Mientras uno expone sus argumentos, el otro lo escucha sin interrumpirlo. Como vale la razón, y no los gritos, ninguno de los dos se inflama nunca. Es cierto que a ello los ayuda sus caracteres tranquilos. No está en sus ánimos no dejarse convencer, cosa que solo puede obedecer al orgullo, la cabezonería o el capricho. Valoran las razones del argumento contrario, y si son convincentes, quedan convencidos, con la alegría de haber ampliado o corregido así su anterior punto de vista. Escuchan al otro, lo que siempre incluye intentar ver las cosas desde su perspectiva; manifiestan con firmeza, siempre acompañada de humildad, lo que piensan sobre el asunto a tratar; buscan la verdad, sea cual sea esta. No humillan, no quedan humillados.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Quien es mas sabio el buen oyente o el gran orador?
Supongo que ambos por igual.

RD.

SusoAres dijo...

Pues yo me inclinaría a pensar que un buen oyente que se expresase mal sería más sabio que un buen orador que no supiese escuchar, aunque el más sabio, supongo, sería el que aunase las dos cosas.
Un abrazo.